DE GRACIA RECIBIMOS, DE GRACIA DAMOS
MATEO 10:8

domingo, 3 de marzo de 2013

Fragmento del libro “Las Epístolas a la Iglesia” Por E. W. Bullinger


Trad. Castellana Juan Luis Molina

Notas preliminares.
Por Peter Wade
Esta clásica y escolar obra merece una amplia circulación entre la gente de Dios, especialmente entre aquellos que aman la palabra de Dios y están hambrientos de una verdad más profunda. 

“Las Epístolas a la Iglesia” por E.W. Bullinger, fueron publicadas por primera vez en forma de libro en 1902 sacado de una serie de artículos escritos en 1898. Nuestro texto ha sido retirado de la segunda edición, publicada en 1905 (fueron incorporadas pequeñas notas de pie de calce en el texto y referencias bíblicas también fueron modernizadas).

El presente trabajo parece haber sido puesto en un segundo plano con respecto a “Los Fundamentos de la Verdad Dispensacional”, que se publicó póstumamente en 1911. Aunque es cierto que el Dr. Bullinger modificó su enseñanza sobre el orden cronológico, al mismo tiempo y citando partes del volumen presente declaró que “para nosotros hoy en día….es más importante el orden canónico” (pág. 82, tercera edición). Un poco antes, en la misma página escribió: “No es que un orden sea correcto y que el otro esté equivocado. Sino que ambos son ciertos; ninguno está errado. Ambos son importantes, pero no de igual manera…” La misma posición mantiene en Cómo Disfrutar la Biblia (1907), y esto se repite en la “Companion Bible”, justo antes del libro de Romanos y del Apéndice, 192. Todavía no he llegado a encontrar ninguna declaración entre sus escritos donde relegase la importancia a la enseñanza experimental del orden canónico de las epístolas a las siete iglesias.   

He hallado mucha luz en el orden divino enfatizado en su obra, y estando ahora preparando el tema para una publicación electrónica, yo estoy convencido de lo oportuno que será para las nuevas generaciones de estudiantes bíblicos.

Estoy seguro que esta re-publicación incentivará a los estudiantes el estudio de las epístolas a la iglesia de nuevo, el “curso completo que comenzará y acabará la educación del cristiano; un currículo que contiene todo lo necesario para la postura del cristiano en su andar; aquella ‘toda verdad´ en la cual el Espíritu le guía”.


Las Epístolas a la Iglesia
Introducción
Cuando el Apóstol Pablo predicó las buenas nuevas concernientes a Cristo y a Su Iglesia, en Éfeso, su ministerio continuó en Asia por el espacio de dos años (Hechos 19:10). Leemos que la Palabra de Dios en ese tiempo creció mucho en número y prevaleció, y que “todos los que habitaban en Asia habían oído la palabra del Señor Jesús”. Y sin embargo, al cierre de su ministerio, y de su vida, escribiendo su última Epístola a Timoteo, le dice “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (2ª Timoteo 1:15): “Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia”. 

¡Por todas partes, escuchamos, hoy en día, que debemos volver a los tres primeros siglos para encontrar la pureza de fe y la adoración de la iglesia primitiva! Pero está claro por esta comparación de Hechos 19:10 y 2ª Timoteo 1:15, que no podemos regresar ni al primer siglo. ¡No señor! ¡Ni tan siquiera al tiempo que duró la vida del Apóstol! Este abandono no podría ser meramente personal; sino que tiene que incluir también el olvido de su enseñanza. Porque en capítulo 2, vers.18, habla de aquellos “que se desviaron de la verdad”. En el cap. 3, vers.8, habla de que “resisten a la verdad”. En el cap.4, vers.4, habla de aquellos que “apartarán de la verdad el oído” y se “volverán a las fábulas”. Había sido, sin duda alguna, de la verdad y de la enseñanza que Pablo predicaba de la que todos se apartaron. Fue este abandono de la verdad que había sido enseñada a través del Espíritu Santo por Pablo, especialmente como está contenida en la Epístola a los efesios, lo que llevó necesariamente:   
  
       (1) A la pérdida de la enseñanza del Misterio; la verdad concerniente al Cuerpo único de Cristo. El efecto que eso causó fue inducir en error todo lo eclesiástico y dar lugar a todas las varias y diferentes “Corporaciones”, así denominadas, con todas las consecuentes divisiones y cismas de la iglesia. ¡En vez de reconocer “el Cuerpo Único” que Dios había hecho, los hombres se dedicaron a producir sus propias “Corporaciones” y “Sectas”! y junto con esta confusión eclesiástica viene la pérdida de la verdad en cuanto a la perfecta posición en Cristo habiendo muerto y sido levantado en Él.

       (2) A seguir, después de esto, se abandonó la verdad del prometido retorno del Señor del Cielo; y de la resurrección, como única bendita esperanza de la iglesia. Otras esperanzas, o mejor dicho otros miedos ocuparon su sitio, y la “muerte y el juicio” tomaron entonces el lugar de esa esperanza perdida. Una vez perdida la verdad de lo que Dios había hecho en Cristo en nosotros, y el gozo en cuanto a nuestra posición así otorgada, procurando aquella bendita esperanza, la preparación para la muerte y el juicio fue lo que necesariamente resultó, y por tanto:

       (3) La siguiente cosa a desaparecer fue la verdad en cuanto a lo que Dios había hecho para estar en Cristo; y se perdió la “justificación por fe” y por la sola gracia. En aquel entonces se abrió el camino para la introducción en la iglesia de todo tipo de errores: y se introdujo igual que un diluvio, con toda la corrupción y superstición que resultaron en los siglos que se conocen con la significativa descripción de “la edad de las tinieblas”. Todo el mundo se halla familiarizado con el término, y con el hecho. Pero ¿Cuándo se dio la edad de las tinieblas? ¿Cómo sucedió? No apareció súbitamente por acontecimientos externos. Debe haber algunas causas, algo que lo originó y lo hizo posible. La corrupción fue histórica. Las iglesias Orientales hoy en día se encuentran en una oscuridad similar. Y las iglesias Occidentales, donde la Reforma no la removió, están en las mismas tinieblas. La Reforma en sí misma,-- ¿qué otra cosa fue, sino el comienzo de una recuperación de esas grandes verdades?

El hecho remarcable es que la recuperación de estas verdades fue teniendo lugar en el orden inverso del que fueron perdidas. La Justificación por gracia a través de la fe fue la primera gran verdad recuperada en la Reforma. Esta fue la verdad sobre la cual se entabló aquella batalla y fue vencida, aunque la victoria estaba lejos de ser total y completa. Pues no fue hasta el siglo diecinueve que el retorno del Señor pasó a ser nuevamente la bendita esperanza de Su iglesia. En los años posteriores el tema ha pasado a ser más y más precioso para un número más grande de personas. Pero esta gran y “bendita esperanza” todavía no se ha aprendido, porque debería ser el resultado natural de la verdad recibida y afirmada, en vez de ser tratada como un tema independiente artificialmente producido. Debe provenir del corazón a la vida, y no meramente sostenida y retenida en el pensamiento, si queremos que produzca los benditos resultados vistos en la Iglesia de los Tesalonicenses. Debe ser aprendida experimentalmente como una vital y esencial parte de nuestra posición como cristianos, y no estudiada como si fuera un asunto extra, para que de los frutos Tesalonicenses. Es por eso que vemos más frecuentemente a la profecía ser tomada como un estudio, en vez de como el resultado de esperar por el Hijo de Dios desde el Cielo. 
   
La última de las tres verdades a ser recuperada es la verdad que se enseña en Efesios; y es solamente en nuestro propio día que encontramos algún real sentido de la pérdida, sin que ningún verdadero esfuerzo se haga para recuperarla. La verdad del Misterio, una vez que fue la primera que se perdió, nos parece que, ha de ser la última a recuperarse. Es con la esperanza de hacer algo por recuperar esta verdad que han sido escritas estas páginas sobre las Epístolas a la Iglesia. Ojalá que Dios las emplee para traer de vuelta las verdades vitales a su lugar apropiado, que el poder que tienen pueda ser sentido en los corazones y ser visto incrementándose en las vidas de un gran número de los miembros del Cuerpo de Cristo.   

La causa de toda la confusión circundante es que miles de aquellos que profesan ser cristianos saben muy poco o nada de estas Epístolas a la Iglesia. En ninguna otra profesión podrán introducirse si no están capacitados para pasar un examen satisfactorio en los libros de texto establecidos para ese propósito. No hay ninguna posición en la vida que alguien pueda aplicarse sin que se le pregunte cuánto conoce acerca de sus deberes y responsabilidades. Pero la “profesión” Cristiana se trata de una manera muy diferente, y como un asunto diferente. Cualquiera puede emprender esa labor, y al mismo tiempo ser totalmente ignorante de estas Epístolas a la Iglesia: -- “! El Credo, la oración del Señor, y los Diez Mandamientos” se consideran como suficientes para la posición y profesión Cristiana!

Por eso se da la casi total negligencia de estas Epístolas. Los cuatro Evangelios y el Sermón de la Montaña se toman como si fueran la esencia de la Cristiandad, en vez de las Epístolas dirigidas especialmente a la Iglesia. Por eso sucede la gran ignorancia del cristiano en cuanto a todo lo que Dios ha hecho en Cristo para Su Gente, y todo lo que ha hecho para ellos en Él. Al no comprender su posición en Cristo, y la plenitud y perfección que tienen  en  Él, son fácilmente llevados al error  en cuanto a su estado y su andar. Muchos, de los que la conocen saben que son justificados por gracia, y procuran sin embargo ser santificados por las obras. 

Nada que no sea el pleno conocimiento de lo que se nos ha revelado para nuestra instrucción en estas Epístolas a la Iglesia nos libertará de manera efectiva de todas las novedosas doctrinas y escuelas de pensamientos que se introducen en nuestro medio. Ojalá que la gran Cabeza de la Iglesia, tome para si este esfuerzo, y lo emplee y bendiga para librar a muchos de todos los variables vientos de doctrinas, y los edifique en su más santa fe.

La Importancia de los Dos Ordenes que Tienen
Es un atentado muy serio el que se hace contra la Inspiración cuando la importancia de una parte de Escritura se sobrepone por encima de otra. Esto reduce a la Biblia a la posición de un libro cualquiera, y prácticamente niega que la totalidad esté compuesta de “las palabras que el Espíritu Santo enseña”. Esto se hace hoy en día cuando, de acuerdo a la nueva Escuela Ritschilian, las Enseñanzas de Jesús se sobreponen a las Enseñanzas del Espíritu Santo a través de Pablo, como si hubiese una rivalidad entre las dos.

Las palabras de Cristo, y las palabras de Pablo son iguales en cuanto a peso e importancia, sobre todo porque ambas fueron registradas y se nos dieron por el mismo Espíritu Santo, y son por tanto iguales en autoridad. Esa autoridad es Divina: y no se puede hacer diferencia entre ellas sin pervertir la esencia misma de Inspiración.
Está claro que hay una diferencia. Pero esa diferencia surge por no saber dividir correctamente la palabra de Verdad en cuanto a las varias Dispensaciones de las cuales se trate. Lo que dijo Él en la tierra es necesariamente de lo más importante para nosotros dispensacionalmente, para mostrarnos cómo, a través de Su repudio que recibió de parte de Su pueblo Israel, “la salvación de Dios se envió a los Gentiles” (Hechos 28:28). Pero esta enseñanza le fue dada a personas especiales bajo especiales circunstancias, y debe ser interpretada y aplicada apropiadamente.

No fue diseñada como un compendio de instrucciones para la Iglesia de Dios, porque la Iglesia no había sido todavía formada, y, de hecho, las iglesias a las cuales fueron dirigidas las Epístolas no tenían en ese tiempo los cuatro Evangelios como los poseemos nosotros. Todo lo contrario, por eso Cristo dijo expresamente:”Muchas cosas tengo que deciros, pero todavía no las podéis sobrellevar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío, y os lo hará saber” (Juan 16:12-15).
¿Podremos preguntarnos Cómo, Cuándo, y Dónde fue cumplida esta promesa y profecía? ¿Se referirá esta promesa a nosotros solamente como individuos, y a una subjetiva comunicación personal del Espíritu Santo para cada uno individualmente? (1ª nota de calce) ¿O, tenemos que procurar por la realización formal y especial de las palabras del Señor? ¿Qué quiere decir a través de “toda la verdad”, a la cual el Espíritu Santo iba a guiar a la Iglesia? ¿Dónde están “las cosas de Cristo” que Él iba a mostrarnos? Eso significaría que el Espíritu Santo le muestra una verdad a una persona y otra diferente a otra persona, y estas son tan diferentes entre sí, que aquellos que las reciben se debaten entre sí luchando en cuanto a cuál de ellas es la verdad. ¡No puede ser!  ¿Dónde entonces tenemos que procurar esta prometida enseñanza especial y guía? Sin duda alguna, cuando tomamos estas palabras de Cristo, en conexión con Su último siete veces repetido anuncio desde la gloria, tenemos que procurar por algún cumplimiento específico de tal promesa como esta. Todas estas partes de la promesa, “Él os guiará… Él os dirá… Él os hará saber…” etc; son muy precisas, y deben con toda seguridad tener un papel específico en alguna definitiva enseñanza del Espíritu especialmente dirigida a “las iglesias” como tal, y no meramente a las experiencias individuales.
¿Dónde entonces debemos procurar todo esto, sino en las epístolas dirigidas a las iglesias, como tales, por el Espíritu Santo? ¿Cuántas fueron las iglesias a las cuales se dirigen? ¿Cuántos estudiantes Bíblicos hay que puedan decir cuántas son? ¡Hasta ahora nosotros no hemos encontrado ninguno que pudiera hacerlo! ¡Cuán solemne comentario es este hecho para manifestar la indiferencia universal por los últimos avisos del Señor! Fueron siete las iglesias así dirigidas por el Espíritu Santo, siendo que siete es el número de la perfección espiritual. (Hubo nueve epístolas así dirigidas al total, siendo que dos se dirigieron a la Iglesia en Corinto, y otras dos a “la Iglesia de los Tesalonicenses”. Y nueve es el cuadrado [o plenitud] de la perfección Divina: tres por tres (3 x 3).   

¿No será de señalar que el Espíritu Santo se haya dirigido a siete iglesias y no a más: exactamente las mismas en número como las que dirigió el Señor mismo posteriormente desde la gloria? Las siete epístolas del Espíritu Santo a través de Pablo ya habían sido escritas y leídas, y repudiadas y prácticamente olvidadas, cuando Cristo envió Sus propias siete a aquellas siete iglesias en Apocalipsis capítulos dos y tres. Esto se hace evidente cuando comparamos Hechos 19:10 con 2ª Timoteo 1:15. Muchos son los que nos dicen que regresemos a los primeros tres siglos para que podamos encontrar la primitiva Cristiandad en toda su pureza. Pero estas Escrituras muestran todo lo contrario, que no podemos ir ni tan siquiera al primer siglo. Los únicos sucesores que el Apóstol conoció eran como “lobos rapaces” (Hechos 20:29).   

Las siete Iglesias a las cuales el Espíritu Santo dirige Sus epístolas a través de Pablo son Romanos, Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, y Tesalonicenses. (Las demás epístolas son “Generales” (Juan), o son dirigidas a los “Hebreos”, o a “la Dispersión” (Pedro), o a individuos (Timoteo, Tito, Filemón, y 2ª Juan.)
En estas epístolas tenemos la corporación perfecta de las enseñanzas del Espíritu para las iglesias. En estas cartas se contiene “toda la verdad,” a la cual el Espíritu de Verdad iría a “guiarnos”, ¿Dónde tendríamos que procurar “toda esta verdad”, si no fuese en ellas? Estas epístolas contienen las cosas de las cuales Cristo no podía hablar en la tierra, porque entonces no era el tiempo para tales enseñanzas. Estas epístolas contienen las  “cosas de Cristo” que el Espíritu iría a tomar de Él, y nos mostraría. ¿Dónde más podríamos procurar el cumplimiento de la misión del Espíritu como gran Maestro, si no aquí?   

No solo el número de las epístolas es perfecto, sino que su orden también es perfecto. El orden en el cual nos han llegado y sus contenidos son incuestionables. Pero ¿Cuál es el orden que tienen? ¿Es cronológico? ¡No! El hombre es perito en colocarlas de acuerdo al tiempo cuando él piensa que fueron escritas, pero Dios no las puso así. De hecho, parece que las dispuso especialmente de esa manera desde hace mucho tiempo, y que ha impedido todos los atentados para no ser así arregladas, al poner las Epístolas a los Tesalonicenses al final de todas, aunque fuesen las primeras que se escribieron. La cuestión, por tanto, está asentada para nosotros, y tan decisivamente como para llamarnos la atención para algún motivo añadido, del por qué este orden en el cual el Espíritu Santo las ha presentado así para nuestro aprendizaje.     
En todos los cientos de manuscritos Griegos del Nuevo Testamento, el orden de estas siete Epístolas dirigidas a las iglesias es exactamente el mismo. Hemos examinado los cinco más antiguos en existencia, esto es, el Código Vaticanus (Siglo 4º), el Código Sinaiticus (Siglo 4º), el Código Alexandrinus (Siglo 5º), y el Código Bezae (Siglo 5º o 6º). El orden general de los libros del Nuevo Testamento tiene la forma de grupos, es decir, (1) los Cuatro Evangelios, (2) los Hechos, (3) Las Epístolas Generales, (4) las Epístolas Paulinas, y (5) el Apocalipsis. Pero al mismo tiempo que el orden de estos cinco grupos es variable en algunos Manuscritos, y las Epístolas Paulinas varíen en su posición con respecto a los demás cuatro grupos, y mientras que las Epístolas Paulinas varíen también en su orden (por ejemplo, Hebreos en algunos casos viene a seguir a Tesalonicenses), sin embargo, el orden de estas siete dirigidas a las iglesias nunca varía. Y, posteriormente, aunque los cuatro Evangelios varíen en su orden (incluso en los cinco Manuscritos más antiguos), estas siete epístolas nunca se nos dan en otro orden que aquel en el cual nos han llegado a nosotros, y son dados en nuestra Biblia castellana.

Este orden por tanto debe presentarnos la línea de estudio señalada para las iglesias por el Espíritu Santo: un curso completo que debe iniciar y acabar la educación del Cristiano: un currículo que contiene todo lo necesario para el estatuto y andar cristiano: aquella “toda verdad” en la cual el Espíritu le guía. Si él ignora esto, tiene por obligación que estar equivocado, y tener un vivo deseo por oír a cada nuevo maestro que se levante. No tiene fundamento alguno donde basarse, ninguna ancla sobre la que pueda depender. Se halla expuesto a “todo viento de doctrina” contra los cuales no tiene protección. ¡Será zarandeado por cualquier “nueva moda” o enseñanza que vaya apareciendo de vez en cuando, porque no tiene un estándar por el cual pueda probarlas! ¿Cómo podría no ser así, si al cristiano no se le enseña ni se le llama la atención sobre aquellas cosas que se escribieron para su instrucción?  

Cada una de las palabras de la Escritura es para él y para su aprendizaje, pero no toda palabra está dirigida para él. Sin embargo, estas Epístolas se refieren completamente a él y acerca de la posición tan especial en que él se encuentra con referencia a los judíos y a los gentiles; la vieja creación y la nueva; la carne y el espíritu, y todos los variados fenómenos que él encuentra en su experiencia.

Pero ahora veamos, en conexión con el orden en el cual estas siete epístolas nos han llegado, su división en tres y cuatro: el por qué deben tener esta división. 

Esa razón la encontramos en el hecho de que tres de estas epístolas se mantienen distintas de todas las demás al tener un tratado distinto al de las epístolas; y contienen mucho más asuntos de doctrina que las que son epistolares. Esto lo veremos claramente cuando lleguemos a ver posteriormente su estructura, con la cual se exhibe el contenido que tiene cada una. Estas tres epístolas son Romanos, Efesios, y Tesalonicenses. Y las cuatro se sitúan entre estas tres en dos pares, conteniendo cada par respectivamente un “Redargüir”  y una “Corrección” en contraste con las otras que contienen “Doctrina e Instrucción” (de acuerdo a 2ª Timoteo 3:16):  

A. | Romanos (Doctrina e Instrucción. B. | Corintios (Redarguye). C | Gálatas (Corrección. A. | Efesios (Doctrina e Instrucción). B. | Filipenses (Redarguye). C.| Colosenses (Corrección). A.| Tesalonicenses (Doctrina e Instrucción.)

(2ª nota de calce) Debemos dejar la inter-relación de estas epístolas para nuestro próximo capítulo, y entonces las veremos como una totalidad, y en relación y contraste de cada una con la otra, nos propondremos considerar cada una de ellas a la luz de la totalidad, y en detalle, una vez que tal detalle esta sugerido y puesto a través de la relación tan especial de cada una con la totalidad. Hay un hecho que de todas formas tenemos ahora que observar, y es la razón de por qué Tesalonicenses, que fue escrita antes que las demás, se pone la última de todas.

Podemos estar seguros que el orden es perfecto, y que la razón es Divina. Las Epístolas a “la Iglesia de los Tesalonicenses” son las epístolas en las cuales la revelación especial se da concerniente a la venida de nuevo del Señor Jesús. Si tenemos “oídos para oír” este hecho nos dice a nosotros, y dice a todos: -- (¡Atención!) ¡Es inútil enseñarle a los cristianos las verdades asociadas con la venida del Señor, hasta que puedan aprender las verdades que hay en las demás epístolas! ¡Hasta que sepan y entiendan qué es lo que Dios ha hecho en ellos en Cristo, y qué es lo que Cristo produce en ellos, no hay espacio en ellos para las verdades concernientes a Su retorno desde el cielo! ¡Hasta que no hayan aprendido las enseñanzas en cuanto a su posición y a su andar, estarán ocupándose con ellos mismos, y no serán provechosas las verdades que se conectan con la venida del Señor de nuevo! 

Cuán importante es, por tanto, que nos empeñemos en dar preeminencia a lo “que el Espíritu le dijo a las iglesias”, y darle gracias a Dios para que nos abra los oídos, mientras le oramos que, sean alumbrados los ojos de nuestro entendimiento, porque así podremos ver lo que se nos haya escrito y ofrecido y enviado para nuestro aprendizaje.  

Notas de calce: (1ª) si esta guía no es individual, ni puede ser colectiva, o encontrar su cumplimiento en la Iglesia de Dios en su totalidad. Un punto de vista errado de estas palabras ha llevado a los meros eclesiásticos a ver en estas palabras el mito ficticio denominado “la inspiración de la Iglesia” (vea el artículo en los Tiempos Expuestos, de Octubre, 1898, en el cual se afirma esto mismo). La dificultad con respecto a la Iglesia de Roma se remueve de una vez, y es evadida por mantener que aquella “moral inspiración” debe preceder y ser el fundamento de la “inspiración doctrinal”, y esta “inspiración moral” se ve “en todo aquel gran cuidado por los pobres, en todo lo que nutra simpatía por el sufrimiento, todo aquel más profundo horror de sangre derramada, en toda aquella más grande pureza de vida, en todo aquel más profundo sentimiento de pecado, en todo aquel verdadero amor de sencillez, inefable bondad, etc., etc., ¡Y esta es la Teología popular del día presente sustituida por la Cristiandad por la cual “la fe cristiana” (en vez de ser la revelación del Espíritu Santo en estas siete epístolas) tiene por su llamativo destaque el “poder de asimilar por sí mima el avanzado conocimiento de la raza humana”!
 (2ª) Hay una posterior y diferente división de las siete epístolas en cuatro y tres. Una dentro de la otra. Nosotros creemos que aquella que hemos hecho anteriormente es la verdadera y la única para nuestra instrucción. Pero hay otra más técnica, la cual entrelaza y realza su perfección. Cuatro de las siete iglesias se hallaban en lo que pasó a ser la mitad Oeste del Imperio Romano (ahora denominado Europa); y tres estaban en lo que pasó a ser la mitad Oriental (ahora denominada Asia). Y cada una corresponde con la otra, Oeste con Oeste y Oriente con Oriente, de la siguiente manera: Oeste Romanos Corintios Oeste Gálatas Oriente  Oriente Efesios Filipenses Oeste Colosenses Oriente Oeste Tesalonicenses.

La Interrelación que tienen entre Sí
Ahora vamos a considerar las siete Epístolas en su totalidad, y su interrelación entre sí. Ya hemos visto que su orden, al igual que su número, es espiritualmente perfecto. También hemos referido la división que tienen en tres y cuatro. Veamos primero y comparemos las tres: Romanos, Efesios, y Tesalonicenses.
Estas tres participan por igual de un trato más formal que las cartas que pudiesen ser dirigidas a un familiar, y, tomadas en conjunto, contienen la completa revelación del Espíritu concerniente al estado y la posición del cristiano, tanto individual como colectivamente: aquella “toda verdad” en la cual Él iría a “guiarlos” (Juan 16:12). Romanos se halla en primer lugar, siendo el ABC de la educación cristiana. Hasta que no se aprende su enseñanza, no sabemos nada. Si aquí estamos equivocados, entonces tenemos que estar  equivocados en todo. El Espíritu Santo la puso en primer lugar porque en ella se haya el umbral de todas las enseñanzas de la Iglesia. Comienza así, “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que…” y entonces comienza a desarrollar y a desvendar el Evangelio de la gracia de Dios. El hombre se muestra completamente arruinado y sin ayuda posible, y a los impíos pecadores gentiles como a los transgresores judíos de igual manera se les da a conocer tanto su pérdida como su justificación de parte de Dios. Su porción doctrinal, que se halla contenida en los primeros ocho capítulos, demuestran cómo Dios a tratado con los “pecados” y con el “pecado”, y cómo el pecador salvo vino a morir con Cristo, y ha sido levantado con Cristo – hecho un hijo y heredero de Dios en Él. ¡Desde aquí es desde donde comienza Efesios! Comienza, no con el hombre, sino con Dios. Propone su gran objetivo, no desde el punto de vista de las necesidades del hombre, sino de los propósitos de Dios. No se ocupa tanto con lo que el pecador salvo ha sido hecho en Cristo, sino con lo que Cristo hace para él. Es el punto de vista de Dios en vez del punto del hombre. Observe cómo comienza (después del saludo): “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Y Cristo se muestra como la Cabeza de Su Cuerpo, la Iglesia. No es tanto un conocimiento de nosotros mismos el objetivo aquí, sino el conocimiento de Dios y de Su propósito en Cristo. La primera gran oración que contiene es esta: “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de Gloria, os de espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de él: alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos”. (Efesios 1:17-19).
En Romanos tenemos el Evangelio: en Efesios el Misterio. En Romanos tenemos a los pecadores judíos y gentiles individualmente: en Efesios son los judíos y gentiles colectivamente, hechos “un nuevo hombre” – en Cristo (2:15). En Romanos el pecador salvo se muestra muerto y levantado con Cristo: en Efesios los vemos sentados para siempre en la gloria con Cristo. Romanos pone de manifiesto su más baja y profunda degradación: y Tesalonicenses lo pone sobre “el trono de gloria” para siempre con el Señor: entre tanto, en el medio de estas dos, Efesios nos tiene en cuenta ahora, por la fe, sentados con Él allí en los celestiales. Nuestros pies han sido retirados del cieno y el lodo (Romanos 1); ahora estamos asentados sobre la roca (Efesios 1); y ahora presentemente nos hallamos sobre el trono (1ª Tesalonicenses 4). Esta es la relación que estas tres Epístolas conllevan entre sí. Vistas así juntas, ellas forman el ABC de la fe Cristiana, que difiere de todo lo demás que hay en toda la Biblia – no se encuentra nada igual por ninguna parte. Todo lo demás se ha escrito para nosotros, para que sepamos. Pero esto es todo referente a nosotros.  Esto es el curso de instrucción completo y es perfecto.  Comienza en el punto más bajo y nos lleva hasta el más alto. De aquí en adelante no podemos equivocarnos de dirección. Empieza con nosotros estando en “el estercolero”, y acaba sentándonos sobre “el trono de gloria”.  Comienza con nosotros siendo “mendigos”, y acaba con nuestra condición de “mendigos”. Somos hallados “pobres”, y nos hace “ricos”. Y habiéndonos puesto delante nuestra “baja condición”, nos “levanta a lo más alto” hasta el cielo, y nos toma para encontrarnos con el Señor en el aire, “para estar siempre con el Señor”. Los tratos de Dios están así establecidos en 1ª Samuel 2:6-8, pero la manera cómo irían a manifestarse en el Evangelio de Su gracia solamente se revela en estas Epístolas. Y ahora, habiendo visto la mutua relación de estas tres Epístolas, pasemos a ver las otras cuatro. ¿Dónde se sitúan? En nuestro capítulo anterior hemos visto que están puestas en dos pares, el primer par viene después de Romanos, y el segundo par después de Efesios. Así, pues, tenemos dos Epístolas colocadas entre las tres. Ahora la pregunta es la siguiente: ¿Por qué se hallan así colocadas? Debe haber algún motivo para este orden; y no es difícil encontrarlo. El primer par (Corintios y Gálatas) se encuentra a seguir a Romanos porque ponen en evidencia el abandono de su especial enseñanza. El segundo par (Filipenses y Colosenses), está después de Efesios porque pone en evidencia el abandono de su especial enseñanza. De esta forma tenemos el curso completo de la enseñanza cristiana; el currículo completo de la educación cristiana, puesto delante nuestro en su totalidad, positiva y negativamente. En las tres (Romanos, Efesios, y Tesalonicenses), tenemos “doctrina” e “instrucción”. En las cuatro (Corintios, Gálatas, Filipenses, y Colosenses), tenemos “reprensión” y “corrección”. Aquí podemos comprobar cuan “provechosas” son estas Epístolas para alcanzar la perfección (esto es, la completa educación) de “el hombre de Dios”, enteramente preparado para todo deber y para cualquier emergencia que le surja. Pero además existe una posterior correspondencia entre estas cuatro Epístolas. El primero de cada par (Corintios y Filipenses) ponen en evidencia el abandono práctico, mientras que el segundo (Gálatas y Colosenses) ponen en evidencia el abandono doctrinal. Es decir, en Corintios tenemos el fracaso práctico en cuanto a la enseñanza de Romanos, mientras que en Filipenses tenemos un fracaso en evidencia en la práctica de la enseñanza en Efesios en cuanto a la unidad de los miembros del Cuerpo de Cristo. (Esto lo veremos más tarde en más detalle cuando pasemos a ver las tres Epístolas por separado.) Por otro lado, en Gálatas tenemos el fracaso doctrinal en cuanto a la enseñanza de Romanos. Esta es la explicación de por qué Gálatas y Romanos se parecen tanto, como todos sabemos; ¡aunque, la gran mayoría lo que ve de este parecido es que fueron “escritas alrededor del mismo tiempo”! – Sin embargo, la verdadera diferencia es que lo que se establece como “doctrina” en Romanos, se vuelve a repetir como una “corrección” en Gálatas. Romanos comienza con una declaración del Evangelio de Dios. Gálatas empieza: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Dios para seguir un evangelio diferente”. De igual manera, en Colosenses tenemos el fracaso en cuanto a la enseñanza de la verdad de Efesios. (Lightfoot dice así: “La Epístola a los Efesios mantiene con respecto a la de Colosenses muchos aspectos la misma relación que tiene Romanos a la de Gálatas.” --[Biblical Essays, pag. 395.]) En Efesios, Cristo es revelado y enviado como “la cabeza del Cuerpo”. En Colosenses tenemos los males doctrinales que provienen por “no estar sujetos a la Cabeza” (Colosenses 2:19). Así entonces ahora podemos exhibir la estructura de: Las Siete Epístolas a las Iglesias:
A | Romanos. “Doctrina e Instrucción”. El Evangelio de Dios, que no había sido oculto, sino “prometido de antemano”. La justificación de Dios de judíos y gentiles individualmente – muertos y levantados con Cristo (1-8). Su relación en cuanto a la Dispensación (9-11). El fundamento subjetivo del misterio.
    B. | Corintios. “Reprensión”. Pone en evidencia el fracaso a la hora de practicar la enseñanza de Romanos, por no contemplar su posición habiendo muerto y resucitado con Cristo. “Levadura” en la práctica (1ª Corintios 5:6).
C. | Gálatas. “Corrección”. Fracaso doctrinal en cuanto a la enseñanza de Romanos. Comenzando con la verdad de la nueva naturaleza (“espíritu”), se “olvidaron rápidamente” (1-6), y procuraron perfeccionarse en la vieja naturaleza (“la carne”) (3:3). “Levadura” en la doctrina (5:9).
A. | Efesios. “Doctrina e Instrucción”. El Gran Misterio de Dios, siempre ocultado, nunca antes revelado. Judíos y gentiles hechos colectivamente “un nuevo hombre” en Cristo. Sentados en los celestiales con Cristo.
B | Filipenses. “Reprensión”. Fracaso práctico en mantener la enseñanza de Efesios en manifestar “la mente de Cristo” como miembros del Cuerpo único.
C. | Colosenses. “Corrección.” Fracaso doctrinal en cuanto a la enseñanza de Efesios. Doctrinas equivocadas que provienen por “no sujetarse a la Cabeza” (2:9), y por no considerar su plenitud y perfección en Cristo (2:8-10).
A. | Tesalonicenses. “Doctrina e Instrucción”. No solamente “muerto y resucitado con Cristo” (como en Romanos); no solamente sentado en los lugares celestiales con Cristo (como en Efesios); sino también “reunidos arriba para encontrarnos con el Señor en el aire, y estar así juntos para siempre con el Señor”. En Romanos, justificados en Cristo; en Efesios, santificados en Cristo; en Tesalonicenses, glorificados con Cristo. Ninguna “reprensión”. Ninguna “Corrección”. Todo es alabanza y acciones de gracias. Una Iglesia modelo. Y ahora vemos además otra razón de por qué se sitúa Tesalonicenses en último lugar. Ya no hay más Epístolas después de esta, porque no hay una verdad más alta para enseñar. Se ha llegado a la consumación. Esta es la Graduación más alta en la escuela de la gracia, donde el Espíritu Santo es el Maestro: “Toda la verdad” culmina aquí – aquella “toda verdad” en la cual Él iría a guiar a la Iglesia. Nos guía desde la más profunda degradación (en Romanos) hasta la más alta gloria (en Tesalonicenses), somos tomados para estar siempre con el Señor, y puestos en los celestiales en eterna bendición “en”, y “con” Cristo. Con esto completamos la revisión de las siete Iglesias en su totalidad. En nuestros próximos capítulos veremos cada una de las Epístolas por separado. (1) Mostrando su estructura, (2) deduciendo de ella, su alcance y enseñanza, y (3) dando tantos detalles (por traducción y comentarios en pasajes especiales) cuantos sean necesarios para la educación del cristiano en la escuela de la gracia, para que pueda aprender por experiencia propia su apropiada posición en Cristo.        
Es interesante observar que la clasificación de Lightfoot (Bib. Ess., pag. 222, etc.) es prácticamente la misma, aunque él coloca las Epístolas de manera cronológica. Coloca Tesalonicenses por sí, como si tuviese una posición distinta y aparte por su conexión al “Tribunal”. Pone Corintios, Gálatas, y Romanos juntas, como si estuviesen todas conectadas con “la Cruz”; mientras que Filipenses, Efesios, y Colosenses las pone juntas, como si estuviesen las tres conectadas por su tema principal con “el Trono”. Es bueno tener en cuenta testimonios como este en un asunto tan importante. No se ve afectado por el orden distinto cronológico. El agrupamiento es exactamente el mismo; tenemos los dos mismos grupos, con Tesalonicenses permaneciendo aparte. Esta concordancia con un tan íntegro y sabido profesor como él, elogiará lo que hemos escrito arriba llamando la atención de todo honesto estudiante Bíblico.      

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