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MATEO 10:8

jueves, 9 de noviembre de 2017

El perdón es para los que no lo merecen. (Devocional) De Joseph Prince

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré 
a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 
Mateo 18:21

Pedro le preguntó al Señor qué tan a menudo debería perdonar a su hermano. La respuesta del Señor para él fue simple: hasta 70 veces siete veces (Mateo 18:22). En otras palabras, ¡todo el tiempo!
"Bueno, Pastor Prince, esa persona no merece mi perdón".

Tampoco tú merecías el perdón de Dios.

No hay una sola persona viva o muerta que no haya roto todos los 10 mandamientos de Dios. No existe tal cosa como un "pecador a medias" o un "gran pecador". Todos nosotros fuimos grandes pecadores cuando Jesús nos salvó. Y cuando nos demos cuenta de que se nos ha perdonado mucho, amaremos mucho (Lucas 7:47).

"Pastor Prince, ¿cómo puede decir que he roto todos los mandamientos de Dios? Nunca he cometido adulterio".

Amigo mío, Jesús dijo: "cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón" (Mateo 5:28). Ese es el estándar de Dios. El hombre mira lo exterior, pero Dios mira el interior, al corazón. Además, si quebrantas una ley, tú eres culpable de todas. (Santiago 2:10). Entonces todos hemos quebrantado todos los mandamientos de Dios. Todos somos un gran pecador.

Ahora, ya no eres un pecador si has recibido a Cristo como tu Salvador. Eres una nueva creación. Sin embargo fuiste un gran pecador y Dios te perdonó tu gran deuda a través de la muerte de Su Hijo.

Entonces, si alguien te ha hecho daño, di para ti mismo esto: "Yo no me merecía el perdón de Dios, pero Él me perdonó a través de Cristo. Entonces yo también perdono a esta persona". Si dices algo como: "Él no se lo merece", eso no tiene sentido. El perdón no es para las personas que lo merecen. Si merecen algo, es castigo. Pero el perdón significa que tú extiendes gracia, que es favor inmerecido, de la misma forma en que Dios extiende Su favor inmerecido hacia ti.


Amado, si eliges aferrarte a la amargura, nadie sufrirá más que tú. Perderás tu paz, y después posiblemente tu salud. Simplemente no vale la pena. Dios te dice: "Déjalo ir. Perdona a otros sus deudas, tal como Yo te he perdonado a ti".


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