DE GRACIA RECIBIMOS, DE GRACIA DAMOS
MATEO 10:8

miércoles, 17 de enero de 2018

PORQUÉ HABLAR EN LENGUAS. Por Anthony Barbera

Publicado originalmente el 17 de abril de 2014.

Tomado del blog “Seated In The Heavenlies” (“Sentado en los Lugares Celestiales”).

El apóstol Pablo hizo una declaración innegable: dio gracias a Dios de que hablaba en lenguas más que todos y cada uno de ellos. ¿Creemos que él solo estaba hablando de su propio tiempo en la historia? ¿Qué hay acerca de la iglesia hoy? ¿Qué hay acerca de nuestra propia vida de oración privada con el Padre Celestial? ¿Por qué no anhelamos hablar en lenguas como si fuera uno de los aspectos más importantes de nuestra vida cristiana? ¿Deberíamos todos hablar en lenguas? Bueno vamos a echar una mirada refrescante en la Palabra de Dios, ¿de acuerdo?

                “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1Co.14:18).
   
Hablar en lenguas, para algunos cristianos, es tal vez la manifestación más incomprendida o mal entendida del espíritu santo. La razón por la que muchos cristianos no entienden la importancia que tiene dentro de sus vidas, así como dentro de la Iglesia de hoy, se debe principalmente a mala enseñanza -y a veces- a aplicación incorrecta. Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo que la Palabra de Dios es nuestra fuente de doctrina correcta y de verdad. Veamos juntos esta manifestación, o “evidencia” del espíritu, el hablar en lenguas, con una nueva perspectiva y punto de vista, como hicieron los de Berea. Las  Escrituras establecen que los de Berea recibieron la Palabra de Dios con gran solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
   
Las preguntas para el cristiano de hoy son: ¿Acaso, como algunos enseñan, esta habilidad y manifestación del “don” del espíritu santo desapareció cuando los apóstoles murieron? ¿Estuvo esta habilidad solamente disponible durante algún periodo anterior de la historia y ahora no está disponible para nosotros? Y si el hablar en lenguas hoy en día no está disponible, ¿están todas las otras manifestaciones del don del espíritu santo también indisponibles para nosotros?

Estoy seguro de que estaremos de acuerdo en que todos los apóstoles hablaron en lenguas en el día de Pentecostés. Además, que el apóstol Pablo (según 1 Corintios 14:18) dijo: “Doy gracias a mi Dios, de que hablo en lenguas más que todos vosotros”. Así que la pregunta para el creyente cristiano de hoy no es si ellos hablaron en lenguas, sino, ¿nosotros deberíamos hacerlo? ¿Sigue estando vigente? Más allá de eso, ¿hay un beneficio en hacer esto hoy, y, hemos recibido instrucciones del Señor para hacerlo? Positivamente, todos deseamos hacer aquellas cosas que son agradables delante de Él.

Más de 700 años antes de Cristo, el profeta Isaías profetizó acerca de hablar en lenguas y su uso en el futuro dentro de la iglesia de hoy.

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír. (Isaías 28:11,12).

Si miramos a través de del Nuevo Pacto, vemos una serie de versículos que hacen referencia específicamente al hablar en lenguas. Estas Escrituras nos clarifican al menos once beneficios para el hombre o la mujer cristiana.
           
·         Edifica tu espíritu. (1 Corintios 14:4; Judas 1:20)
·         Hablas “secretos divinos” con Dios. (1 Corintios 14:2)
·         Hablas las maravillas de Dios. (Hechos 2:11)
·         Magnificas Dios. (Hechos 10:46)
·         Es orar perfectamente. (Romanos 8:26-27)
·         Es dar gracias bien. (1 Corintios 14:17)
·         El Espíritu de Dios da testimonio a nuestro espíritu. (Romanos 8:16)
·         Sabes que eres un coheredero con Cristo. (Romanos 8:17)
·         Te fortalece con poder en el hombre interior. (Efesios 3:16)
·         Es una señal para los creyentes no instruidos. (1 Corintios 14:22 y Marcos 16:17) 
·         Da descanso a tu alma. (1 Corintios 14:21; Isaías 28:11-12)

Si el hablar en lenguas fue realmente instituido por Dios para ser utilizados en nuestra vida de oración privada y en el servicio de adoración de la iglesia de hoy (hablar en lenguas con interpretación), ¿por qué tantas iglesias hoy arrojan un velo de falta de respeto sobre el hablar en lenguas, y piensan que proviene de alguna mala influencia?

¿Es en nuestra época la habilidad de hablar en lenguas dada por Dios a cada creyente cristiano cuando nace de nuevo? ¿Es un descanso refrescante para el creyente? ¿Dios nos ha provisto una forma de hablar con Él directamente (espíritu a Espíritu) a través de esta manifestación? Y si es así, ¿sabemos cómo utilizar correctamente su poder y beneficios? Estoy seguro de que si nos fijamos en las Escrituras recibiremos respuesta.

Nuestra percepción inicial

Fuera de la iglesia, para algunos, una visión mundana de hablar en lenguas viene por medio de una asociación complicada de imágenes: personas con las cabezas echadas hacia atrás, murmurando tonterías y, finalmente, cayéndose o tirándose al suelo, diciendo que son muertos en el espíritu. Esta imagen se deriva principalmente por películas diseñadas para desacreditar a Dios y Su Palabra. Por otra parte, estar muertos en el espíritu (perder el control de sí mismo) es estar poseído por espíritus diabólicos. Dios nunca toma el control de tu libre albedrío. Nunca, ni una sola vez en las Escrituras Dios ha controlado a ningún hombre de tal forma -solo nuestro enemigo hace eso. La adoración piadosa ha de hacerse decentemente y con orden. En otras palabras, se debe hacer para edificación y consolación; sin rarezas, excentricidades o peculiaridades extravagantes –algo que te haga sentir extraño.
El hablar en lenguas con interpretación, o profecía utilizados dentro de un servicio de adoración, o con otros creyentes cristianos en un pequeño grupo, está diseñado para edificar (construir) a la iglesia de Dios (los creyentes presentes). El hablar en lenguas cuando estás solo (sin interpretación) es para edificarte espiritualmente. El hablar en lenguas sin interpretación no debe ser utilizado en un ambiente de adoración. ¿Por qué? Porque sin la interpretación nadie sabrá lo que se dice. ¿Cómo quedará alguien edificado con eso?

Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. (Hechos 10:46)

Al final de su ministerio, nuestro Señor y Salvador Jesucristo habían predicho sobre la habilidad de hablar en lenguas, lo cual sería hecho disponible a partir del día de Pentecostés, un día que finalmente llegó.

Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre [de Jesucristo] echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;(Marcos 16:17).

Ciertamente, vale la pena invertir nuestro tiempo para profundizar en el hablar en lenguas, la primera de las nueve manifestaciones (o evidencias) del espíritu.

Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. (1 Corintios 14:20-22).

Claramente, cuando Pablo instruye a los creyentes en Corinto, está citando Isaías en referencia al hablar en lenguas. El refrescante “descanso para el creyente” es también una señal [sēmeion], una muestra de los acontecimientos notables que pronto ocurrirán. Además, el hablar en lenguas es una señal [sēmeion] de la obra completa y finalizada de Jesucristo en la cruz del Calvario. Hablar en lenguas apunta a nuestro valor y status como hijos, re-creados y restablecidos en él.

Veamos el primer registro de lo que sucedió cuando los discípulos recibieron el “don” del espíritu santo en el día de Pentecostés, en el nacimiento de la iglesia, en Hechos 2:1.

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos [los doce apóstoles] unánimes juntos [en el templo]. Hechos 2:1

Unánimes (con unidad de propósito) ellos estuvieron juntos en un solo lugar. Y no queremos dejar pasar esto: el día de Pentecostés estuvo en camino desde el momento en que el hombre cayó y perdió su espíritu en el jardín del Edén más de 2,000 años atrás a ese día. Algunos creen que los discípulos estaban en el aposento alto, sin embargo, eso no es posible. No puede caber una multitud en el aposento alto donde los apóstoles moraban. Ellos estaban en El Patio de los Gentiles dentro del templo, durante La Fiesta de las Semanas, en el día de Pentecostés. Muchos hombres piadosos de Israel estaban reunidos provenientes de todo el país durante esta fiesta.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:2-4)

Traducido con más precisión, [pnoē] no es “viento”, sino “aliento”. Esto concuerda con lo que Jesús ordenó a los apóstoles que hicieran antes de su ascensión en Juan 20:22. Ustedes podrían preguntarse, ¿es posible que ellos hubieran recibido el don proveniente del Espíritu Santo en ese momento antes de Pentecostés? No, no sucedió así; Jesús les estaba instruyendo del don que estaba por venir, el don que no estaría disponible hasta el día de Pentecostés.

Y habiendo dicho esto, sopló [“respiró” en la versión en inglés], y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. (Juan 20:22).

Esta fue la instrucción o el presagio de cómo esto se pondría a disposición. Como vemos en Hechos 1:8:

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8).

La instrucción anterior ocurrió precisamente antes de que Jesucristo ascendiera al cielo. Pentecostés fue el primer registro de la iglesia donde se recibió el don del espíritu santo, el poder de lo alto. Esto marca un cambio a la administración de la gracia de Dios al hombre, permitiéndole al hombre una vez más ser conectado espiritualmente a Dios, esta vez como hijos de Dios por medio del nuevo nacimiento. Claramente, el primer acto que tuvo lugar era que Dios puso Su espíritu santo dentro de ellos y todos hablaron en lenguas, según Dios les daba que hablasen.

Es importante tener en cuenta que ellos (los discípulos) eran quienes estaban hablando. Es un acto de libre voluntad de creer en Dios, y, como veremos a medida que continuamos, esta era normalmente la primera manifestación que recibía un nuevo cristiano. Eso no quiere decir que algunos cristianos (a través de su vida) nunca van a utilizan esta manifestación.

No obstante, ¡hasta nuestra reunión con Cristo, vamos a ver que esta es una parte del don de Dios que es utilizada ahora! La idea de que ya no tenemos ni la habilidad, ni la disponibilidad de utilizar el don completo del espíritu santo es una gran mentira, perpetrada por el dios de este mundo para mantener el creyente débil, ineficaz e inoperante. Es parecido a caminar hacia el campo de batalla sin armadura y sin armas.

Tú y yo no debemos ser ignorantes; por el contrario debemos estar llenos de todo el poder de Dios: no débiles, sino fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza. Debemos rechazar ser disuadidos de lo que Dios nos ha prometido en Su Palabra, sin importar cuál sea la fuente. La Palabra de Dios debe ser nuestra norma, no la palabra de los hombres.

El hablar en lenguas es una señal indicativa de un trabajo finalizado: el trabajo finalizado que llevó a cabo nuestro Señor y Salvador en nuestro nombre. Más aún, es además, una prueba positiva, en el mundo de los cinco sentidos, de que estás lleno de pneuma hagion, el don del espíritu santo que proviene de Dios, el Dador.

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que [le] adoren. (Juan 4:24).

En la iglesia del primer siglo, la respuesta normal al ser salvó fue el hablar en lenguas inmediatamente. Los discípulos que recibieron el don en el día de Pentecostés, todos recibieron, y todos estaban llenos. Ellos hicieron el hablar, mientras el Espíritu [el Pneuma] les daba las palabras. Pero es importante tener en cuenta que judíos por religión fueron los únicos que recibieron el don en ese momento, y los doce apóstoles eran todos galileos. Veamos ahora al primer derramamiento del don del espíritu santo sobre los gentiles.

Por favor veamos Hechos capítulo 10.

Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. (Hechos 10:1-3).

Aquí tenemos un gentil (un gentil era alguien que no era judío por la religión), un soldado italiano que amaba a Dios, que oraba fervientemente y daba de sus finanzas para ayudar al pueblo de Dios. Dios consideró de tal forma a Cornelio, que envió un ángel para ayudarlo a conectarse consigo mismo. Mientras que hombres de Cornelio fueron a buscar a Pedro, Pedro subió a la azotea en casa de Simón el Curtidor y empezó a orar también. Mira cómo Dios trabajó tan hermosamente en esta situación para enseñar a Pedro, en el momento justo, que Él iba a dar el don del espíritu santo a todos los que lo desearan: A judíos y gentiles por igual.

Cuando Pedro llegó a la casa de Cornelio y se dio cuenta de que Dios no hace acepción de personas (lo que significa que ahora todos estaban invitados a unirse a la familia de Dios como hijos), el espíritu santo descendió sobre los que oían la palabra. Los judeanos presentes escucharon a los gentiles que hablaban en lenguas, magnificando a Dios. En un registro tras otro, veremos que el curso normal de los acontecimientos en la iglesia del primer siglo fue que, tan pronto como alguien nacía de nuevo y recibía el don del espíritu santo, ese hombre o mujer hablaba en lenguas en ese mismo momento.

Pedro era un judío y no tenía intención, ni siquiera tuvo el pensamiento, de traer a los gentiles a comunión con Israel. El hablar en lenguas fue la prueba a todos ellos, en el mundo físico, de que estos gentiles también habían entrado en comunión con los de Israel. Y aún así, tomó un tiempo antes de que la plenitud del misterio del único cuerpo de Cristo cuajara para los creyentes de su tiempo. El don del espíritu santo, puesto a disposición por primera vez en el día de Pentecostés, nos ha hecho ti y a mí, completos en Cristo -mientras él ha llegado a ser la cabeza de todo principado y potestad.

Jesús tomó sobre sí nuestros pecados y la enfermedad, para que podamos vivir ahora como él es. Jesucristo tomó sobre sí lo que nosotros merecíamos, para que nosotros pudiéramos recibir lo que él ha ganado. ¡Esto es un refrescante descanso para cada creyente renacido que está disponible ahora!

Como ministros, pastores, laicos y obreros de la Palabra, debemos alentarnos unos a otros a permitir que la Biblia se interprete a sí misma. Esto no es difícil o confuso. Quiere decir simplemente no arrojar a ella ninguna doctrina hecha por hombres, y juntos, regresar a la verdad y la exactitud inherente de la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, Dios habló por medio de los profetas. Su espíritu estaba solamente sobre ellos en base a su fidelidad al hacer Su voluntad. Como se puede ver a través de todo el Antiguo Pacto, el tener el espíritu de Dios sobre ellos se basaba en una condición. La condición era la obediencia. Algunos tuvieron éxito toda su vida. Muchos fracasaron. Y, aún así, muchos amaron a Dios con todo su corazón, mente, cuerpo y alma.

Hoy, Cristo ha restaurado nuestro acceso a Dios. El espíritu santo está en nuestro interior, es una parte de nosotros, y no por condición. Por medio de Cristo podemos unirnos, encontrarnos Cara a cara con nuestro Padre celestial, con plena confianza y sin miedo, de hecho, con denuedo. Ya no hay una separación entre Él y nosotros.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8:15-17).

Así que hemos recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual llamamos a nuestro Dios, Abba Padre, que significa: “Padre nuestro Padre”. Hablamos con nuestro Padre libremente, con el corazón abierto, sin esconder nada. Una de las maneras en que podemos hablar a Dios en nuestra vida de oración privada, es por medio de hablar en lenguas.

Las Escrituras declaran que el Espíritu de Dios da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Las nueve manifestaciones, o evidencias del espíritu, dan testimonio con, y de nuestro espíritu. El hablar en lenguas es hablar las maravillas de Dios, glorificar a Dios, y dar gracias bien. A veces no sabemos qué pedir en oración. En Romanos 8:26:

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 

Estos son, literalmente, sonidos que no pueden ser expresados en palabras, y oramos “espíritu a Espíritu” a Dios por situaciones, o personas, que pueden necesitar que se ore por ellos en el cuerpo de Cristo. Es una ayuda manifiesta y que da gloria a Dios.

Como hemos visto claramente, hablar en lenguas es parte de caminar con Dios en nuestra nueva naturaleza. Es un beneficio para el creyente en su vida de oración privada, y, para la iglesia entera. Si vamos a caminar a través del espíritu de Dios, entonces desearemos utilizar todas las habilitaciones que Él ha provisto para nosotros. El hablar en lenguas y lenguas con interpretación son dos de las nueve manifestaciones del espíritu que se nos dan para ser utilizadas en nuestro caminar con Él para todo hombre y mujer cristiano renacido. Es la elección individual de cada creyente, si toma ventaja o no de esta bendición abundante de Dios. Entonces, ¿puedes tú también hablar en lenguas? ¡Sí! Puedes hacerlo ahora mismo.

Recibe ricas bendiciones,
Anthony Barbera.

¡Agradezco el trabajo de edición a Trish Barbera!

Traducido por Claudia Juárez Garbalena

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