Alzaron unánimes la voz a Dios y el poder de Dios sacudió el lugar. De Kenneth Hagin
Alabado sea Dios, ¡aleluya! Amén. Me alegra que estén aquí. Si eres nuevo, bienvenido; te pondremos al día porque nos movemos juntos, no divididos, sino en un solo corazón. Ahora déjenme poner una pregunta sobre la mesa: ¿Qué atmósfera suele preceder a las manifestaciones frecuentes del Espíritu? No el sensacionalismo (o emociones artificiales), no la personalidad del orador, no porque todos clamen a gritos. Hechos 4 responde a eso, y es simple de decir pero poderoso de vivir: el deseo corporativo, el acuerdo unánime, el hambre que eleva su voz al unísono a Dios. Cuando la congregación entera se inclina y se vuelca hacia Dios, el lugar comienza a temblar. ¿Me están escuchando ahora? La Escritura dice: "Alzaron unánimes la voz a Dios" (Hechos 4:24). Y luego oraron: "Concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu Palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades" (Hechos 4:29-30). Y la Palabra declara: "Cuando hubieron orado, el lugar...