Perdona libremente, confía sabiamente. La fe que obra por el amor. De Kenneth Hagin

 

Esta es la restauración de un sermón clásico del reverendo Kenneth Hagin para resaltar el tema de los límites y la reconciliación. Es el tema central de su libro "El Amor: El Camino a la Victoria".

Debido a los muchos modismos que usa el reverendo Kenneth Hagin en este sermón, he procurado buscar la mejor forma de expresarlos en español. Hay muchas cosas que no se entienden literalmente traducidas al español, por eso lo he buscado la mejor manera de expresarlas, y he hecho algunas notas que he señalado en este escrito. Dios te bendiga. (Nota de traductor).

 

Perdona libremente, confía sabiamente.

La fe que obra por el amor

Kenneth Hagin

Abran sus Biblias, por favor, en el Evangelio según Juan, capítulo 13, versículos 34 y 35. Dejemos que Jesús establezca la agenda (establezca este tema):

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Todos digan: "nuevo mandamiento". Ahora díganlo de nuevo, dejen que se registre en su espíritu: "nuevo mandamiento". Y todos digan: "en esto", no por su calcomanía en el auto, no por su canción favorita, "en esto", aleluya. Ahora escuchen con atención porque sé, por experiencia de más de 50 años de predicación, pastoreo, consejería y de ver milagros, que la gente tropieza con la simplicidad del amor. No rechacen o ignoren lo que digo solo porque es duro o incómodo de escuchar, porque les estoy diciendo la verdad. La gente ha sido tan religiosamente manipulada que piensan que el amor es un permiso para la necedad o insensatez, o que el amor es un sentimiento que uno espera como a un autobús que podría no llegar hasta el próximo jueves. Y justo aquí es donde se instala la confusión: toman el perdón y tratan de convertirlo en la misma cosa que la reconciliación. Es la misma Biblia, pero con asignaciones diferentes. El perdón es un mandato del corazón bajo la nueva ley de Jesús. La reconciliación es un proceso relacional que implica acuerdo y sabiduría. ¿Me están escuchando?

Déjenme plantear nuestra pregunta para esta noche para que nadie se desvíe del tema principal: ¿Cómo obedezco a Jesús, perdono de corazón y, sin embargo, no finjo que la confianza ya está restaurada cuando no lo está? ¿Cómo camino en amor sin volver a recostar mi cabeza en el regazo de Dalila después de que ya me vendió a los filisteos dos veces? Alguien dijo: "Bueno hermano, si perdono tengo que actuar como si nada hubiera pasado". ¿Quién te dijo eso? Jesús no. Él te dio un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros, y te dijo que por esto el mundo nos conocería. Él no te dijo que tiraras a la basura tu sabiduría junto con tu amargura. Alabado sea Dios.

Vamos a desglosar esto línea por línea y no suavizaremos ni una sola Escritura para hacer sentir cómodo a nadie. Tuve una querida hermana (inventaré el nombre para protegerla), la hermana Martha, que vino a mí retorciéndose las manos y me dijo: "Si perdono a mi cuñado, ¿tengo que dejar que vuelva a manejar el dinero?". Yo le dije: "No querida, tienes que dejar que el amor de Dios vuelva a guiar tu corazón, y eso no es negociable, pero la entrada a tu vida, la confianza y el lugar que les das deben ganárselo. Perdona libremente, confía sabiamente. Todos digan: "Perdona libremente". Ahora digan: "Confía sabiamente". Amén.

Así que este es nuestro viaje esta noche: vamos a desentrañar lo que Jesús ordenó al corazón y cómo la sabiduría debe gobernar en las relaciones. Vamos a separar el perdón del corazón —que es inmediato porque el amor ha sido derramado en nuestros corazones— de la reconciliación, que es un camino condicional que requiere arrepentimiento, acuerdo y frutos. Les mostraré por qué la falta de perdón asfixia la fe y la oración, y les mostraremos cómo caminar en amor no implica renunciar a los límites. Lo haremos con la Palabra, lo haremos con claridad y lo haremos con el fuego del Espíritu Santo. Todos digan: "nuevo mandamiento". Todos digan: "En esto". Y para cuando terminemos, la culpa se habrá ido, la confusión se aclarará y tu fe volverá a fluir. ¿Pueden decir "Amén"? Aleluya.

Ahora permitamos que Jesús defina el perdón para que no lo convirtamos en una reunión de comité para votar sobre nuestros sentimientos. Vayan al Evangelio de Marcos, capítulo 11, versículos 25 y 26: "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". Todos digan: "perdonad". Díganlo de nuevo desde el corazón: "perdonad". Ahora noten que Él no dijo "cuando te sientas mejor", no dijo "después de tres sesiones de consejería", no dijo "si ellos se disculpan primero". Lo ubicó en la oración: "cuando estéis orando, perdonad". Así que el perdón es un acto de fe delante de Dios, una liberación del corazón en su presencia. No rechacen lo que les digo solo porque es duro o incómodo de escuchar, porque les estoy diciendo la verdad.

Ahora vayan a Efesios 4:32: "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". Y Colosenses 3:13 hace eco de esto: "Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros... de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros". Ahí está tu modelo y tu medida: "de la manera que". No "de la manera que lo hizo tu primo", no "de la manera que tu supervisor preferiría", sino "de la manera que Dios en Cristo lo hizo". ¿Cómo te perdonó Dios en Cristo? Libremente, completamente, y antes de que tú mismo arreglaras tus errores. Entonces, el perdón no es una negociación con tu carne, es obediencia a tu nueva naturaleza. ¿Me estás escuchando?

Romanos 5:5, vayan allí y márquenlo: "y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". ¿Dónde ha sido derramado? En nuestros corazones. En tu espíritu, no aquí afuera en tus sentimientos. Los diez mandamientos estaban en piedra, pero este nuevo mandamiento está escrito aquí adentro, la capacidad está instalada. Dios nunca ordenó algo para lo cual no diera primero el poder para hacerlo. Así que el perdón es una decisión de tu espíritu en acuerdo con la Palabra, por el amor que ya ha sido derramado, y tus sentimientos pueden seguir su curso lentamente hasta que se alineen. La fe actúa primero basada en la Palabra, los sentimientos la seguirán después. Cada paso fuera del amor es pecado. Entonces, ¿qué hacemos? Somos rápidos para arrepentirnos, rápidos para perdonar, rápidos para creer. No lentos, no tercos, no decimos no puedo perdonar, no quiero dar mi brazo a torcer.

Tuve un querido hermano, llamémoslo James, que me decía constantemente: "Hermano, no puedo perdonar a ese socio, me costó todo". Podía citar el libro de contabilidad de memoria, pero no podía citar Marcos 11:25 sin ahogarse. Su vida de oración estaba estrangulada, tenía úlceras que le ardían como fuego. Abrimos el Libro, nos pusimos de pie allí mismo en la oficina, y él dijo con la voz temblorosa: "Padre, lo perdono como tú me perdonaste". Esa noche durmió por primera vez en meses. En una semana el dolor había desaparecido. ¿Qué pasó? El perdón liberó el amor que había estado estancado, la deuda salió de la jurisdicción de James y pasó al tribunal de Dios.

Escúchenme ahora, el perdón no es amnesia, es una liberación espiritual. No estás fingiendo que nada pasó, estás entregando el reclamo al Juez Justo y te estás saliendo del negocio de la venganza. Estás bajando el arma, es decir renunciando a desquitarte y le estás dejando el caso a Dios para que tu fe pueda abrazar la promesa. "Cuando estéis orando, perdonad". Todos díganlo de nuevo: "perdonad", aleluya. La habilidad está en ti, el mandato está delante de ti, y la bendición fluye donde el amor es obedecido. Amén.

Ahora vamos a despejar la niebla en la que la mayoría de la gente tropieza. La reconciliación no es confianza sin verdad. Jesús nos dio un camino y Él no está confundido. Vayan a Lucas 17, versículos 3 y 4: "Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale". Ahora miren aquí arriba: Marcos 11 gobierna el corazón delante de Dios. No hay un "si o un pero", simplemente dice "perdona".

Lucas 17 rige la reparación interpersonal, y aquí sí hay un "si se arrepintiere", porque las relaciones requieren verdad. Todos digan "liberación del corazón". Ahora digan "reparación relacional". No se incomoden ahora porque lo estoy predicando no sea cómodo de escuchar porque estoy diciendo la verdad. La reprensión no es rabia, es claridad amorosa. Traes la verdad a la luz y le das al ofensor una puerta llamada arrepentimiento. Si toma la puerta, el perdón lo encuentra en el pasillo de tu corazón y la comunión puede comenzar a reconstruirse. Si te cierra la puerta en tu cara, tu corazón aun así lo libera delante de Dios, pero no finges que ese espacio intermedio de la relación está lleno de una confianza que la otra persona no se ha ganado. Eso no es cruel, es ser como Cristo. Gloria a Dios.

Ahora pasemos a Mateo 18:15, el manual de reconciliación de Jesús: "Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos (en privado primero); si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra". El proceso importa. Si aún así se niega, dilo a la iglesia; y si no oye a la iglesia, tenle por gentil y publicano. Eso se llama un límite. Jesús no enseñó un discipulado de sumisión o de "alfombra", Él enseñó un amor con un proceso. El amor confronta, invita, confirma y, si es rechazado, crea espacio. Aleluya. Juan 2:24 dice: "Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos". Él amaba a las multitudes, los sanaba, les enseñaba, los alimentaba, pero no confiaba en corazones inestables. El amor puede dar compasión al mismo tiempo que establece límites de acceso.

Todos digan: "tener afecto por alguien no significa darle acceso a tu vida". Díganlo de nuevo: "la proximidad no es prueba de amor" (no necesitas estar físicamente cerca ni desprotegido ante alguien para demostrar que le has perdonado. Nota de traductor). Amén. Puedes servirle pan a una persona y no entregarle las llaves de la despensa de la que han estado robando. Eso no es amargura, eso es ser un administración fiel de tu vida y de tu hogar. Y Amós 3:3 pregunta: "¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?". El acuerdo y la alineación son requisitos previos para una comunión cercana. El perdón quita mi amargura, la reconciliación restaura nuestra cercanía solo cuando se reconstruye la confianza. La confianza se reconstruye mediante el arrepentimiento y frutos consistentes y cambios verificables a lo largo del tiempo.

Tuve una hermana a la que llamaremos Noemí, que perdonó a su papá de corazón ahí mismo en oración, derramando lágrimas sobre la alfombra. Pero no lo dejó a solas con sus hijos hasta que hubo arrepentimiento, consejería, reconocimiento de la responsabilidad de sus actos y un fruto probado por el tiempo. Dos años después, con testigos y supervisión pastoral, se restauró la comunión. Eso fue amor y eso fue sabiduría. Así que dejen esto establecido en su espíritu: bajo el nuevo mandamiento, liberas toda deuda de tu corazón inmediatamente, pero restauras el acceso a tu vida a través de un proceso. El amor abre la puerta de la misericordia, la verdad revisa el pasaporte de entrada a tu vida y la sabiduría decide cuándo pueden entrar. Aleluya. ¿Pueden decir amén?

Ahora démosle un fundamento sólido a lo que estamos diciendo, porque Dios no nos dejó con un sentimiento, nos dio un pacto. Vayan a Romanos, capítulo 13, versículos del 8 al 10: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor". Todos digan: "El amor no hace mal". Díganlo de nuevo, no hace mal. Ahora miren aquí: si el amor no hace daño, también rechaza el daño. El amor es el cumplimiento de la ley, no te engañará y, bendito sea Dios, tampoco te facilitará las cosas para que tú engañes. No rechacen lo que les estoy diciendo porque sea difícil de escuchar porque les estoy predicando la verdad.

Pasen a Hebreos 8:10: "Por lo cual, este es el pacto que haré... pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré". Bajo el antiguo pacto Dios escribió en piedra, bajo el mejor pacto Él escribe en tu espíritu y en tu mente. Eso significa que la guía ya no es de afuera hacia adentro, es de adentro hacia afuera. Romanos 5:5 dice que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo". Entonces, la misma ley de amor que Él exige, Él la ha instalado en nuestro espíritu. Aleluya. Todos digan: "Está escrito en mí". Amén. Ahora, ¿cómo opera ese amor? Vayan a Gálatas 5:22-23: "Mas el fruto del Espíritu —y el griego 'pneuma' allí se aplica a tu espíritu humano recreado habitado por el Espíritu Santo— es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley". El fruto crece al permanecer. Jesús dijo: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí... este lleva mucho fruto". La vid suple (“La vid (Jesús) hace todo el trabajo pesado. Ella absorbe los nutrientes de la tierra y bombea la savia, la vida y la fuerza”. Explicación de traductor). La rama no genera su propia vida, la rama exhibe o manifiesta el fruto (“La rama (tú) no tiene que "fabricar" el fruto (el amor, el perdón, la paz) con sus propias fuerzas. El único trabajo de la rama es mantenerse unida a la vid y exhibir, manifestar o llevar el fruto que la vida de la vid produjo a través de ella. Ampliación de traductor”). No te engrapas peras de plástico en tu vida los domingos y las ves caerse los lunes. No, permaneces en Él, y el amor, el amor verdadero, madura junto con el gozo y el dominio propio, y ese amor abraza pero a la vez evalúa. Aleluya.

Ahora escuchen la lógica de este pacto. Hebreos lo llama un "mejor pacto, establecido sobre mejores promesas". Si el antiguo pacto te dio mandamientos más todo un libro de Proverbios diciéndote que no seas simple y que evites al necio, ¿acaso el mejor pacto te diría que seas amoroso y crédulo, que le entregues tus perlas a los cerdos y tu billetera a un ladrón? No tiene sentido, ¿verdad? Es como si alguien alardeara: "Nos mudamos a una casa mejor. Solíamos tener cuatro habitaciones y dos baños, ahora tenemos un armario de escobas y un grifo que gotea, ¡mucho mejor!". Ustedes dirían: "¿Acaso están locos?". Algo mejor no puede ser peor. Así que el amor en el mejor pacto no puede ser más torpe que la sabiduría en el antiguo pacto. Es el cumplimiento de la ley y el compañero del discernimiento.

Así que establezcan esto de una vez: el amor reemplaza a la lista de reglas, pero el amor no es insensato. El amor es inteligente, guiado por el Espíritu y protector de la justicia. El amor no hace mal, así que no mentirá, no herirá, no tomará represalias; y ese mismo amor no patrocinará el pecado, no financiará el abuso, no le dará la bienvenida al lobo en el redil. Caminar en amor no significa dejar a un lado tu discernimiento, significa que tu discernimiento es energizado por el amor que está escrito en tu interior. Todos digan: "Cumple la ley, mantén tu sabiduría". Aleluya, ¿amén?

Ahora acérquense, porque aquí es donde entra la mecánica espiritual. Vayan a Gálatas 5:6: "porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor". Todos digan: "La fe obra por el amor". Ahora díganlo como si fuera un detonador en su espíritu: "cuando perdono, mi fe es libre". Puedes tener las confesiones de fe más brillantes, puedes pulir tu declaración de "montaña, quítate", pero si la manguera del amor está doblada, la bomba de fe no fluye libremente. Sin flujo de amor, no hay flujo de fe. No rechacen lo que les estoy predicando porque sea difícil de escuchar porque es la verdad.

Ahora conecten eso con el propio esquema de Jesús en Marcos 11, versículos del 23 al 26. A la mayoría de la gente le encanta acampar en los versículos 23 y 24: "cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón... lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá". Gritamos de alegría por eso, pero Jesús no tomó un respiro antes del versículo 25: "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno... porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". La misma postura, la misma oración, la misma conversación. La fe que mueve montañas se encuentra con el perdón que mueve corazones en el mismo momento. No puedes gritar los versículos 23 y 24 mientras estrangulas el 25 y el 26. Aleluya.

Efesios 4:26-32 nos da el diagrama de las tuberías: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo". Versículo 30: "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios". Versículo 31: "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia". Y versículo 32: "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo".

La amargura cede terreno al enemigo; el perdón crea el espacio para que el Espíritu fluya, gloria a Dios. Lo he visto por décadas. Estábamos en una reunión en pueblo que no diré su nombre con Jesús como figura central, y la fila de oración se extendía hasta la pared del fondo. El Espíritu de Dios me impulsó a decir: "No les impongas las manos primero, guíalos a perdonar". Les dije: "Justo donde están de pie, susurren el nombre de quien no han perdonado al Padre y liberen la deuda". La habitación quedó en silencio, luego se humedeció con lágrimas por todas partes. Antes de que yo pudiera bajar de la plataforma, cerca de un tercio de esa fila se sentó. Una hermana agitó un pañuelo: "Se fue, una migraña de 12 años, ¡se fue!". Otro hombre se inclinó y tocó los dedos de sus pies, su espalda se aflojó como una bisagra nueva. ¿Qué cambió? Su fe se había estado asfixiando bajo un torniquete llamado falta de perdón. Ellos liberaron eso y la unción fluyó como agua a través de una válvula abierta.

En otra ocasión, un diácono al que llamaremos Robert había orado por su sanidad cien veces, pero todavía tenía el nombre de su expareja apretado en la mandíbula. Abrimos Marcos 11, repasamos Efesios 4, y él dijo con los dientes apretados: "Padre, la perdono como tú me perdonaste". Más tarde me dijo: "Sentí como si se hubiera soltado un puño apretado dentro de mi pecho". El ardor en su estómago desapareció antes de que abandonara el estacionamiento. Las respuestas a las oraciones comenzaron a aterrizar como aviones finalmente autorizados para descender. Aleluya.

Escuchen el principio y escríbanlo en su corazón: la falta de perdón es un torniquete espiritual en tus propias bendiciones. No los estás castigando a ellos, estás cortando tu propio suministro. Libera y recibe. Todos díganlo tres veces: "Cuando perdono, mi fe es libre. Cuando perdono, mi fe es libre. Cuando perdono, mi fe es libre". Ahora levanten sus manos y denle gracias a Él, porque el amor que alimenta su fe ya ha sido derramado en sus corazones por el Espíritu Santo. A medida que obedecen, el canal se abre, la montaña se mueve y la sanidad fluye. Alabado sea Dios para siempre.

Ahora que el canal está abierto, hablemos de las zanjas en las que la gente cae cuando escuchan sobre el amor. Todos digan: "ordenar algo versus permitirlo” (respetando el libre albedrío) (MIN 17:45). Hay una gran diferencia y si no la ves, culparás al amor por lo que el amor nunca hizo. Dios no es el autor del mal, no está comisionando al diablo para que te golpee. Muchas veces en el Antiguo Testamento los traductores pasaron las cosas en tono causativo cuando el sentido es permisivo. Dios lo permite cuando la gente endurece su corazón y se sale de su protección, pero Él no comisiona o autoriza el daño. Es como un padre que dice: "No toques esa sartén caliente", y el niño la agarra de todos modos. Permitiste su elección al darle libertad, pero tú no ordenaste la quemadura. No rechacen lo que les digo porque lo que digo es correcto. Así que dejen de decir "el amor me convirtió en un tapete o una alfombra". No, el amor no te convirtió en un tapete, fue la confusión. El amor nunca patrocina el pecado ni financia la necedad o tontería, aleluya.

Vayan a Proverbios 4:23: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". Las barandillas de protección son de Dios. Todos digan: "Guarda tu corazón". El amor escrito en tu espíritu te dice que perdones de corazón y la sabiduría escrita en tu mente te dice dónde van las vallas de protección. Jesús mismo enseñó sobre establecer límites en Mateo 7:6: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen". Eso es una administración responsable de los límites directamente de las letras rojas de Jesús. No odias al cerdo, pero tampoco lo decoras con las perlas de tu abuela. El amor discierne lo que tiene valor y lo protege. Ahora miren Romanos 12:18: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres". Dos condiciones: "si es posible" y "en cuanto dependa de vosotros". A veces no es posible sin arrepentimiento y llegar a un acuerdo. A veces lo que hay en ti es paz, pero lo que hay en ellos es contienda. Tú permaneces en el amor, permaneces en paz, pero no fuerzas la comunión donde no hay verdad. ¿Me estás escuchando?

Pablo le dio forma a esto en 2 Timoteo 4:14: "Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él". Él nombró el daño, le dejó la venganza al Señor y estableció un límite de advertencia: "Guárdate". Eso es amor con los ojos abiertos. Hechos 15 muestra a Pablo y Bernabé separándose por causa de Juan Marcos; ellos crearon distancia sin odio. Más tarde, cuando el fruto se evidenció, Pablo escribió: "Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio". Separación por una temporada, reconciliación con fruto. Así es como se ven el amor y la sabiduría caminando juntos.

Así que aquí está la aplicación: el amor puede decir sí al perdón y no al acceso inseguro al mismo tiempo (puedes perdonar y al mismo tiempo limitar el acceso a tu vida de alguien que ha pecado contra ti). El amor puede decir "te libero delante de Dios" y al mismo tiempo decir "no tendrás mi contraseña, te reunirás conmigo frente a testigos y completarás tu consejería legal antes de que volvamos a hacer negocios". Eso no es venganza, eso es mayordomía o administración responsable. Te estás negando a permitir o facilitar (o alcahuetear o solapar) un daño continuo. Estás viviendo en paz en cuanto dependa de ti y dejando que Dios maneje lo que dependa de ellos. Todos digan: "Perdono libremente y confío sabiamente". Díganlo de nuevo. El amor establece límites guiados por el Espíritu. Aleluya. Eso no es tener menos amor, es amor con una base sólida. Alabado sea Dios para siempre.

Ahora pongamos en marcha nuestra revelación y hagamos lo que Jesús dijo. Él no convirtió el perdón en un acertijo, lo convirtió en una oración. Marcos 11:25: "Cuando estéis orando, perdonad". No mañana, sino cuando oren. Así que empezamos justo ahí, en la postura de la fe. Porque el perdón no es un sentimiento que buscas a ver si aparece, es una decisión que declaras.

Número uno: dilo por fe. Abre tu boca y ponte de acuerdo con Dios. "Padre, en el nombre de Jesús, yo perdono..." (ahora pon su nombre justo ahí), "yo perdono a (nombre), libero la deuda, remito el pecado, entrego el caso a tu tribunal". Todos digan: "Libero la deuda". No rechacen lo que les estoy diciendo porque sea difícil de escuchar porque es verdad. Tus palabras son tu válvula de escape. No esperas a sentir misericordia, hablas con misericordia a propósito. Tuve un hermano al que llamaremos Daniel, que dijo temblando y con lágrimas en el rostro: "Lo perdono". Al principio no sintió una brisa del cielo, pero obedeció. A la mañana siguiente, una pesadez que lo había atormentado durante meses se había ido. La fe habló y el corazón la siguió. Aleluya.

Número dos: bendice, no maldigas. Lucas 6:27-28 dice: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian". Bendecir no es adular, bendecir significa hablar lo más alto y mejor de parte de Dios. Ora de esta manera: "Padre, abre sus ojos, inúndalos de luz, llévalos al arrepentimiento, prospéralos en justicia, rodéalos de consejo sabio". Cuando bendices, desarraigas las raíces de la amargura o el resentimiento. La lengua que antes narraba el daño, ahora irriga misericordia. Todos digan: "Yo bendigo y yo libero". Amén.

Número tres: rechaza revivir el daño en tu mente o no le des vueltas a lo mismo. 2 Corintios 10:5 dice: "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo". Filipenses 4:8 te dice en qué pensar: todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre. Así que cuando empieces a reproducir en la videocasetera de tu mente esa vieja cinta sobre quién dijo qué y cómo se sintió, presiona el botón de expulsar. Di en voz alta: "No. En el nombre de Jesús ya perdoné eso, me niego a repasarlo". No alimentes a tu carne con repeticiones, alimenta a tu espíritu con la Palabra. Entrena a tu mente como si fuera un cachorro, tráela de vuelta y hazla sanar cada vez que se escape. Tú dices: "Pero sigue volviendo". Entonces sigue expulsándolo inmediatamente, inmediatamente, inmediatamente. ¿Me estás escuchando?   

Número cuatro: actúa en amor. Efesios 4:32: "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros". Cuando el contacto sea apropiado, elige la civilidad sin ser ingenuo. Sonríe, saluda, sé cortés. Puedes decir "buenos días" y decirlo de corazón, mientras mantienes límites sabios en su lugar. El amor puede enviar un correo electrónico respetuoso en lugar de uno venenoso. El amor puede devolver una llamada telefónica con amabilidad y aún así acordar verse en un lugar público con un testigo. Eso no es fingir (que hay una amistad de nuevo), eso es practicar el amor; el amor sabe comportarse con decoro, civilidad y educación, no se eriza como un gato a la defensiva. (El perdón real se nota en que dejas de ser reactivo. Nota de traductor).

Número cinco: mantén tus cuentas al día. Efesios 4:26: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo". Haz del perdón tu reunión de negocios nocturna; antes de que tu cabeza toque la almohada, examina tu corazón. "Padre, ¿hay algo contra alguien?". Si lo hay, resuélvelo en ese mismo instante y di "perdono". Si estás en el coche al mediodía, di "perdono". No cargues con eso ni un solo kilómetro. Perdona inmediatamente, ya sentirás después. Todos digan: "El perdón es mi decisión, los sentimientos seguirán". Díganlo de nuevo: "El perdón es mi decisión, los sentimientos seguirán". Aleluya.

Ahora vamos a practicar. Susurra su nombre al Padre. Dilo: "En el nombre de Jesús, yo perdono. Libero la deuda. Los bendigo con tu mayor y mejor bendición". Ahora levanta las manos y dale las gracias. El amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo, y a medida que obedeces, ese amor fluye, tu fe respira y la paz de Dios guarda tu mente. Alabado sea Dios por siempre, amén.

Ahora que tu corazón ha obedecido a Dios y ha liberado la deuda, surge la pregunta: ¿cuándo y cómo volveremos a caminar juntos? La reconciliación no es un sentimiento confuso, es un camino guiado. El amor abre una puerta, pero la verdad revisa el pasaporte y la sabiduría decide el orden de los asientos.

:Nota de traductor: Kenneth Hagin utiliza una de las metáforas más brillantes de todo el sermón. Combina elementos de un control de inmigración en un aeropuerto con la planeación de un evento (como una boda) para explicar cómo manejar las relaciones después de haber perdonado.

El reverendo divide el proceso de restauración en tres filtros indispensables:

A. El amor abre la puerta.

El amor es incondicional y es el que da el primer paso. Perdonar desde el corazón desarma el conflicto y abre la posibilidad de que exista un puente. Sin embargo, Kenneth Hagin advierte que abrir la puerta del perdón no significa dejar pasar a cualquiera sin revisar quién es.

B. La verdad revisa el pasaporte.

Aquí entra el control de seguridad. Un pasaporte demuestra la identidad legal de una persona para ver si tiene permitido el ingreso. En una relación dañada, la verdad es la que verifica si la otra persona realmente se ha arrepentido.

Revisar el pasaporte significa confrontar con honestidad los hechos: ¿La persona admite lo que hizo? ¿Hay un cambio real y verificable, o solo está usando palabras vacías? Si no hay verdad ni arrepentimiento, no pasa de la aduana.

C. La sabiduría decide la distribución de los asientos.

La distribución de los asientos es el mapa que determina en qué mesa y qué tan cerca del escenario principal se va a sentar cada invitado en una celebración.

Kenneth Hagin utiliza esto para hablar de los niveles de proximidad y acceso. La sabiduría es la que analiza la situación y dice: “Te he perdonado (el amor te abrió la puerta) y veo que te estás esforzando por cambiar (la verdad aprobó tu pasaporte), pero la sabiduría me dicta que todavía no te puedes sentar en la mesa de honor (recuperar la confianza íntima, el acceso a mis finanzas o a mi círculo más privado)”.

Entonces este juego de palabras tiene un significado profundo, el mensaje nos quita la culpa de encima. Nos enseña que la reconciliación no es un sentimiento confuso y desprotegido. Puedes ser una persona llena de amor que perdona al instante, pero tienes todo el derecho divino y la responsabilidad de ser meticuloso con la verdad y sumamente sabio al decidir qué tan cerca de tu vida permites que se mueva cada persona. (Termina nota de traductor)

 

El amor abre una puerta, pero la verdad revisa el pasaporte y la sabiduría decide el orden de los asientos. ¿Me están escuchando? Todos digan "proceso". Díganlo de nuevo: "proceso". Aleluya.

Condición número uno: el arrepentimiento. En Lucas 17:3-4 lo leímos: "Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si... volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; le perdonarás". Arrepentimiento significa que hay un cambio de dirección, no un baile de tap para esquivar los hechos. No es negación, no es decir "vamos a seguir adelante" y ya. Es decir: "Lo veo, me hago responsable, me aparto de eso". El amor dice la verdad, el amor proporciona la puerta por la que camina el arrepentimiento. Le dije a un hombre al que llamaremos Joe (aunque hay miles de Joes detrás de él): "Las lágrimas no son arrepentimiento; cambiar de rumbo es el arrepentimiento". No se incomoden porque lo que estoy diciendo no sea fácil de escuchar y es la verdad.

Condición número dos: frutos y tiempo. Mateo 3:8 dice: "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento". El fruto es un cambio visible y verificable. No es un solo servicio de adoración, ni un solo sollozo, ni una sola promesa; son frutos sostenidos a lo largo del tiempo. Todos digan: "Frutos y tiempo". La confianza es un árbol que crece lentamente. No le engrapas hojas a un tronco seco y lo llamas huerto. Deja que la constancia y la coherencia prediquen el sermón en donde antes solo escuchabas palabras. Ya sean seis semanas, seis meses o lo que el Espíritu y la sabiduría requieran, la coherencia (una conducta correcta y constante) en el tiempo es lo que devuelve el acceso a tu vida. Aleluya.

Condición número tres: rendición de cuentas (permitir que personas sabias y de confianza verifiquen y respalden el proceso de cambio). Mateo 18:15-17 establece los pasos: primero una charla privada, luego testigos, y si es necesario, la intervención de la iglesia. Tráelo a la luz, deja que otros ayuden a confirmar el cambio. La rendición de cuentas (supervisión de personas sabias y de confianza que verifiquen el proceso de cambio) no es un castigo, es protección para ambos corazones. "En boca de dos o tres testigos conste toda palabra". Los secretos protegen los ciclos tóxicos, la luz los sana. A veces eso puede verse como supervisión pastoral, sesiones de consejería, revisiones financieras o planes firmados. Al amor no le molesta que se traiga a la luz una situación que necesita sanidad y restauración. Amén.

Condición número cuatro: acuerdo. Amós 3:3 pregunta: "¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?". Hay que sentarse a definir la verdad compartida, los límites compartidos y las expectativas compartidas. Escríbanlo: qué va cambiando, qué tipo de contacto habrá, cuáles son los pasos a seguir. Efesios 4:25 dice: "hablad verdad cada uno con su prójimo". El acuerdo hace que la esperanza sea algo tangible de donde agarrarse. Todos digan: "Acuerdo". No son solo sentimientos cálidos, es un mapa o plan de acción detallado que ambos pueden leer.

Condición número cinco: seguridad y sabiduría. A veces la nueva relación es diferente por diseño. Acceso limitado, un consejero en la habitación, restitución siempre que sea posible. Zaqueo dijo en Lucas 19:8: "y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado". Eso es dar fruto con recibos. Proverbios 22:3 dice: "El avisado ve el mal y se esconde". El amor es prudente. Tal vez las reuniones deban mantenerse en lugares públicos, tal vez las contraseñas sigan bajo llave, tal vez el dinero sea manejado por un tercero hasta que la confianza vuelva a crecer. Eso no es sospecha, significa que estás siendo un administrador responsable (de tu hogar y de la paz que Dios te dio), gloria a Dios.

Y aquí está nuestro cuadro bíblico: Jesús y Pedro en Juan 21. Pedro lo había negado tres veces. Jesús no le guiñó el ojo diciendo "los chicos son chicos", no te preocupes, son cosas que pasan. Él le preguntó: "¿Me amas?". Tres veces. Verdad en amor, y luego lo restauró con una asignación: "Apacienta mis ovejas". La restauración vino con preguntas, confesión y comisión, e incluso entonces Jesús estableció un enfoque y un límite: "¿A ti qué? Sígueme tú". Esa es la reconciliación: de cara a la verdad, dada en amor, y con los roles aclarados.

(La reconciliación sana nunca te devuelve a un estado de confusión o ambigüedad; te deja en un lugar donde hay un amor profundo, pero también un mapa sumamente claro y transparente de la nueva relación. Nota de traductor).

Así que esta es la lista de verificación en tu espíritu: arrepentimiento, fruto, rendición de cuentas, acuerdo y seguridad. Todos díganlo: "arrepentimiento, fruto, rendición de cuentas, acuerdo, seguridad". Aleluya. Vi a un sobrino y a un tío (nombres ficticios, gracia real) se arruinó un negocio y fue reconstruido. El sobrino se arrepintió, llevó los estados de cuenta bancarios a un contador externo, se sentó con los ancianos, firmó un plan, pagó la restitución y durante nueve meses llegaba temprano y dejaba los recibos sobre la mesa. Para el mes doce, el tío le dijo: "Ven, siéntate más cerca". Eso es reconciliación funcionando como dice la Escritura: guiada, condicional, segura y dulce. Amén.

Ahora permítanme responder al coro que puedo escuchar en sus espíritus: "¡Ellos nunca se disculparon!". Todos digan esto conmigo: "Y cuando estéis orando, perdonad". Eso es Marcos 11:25. Jesús no le añadió una nota al pie de página, no dijo: "Si se disculpan". Él dijo: "Cuando estéis orando, perdonad". La liberación de tu corazón delante de Dios no está encadenada a los labios de ellos. Si nunca escriben la carta, si nunca hacen la llamada telefónica, tu libertad sigue en pie cuando obedeces la Palabra. No se incomoden porque lo que les digo sea difícil de escuchar y es la verdad.

Vi a una hermana (llamémosla Ruth) contener la respiración durante 10 años esperando que su exsocio de negocios le dijera "lo siento". El día que dejó de esperar el arrepentimiento de él y actuó sobre el de ella misma diciendo "Padre, lo perdono como tú me perdonaste", el dolor en su pecho desapareció como un ave que escapa de una trampa. Él nunca llamó, pero ella aun así se hizo libre. Aleluya.

"No lo siento". Los sentimientos son pésimos capitanes, pero son excelentes pasajeros cuando el espíritu es quien conduce. Romanos 5:5 dice que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo", no en la piel de gallina, sino en tu corazón. La fe habla primero, los sentimientos siguen a la obediencia. Dilo por fe: "Yo perdono". Tu mente puede objetar y tu carne puede quejarse, pero tu espíritu nacido de nuevo está cargado del amor de Dios. Dale el micrófono a tu espíritu. Le dije a un hombre, llamémoslo Terry: "Dilo de todos modos". Susurró: "Perdono". Y dos semanas después dijo: "Mis sentimientos por fin alcanzaron a mi decisión". Amén.

"Si perdono, debo regresar a lo mismo". No, no tienes que hacerlo. El amor no es credulidad. La reconciliación espera por el arrepentimiento, el fruto, el acuerdo y la seguridad. Ya lo leímos: Jesús amaba a las multitudes, pero no se confiaba a hombres inestables (Juan 2:24). Mateo 7:6 sigue diciendo que no eches las perlas a los cerdos. Perdona libremente, protégete sabiamente. Todos digan: "Libero la deuda y cuido la puerta".

¿Qué pasa con el abuso o el crimen? Escuchen bien: perdonas de corazón y buscas seguridad y la autoridad correspondiente. Romanos 13:4 dice que el magistrado "es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo". Eso significa que llamar a la policía no es venganza, es obediencia al orden. El amor no esconde delitos graves bajo la alfombra de la iglesia. El amor protege al inocente, confronta al culpable y deja que la justicia civil haga su trabajo ordenado por Dios. Una madre, inventaremos el nombre, Anna, vino a nosotros temblando. Perdonó a su primo en oración, luego presentó la denuncia policial, consiguió un abogado y mantuvo a sus hijos a salvo bajo supervisión pastoral y legal. El perdón fluía en su corazón, pero los límites y la justicia estaban firmes en su puerta. Eso es amor con un sustento firme, alabado sea Dios.

Otro dicho: "Yo perdoné, pero todavía recuerdo". El recuerdo no es malicia. El amor "no guarda rencor" (1 Corintios 13:5); eso significa que se niega a llevar un registro continuo. Cuando los recuerdos salen a flote, no los vuelvas a anotar, séllalos como "pagados en su totalidad". 2 Corintios 10:5 dice "derribando argumentos". Dilo en voz alta: "Ya perdoné eso, rechazo el resentimiento", y cambia tu mente hacia lo que es verdadero y de buen nombre (Filipenses 4:8). Cada vez que se reproduzca la vieja película en la videocasetera, presiona "expulsar" inmediatamente, inmediatamente, inmediatamente. Con el tiempo el volumen se desvanecerá. ¿Me estás escuchando? Tu libertad no requiere la participación de ellos, requiere tu obediencia. Dilo: "Mi libertad está en mi obediencia. Perdono por fe, el amor está en mi espíritu, la sabiduría guarda mi camino". Aleluya.

Ahora levanten las manos y denle gracias a Dios; no le deben a nadie nada, excepto el amor, y caminarás en amor sin renunciar a sus límites. Amén y amén.

Ahora hagamos esto juntos. Justo donde estás, pon tu corazón delante del Señor. Jesús dijo: "Cuando estéis orando, perdonad". Todos digan: "Perdono desde mi corazón". Di su nombre en voz baja delante del Padre en este momento, y decláralo: "En el nombre de Jesús, perdono, libero la deuda, abandono el caso, se lo entrego al tribunal de Dios. Rechazo la amargura, elijo el amor. Padre, perdono como tú me perdonaste. Amén".

Ahora vamos a bendecir. Lucas 6 dice: "Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian". Romanos 12:21 dice: "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal". Vamos a obedecerlo en voz alta: "Padre, los bendigo con tu luz y verdad. Abre sus ojos, concédeles arrepentimiento, sana lo que está roto, prospéralos en rectitud, rodéalos de sabio consejo y no los metas en tentación. Devuelvo bendición por maldición y bien por mal, en el nombre de Jesús. Amén".

Ahora espera que fluya. Gálatas 5:6 dice que "la fe obra por el amor". Marcos 11:24 dice: "todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá". Todos digan: "El amor está fluyendo, así que mi fe está obrando. Creo que recibo respuestas". Ahora revisa tu corazón: la paz se está levantando. Examina tu mente: la asfixia se está aflojando. Algunos de ustedes examinen sus cuerpos: el dolor se está yendo, la rigidez se alivia, el sueño será dulce. La válvula ha sido abierta, el río corre limpio. Dilo: "Tomo mi sanidad, tomo mi restauración, tomo mis oraciones contestadas, en el nombre de Jesús".

Ahora haz un voto de sabiduría. Proverbios 4:23 dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". Di esto conmigo: "Por el Espíritu guardaré mi corazón y estableceré límites sabios. El amor me guiará, no el miedo. Me niego a facilitar el daño. En cuanto dependa de mí, viviré en paz, y caminaré únicamente en verdad y seguridad. Confío los resultados a Dios y seguiré Su sabiduría día a día. Amén".

Ahora levanten sus manos y denle las gracias. Padre, te damos gracias por la gracia para perdonar, por el amor derramado por el Espíritu Santo, por la sabiduría de lo alto que es pura, pacífica y llena de misericordia. Te damos gracias por las oraciones contestadas, por la sanidad que brota rápidamente, por la alegría que regresa como la mañana. Aleluya, alabado sea el Señor, gloria a Dios. Nos regocijamos en el mejor pacto y en el amor escrito en nuestros corazones. Amén.

Estos son tus próximos pasos diarios: antes de dormir, o en el momento en que ores, haz una revisión de tu corazón. ¿Hay algo contra alguien? Mantén las cuentas al día, resuélvelo de inmediato. Si la reconciliación es apropiada, sigue el camino de Mateo 18: primero la verdad en privado, luego los testigos y después la supervisión espiritual. Si la seguridad está en riesgo, no te aísles, busca consejo de líderes de confianza y profesionales sabios, y honra a la autoridad correspondiente como indica Romanos 13. Escribe tus acuerdos, establece la rendición de cuentas y deja que el fruto se demuestre con el tiempo. Dilo una vez más: "Yo perdono, yo bendigo, yo recibo gracia y camino en un amor sabio". Aleluya, amén.

 

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