Aprende a cubrir tu hogar con la sangre de Jesús. De Kenneth Hagin

 

Bueno, inclinemos nuestras cabezas y levantemos nuestros corazones al Padre. Padre Celestial, venimos esta noche en el poderoso nombre de Jesús, ese nombre que está sobre todo nombre, ese nombre que hace temblar al infierno, ese nombre que abre los cielos de par en par. Gloria a Dios. Te damos gracias por el privilegio de reunirnos en tu presencia. Gracias por el pacto que tenemos a través de la sangre de Jesucristo derramada por nosotros en el Calvario. Gracias, Padre, por el acceso que esa sangre nos ha dado: acceso a tu trono, acceso a tus promesas, acceso a tu mismo corazón. Padre, estamos tan agradecidos por la preciosa y santa Palabra escrita de Dios, esa Palabra que está para siempre establecida en el cielo (Salmo 119:89), esa Palabra que no puede fallar, no puede ser quebrantada, no puede volver vacía (Isaías 55:11). Gracias por tu Palabra. Gracias por el gran y poderoso, el Espíritu Santo, a quien has enviado para habitar en nosotros, para guiarnos, para enseñarnos, para revelar la Palabra a nuestros espíritus (Juan 14:26). No nos apoyamos en nuestro propio entendimiento esta noche, sino que confiamos en que el Espíritu Santo nos dé conocimiento de revelación, sabiduría y entendimiento en las cosas de Dios.

Ahora, Señor, nos proponemos en nuestros corazones ser hacedores de la Palabra y no tan solo oidores. Nos proponemos caminar en la luz que recibimos. Nos proponemos actuar sobre la verdad que es revelada, y creemos que al actuar sobre la Palabra, la Palabra trabajará por nosotros, la Palabra nos protegerá, la Palabra nos sanará, la Palabra nos librará, la Palabra pondrá en orden a nuestras familias, la Palabra pondrá al enemigo en huida. Gloria a Dios para siempre. Padre, oro por cada persona bajo el sonido de mi voz esta noche, para que no solo oigan con sus oídos naturales, sino que los ojos de su entendimiento sean alumbrados (Efesios 1:18), para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, las riquezas de la gloria de su herencia y la supereminente grandeza de tu poder para con nosotros los que creemos. Que cada corazón sea vivificado, que cada espíritu sea fortalecido, que cada hogar sea cubierto esta noche bajo la poderosa sangre del Cordero. Y ahora, Señor, te damos toda la alabanza, te damos todo el honor, te damos toda la gloria. Levanten sus manos y denle gracias ahora mismo. Denle gracias por Su Palabra, denle gracias por Su Espíritu, denle gracias por la sangre, denle gracias porque fiel es el que prometió, el cual también lo hará (1 Tesalonicenses 5:24). Aleluya. Gloria a Dios. Amén y amén.

Ahora abran sus Biblias conmigo, porque esta noche vamos a mirar en la Palabra y ver qué significa cubrir a su familia con la sangre de Jesús. Vamos a aprender cómo mantenernos firmes en pacto y en autoridad. Vamos a ver en las Escrituras que la sangre todavía habla, que la sangre todavía protege y que la sangre todavía vence. Gloria a Dios. Aleluya. Amén.

Ahora vamos directo a la Palabra de Dios. Si tienen su Biblia abierta, ábranla conmigo en el libro de Éxodo, el capítulo 12. Gloria a Dios. Vamos a poner un fundamento fuerte, porque la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 10:17). No puedes tener una fe fuerte para protección hasta que tengas un fundamento fuerte de la Palabra para protección.

Éxodo 12:7: "Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que la han de comer". Luego el versículo 13 dice: "Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de largo de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto". Gloria a Dios. ¿Escucharon eso? La sangre en el dintel detuvo al destructor en seco. El destructor no pudo entrar donde la sangre estaba aplicada. Ahora bien, si la sangre de un cordero natural bajo un antiguo pacto tenía poder para proteger a los hijos de Israel, ¿cuánto más la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios (Juan 1:29), nos protegerá bajo un mejor pacto establecido sobre mejores promesas (Hebreos 8:6)? Aleluya.

Ahora miren conmigo en el libro de Hebreos capítulo 9 y versículo 12: "Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención". Gloria a Dios. Él no te redimió a medias, no te redimió parcialmente, no te redimió solo por un tiempo. La Biblia dice redención eterna. Digan eso en voz alta conmigo: redención eterna. Ahora pasen a Colosenses, el primer capítulo. Leamos los versículos 12 al 14: "Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados". ¿Notaron el tiempo verbal allí? "Nos ha librado". No que lo va a hacer, no algún día cuando lleguemos al cielo—nos ha librado. Eso es tiempo pasado, ya está hecho. Satanás no tiene derecho legal de invadir, de hacer una intrusión en tu vida, tu hogar o tu familia, porque tú ya has sido librado. Aleluya. Ahora unamos esto con Apocalipsis 12:11. Dice: "Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la Palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". Noten esto: la sangre sola no lo hizo—la sangre y la Palabra del testimonio de ellos. La sangre ha sido derramada, sí; la sangre está en el propiciatorio en el cielo, sí; pero debemos testificar de lo que la sangre ha hecho. Debemos estar de acuerdo con Dios y abrir nuestra boca. La Palabra dice: "Díganlo los redimidos de Jehová" (Salmo 107:2). Digan en voz alta conmigo: Yo venzo por la sangre del Cordero y la Palabra de mi testimonio. Digan de nuevo: Yo venzo por la sangre del Cordero y la Palabra de mi testimonio. Digan una vez más: Yo venzo por la sangre del Cordero y la Palabra de mi testimonio. Aleluya. Gloria a Dios.

Ahora tenemos que anclar esto en nuestros espíritus. Vayan al Salmo 91. El versículo 10 dice: "No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos". Gloria a Dios. Y el Salmo 121:8 dice: "Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre". Es por eso que podemos declarar confiadamente esta noche: el mismo Dios que guardó a Israel en Egipto, el mismo Dios que resucitó a Jesús de los muertos, es el mismo Dios que vela por nuestros hogares. Él no ha cambiado. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). Su pacto no ha fallado, su sangre no ha perdido su poder. Así que mientras profundizamos esta noche, vamos a ver que esta sangre no es un misterio ni un ritual; es pacto, es legal, es vinculante (tiene fuerza y validez legal), es el derecho del creyente y nos pertenece aquí y ahora. Gloria a Dios. Aleluya. Amén.

Ahora respondamos a una pregunta con la que muchos creyentes tropiezan: ¿por qué la sangre? ¿Por qué la Biblia enfatiza la sangre de Jesús? ¿Por qué no solo decir la muerte de Jesús o el sacrificio de Jesús? Porque la sangre es lenguaje de pacto. No es superstición, no es misticismo, no es un amuleto que cuelgas alrededor de tu cuello. No, la sangre representa el juramento de pacto vinculante de Dios con Su pueblo. Levítico 17:11 dice: "Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado a vosotros sobre el altar para hacer expiación por vuestras almas; porque es la misma sangre la que hace expiación por la persona". Noten eso: la vida está en la sangre. Y cuando Jesús derramó su sangre, derramó su propia vida como el precio del pacto para tu redención. Gloria a Dios.

Ahora vamos a Hebreos 9:22: "Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Eso significa que no hay perdón, no hay limpieza, no hay redención, no hay acceso a Dios sin la sangre. Alguien dijo: "Bueno, no entiendo todo eso". No tienes que entenderlo, tienes que creerlo. Dios estableció los términos, Dios requirió la sangre y Jesús cumplió esos términos. Aleluya. Escuchen esto en Romanos 3:25. Dice: "A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". ¿Captaron eso? Por medio de la fe en su sangre. La fe en la sangre debe ser predicada, la fe en la sangre debe ser creída, la fe en la sangre debe ser confesada.

Déjenme darles una ilustración. Supongan que van al banco y tienen la hipoteca de su casa pagada por completo. Tienen el recibo en la mano. Entran con confianza. ¿Por qué? Porque tienen la prueba de pago. Ese recibo resuelve el asunto; no pueden cobrarles dos veces por la misma deuda. Bueno, gloria a Dios, la sangre de Jesús es el recibo del cielo de que tu deuda ha sido pagada por completo. Satanás no puede cobrarte dos veces, el pecado no puede condenarte de nuevo, la maldición ya no puede caer más sobre ti. Tienes el recibo de redención comprado con sangre. Aleluya.

Otra ilustración: la sangre es como el título de propiedad. Posees un terreno porque tienes la escritura a tu nombre. Si alguien intenta invadir tu terreno, puedes llevar la escritura al tribunal y hacer valer tus derechos. La sangre es tu escritura, la sangre es tu documento legal que dice comprado, pagado, redimido, pertenece a Dios. Por eso puedes aplicar la sangre sobre tu vida, sobre tu familia, sobre tu hogar. No estás rogándole a Dios que te proteja, estás haciendo valer derechos de pacto que ya han sido sellados en la sangre. Es por eso que cuando hablamos de aplicar la sangre, no hablamos de un ritual místico. Hablamos de hacer cumplir el pacto. Gloria a Dios. El diablo reconoce el pacto, sabe lo que significa la sangre. Por eso Apocalipsis 12:11 dice que le vencemos por la sangre y por la palabra de nuestro testimonio. El diablo no retrocede porque llores, no retrocede porque le ruegues, no retrocede porque sientas miedo. Él retrocede cuando levantas la sangre, cuando testificas de lo que la sangre ha hecho y te niegas a ceder. Aleluya. Así que nunca pienses en la sangre de Jesús como algo extraño, misterioso o inalcanzable. Es pacto, es vinculante (tiene validez y fuerza legal espiritual), es legal, es ejecutable, es el fundamento mismo de tu autoridad como creyente. Gloria a Dios.

Y eso nos lleva directamente a la siguiente verdad: si la sangre es pacto, entonces el creyente tiene la autoridad para aplicarla. Tienes el derecho, tienes la placa, tienes el nombre y tienes la sangre. Ahora es momento de caminar en ello. Ahora, si la sangre de Jesús es pacto—y lo es—entonces el creyente tiene la autoridad para aplicarla. La autoridad es lo que toma lo que Jesús hizo y lo trae directo a tu hogar, directo a tu vida, directo al futuro de tus hijos. Veamos lo que Jesús mismo dijo en Lucas 10:19: "He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará". En el griego, esa palabra "potestad" es realmente “autoridad”. Jesús dijo: "Os doy autoridad." Gloria a Dios. Autoridad sobre toda la fuerza del enemigo, no sobre una parte, no sobre la mitad, no sobre un rincón—sobre toda. Digan eso conmigo en voz alta: toda la fuerza del enemigo.

Ahora pasen a Efesios 2:6: "Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús". ¿Notaron eso? No que lo hará, sino que ya lo hizo. Estás sentado con Cristo en los lugares celestiales. ¿Y dónde está sentado Cristo? A la diestra del Padre, muy por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío (Efesios 1:21). Ahí es donde estás sentado, esa es tu posición de autoridad. Ahora noten Efesios 6:10: "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza". No dice fortaleceos en vosotros mismos, no dice fortaleceos en vuestros sentimientos, no dice fortaleceos en vuestras emociones. No: fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza.

Verán, el valor de la autoridad depende del poder que está detrás de ella. Déjenme darles una ilustración. Supongan que van conduciendo por la carretera y un policía sale al camino, levanta la mano y ustedes se detienen. No porque ese hombre sea más fuerte que su auto, sino porque tiene autoridad. Esa placa en su pecho representa todo el respaldo del gobierno. Ahora, si yo salgo ahí sin placa, simplemente me atropellarían. ¿Por qué? No tengo autoridad. Pero cuando el policía levanta la mano, no es su fuerza la que los detiene, es la autoridad detrás de él. Eso es lo que Jesús les dio cuando dijo: "Os doy autoridad". Les estaba entregando la placa del cielo. Gloria a Dios. No tienes que sentirte fuerte, no tienes que verte fuerte, no tienes que sonar impresionante. Solo tienes que mantenerte en tu posición y ejercer la autoridad que te ha sido delegada.

Ahora escuchen, esto es importante: no aplicas la sangre en tu propio nombre, no aplicas la sangre en tus sentimientos. Aplicas la sangre en el nombre de Jesús. Filipenses 2:9-10 dice: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra". ¡Toda rodilla! Eso incluye la enfermedad, eso incluye el temor, eso incluye la opresión demoníaca, eso incluye la destrucción. ¡Toda rodilla debe doblarse! Entonces, ¿cómo aplicas la sangre? Hablando, testificando, declarando lo que la sangre ya ha hecho. Es por eso que Apocalipsis 12:11 une la sangre y la palabra de tu testimonio. La sangre es el recibo del cielo; tu testimonio es tu ejecución o aviso de cumplimiento. Noten que el diablo no se mueve hasta que tú le ordenas moverse. Y cuando abres tu boca y dices: "Satanás, no puedes cruzar esta línea de sangre. Esta casa está fuera de tus límites, esta familia está cubierta, este cuerpo está redimido, esta mente está guardada, esta vida pertenece a Dios", entonces él reconoce la autoridad. Se tiene que ir. Gloria a Dios. Ahora déjenme recordarles de nuevo: no esperas hasta sentir algo, no esperas a tener piel de gallina. La autoridad no es un sentimiento, la autoridad es una posición. Y si estás en Cristo—y lo estás—ya la tienes. Así que levanta la cabeza, endereza los hombros y actúa como si fuera así. Alabado sea Dios. La autoridad para aplicar la sangre le pertenece a cada creyente, no solo a los predicadores, no solo a los evangelistas, no solo a la llamada élite espiritual. Cada hijo de Dios tiene este derecho. La autoridad es la verdadera posesión de todo creyente. Digan en voz alta conmigo: La autoridad me pertenece. Digan de nuevo: La autoridad me pertenece. Digan una vez más: La autoridad me pertenece en Cristo Jesús. Aleluya.

Y ahora necesitamos ver dónde se aplica esta autoridad. Donde presiona la batalla, dónde intenta colarse el enemigo. Porque si no sabes dónde están las puertas, no sabrás dónde guardarlas. Así que sigamos adelante y hablemos de dónde presiona la batalla: en el hogar, en la mente y en las puertas de la vida. Ahora, hijo de Dios, si vas a ejercer tu autoridad, necesitas saber dónde presiona la batalla, porque el diablo no juega limpio y no siempre viene por la puerta principal. Muchas veces busca una grieta, una pequeña abertura, un lugar descuidado. Por eso Pablo escribió en Efesios 4:27: "Ni deis lugar al diablo". No le des espacio, no le des oportunidad. Jesús nos dijo claramente en Juan 10:10: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia". El diablo es el ladrón. Viene a robar tu paz, robar tu salud, robar a tus hijos, robar tu gozo, robar tu provisión. Pero gloria a Dios, Jesús vino a darte vida abundante. Y cuando aplicas la sangre, estás trazando una línea que el ladrón no puede cruzar.

 

Así que ¿Dónde intenta presionar primero el enemigo? En el hogar. Por eso Josué declaró en Josué 24:15: "Pero yo y mi casa serviremos a Jehová". No dijo solo "en cuanto a mí", incluyó a toda su casa. Eso es autoridad. Padres, tienen el derecho de declarar que su hogar pertenece a Jesús. Tienen el derecho de prohibir que la contienda, el temor, la enfermedad y la destrucción operen en su hogar. Pueden pararse en su puerta principal y decir: "Satanás, esta casa está bajo la sangre. No puedes entrar aquí". Gloria a Dios.

Segundo: la mente. La mente es una puerta de entrada. Por eso Pablo dijo en 2 Corintios 10:5: "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo". Si el diablo puede ganar en tu vida de pensamientos, ganará en tu hogar. Por eso Isaías 26:3 dice: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado".  Debes aplicar la sangre sobre tu vida de pensamiento. Dilo en voz alta: Aplico la sangre sobre mi mente. Tengo la mente de Cristo. Rechazo el temor, rechazo el tormento, recibo la paz. Aleluya.

Tercero: las puertas de influencia, puertas y ventanas de tu vida familiar. Eso incluye medios, teléfonos, televisión, música, relaciones. Verán, Proverbios 4:23 dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". Cualquier cosa que permitas a través de esas puertas dará forma a la atmósfera de tu hogar. Padres, pueden decir: "Señor, aplico la sangre sobre estos aparatos, sobre estas influencias. Mis hijos no serán arrastrados a la oscuridad; mi casa estará llena de luz".

Cuarto: los viajes y trayectos diarios. El Salmo 121:8 dice: "Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre". Eso significa que cuando te subas al auto, aplica la sangre. Cuando tus hijos suban a ese autobús escolar, aplica la sangre. Cuando vayas al trabajo, aplica la sangre. No solo ores por seguridad de manera general; sé específico. Traza esa línea de sangre alrededor de tu vehículo, alrededor de tu camino, alrededor de tu viaje. Los ángeles responden a eso. Gloria a Dios.

Quinto: tu trabajo y tus finanzas. Al diablo le encantaría atacar tu provisión, pero Deuteronomio 28:8 dice: "Jehová enviará [“ordenará” KJV] su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano". Y el Salmo 90:17 dice: "Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros". Puedes aplicar la sangre sobre tu empleo, sobre tu negocio, sobre tus contratos, sobre tus ingresos. Puedes decir: "El devorador es reprendido por mi causa" (Malaquías 3:11). La sangre de Jesús cubre mi provisión.

Ahora escuchen: cuando aplican la sangre en estas áreas, no están esperando protección, la están imponiendo. No están rogando por liberación, están declarando derechos de pacto. La sangre continúa hablando (Hebreos 12:24). Habla misericordia, habla protección, habla liberación, habla victoria. Y cuando testificas de esa sangre, el enemigo no tiene más opción que retroceder. Pero escúchenme ahora: antes de poder construir ese muro de protección, tienen que asegurarse de que no haya grietas en el fundamento. Tienen que tratar con cualquier cosa en su propia vida que le dé al enemigo un punto de apoyo. Por eso debemos hablar de remover impedimentos, cosas que evitan que la sangre opere eficazmente en tu vida.

Ahora, queridos amigos, si vamos a vivir bajo la cobertura de la sangre, también debemos aprender a remover impedimentos para mantener el camino despejado. Porque, verán, la sangre es perfecta, el pacto es perfecto, la obra de Jesús es perfecta, pero nuestra cooperación importa. Nunca es Dios quien falla; es cuando dejamos puertas abiertas que el enemigo encuentra una entrada. La Palabra dice en 1 Juan 1:7: "Pero si caminamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado". ¿Notaron eso? "Si caminamos en luz". En otras palabras, la obediencia mantiene el camino despejado. La sangre sigue limpiando mientras sigamos caminando. Aleluya.

Ahora, ¿qué tipo de cosas son un obstáculo? Hablemos claro. La falta de perdón es un obstáculo. Jesús dijo en Marcos 11:25-26: "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". Eso significa que no puedes pararte bajo la protección de la sangre mientras guardas amargura en tu corazón. Perdona rápidamente, perdona libremente, perdona por fe.

La contienda será un obstáculo. Santiago 3:16 dice: "Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa". ¿Escucharon eso? ¡Toda obra perversa! No quieres eso en tu hogar. Esposos y esposas, no den lugar a la contienda. Padres e hijos, no den lugar a la contienda. Cierren la puerta, mantengan su hogar como un lugar de paz.

La desobediencia será un obstáculo. Recuerden lo que Samuel le dijo a Saúl en 1 Samuel 15:22: "Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros". No puedes caminar a sabiendas en rebelión y esperar que la cobertura completa de la sangre opere en tu vida. La obediencia trae bendición, la desobediencia trae vulnerabilidad.

El temor será un obstáculo. Job dijo en Job 3:25: "Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía". El temor le abre la puerta al enemigo; la fe cierra la puerta. Es por eso que Pablo dijo en 2 Timoteo 1:7: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio". El temor no es de Dios, el temor es el lenguaje del diablo. La fe es el lenguaje de Dios, así que habla fe, no temor.

Y por último, el silencio puede ser un obstáculo. Alguna gente de Dios conoce la verdad, pero nunca abren su boca. Nunca testifican, nunca aplican la sangre, nunca declaran la Palabra. Apocalipsis 12:11 no dice solo que vencieron por la sangre; dice por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos. El silencio le da una ventaja al enemigo; tu testimonio impone la sangre. Por eso el Salmo 107:2 dice: "Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo". Así que dejémoslo claro: si quieres que la sangre trabaje sin obstáculos en tu vida, camina en la luz, perdona rápidamente, evita la contienda, obedece la Palabra, rechaza el temor, habla con denuedo. Haz estas cosas y mantendrás el camino despejado, mantendrás la cobertura fuerte. La sangre de Jesús nunca pierde su poder, pero debemos caminar en consonancia con ella. Gloria a Dios.

Y ahora, cuando los obstáculos son removidos, podemos hablar de la aplicación práctica: cómo cubrir a tu familia diariamente con la sangre de Jesús. Hemos visto el pacto, hemos visto la autoridad, hemos visto el campo de batalla y hemos visto los obstáculos. Ahora unámoslo todo en acción. Ahora que los obstáculos han sido removidos y el camino está despejado, hablemos de la aplicación práctica: cómo cubrir a tu familia diariamente con la sangre de Jesús. Porque, verán, la verdad sobre la que no se actúa no produce resultados. Santiago 1:22 dice: "Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos". No basta con saber sobre la sangre, asentir con la cabeza ante la sangre o admirar la doctrina de la sangre—debes aplicarla.

 

Déjenme ir paso a paso.

Paso uno: háblala. Recuerden, que ellos vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio. Tu testimonio es tu declaración. Tu testimonio es tu declaración de lo que la sangre ha hecho. Cada mañana, antes de enviar a tus hijos fuera, antes de dar un paso en tu lugar de trabajo, antes de girar la llave en tu auto, levanta tu voz y di: "Padre, te doy gracias por la sangre de Jesús. Aplico, invoco la sangre sobre mi familia, sobre mi hogar, sobre mis hijos, sobre nuestra salida y nuestra entrada". Dilo con denuedo, dilo diariamente, dilo con fe.

Paso dos: aplícala por fe. Cuando los israelitas pusieron la sangre en el dintel en Éxodo 12, no se quedaron parados esperando ver si se veía poderosa; obedecieron, la aplicaron por fe. Hebreos 11:28 dice: "Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos". ¿Notaron eso? Por la fe. No fue el pincel sobre la madera, fue la fe en la Palabra de Dios. Así que cuando apliques la sangre, no te preguntes si está funcionando—sabes que lo está haciendo. Aleluya.

Paso tres: cubre áreas específicas. No solo digas: "Señor, bendícenos". Sé preciso. Aplica, aplica la sangre sobre tu hogar: "No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada" (Salmo 91:10). Aplica la sangre sobre tus hijos: "Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos" (Isaías 54:13). Aplica la sangre sobre tu mente: "Tengo la mente de Cristo" (1 Corintios 2:16). Aplica la sangre sobre tus finanzas: "El devorador es reprendido por mi causa" (Malaquías 3:11). Aplica la sangre sobre tu salud: "Por sus heridas fui sanado" (1 Pedro 2:24).

Paso cuatro: establece una línea de sangre. Puedes trazar una línea de sangre alrededor de tu propiedad, tu auto, tu escuela, tu lugar de trabajo. Yo lo he hecho y he visto los resultados. Cuando el diablo viene a destruir, ve la línea de sangre y tiene que pasar de largo. Así como el ángel de la muerte en Egipto no pudo cruzar esa sangre, los demonios hoy no pueden cruzar la línea de la sangre cuando es aplicada por fe. Gloria a Dios.

Paso cinco: refuérzalo por la noche. No dejes que tu día termine sin cobertura. Antes de irte a la cama, reúne a la familia, levanten sus voces y den gracias a Dios por la sangre que los ha guardado. Luego digan: "Señor, aplicamos la sangre sobre esta casa, sobre cada habitación, sobre cada cama. Declaramos el Salmo 4:8: 'En paz me acostaré, y asimismo me dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado'". Descansen bajo la cobertura, descansen en paz, descansen en seguridad.

Paso seis: enseña a tus hijos. No lo hagas tú solo; entrena a tus hijos para hacerlo. Enséñales a decir: "Aplico la sangre de Jesús". Déjalos aprender temprano que el nombre de Jesús, la Palabra de Dios y la sangre del Cordero son sus armas. Proverbios 22:6 dice: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él". Cuando la siguiente generación sabe cómo aplicar la sangre, no les estás dejando solo protección, sino autoridad. Amado, esto no es teoría, esto es práctica. Esto es vida diaria, esto es realidad de pacto. Y cuando comiencen a cubrir a su familia diariamente con la sangre, comenzarán a ver paz donde había confusión, seguridad donde había peligro, salud donde había enfermedad y provisión donde había escasez. Ahora bien, una vez que han aplicado la sangre, no se detengan ahí. El siguiente paso es declarar valientemente su victoria. Así es como mantienen al enemigo bajo sus pies: manteniendo firme su confesión de fe.

Ahora, amados, hemos hablado de aplicar la sangre sobre nuestros hogares, nuestras familias, nuestras mentes y todo lo que nos concierne. Pero hay un elemento final que debe acompañar la aplicación de la sangre: la confesión con denuedo. Verán, la confesión no es solo una bonita actividad religiosa; la confesión es el hacer cumplir sus derechos de pacto. Hebreos 10:23 dice: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió". ¿Qué significa eso? Hablas lo que Dios ya ha prometido y te mantienes firme en esa confesión. Ahora les voy a mostrar cómo hacer eso, cómo declarar victoria sobre el enemigo y mantenerse firmes en las promesas de Dios. Porque una vez que has aplicado la sangre, una vez que te has parado en fe, debes hablar la victoria. Ahí es donde radica tu autoridad.

En Marcos 11:23, Jesús dijo: "Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho". Ahora déjenme detenerme aquí y decir algo importante. Noten la frase "cualquiera que dijere", no solo cualquiera que pensare, no cualquiera que sintiere, no cualquiera que se preguntare. ¡Tienes que decirlo! Así es como funciona la autoridad, así es como opera la fe—está en el decir. Así que después de haber aplicado la sangre, comienza a decir lo que la sangre ha hecho. Comienza a decir que la sangre te ha redimido, comienza a decir que la sangre te ha protegido, comienza a decir que la sangre te ha librado de toda obra del diablo. Comienza a decir que ningún mal se acercará a tu morada, ninguna plaga tocará a tu familia. Comienza a hablarlo en voz alta y no te detengas. Tienes que mantener firme tu confesión; no puedes darte el lujo de estar en silencio. Jesús dijo: "De la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34). Y cuando hablas, estás liberando poder, poder en tus palabras para atar al enemigo y desatar las promesas de Dios en tu vida.

Déjenme darles un ejemplo sencillo y práctico. Cada día, cuando se levanten y apliquen la sangre sobre su familia, declaren la victoria de esa sangre. Si la enfermedad intenta atacar tu cuerpo, declara: "Estoy sano por las llagas de Jesús. La sangre me ha redimido de la enfermedad y la dolencia". Si el temor intenta apoderarse de tu mente, di: "Tengo la mente de Cristo. No temeré, la sangre de Jesús me ha dado paz". Si la confusión o la contienda intenta entrar en tu hogar, di: "Este hogar está bajo la sangre. Somos una casa de paz, somos una casa de amor. El diablo no tiene lugar aquí". Aleluya.

Ahora aquí hay un secreto que muchos pasan por alto: no solo hablen cuando las cosas van mal; hablen antes de que el enemigo intente aparecer. Eres una persona de fe, y la fe no espera a que aparezca un problema. La fe habla antes de que la tormenta llegue. Declara de antemano: "Mi familia está cubierta hoy, somos bendecidos hoy, estamos protegidos hoy, somos victoriosos hoy, somos vencedores hoy". Y no esperes a que tus circunstancias cambien antes de hablar. La fe habla antes de ver algo.

Abraham es un ejemplo perfecto de esto. La Biblia dice en Romanos 4:17: "(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen". Dios llama las cosas que no son como si fuesen, y eso es lo que haces con tu confesión. Llamas a las cosas que aún no se ven en lo natural, pero que ya están terminadas en el espíritu, como si ya fuesen.

Así que declarémoslo juntos, iglesia: En el nombre de Jesús, soy redimido por la sangre del Cordero. Estoy protegido por la sangre de Jesús. Ninguna arma forjada contra mí o mi familia prosperará. Llamo a mi hogar un refugio de paz, llamo a mi mente sana y clara, llamo a mi cuerpo sano y completo, llamo a mis finanzas bendecidas, declaro victoria en cada área de mi vida. ¡Gloria a Dios! Cuando haces eso, estás activando el poder de la sangre de Jesús en tu vida. Estás haciendo cumplir tus derechos de pacto, estás estableciendo una línea de sangre alrededor de tu hogar, alrededor de tu familia, alrededor de tu salud, alrededor de tus finanzas, y el diablo no puede cruzar esa línea.

Pero déjenme decirles esto: la fe no es un evento de una sola vez. No confiesas la sangre una vez y piensas que todo está listo. No, el enemigo volverá e intentará de nuevo. Por eso debes seguir hablando la sangre, seguir declarándola hasta que esté asentada en tu corazón y se manifieste en tu vida. Recuerda que Efesios 6:13 dice: "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes". Mantente firme en la Palabra, mantente firme en la fe, mantente firme en la autoridad, mantente firme en la sangre. Y cuando estés firme, nunca olvides hablar. Declara tu victoria una y otra vez. Mantén firme la confesión de tu fe sin fluctuar. Dios es fiel a Su Palabra.

Ahora, amados, hemos hablado de la importancia de hablar la sangre, declarar la victoria y mantenernos firmes en las promesas de Dios. Pero hay un paso final para sellar esta victoria: la alabanza y la acción de gracias. Verán, la fe no solo se aferra a la promesa, la celebra de antemano. La alabanza es el lenguaje de la victoria. La acción de gracias es la evidencia de que sabes que la victoria ya ha sido ganada. En Filipenses 4:6, la Palabra dice: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias". Noten eso: "con acción de gracias." Esa es una clave. Cuando damos a conocer nuestras peticiones a Dios, no solo pedimos; le damos gracias como si la respuesta ya hubiera llegado. Y la acción de gracias es un acto poderoso de fe. Ahora, en 1 Tesalonicenses 5:18, la Biblia dice: "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús". No dice por todo, dice en todo. Hay una diferencia. No le damos gracias a Dios por las pruebas, por los ataques, por la enfermedad, por la escasez. No, le damos gracias en medio de todo ello, porque sabemos que él es fiel, sabemos que Su Palabra es verdadera y sabemos que la sangre ya ha asegurado la victoria.

Quiero recordarles esta noche: no están esperando a que Dios se mueva. Él ya se ha movido. Ya envió a Jesús a la cruz, ya derramó la sangre, ya nos ha dado la victoria. Ahora lo que necesitamos hacer es alabarle de antemano, alabarle como si ya tuviéramos la victoria, porque por fe sí la tenemos. Déjenme mostrarles algo en 2 Crónicas 20. Cuando el rey Josafat estuvo rodeado de ejércitos por todos lados, reunió al pueblo de Judá y comenzaron a ayunar y orar. Pero noten lo que Dios le dijo en 2 Crónicas 20:15: "Así os dice Jehová: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios". ¡Aleluya! ¿Escuchan eso? La batalla no es suya, la batalla es del Señor. No tienen que pelearla, solo tienen que pararse en fe, pararse en su autoridad y alabar a Dios por la victoria. Ahora, en el versículo 22 del mismo capítulo, vemos algo poderoso: "Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros". ¡Cuando comenzaron a alabar, el enemigo fue derrotado! No cuando estaban preocupados, no cuando intentaban resolverlo todo, sino cuando abrieron sus bocas en alabanza. Esa es la clave. Cuando estés enfrentando problemas, cuando estés bajo ataque, no te sientes ahí a retorcerte las manos. Abre tu boca y alaba a Dios. Declara Su bondad, declara Su fidelidad, declara Su victoria y verás al enemigo dispersarse. Aleluya.

La sangre ya ha hecho provisión para tu victoria. Así que cuando apliques la sangre y hables la Palabra, lo siguiente que necesitas hacer es dar gracias a Dios por la victoria antes de ver la manifestación. Alábale como si la respuesta ya estuviera en camino, alábale como si la sanidad ya se estuviera manifestando, alábale como si la liberación ya estuviera hecha, alábale como si la protección ya estuviera en su lugar. El Salmo 103:1-2 dice: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Esto es lo que hacemos cuando alabamos: recordamos todos Sus beneficios. Recordamos Su poder sanador, recordamos Su provisión, recordamos Su protección, recordamos Su gracia y le alabamos por ello. El Salmo 34:1 dice: "Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará continuamente en mi boca". No solo cuando las cosas van bien, no solo cuando todo sale a mi manera, sino en todo tiempo. Si estoy en medio de una batalla, aún le alabaré. Si estoy en medio de una tormenta, aún le alabaré. La alabanza es lo que mantiene tu fe fuerte, la alabanza es lo que te mantiene en la victoria.

Así que por la mañana, antes de enfrentar tu día, da gracias a Dios por la victoria. Dale gracias por la sangre de Jesús que te cubre, te protege y te escuda de todo ataque. Y cuando el día termine, dale gracias por Su fidelidad, dale gracias porque ha guardado Su Palabra, dale gracias porque te ha traído victorioso a través del día, sin que ningún mal te sobrevenga, sin que ninguna plaga se acerque a tu morada. Hagámoslo ahora mismo. Levanten sus manos y comiencen a dar gracias a Dios por su sangre, denle gracias por la victoria, denle gracias por Su protección, denle gracias porque ninguna arma forjada contra ustedes prosperará. Digan: "Gracias, Padre, por la sangre de Jesús. Gracias por la victoria, gracias por tu protección, gracias por tu sanidad, gracias porque el enemigo está derrotado en mi vida, en mi familia, en mi hogar". Aleluya.

Ahora quiero que hagan una declaración de alabanza conmigo. Digan en voz alta: Te doy gracias, Padre, por la sangre de Jesús. Te doy gracias por la victoria sobre el enemigo. Te doy gracias por protección, provisión, sanidad y liberación. Te doy toda la alabanza, porque sé que la victoria ya es mía, en el nombre de Jesús. Amén. ¡Alabado sea Dios! Aleluya. Cuando alabas a Dios, no solo le estás agradeciendo por lo que ha hecho; estás reconociendo lo que Él ya ha prometido en Su Palabra. Y cuando comienzas a alabarle, te estás posicionando para que esa victoria se manifieste en cada área de tu vida.

Ahora, amados, hemos cubierto el aplicar la sangre, hablar la Palabra y alabar a Dios por la victoria. Pero hay un componente clave más para vivir en esta victoria, y es la confesión diaria. La confesión diaria de la Palabra es una forma poderosa de caminar continuamente en la protección, autoridad y victoria que la sangre de Jesús ha comprado para ti. En Hebreos 10:23, la Biblia dice: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió". ¿Qué significa eso? Significa que no confesamos la Palabra solo cuando nos sentimos bien, no confesamos la Palabra solo cuando las circunstancias son perfectas. Confesamos la Palabra consistentemente, incluso cuando no tenemos ganas, incluso cuando la situación no se alinea con lo que estamos declarando. Porque, amigo mío, es en la confesión consistente de la Palabra de Dios donde la victoria se asegura.

Veamos Romanos 10:9-10: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación". Noten eso: la confesión trae la posesión. Crees en tu corazón y luego hablas con tu boca. Y el mismo principio se aplica cuando estás parado en las promesas de Dios. No esperas a la manifestación para alabar o confesar; confiesas la Palabra antes de verla. Gloria a Dios. Jesús mismo nos enseñó sobre el poder de la confesión en Marcos 11:23-24: "Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá". Ahí está, iglesia: confesión y creencia. No se trata solo de decir las palabras, se trata de creer lo que dices. Y cuando crees en tu corazón y hablas con tu boca, activas el poder de Dios para que se cumpla.

Saben, aprendí hace años a través de prueba y error que la fe no es solo una declaración de una sola vez. No, es un estilo de vida, es una decisión diaria. No solo confieso la Palabra cuando necesito algo, no solo confieso la Palabra cuando me enfrento a una batalla; confieso la Palabra todos los días, todo el día. Y sigo hablándola sobre mi familia, sobre mis finanzas, sobre mi salud, sobre mi hogar, porque la sangre de Jesús ya ha asegurado la victoria. Debemos mantener la línea de sangre fuerte. Confiesa diariamente que estás bajo la sangre, declara diariamente que el diablo no tiene lugar en tu vida, habla diariamente que estás protegido, que estás sano, que eres victorioso.

Ahora déjenme compartir con ustedes una forma sencilla de construir el hábito de la confesión en su vida diaria. Cada mañana, antes de ir a cualquier parte o hacer cualquier cosa, tómense un momento—solo un minuto o dos—y declaren lo que la sangre de Jesús ha hecho por ustedes y su familia. Yo lo hago todos los días. Así es como lo hago: "Padre, te doy gracias por la sangre de Jesús. Aplico la sangre sobre mi vida, mi familia, mis hijos, mi hogar. Ningún mal se acercará a nosotros, ninguna enfermedad nos tocará, ninguna arma forjada contra nosotros prosperará. Somos victoriosos a través de la sangre del Cordero. Hablo paz a este día, hablo protección a este día, hablo salud a este día, hablo prosperidad y favor a este día, en el nombre de Jesús". Eso es solo un ejemplo de lo que pueden hacer cada uno de sus días. Cuando hablan la Palabra de esta manera, están sembrando semillas de victoria en su vida. Están edificando su fe. Y escuchen, al igual que cualquier semilla, crecerá, producirá una cosecha. Puede que no lo vean todo de golpe, pero con el tiempo verán el fruto de sus palabras. Y no olviden, cuando enfrenten desafíos a lo largo del día—ya sea enfermedad, temor, escasez o cualquier otra cosa—abran su boca y hablen la sangre de nuevo, declaren la victoria de nuevo, refuercen su confesión y vean cómo cambian las cosas.

Déjenme decir esto: nunca, jamás se rindan en su confesión. Si sienten que no está pasando nada, sigan hablando. Si sienten que no están viendo un avance, sigan hablando. Si la situación parece imposible, solo sigan hablando. Dios es fiel a Su Palabra, Él la cumplirá. Hebreos 10:23 dice: "Porque fiel es el que prometió". Amados, ustedes son los redimidos del Señor (Salmo 107:2), están sellados por la sangre (Efesios 1:13) y la sangre los ha hecho victoriosos (1 Juan 5:4). Ahora manténganse firmes en esa victoria a través de la confesión diaria y la declaración de la Palabra. Háblenla, créanla y vean cómo sucede. Son más que vencedores a través de aquel que los amó. Aleluya.

Ahora hemos cubierto el poder de la confesión y el pararse en fe, pero quiero hablar nuevamente de la clave para asegurar su victoria, y es sellarla con alabanza. La alabanza es más que una simple respuesta a que sucedan cosas buenas; la alabanza es un arma, la alabanza es una declaración de fe, la alabanza es una fuerza espiritual que trae manifestación a todo lo que hemos estado hablando. Vayamos al Salmo 100:4, un versículo que amo profundamente: "Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre". Noten eso: entren por sus puertas con acción de gracias. ¿Por qué? Porque la alabanza abre puertas. Abre las puertas del cielo, abre las puertas de tu victoria, crea una atmósfera donde Dios puede moverse. La Biblia no dice que entremos con quejas, no dice que entremos con dudas; dice entren con acción de gracias y por sus atrios con alabanza.

Les voy a decir algo, iglesia: si aprenden a alabar a Dios antes del avance, su avance llegará más rápido. Si aprenden a alabar a Dios en medio de la batalla, verán esa batalla dar un giro. Cuando alaban a Dios en medio de la tormenta, están liberando el poder del Espíritu Santo para moverse a su favor. La alabanza es un acto espiritual de guerra. Hechos 16:25-26 nos da un ejemplo perfecto de esto. Pablo y Silas estaban en prisión, encadenados a medianoche, encerrados en un lugar oscuro, húmedo y horrible. ¿Pero qué hicieron? "Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron". ¡Aleluya! El poder de la alabanza hizo que las cadenas cayeran, el poder de la alabanza hizo que el terremoto abriera las puertas de la cárcel. Ahora apliquemos eso a su vida. No sé qué puertas de prisión puedan estar enfrentando—tal vez sea una cárcel financiera, tal vez sea una enfermedad, tal vez sea temor o contienda. Sea lo que sea, la alabanza es la llave que abre la puerta. Y la alabanza no es solo para cuando te sientes bien; la alabanza es una elección. Eliges alabar a Dios antes de ver el resultado, eliges alabar a Dios mientras todavía estás esperando y eliges alabar a Dios cuando no tiene sentido.

Quiero recordarles, amados, que el enemigo no puede soportar la presencia de la alabanza. Cuando alabas, estás invitando la presencia de Dios a tu situación. La Biblia dice en el Salmo 22:3: "Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel". Cuando alabas, Dios habita tu alabanza; Él viene y mora en ella. El enemigo puede estar alrededor, pero cuando comienzas a alabar a Dios, lo expulsas. Y cuando el enemigo es expulsado, hay espacio para que el poder de Dios opere.

Ahora bien, ¿por qué alabas a Dios cuando estás cubriendo a tu familia con la sangre? Déjenme desglosarlo:

* Alaba a Dios por protección: "Padre, te doy gracias porque no me sobrevendrá mal, ni plaga tocará mi morada" (Salmo 91:10).

* Alaba a Dios por salud: "Te doy gracias, Señor, por sanarme por las llagas de Jesús" (1 Pedro 2:24).

* Alaba a Dios por provisión: "Te doy gracias porque tú eres Jehová Jireh, mi proveedor. Mi Dios suplirá todo lo que me falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19).

* Alaba a Dios por paz: "Te doy gracias, Señor, porque me das una paz que sobrepasa todo entendimiento" (Filipenses 4:7).

* Alaba a Dios por victoria: "Te doy gracias, Padre, porque somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8:37).

* Alaba a Dios por la unidad familiar: "Te doy gracias, Señor, porque mi familia es fuerte en ti. Estamos unidos en fe, amor y paz" (Efesios 4:3).

Y ahora llegamos a una declaración final de victoria. Así como comenzamos este viaje con fe en la sangre y alabanza en nuestros corazones, hagamos esta declaración juntos. Quiero que la digan en voz alta con todo su corazón, y no solo la hablen—declárenla con fe: "Padre, en el nombre de Jesús, te doy gracias por la sangre de Jesús derramada por mí. Declaro que la sangre me ha redimido, la sangre me ha limpiado, la sangre me ha protegido. La hablo sobre mi vida, mi familia y mi hogar: ninguna arma forjada contra nosotros prosperará. La sangre de Jesús nos está cubriendo y ningún mal se acercará a nosotros. Declaro que mi mente está sana, mi cuerpo está sano, mis finanzas están bendecidas y mi futuro está seguro en Cristo. Llamo a mi hogar un refugio de paz, amor y protección. Aplico la sangre de Jesús sobre mis hijos, mi cónyuge, mis finanzas y mi trabajo. Te doy gracias, Señor, por victoria. Te doy gracias, Señor, por protección. Te doy gracias, Señor, por provisión. Y te alabo porque sé que la sangre ya ha abierto un camino. En el nombre de Jesús, digo que hecho está. ¡Amén!" ¡Alabado sea Dios, iglesia! Aleluya.

Mientras hablas estas palabras en fe, no solo están diciendo palabras—están haciendo cumplir sus derechos de pacto. El diablo no puede cruzar la línea de sangre. Tu hogar está cubierto, tu familia está cubierta, tu vida está protegida y la victoria ya es tuya. Sigue alabando, sigue declarando, sigue caminando en tu victoria, porque con la sangre de Jesús, eres más que vencedor.

Ahora, amados, hemos llegado a la parte final de este poderoso mensaje: la exhortación de cierre. Y quiero decirles esto: son más que vencedores a través de Cristo Jesús. No me importa lo que estén enfrentando en este momento, qué tormenta estén atravesando, qué desafío haya intentado venir contra su familia, o su salud, o sus finanzas—ustedes ya son victoriosos a través de la sangre del Cordero. En Romanos 8:37, la Biblia dice: "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó".

Ahora quiero que entiendan algo sobre ese versículo: no solo dice que vencerás al enemigo, dice que eres más que vencedor. Un vencedor derrota a un enemigo, pero un más que vencedor es alguien que toma el botín, alguien que camina en una victoria total, inamovible e implacable. Y eso es lo que la sangre de Jesús hace por ti. Cuando aplicas la sangre, no solo derrotas al enemigo, tomas el botín de esa victoria. Eso significa que no solo estás sobreviviendo, estás prosperando y floreciendo; no estás solo luchando para salir adelante, estás caminando en la abundancia que Jesús ha asegurado para ti. Tienes todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 Pedro 1:3). Has sido bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3). Has sido librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13). Y amados, cuando caminan en esta verdad, nada es imposible. Ninguna arma forjada contra ti puede prosperar, ningún demonio en el infierno puede pararse contra el poder de la sangre, ninguna enfermedad, ninguna escasez, ningún temor puede permanecer cuando aplicas la sangre de Jesús por fe. Estás cubierto, estás protegido, estás sano, estás liberado, eres victorioso.

Ahora quiero darles unas pocas claves de cierre para caminar en la victoria de la sangre. Estas no son solo verdades para oír, son verdades para vivir:

1. Mantén firme tu confesión. Cada día declara la victoria de la sangre. Habla la Palabra sobre tu vida y tu familia. Mantén tu confesión fuerte y consistente. Lo que hablas eventualmente lo verás. Habla la sangre todos los días sobre tu salud, sobre tu hogar, sobre tus hijos, sobre tus finanzas, sobre tu futuro.

2. Alaba sin cesar. Alaba a Dios por lo que la sangre ha hecho, por lo que la sangre está haciendo y por lo que la sangre continuará haciendo en tu vida. La alabanza mantiene la atmósfera cargada de fe. La alabanza hace retroceder al enemigo y abre la puerta al poder de Dios. La alabanza es tu arma de victoria—úsala continuamente.

3. Camina en la autoridad del creyente. Se te ha dado autoridad en Cristo Jesús—úsala. Estás sentado con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:6). Tienes autoridad sobre toda la fuerza del enemigo (Lucas 10:19). No necesitas rogar ni suplicar por victoria; haces cumplir la victoria que Jesús ya ganó por ti. Mantente firme, levántate con la frente en alto y haz valer tus derechos de pacto.

4. Niégate a temer. El temor es la herramienta del diablo para debilitar tu fe y abrirle puertas al enemigo. Pero quiero recordarte 2 Timoteo 1:7: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio". El temor no tiene lugar en tu vida. Cada vez que el temor intente entrar, reemplázalo inmediatamente con fe. Declara que la sangre ya ha asegurado tu protección, provisión, sanidad y paz.

5. Vive en expectativa. Espera que Dios se mueva a tu favor. Espera favor, espera protección, espera provisión, espera sanidad. La sangre de Jesús te da acceso a todas las bendiciones de Dios, y Él es fiel para llevarlas a cabo en tu vida. Vive con un corazón expectante, sabiendo que las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén para ti (2 Corintios 1:20).

6. Enseña a tu familia a mantenerse en fe. Enseña a tus hijos a aplicar la sangre, enseña a tu cónyuge a declarar la Palabra. Cuando se mantienen juntos en fe, hay un poder multiplicado en su hogar. La familia que ora y confiesa junta se mantiene bajo la sangre junta. Enséñales a hablar Palabras de fe, ayúdalos a entender sus derechos de pacto y mira cómo tu hogar se convierte en un lugar de paz, protección y provisión sobrenaturales.

Amados, han oído la Palabra esta noche, ¡ahora vayan y vívanla! Apliquen la sangre, háblenla, declárenla, alaben a Dios por ella, caminen en la autoridad que tienen en Cristo y sepan esto: la victoria ya es suya. Ningún diablo en el infierno puede detenerla. La sangre de Jesús ya ha asegurado su victoria. Ustedes son más que vencedores. Ahora, al cerrar, quiero que levantemos nuestras manos y le demos a Dios una alabanza final. Denle gracias por la sangre, denle gracias por la victoria, denle gracias por la autoridad que tienen en Cristo. Sellemos este mensaje con una declaración final de alabanza: "Padre, te doy gracias por la sangre de Jesús. Declaro que soy redimido, estoy protegido, estoy sano, estoy provisto, ¡yo soy victorioso!"


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