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Mateo 10:8

viernes, 15 de julio de 2011

Comprad Sin Dinero De Bishop K.C. Pillai


Del Libro - ORIENTALISMOS DE LA BIBLIA
                                           Traducción Española - Juan Luis Molina   

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. (Isaías 55:1)

      He visto que la mente de los Occidentales se queda sorprendida pensando cómo es posible que alguien pueda comprar cualquier cosa sin dinero y sin precio. Para estos que no conocen la cultura Oriental, eso significa que las mercancías se han dejado de lado, porque el dinero y el precio nunca van separados de ningún comercio.

      La declaración de Isaías es una figura literaria Oriental. Se trata de la voz en el mercado de uno que vende agua, vino, leche, etc., en un mercado en el Oriente. Pero es un grito o clamor muy peculiar, es una expresión de gratitud a Dios cuando un acontecimiento importante se alcanza en la vida de alguien.

       Por ejemplo, cuando una persona en el Occidente cumple años, él espera recibir prendas y regalos de sus familiares y, tal vez, también de sus amigos. Es su día y él espera que le lluevan muchas bendiciones.

      Sin embargo, eso no es lo que sucede en el Oriente. Allí, la persona que cumple años lo celebra haciendo a los demás felices. Se le enseñó que, en su cumpleaños, debe mostrar gratitud a Dios por prolongar su vida. Como no puede ver a Dios, él entonces reparte prendas y regalos a los demás. La dádiva de un simple vaso de agua fría a quien esté sediento es considerado como un regalo hecho a Dios.

     Como cualquier persona hace en cualquier parte del mundo, el Oriental vende sus productos para poder vivir. Por supuesto que no podría hacerlo si vendiese sus productos sin dinero y sin precio. Cada producto, evidentemente, tiene su precio. El agua, el vino y la leche de las que habla este relato, tuvieron antes que haber sido pagados.

     El vendedor públicamente anuncia el precio de manera muy parecida con aquellos que relatan un juego de futbol por la radio. Gritará en voz alta el precio por litro de agua, vino, o leche. Los clientes pararán y le pagarán el precio por las cosas que compren.

      De vez en cuando, la gente se da cuenta de que, el vendedor, ha cambia sus gritos de anuncio, de a tanto el litro, y ha pasado a, "venid, comprad sin dinero y sin precio." Pero, ¿Por qué ha cambiado su grito de anuncio?

     Recuerda que quien está celebrando su aniversario quiere hacer a los demás felices para mostrarle su gratitud a Dios por Sus bendiciones. Así, que él se aproxima al vendedor en el mercado y le hace una propuesta para comprarle sus productos. El vendedor entonces se pondrá a anunciar, "Venid, venid, comprad sin precio."

       El Oriental comprenderá inmediatamente que alguien está celebrando su cumpleaños. Entenderá también que cualquiera que precise y tenga alguna necesidad podrá venir y comprar sin dinero, sin precio. Aquello que resulta gratis para él, en realidad, ha sido pagado anteriormente. Las personas, a medida que van llenando sus bolsas con agua, leche, o vino, le expresan su gratitud a su bienhechor que se mantiene al lado del vendedor.

     Isaías era un Oriental, y él utilizó esta figura literaria porque aquellos a quienes se dirigía también eran Orientales. Ellos reconocían no solo la figura literaria, sino también su significado espiritual.

    La totalidad del mundo ha caído en el pecado y está destituido de la gloria de Dios. El hombre no puede pagar el precio por su liberación. Dios envió a Su unigénito Hijo al mundo para pagar el precio por (en sustitución de) nosotros. Él ocupó nuestro lugar en la cruz. Él pagó nuestra deuda. La justicia de Dios se dio por satisfecha.

      A través de su sacrificio de muerte, Cristo conquistó nuestra salvación, la Fuente de Aguas Vivas, que sacia la sed de los pecadores. La vida eterna es la posesión de cada creyente. Es el don o regalo de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor. Es el más caro regalo jamás ofrecido a la humanidad. El precio para el Salvador fue la humillación, el desprecio, la angustia y la muerte. Gracias sean dadas a Dios, a través de Cristo podemos beber de aquellas Aguas Vivientes sin dinero y sin precio.



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