Habla solamente la Palabra: La fe que mueve montañas. De Kenneth Hagin
Abran
sus Biblias en Marcos capítulo 11:23 y 24. Si no conoces estos versículos estás
a punto de familiarizarte con dos de las frases más poderosas jamás
pronunciadas por el Hijo de Dios. Jesús dijo, y escuchen con atención, porque
este es Jesús hablando. No Pablo, no Pedro, no un profeta sino Jesús, la Cabeza
de la Iglesia, el Autor y consumador de nuestra fe. Él dijo:
“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
Por
tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá.” Marcos 11:23-24
Ahora
quiero que noten lo que dice: “de cierto os digo”, esa expresión “de cierto”
significa “verdaderamente, verazmente, absolutamente, sin lugar a dudas”. En el
lenguaje de hoy diríamos: te digo la verdad, esto es absolutamente confiable.
Bueno, si Jesús lo dijo, eso lo establece lo creas o no, pero si quieres
disfrutar sus beneficios, entonces tienes que creerlo, actuar en ello, decirlo
y mantenerte firme (no huir de una situación y enfrentarla valientemente).
Ahora
bien, Él no dijo “si esa es la voluntad de Dios esta montaña podría moverse”,
Él dijo: “cualquiera que diga a este monte…”. Eso se refiere a ti, se
refiere a mí, eso se refiere al hijo renacido de Dios, lavado con sangre que
sabe quién es en Cristo. Él dijo: “cualquiera”, dilo en voz alta “yo soy
cualquiera”, dilo otra vez: “este versículo está hablando de mí”.
Verás,
Jesús no puso este tipo de poder para mover montañas en las manos de
predicadores solamente. Él no dijo, “si el obispo lo dice, o si lo dice el
profeta”. No. Él dijo: “cualquiera que diga”.
Ahora,
quiero que noten algo, Él no dijo “cualquiera que piense en la montaña”, Él no
dijo, “cualquiera que llore acerca de la montaña”, Él no dijo: “cualquiera que
ore a Dios por el monte”, ¡no señor! Él dijo: “cualquiera que diga a este
monte”. Muchos creyentes están hablando con Dios acerca de sus problemas, pero
no le están hablando a su problema acerca de Dios. Pero Jesús dijo: ¡habla con
la montaña! ¿cuál es tu montaña? ¿es enfermedad? ¿es deuda? ¿miedo?
¿confusión?, ¿una adicción?, lo que sea que sea, ¡háblale! ¡ordénale que se
mueva en el nombre de Jesús! Ahora mira nuevamente lo que dijo:
“Y
no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le
será hecho.”
No
puedes hablar una cosa, creer otra, y esperar que funcione. Algunas
personas dicen: “bueno hermano Hagin, sé que la Biblia dice eso, pero no puedo
controlar lo que digo”. Oh sí, ¡sí puedes, puedes controlar lo que dices! Dios
no te diría que digas la Palabra si no pudieras hacerlo.
Proverbios 18:21
dice “La muerte y la vida están en poder
de la lengua…” Eso significa que tu lengua está dirigiendo tu vida.
Santiago dijo que tu lengua es como el timón de un barco. Hacia cualquier
dirección que la gires, ahí irá tu vida. Así que, si no te gusta lo que
estás teniendo, revisa lo que has estado diciendo. Di esto en voz alta: “yo
tengo lo que digo, yo creo lo que digo, y yo digo lo que Dios dice”.
Ahora,
nota nuevamente que Él dijo: “todo lo que diga, le será hecho”. ¿Cuántas veces
Jesús mencionó “decir” en este versículo? ¡Tres veces! Él mencionó “creer” una
vez, pero mencionó “decir” tres veces, ¿por qué es eso? Porque la mayoría de
los creyentes no tienen problema con creer, tienen un problema con lo que
dicen. Puedes creer en la sanidad y aun así hablar de enfermedad. Puedes
creer en provisión, y aun hablar de carencia. Puedes creer en la paz, y aun así
hablar de miedo. Pero Jesús dijo que todo lo que dices, es lo que tendrás.
Ahora
miremos el versículo 24, Él dijo:
Por
tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá.
¿Ven
el orden ahí? Cree que lo vas a recibir cuando oras y entonces lo obtendrás. En
otras palabras, el creer viene primero, el tener viene en segundo lugar. La fe
recibe antes de ver, la fe dice: ¡es mío ahora! No más tarde, no un día, no tal
vez, ¡ahora! Dilo en voz alta: “yo creo, yo recibo cuando oro, ya lo tengo es
mío ahora”. Esa es la clase de fe que mueve montañas, ese es el tipo de fe que
produce resultados, ese es el tipo de fe que lo cambia todo.
Ahora
voy a enseñarte cómo tomar este versículo Marcos 11:23 y hablarlo todos los
días durante 30 días. Solo un versículo, pero una palabra de Dios creída y
hablada, hará más que mil rutinas religiosas, y si te quedas conmigo en este
mensaje, te mostraré el ritmo, la resistencia, los resultados y la renovación
que viene cuando dices solo una palabra. ¡Gloria a Dios! ¡Esa es una buena
noticia! ¿no es así?
Ahora
bien, alguien podría decir “hermano Hagin, ¿basta con solo un versículo? Es
decir, ¿solo uno? ¿no necesitamos docenas de pasajes bíblicos?"
Bueno
escucha amigo, no se necesitan mil versículos para mover una montaña solo
necesitas una Palabra de Dios en la que creas y actúes. Déjame preguntarte
esto, cuando el centurión se acercó a Jesús en Mateo 8 ¿le pidió un sermón? ¿Le
pidió un pergamino? ¿él dijo Jesús dame toda la Torá? No, él dijo: “di
solamente la palabra y mi siervo será sano” (Mateo
8:8) ¿Y qué es lo que Jesús dijo acerca de eso? Él se maravilló. Así es,
Jesús se maravilló y dijo: “no he hallado tanta fe en Israel”. Si quieres una
gran fe, entonces haz lo que el centurión hizo. Creer solo una palabra de Jesús
es suficiente para cambiar tu vida. Dilo en voz alta, di: “solo una palabra”,
dilo nuevamente: “solamente una palabra es suficiente”.
Ese
hombre no necesitaba una visión, no necesitaba un coro, no necesitaba que le
impusieran las manos, no necesitaba caer bajo el poder, no necesitaba tener
piel de gallina, ni una nube de gloria. Él dijo: “solamente di la palabra”, eso
es una gran fe ¿por qué? porque la palabra lleva el mismo poder ya sea en la
boca de Jesús o en tu boca.
Ahora
déjame preguntarte ¿fue esa palabra suficiente para el siervo del centurión? Sí
lo fue. Jesús nunca fue a la casa. Él dijo, ve y como creíste te sea hecho, y
la Biblia dice que el sirviente fue sanado en esa misma hora (Mateo 8:13 “Entonces Jesús dijo al
centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella
misma hora.”)
Una
palabra, solo una. Déjame decirte que el problema no es que no tengamos
suficiente Palabra. El problema es que no estamos trabajando la Palabra que ya
tenemos. No le estamos dando tiempo para que eche raíces. La desenterramos
con nuestra duda y la matamos con nuestra contradicción. Pero creer un solo
versículo, hablar un solo versículo obedeciendo es todo lo que se requiere para
que Dios se mueva. El Salmo 107:20
dice: “envió Su Palabra y los sanó y los
libró de su ruina”. Él no envió un ángel, no envió un profeta, no envió un
programa, Él envió Su Palabra y Su Palabra hizo el trabajo. Amigo, si la
Palabra es todo lo que Dios necesita enviar, entonces la Palabra es todo lo que
necesitas recibir. Amén.
Ahora
bien, aquí explicamos por qué nos centramos en un solo versículo por 30 días.
Porque enfocarnos trae fe. Tú no consigues músculos fuertes levantando 500
cosas diferentes de una sola vez, obtendrás músculos fuertes levantando algo
una y otra y otra vez. La semilla no crece porque la plantas por todo el campo,
crece porque la plantas en un lugar y la dejas ahí, la riegas, la cuidas,
esperas la cosecha. Es lo mismo con la Palabra, muchos cristianos van de
versículo en versículo, de predicador en predicador, de reunión en reunión y se
preguntan por qué no ven un cambio. No han plantado nada el suficiente tiempo
para que eche raíces. Di esto en voz
alta: estoy enfocado, estoy plantado, estoy arraigado en la Palabra.
Un versículo amigo mío, solo uno por 30 días. Háblalo. Medita sobre él.
Decláralo, no permitas que se aparte de tus ojos, mantenlo en medio de tu
corazón porque es vida a los que la hallan y salud a todo su cuerpo.
Proverbios 4:20-22 “Hijo mío, está
atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus
ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, y
medicina a todo su cuerpo.”
¡Es más que suficiente, es suficiente para
Dios, gloria a Dios!
Ahora,
¿estás listo para aprender a elegir solo un versículo? ¿Cómo hacerlo personal,
cómo elegir tu espada? Entonces quédate conmigo porque vamos a pasar a la
siguiente parte: elegir tu versículo, tu arma para hablar a la montaña. Ahora
escucha con atención porque esta parte es vital. Si vas a hablar un versículo
durante 30 días entonces debes asegurarte de que tienes el versículo correcto.
Este no es un ritual, este no es un ejercicio religioso, esta es la espada del
espíritu, porque estás yendo a la batalla. Así que no puedes simplemente
agarrar un viejo versículo, necesitas una palabra rhema, una palabra que golpee tu corazón como fuego, que se quede
en tu alma y no la dejes ir.
La Biblia dice en Efesios 6:17 que tomes la espada del
espíritu, que es la Palabra de Dios. Ahora esa palabra "palabra" el
griego es rhema no solo un texto que
lees, sino una palabra hablada, viva y personalizada para tu batalla hecha
especialmente para tu avance. La Palabra de Dios en tu boca es tu arma y un
arma funciona mejor cuando sabes cómo usarla. Entonces ¿cómo eliges tu
versículo? Primero te haces esta pregunta, ¿qué montaña estoy enfrentando?
Seamos realistas, no necesitas un versículo sobre ángeles si tu cuerpo está
bajo ataque con dolor. No necesitas un versículo sobre dones espirituales si te
estás ahogando en deudas, necesitas una espada afilada para esa batalla. Vamos
a desglosarlo. ¿Estás luchando contra la enfermedad? Tomemos Isaías 53:5:
Por
sus llagas yo he sido curado.
O Mateo 8:17:
Él
mismo tomó mis enfermedades y sufrió dolencias.
¿Te encuentras luchando
contra la carencia y el miedo a no tener dinero? tomemos Filipenses 4:19:
Mi Dios suplirá todo lo que os falta
conforme a sus riquezas en Gloria en Cristo Jesús.
¿Estás luchando contra la
ansiedad y el pánico? toma 2 Timoteo 1:7:
Porque
Dios no me ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio
propio.
¿Estás luchando contra la
confusión y necesitas dirección? Toma Proverbios 3:5:
Confía
en el Señor con todo tu corazón, y él enderezará tus caminos.
¿Estás luchando por tus
hijos o tu hogar? Toma Isaías 54:13
Todos tus hijos serán enseñados por
el Señor, y se multiplicará la paz de tus hijos.
Ahora
escúchame, no solamente escojas un versículo. Permite que el Espíritu Santo te
lo señale. Pídeselo, dile: “Espíritu Santo, muéstrame la Palabra que necesito
poner en mi boca”. Y cuando ese versículo se ilumine delante de ti, cuando
salte de la página, esa es tu espada. Di en voz alta: “Espíritu Santo, guíame a
mi versículo. Yo lo voy a guardar, lo voy a decir, voy a hacerlo mío”.
Una
vez que tengas tu versículo, escríbelo, escríbelo en grande, escríbelo con
negrillas, ponlo en tu espejo, en tu tablero, en tu refrigerador, en tu Biblia.
En cualquier lugar donde tus ojos puedan verlo. ¿Por qué? Porque Proverbios 4
dice "no se apartará de tus
ojos". Cada vez que lo ves estás regando esa semilla. Cada vez que lo
dices, se está haciendo más profundo. Cada vez que lo piensas, expulsas las
malas hierbas de la duda del jardín de tu corazón, y no permitas que el enemigo
te disuada de tu versículo. Él te dirá: “bueno, eso no es para ti”, ¡mentira!
Él dirá: “eso fue solo para Israel”, ¡mentira! él dirá que eso no funciona hoy
¡mentira!
La Biblia dice en 2
Corintios 1:20:
Porque
todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén para la gloria de Dios
por medio de nosotros.
Si
está en el libro, es tuyo. Si Dios lo dijo puedes decirlo, si Jesús pagó por
ello, puedes tenerlo. No necesitas otra profecía, no necesitas a otro
predicador, necesitas tener ese versículo en tu corazón y en tu boca y no
retroceder. Dilo nuevamente, “este es mi versículo, esta es mi espada, mi
montaña está cayendo”. Amén ¡Gloria a Dios!
Ahora
¿estás listo para el siguiente paso? Te he mostrado la base:
Marcos
11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate
y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo
que dice, lo que diga le será hecho.
24 Por tanto, os digo que todo lo que
pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
Te
he mostrado por qué un versículo es más que suficiente, te he mostrado cómo
elegir tu versículo. Pero ¿qué haces con ese versículo cada día durante 30
días? En la siguiente parte voy a guiarte a través del ritmo diario que
construye una fe inquebrantable. Ahora escúchame,
hijo de Dios, la fe no es un momento. La fe es un estilo de vida, no tomas
una sola pastilla y esperas una salud perfecta. No comes una comida y esperas
estar fuerte durante un mes, y no dices la Palabra una vez y esperas que la
montaña se mueva. Tienes que hacerlo diariamente, tienes que ser consistente,
tienes que seguir con ello. Proverbios
4:21 dice “guárdalo en medio de tu
corazón”, eso significa a lo largo del día. La Palabra tiene que entrar en tu conciencia tan profundo que cuando el
enemigo te despierte a las 2:00 a.m., la fe salga automáticamente.
Entonces aquí está el
ritmo, aquí está el protocolo, aquí está cómo hablas tu versículo durante 30
días. Y te voy a decir, si lo haces, tu montaña no va a sobrevivir. Háblalo por
la mañana en voz alta cuando tus pies tocan el suelo. Antes de que de que revises
las noticias, antes de agarrar tu café, di tu versículo, háblalo en voz alta.
Dilo lentamente, dilo fuerte ¿por qué? porque “la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).
Y la primera persona que necesita escucharlo eres tú. Di esto en voz alta:
"yo comienzo mi día con la Palabra de Dios en mi boca". No estás
rogando, no estás deseando, estás declarando lo que Dios ya dijo.
Si tu versículo es Isaías
53:3- 5 tú dices "por sus llagas he sido curado. No estoy tratando de ser
curado, he sido curado. No soy un enfermo tratando de estar bien, yo soy
alguien que está sano parándome firme en la palabra", lo dices tres veces.
No es un número mágico, solo es lo suficiente como para mover tu espíritu. A
mediodía medita y murmúralo, mastícalo mentalmente.
Ahora
en algún momento a mitad del día tal vez, tal vez durante tu hora de almuerzo o
mientras conduces, vuelve a recordar ese versículo. No te limites a citarlo,
medita en eso. Josué 1:8 dice: “este libro de la ley no se apartará de tu
boca, sino que de día y de noche meditarás en él”. La palabra “meditar” en
hebreo significa “murmurar”, hablar
en voz baja, darle la vuelta una y otra vez, como una vaca que rumia, lo dices
una y otra vez. Piensa en cada palabra, permite que pinte un retrato en el
lienzo de tu mente, observa como el dolor deja tu cuerpo, observa como tu deuda
es pagada, mira a tu hijo salvo y ve la victoria, no el problema. Di en voz
alta: “yo veo lo que Dios ve, yo digo lo que Dios dice, yo creo lo que Dios
prometió”.
Por
la noche declara con acción de gracias. Antes de irte a dormir, repite el
versículo otra vez ahora con acción de gracias, ¿por qué? Porque Filipenses 4: 6 dice: sino sean conocidas vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. La acción de
gracias o gratitud, es la voz de la fe. La fe no continúa pidiendo, la fe
comienza a agradecer. Si crees que has recibido cuando oraste entonces no lo
pidas otra vez, simplemente di: “Padre, te doy gracias porque está hecho, está
funcionando, la Palabra está obrando poderosamente en mí”. Declara: “no me
moveré por lo que veo, no me moveré por lo que siento, me moveré por lo que
creo y yo creo la Palabra”. Antes de dormir susurra la Palabra. Por la noche,
justo antes de cerrar tus ojos deja que ese versículo sea la última cosa que
dices. No las noticias, no el miedo, no la preocupación, lo susurras en voz
baja. Permite que te envuelva con un manto de fe. Dilo de esta forma, “por Sus
llagas he sido curado, Su Palabra está obrando en mí. Mi fe está activa. La
montaña se está moviendo, buenas noches, Señor, yo confío en ti”. El Salmo 4:8 dice:
En paz me acostaré y así mismo
dormiré, porque solo tú Señor me haces vivir confiado.
Amén.
Haz esto durante 30 días, continúa haciéndolo, no te lo omitas, no te rindas,
no digas “bueno, no está funcionando”. La Palabra de Dios comienza a obrar en
el momento en que es pronunciada en fe. Pero al igual que una semilla, necesita
tiempo. Crece bajo la tierra antes de atravesar el suelo.
Marcos
4:28 dice "primero la hoja, luego la
espiga, después grano lleno de la espiga”. Así es como funciona el reino,
no te detengas con la hoja, sigue adelante hasta la cosecha completa. Di esto
conmigo día tras día, línea por línea: Mi cosecha está llegando, me aferro a
mi confesión.
Ahora
que tienes el ritmo, el protocolo de fe diario, entonces ¿qué es lo que haces
cuando venga la resistencia?, porque va a venir. En la siguiente sección vamos
a tratar con cómo resistir la duda y mantener el rumbo.
Ahora
escúchame atentamente, si vas a hablar un versículo durante 30 días, tendrás
que cuidarte del ladrón, ¿de cuál ladrón? El mismo del cual Jesús advirtió en
Juan 10:10. El ladrón no viene sino para
hurtar, matar y destruir. Satanás es un ladrón y está detrás de tu semilla
de la Palabra.
Marcos
4:15 dice que Satanás viene inmediatamente a quitar la Palabra que fue
sembrada en los corazones, eso significa que en el momento en que tú hablas la Palabra,
el enemigo viene. No a felicitarte, no aplaudir tu fe. Él viene a hurtar. Así
que no te sorprendas cuando se levante alguna oposición. No digas, “¿por qué
está ocurriendo esto ahora?” Está ocurriendo porque te has vuelto peligroso.
Dilo en voz alta: El enemigo tiene temor de la Palabra en mi boca.
1. Reconoce la fuente de la duda. La
duda no viene de Dios, la duda no viene de tu espíritu, la duda proviene de tu
mente no renovada y de tu enemigo. La Palabra dice en 2
Corintios 10:5:
Derribando argumentos y toda altivez
que se levanta contra el conocimiento de Dios.
Cada
pensamiento que diga "eso no va a funcionar, no está cambiando nada, estás
perdiendo tu tiempo", eso es una imaginación mentirosa, ¡derríbala! ¿Cómo?
Hablando la verdad en voz alta cada vez. No
combates pensamientos con pensamientos, combates pensamientos con tus palabras,
como Jesús lo hizo en el desierto: escrito está. Di “Escrito está, por Sus
llagas he sido curado. Escrito está, mi Dios suplirá todo lo que me falta.
Escrito está, todo lo que necesito, cuando ore, creo y lo recibo”.
2.
No midas las cosas por la vista.
Escucha, no puedes medir el progreso espiritual con herramientas naturales.
2Corintios 5:7 dice:
porque por fe andamos, no por vista.
Solo
porque no veas cambios, no significa que la Palabra no funcione. Cuando plantas
una semilla, no la desentierras todos los días, la riegas, la proteges y
esperas. En el momento en que hablas la Palabra
de Dios en fe, ésta comienza a trabajar en el reino invisible. Ahí es donde se
gana la batalla.
Hebreos
11:1 dice:
Es, pues, la fe la certeza de lo que
se espera, la convicción de lo que no se ve.
Si
puedes verlo, entonces no necesitas fe, pero si no puedes verlo aún, ahí es
donde brilla la fe. Di: “no porque no lo vea, significa que no esté hecho”. La Palabra está funcionando ya sea que lo
sienta o no.
3. Habla enfrentando la presión.
Amigo, la montaña no se mueve porque te quedes callado, la montaña se mueve
cuando hablas. Es por eso que Jesús dijo “cualquiera
que diga este monte” en Marcos 11:23. Cuando el dolor aumenta habla la Palabra.
Cuando la presión aumenta, habla la Palabra. Cuando la duda te grite, habla la Palabra.
Cuando tu mente diga que no está funcionando, habla la Palabra más fuerte. La Palabra fue hecha para ser hablada, y
cuando se habla en fe no puede volver vacía.
Isaías
55:11 dice:
Así
será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía.
¿La
boca de quién? ¡De la boca de Dios, y de tu boca! Di: “la Palabra de Dios en mi
boca es tan poderosa como en Su boca”.
4.
Rodéate de fe. No puedes hablar fe todo
el día y luego tener comunión con el miedo toda la noche. No puedes plantar
vida, y regarla con muerte. Es por eso que Jesús echó a los dolientes antes de
resucitar a la hija de Jairo en Marcos 5:40. No pudo levantarla en una
atmósfera de incredulidad. Tienes que guardar tus oídos. Protege tu círculo, cuida tus conversaciones, mantente cerca de
personas de fe. Escucha enseñanzas de fe, pon música de fe, lee libros de fe,
reúnete en reuniones de fe. Di: “me niego a alimentar la duda, voy a dejar
morir de hambre mi miedo, alimento mi fe todos los días”.
Sigue
mostrando fe, sigue hablando, sigue firme. No tienes que sentirte fuerte para
ser fuerte, simplemente sigue mostrando tu fe.
Efesios
6:13-14 dice “y habiendo acabado todo
estar firmes, estad pues firmes”. Párate
firme cuando sea fácil, párate firme cuando sea difícil, párate firme cuando
tus sentimientos se rebelen, párate firme cuando nada parezca cambiar. Porque
el enemigo no le teme a un cristiano que grita, ¡no! Le teme a un cristiano que
no se rinde. Santiago 4:7 dice: “resiste
el diablo y él huirá de ti”. Tú puedes decir: “sigo hablando, y el diablo
sigue derrotado”. Haz esto por 30 días, y te voy a decir ahora mismo, no reconocerás
tu propia vida, la montaña se va a mover, la Palabra crecerá, la cosecha va a
venir.
Ahora,
has estado hablando la Palabra, has estado manteniendo tu confesión, has
resistido la duda, has plantado la semilla, la has regado con acción de
gracias, la has protegido de la maleza de incredulidad, ahora hijo de Dios
prepárate para la cosecha.
Marcos
4:26 y 28 dice:
Así
es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme
y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa
cómo. Primero la hoja, luego espiga, después grano lleno de espiga.
Noten
que dice que la semilla crece, puede que no sepas cómo, puede que no sepas
cuándo, pero puedes saber esto: ¡crecerá! Di en voz alta: “la Palabra está
creciendo en mí ahora”.
Comenzarás
a hablar de una forma diferente, te despertarás una mañana y notarás algo, que
ya no hablas de la forma en que solías hablar antes. Ya no dices: espero que
Dios haga algo, dices: “yo creo, yo recibo”. No dices: siento que me
estoy poniendo peor, tú dices: “por Sus llagas yo he sido curado”. Tu
lenguaje cambia porque tu corazón está lleno de la Palabra, “de la abundancia del corazón habla la boca”
(Mateo 12:34).
Y
déjame decirte, cuando tu boca está llena de la Palabra, el diablo se pone
nervioso. La paz reemplaza al pánico. De
repente la tormenta no te sacude, los síntomas no te asustan, la factura sin
pagar no te quiebra, ¿por qué? porque tienes una palabra. Y cuando tienes una
palabra de Dios tienes algo más fuerte que un informe, más fuerte que un
síntoma, más fuerte que una tormenta.
Isaías
26:3 dice:
Tú
guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en
ti ha confiado.
La paz no es el producto de las
circunstancias, la paz es la prueba de que la fe está trabajando.
Di: “tengo paz, tengo fe, tengo la Palabra y eso es suficiente”. Dejas
de pedir y comienzas a agradecer, ¡oh! esto es poderoso. Ya no oras más como un
mendigo, ya no oras como una víctima, oras como un hijo, como una hija, oras
como alguien que sabe lo que le pertenece. Te despiertas diciendo: “Gracias
Padre, ya lo tengo ahora, no estoy esperando sanidad, ya la tengo. No estoy
esperando por un avance, ya lo tengo, es mío ahora. Lo creo, yo lo recibo”.
Comienzas a orar como Jesús oró. De una forma corta, denodada y llena de fe.
Di: “yo no le ruego a Dios, me pongo de acuerdo con Él. No le suplico, yo
declaro”.
Tu
cuerpo y tus circunstancias comienzan a obedecer. ¡Oh sí! Prepárate, la montaña
que se burló de ti durante años comenzará a desmoronarse. Esa enfermedad que se
asentaba en tus articulaciones comienza a desaparecer, esa deuda que te
estrangulaba comienza a secarse, ese miedo que te perseguía comienza a
retroceder. ¿Por qué? Porque todo en lo natural debe eventualmente rendirse
ante la ley del espíritu de la fe.
Jesús
dijo: "tendrás lo que sea que digas", no que puedes tenerlo, o que
pudieras tenerlo, sino que lo tendrás. De
la misma manera que la semilla crece cuando es regada y protegida, tu
confesión, tu fe, tu palabra hablada diariamente, produce resultados. Di:
mi cuerpo obedece a la Palabra, mis finanzas obedecen a la Palabra, mi futuro
obedece a la Palabra, mi casa obedece a la Palabra. Llegas a ser un testimonio
viviente.
Ahora
escúchame, no vas a ver un cambio por ti mismo, otros lo van a notar. Te van a
decir: “luces diferente, suenas diferente, ya no tienes más miedo, ya no hablas
más de derrota, ¿qué es lo que te pasó? Y tú dirás: tengo la Palabra en mi
boca, tomé un versículo, lo he dicho, lo creo y ahora miro lo que el Señor ha
hecho”.
Apocalipsis
12:11 dice: “y ellos le han
vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de
ellos”
El
hecho de que tu montaña se esté moviendo llega a ser un empuje para la fe de
alguien más. Tu avance llega a ser el modelo o ejemplo de alguien más. Di: “soy
un testimonio en desarrollo, yo hablo la Palabra, veo resultados y le doy a
Dios la gloria. Alabado sea Dios”. Eso es lo que pasa cuando la Palabra
comienza a producir.
Ahora,
en la siguiente parte, quiero hablarte sobre qué hacer después de esos 30 días.
Porque este no es el final, es solo el comienzo. ¡Gloria a Dios, lo lograste!
has estado diciendo tu versículo, has visto cambios, sentiste el cambio, has
visto cómo se mueve la montaña, y la paz se establece en tu espíritu. Ahora,
puedes preguntar ¿qué es lo que hago después? Y eso es lo que te voy a decir
hijo de Dios. No te detengas, no
disminuyas la velocidad, no te desanimes, no mires atrás ¿por qué? porque la
Palabra no caduca, las promesas de Dios no pasan de moda, la fe no tiene una
línea final a la que hay que llegar. La fe es el estilo de vida del
creyente. Hebreos 10:38 dice:
Mas el justo vivirá por fe; y si
retrocediere, no agradará a mi alma.
Tú
no visitas a la fe, vives allí. Dilo en voz alta “la fe es donde yo vivo, la
Palabra es cómo camino.”
Repite
el proceso con un nuevo versículo. No esperes hasta que aparezca otra crisis,
ve adelante y elige tu próximo versículo. Ahora bien, si pasaste 30 días en
sanidad ahora pasa 30 días en provisión, si pasaste 30 días en paz pasa 30 días
en dirección. No has terminado, simplemente estás yendo más profundo.
2Corintios 3:18
dice que “somos transformados de gloria
en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.
Somos
transformados de gloria en gloria, no de pánico en pánico. El mismo proceso que
produjo tu último milagro producirá el siguiente. Di: “voy de palabra en
palabra, de gloria en gloria, de victoria en victoria.”
Mantén
vivo ese otro versículo en ti. Ahora escucha esto, solo porque estés pasando a
un nuevo versículo no significa que desechas el antiguo. No señor, ese
versículo es una espada, ese versículo es un fundamento. Ese versículo es parte
de tu ADN espiritual ahora. El salmo
119:11 dice:
En mi corazón he guardado tus
dichos...
Tú
la guardas para poder usarla cuando el enemigo ataque. La mantienes afilada, la
mantienes lista. Así que puede que ahora estés en Filipenses 4:19 (“Mi Dios,
pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo
Jesús”) pero el antiguo, Isaías 53:5
(“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el
castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”)
aún vive en ti. No lo abandonas, estás acumulando tu arsenal. Di: “no olvido la
Palabra, yo construyo mi vida sobre ella.”
Haz
de la confesión diaria un estilo de vida, no vuelvas a decir “hice aquella cosa
30 días”. No. No estás en un desafío de
30 días, estás en un llamado de por vida. Estás llamado a vivir como Jesús, a
hablar como Jesús y andar como Jesús. Y Jesús dijo: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él
me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” Juan 12:49.
Eso significa que tienes que mantener tu
boca llena de las palabras del Padre todos los días, en cada temporada. Llueva
o truene, haya presión o tengas paz, sigue diciendo lo que Dios dice, di:
“nunca más me quedaré sin la Palabra, mi boca está llena de la verdad de Dios.”
Refuerza
tu testimonio. Cuando Dios te ayude a atravesar la situación, el diablo va a
tratar de desacreditar tu testimonio, no se lo permitas. Mantén tu confesión
viva, no vuelvas a caer en las viejas palabras, no digas “bueno no sé cuánto
durará esto”. No, no, eso es permanente, tú fuiste sanado, fuiste liberado, has
recibido provisión. Tú fuiste preservado
por el poder de Dios a través de la fe. Sigue diciéndolo, sigue compartiéndolo,
sigue testificando.
El
Salmo 107:2 dice:
Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del
poder del enemigo.
Di
“no voy a callar mi victoria, yo hablo lo que el Señor ha hecho”.
Enseña
a otros hacer lo mismo. Una vez que hayas recorrido este camino de 30 días, una
vez que hayas visto el poder de la palabra hablada, tendrás que contárselo a
alguien más. Enséñale a tus hijos,
alienta a tu cónyuge, compártelo en tu iglesia, ayuda a alguien más a escoger
un versículo. Porque esto no se trata solo de tu gran avance, se trata de
encender el fuego de la fe donde quiera que vayas.
2 Timoteo 2:2
dice:
Lo que has oído de mí ante muchos
testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a
otros.
Llegas
a ser un portador viviente de la Palabra, un dispensador andante de fe, alguien
que da aliento con el Espíritu Santo, di: “yo soy un hacedor y un discípulo,
camino en victoria y también guio a otros hacia esa victoria”.
Así es como se construye el gran
avance. Así es como un versículo llega a ser un estilo de vida en fe. Así es
como pasas de una montaña a tu milagro y de la confesión a la posesión.
Ahora
para sellarlo todo junto, vamos a cerrar este mensaje con una confesión de fe
fuerte, valiente y que mueve montañas. Esto te ayudará a establecer todo lo que
has aprendido en estas últimas sesiones. Ahora ponte de pie si puedes hacerlo,
deja tu Biblia a un lado, levanta la mano al cielo y di esto en voz alta. No
como un susurro, no como una pregunta, sino como una declaración valiente de victoria.
Repite después de mí y no solo lo digas, hazlo tuyo, poséelo. Di:
“Yo
soy un creyente, no alguien que duda, yo camino por fe y no por vista. Hablo la
Palabra de Dios y la Palabra está trabajando en mí ahora. Tengo lo que digo.
Jesús dijo que yo puedo tener lo que sea que diga, así que yo digo lo que Dios
dice, yo hablo la Palabra solamente. La montaña se está moviendo, la respuesta
está llegando, el poder está fluyendo. Yo elijo mi versículo y lo hablo
diariamente. Estoy atento a la Palabra. Inclino mi oído y la mantengo delante
de mis ojos, la guardo en medio de mi corazón porque es vida para mí y salud
para todo mi cuerpo. Yo creo y recibo. Cuando yo creo, yo oro y recibo. No
estoy esperando un sentimiento, no estoy comprobando los síntomas, yo creo, yo
recibo ahora y lo tengo. La Palabra es mi autoridad final, no el médico, no la
economía, no mis emociones. Dios lo dijo, yo lo creo, eso lo establece. Yo he
sido curado, yo soy entero. Yo soy fuerte desde la coronilla de la cabeza hasta
la punta de mis pies. Cada célula, cada órgano, cada función se alinea con la
Palabra de Dios en el nombre de Jesús. Ya he sido provisto. Mi Dios suple todas
mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Yo camino en
abundancia, no carezco de nada bueno. Yo estoy protegido, ninguna arma forjada
contra mí prosperará, ninguna plaga vendrá a mi morada, ángeles acampan
alrededor de mí. La sangre de Jesús me cubre a mí y a mi casa, yo camino en
victoria, yo resisto al enemigo y el huye. Yo venzo por la sangre del Cordero y
la palabra de mi testimonio. No estoy por debajo, estoy por encima. La Palabra
está obrando en mí, cuando me despierto, la Palabra está funcionando, cuando
duermo la Palabra está trabajando, cuando hablo la Palabra está trabajando,
cuando doy gracias a Dios, la Palabra está produciendo. Yo soy un testimonio
formándose, este no es el final, este es el comienzo. Nunca volveré a ser más el
mismo, porque he aprendido el secreto de la victoria. Habla solamente la Palabra
¡Gloria a Dios! ¿Aleluya!
Ahora
levanta tus manos y dale las gracias, alábalo como si ya estuviera hecho.
Porque ya está hecho. La Palabra
funciona cada vez que se cree y se habla. Tienes tu versículo, tienes tu voz,
ahora tienes tu victoria.
Gracias
ResponderEliminar