Habla solamente la Palabra: La fe que mueve montañas. De Kenneth Hagin


Abran sus Biblias en Marcos capítulo 11:23 y 24. Si no conoces estos versículos estás a punto de familiarizarte con dos de las frases más poderosas jamás pronunciadas por el Hijo de Dios. Jesús dijo, y escuchen con atención, porque este es Jesús hablando. No Pablo, no Pedro, no un profeta sino Jesús, la Cabeza de la Iglesia, el Autor y consumador de nuestra fe. Él dijo:

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”  Marcos 11:23-24                

Ahora quiero que noten lo que dice: “de cierto os digo”, esa expresión “de cierto” significa “verdaderamente, verazmente, absolutamente, sin lugar a dudas”. En el lenguaje de hoy diríamos: te digo la verdad, esto es absolutamente confiable. Bueno, si Jesús lo dijo, eso lo establece lo creas o no, pero si quieres disfrutar sus beneficios, entonces tienes que creerlo, actuar en ello, decirlo y mantenerte firme (no huir de una situación y enfrentarla valientemente).

Ahora bien, Él no dijo “si esa es la voluntad de Dios esta montaña podría moverse”, Él dijo: “cualquiera que diga a este monte…”. Eso se refiere a ti, se refiere a mí, eso se refiere al hijo renacido de Dios, lavado con sangre que sabe quién es en Cristo. Él dijo: “cualquiera”, dilo en voz alta “yo soy cualquiera”, dilo otra vez: “este versículo está hablando de mí”.

Verás, Jesús no puso este tipo de poder para mover montañas en las manos de predicadores solamente. Él no dijo, “si el obispo lo dice, o si lo dice el profeta”. No. Él dijo: “cualquiera que diga”.

Ahora, quiero que noten algo, Él no dijo “cualquiera que piense en la montaña”, Él no dijo, “cualquiera que llore acerca de la montaña”, Él no dijo: “cualquiera que ore a Dios por el monte”, ¡no señor! Él dijo: “cualquiera que diga a este monte”. Muchos creyentes están hablando con Dios acerca de sus problemas, pero no le están hablando a su problema acerca de Dios. Pero Jesús dijo: ¡habla con la montaña! ¿cuál es tu montaña? ¿es enfermedad? ¿es deuda? ¿miedo? ¿confusión?, ¿una adicción?, lo que sea que sea, ¡háblale! ¡ordénale que se mueva en el nombre de Jesús! Ahora mira nuevamente lo que dijo:

“Y no dudare en su corazón sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.”

No puedes hablar una cosa, creer otra, y esperar que funcione. Algunas personas dicen: “bueno hermano Hagin, sé que la Biblia dice eso, pero no puedo controlar lo que digo”. Oh sí, ¡sí puedes, puedes controlar lo que dices! Dios no te diría que digas la Palabra si no pudieras hacerlo.

Proverbios 18:21 dice “La muerte y la vida están en poder de la lengua…” Eso significa que tu lengua está dirigiendo tu vida. Santiago dijo que tu lengua es como el timón de un barco. Hacia cualquier dirección que la gires, ahí irá tu vida. Así que, si no te gusta lo que estás teniendo, revisa lo que has estado diciendo. Di esto en voz alta: “yo tengo lo que digo, yo creo lo que digo, y yo digo lo que Dios dice”.

Ahora, nota nuevamente que Él dijo: “todo lo que diga, le será hecho”. ¿Cuántas veces Jesús mencionó “decir” en este versículo? ¡Tres veces! Él mencionó “creer” una vez, pero mencionó “decir” tres veces, ¿por qué es eso? Porque la mayoría de los creyentes no tienen problema con creer, tienen un problema con lo que dicen. Puedes creer en la sanidad y aun así hablar de enfermedad. Puedes creer en provisión, y aun hablar de carencia. Puedes creer en la paz, y aun así hablar de miedo. Pero Jesús dijo que todo lo que dices, es lo que tendrás.

Ahora miremos el versículo 24, Él dijo:

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

¿Ven el orden ahí? Cree que lo vas a recibir cuando oras y entonces lo obtendrás. En otras palabras, el creer viene primero, el tener viene en segundo lugar. La fe recibe antes de ver, la fe dice: ¡es mío ahora! No más tarde, no un día, no tal vez, ¡ahora! Dilo en voz alta: “yo creo, yo recibo cuando oro, ya lo tengo es mío ahora”. Esa es la clase de fe que mueve montañas, ese es el tipo de fe que produce resultados, ese es el tipo de fe que lo cambia todo.

Ahora voy a enseñarte cómo tomar este versículo Marcos 11:23 y hablarlo todos los días durante 30 días. Solo un versículo, pero una palabra de Dios creída y hablada, hará más que mil rutinas religiosas, y si te quedas conmigo en este mensaje, te mostraré el ritmo, la resistencia, los resultados y la renovación que viene cuando dices solo una palabra. ¡Gloria a Dios! ¡Esa es una buena noticia! ¿no es así?

Ahora bien, alguien podría decir “hermano Hagin, ¿basta con solo un versículo? Es decir, ¿solo uno? ¿no necesitamos docenas de pasajes bíblicos?"

Bueno escucha amigo, no se necesitan mil versículos para mover una montaña solo necesitas una Palabra de Dios en la que creas y actúes. Déjame preguntarte esto, cuando el centurión se acercó a Jesús en Mateo 8 ¿le pidió un sermón? ¿Le pidió un pergamino? ¿él dijo Jesús dame toda la Torá? No, él dijo: “di solamente la palabra y mi siervo será sano” (Mateo 8:8) ¿Y qué es lo que Jesús dijo acerca de eso? Él se maravilló. Así es, Jesús se maravilló y dijo: “no he hallado tanta fe en Israel”. Si quieres una gran fe, entonces haz lo que el centurión hizo. Creer solo una palabra de Jesús es suficiente para cambiar tu vida. Dilo en voz alta, di: “solo una palabra”, dilo nuevamente: “solamente una palabra es suficiente”.

Ese hombre no necesitaba una visión, no necesitaba un coro, no necesitaba que le impusieran las manos, no necesitaba caer bajo el poder, no necesitaba tener piel de gallina, ni una nube de gloria. Él dijo: “solamente di la palabra”, eso es una gran fe ¿por qué? porque la palabra lleva el mismo poder ya sea en la boca de Jesús o en tu boca.

Ahora déjame preguntarte ¿fue esa palabra suficiente para el siervo del centurión? Sí lo fue. Jesús nunca fue a la casa. Él dijo, ve y como creíste te sea hecho, y la Biblia dice que el sirviente fue sanado en esa misma hora (Mateo 8:13 “Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.”)

Una palabra, solo una. Déjame decirte que el problema no es que no tengamos suficiente Palabra. El problema es que no estamos trabajando la Palabra que ya tenemos. No le estamos dando tiempo para que eche raíces. La desenterramos con nuestra duda y la matamos con nuestra contradicción. Pero creer un solo versículo, hablar un solo versículo obedeciendo es todo lo que se requiere para que Dios se mueva. El Salmo 107:20 dice: “envió Su Palabra y los sanó y los libró de su ruina”. Él no envió un ángel, no envió un profeta, no envió un programa, Él envió Su Palabra y Su Palabra hizo el trabajo. Amigo, si la Palabra es todo lo que Dios necesita enviar, entonces la Palabra es todo lo que necesitas recibir. Amén.

Ahora bien, aquí explicamos por qué nos centramos en un solo versículo por 30 días. Porque enfocarnos trae fe. Tú no consigues músculos fuertes levantando 500 cosas diferentes de una sola vez, obtendrás músculos fuertes levantando algo una y otra y otra vez. La semilla no crece porque la plantas por todo el campo, crece porque la plantas en un lugar y la dejas ahí, la riegas, la cuidas, esperas la cosecha. Es lo mismo con la Palabra, muchos cristianos van de versículo en versículo, de predicador en predicador, de reunión en reunión y se preguntan por qué no ven un cambio. No han plantado nada el suficiente tiempo para que eche raíces. Di esto en voz alta: estoy enfocado, estoy plantado, estoy arraigado en la Palabra.

Un versículo amigo mío, solo uno por 30 días. Háblalo. Medita sobre él. Decláralo, no permitas que se aparte de tus ojos, mantenlo en medio de tu corazón porque es vida a los que la hallan y salud a todo su cuerpo.

Proverbios 4:20-22 “Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.”

¡Es más que suficiente, es suficiente para Dios, gloria a Dios!

Ahora, ¿estás listo para aprender a elegir solo un versículo? ¿Cómo hacerlo personal, cómo elegir tu espada? Entonces quédate conmigo porque vamos a pasar a la siguiente parte: elegir tu versículo, tu arma para hablar a la montaña. Ahora escucha con atención porque esta parte es vital. Si vas a hablar un versículo durante 30 días entonces debes asegurarte de que tienes el versículo correcto. Este no es un ritual, este no es un ejercicio religioso, esta es la espada del espíritu, porque estás yendo a la batalla. Así que no puedes simplemente agarrar un viejo versículo, necesitas una palabra rhema, una palabra que golpee tu corazón como fuego, que se quede en tu alma y no la dejes ir.

La Biblia dice en Efesios 6:17 que tomes la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios. Ahora esa palabra "palabra" el griego es rhema no solo un texto que lees, sino una palabra hablada, viva y personalizada para tu batalla hecha especialmente para tu avance. La Palabra de Dios en tu boca es tu arma y un arma funciona mejor cuando sabes cómo usarla. Entonces ¿cómo eliges tu versículo? Primero te haces esta pregunta, ¿qué montaña estoy enfrentando? Seamos realistas, no necesitas un versículo sobre ángeles si tu cuerpo está bajo ataque con dolor. No necesitas un versículo sobre dones espirituales si te estás ahogando en deudas, necesitas una espada afilada para esa batalla. Vamos a desglosarlo. ¿Estás luchando contra la enfermedad? Tomemos Isaías 53:5:

Por sus llagas yo he sido curado.

O Mateo 8:17:

Él mismo tomó mis enfermedades y sufrió dolencias.

¿Te encuentras luchando contra la carencia y el miedo a no tener dinero? tomemos Filipenses 4:19:

Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en Gloria en Cristo Jesús.

¿Estás luchando contra la ansiedad y el pánico? toma 2 Timoteo 1:7:

 Porque Dios no me ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.

¿Estás luchando contra la confusión y necesitas dirección? Toma Proverbios 3:5:

Confía en el Señor con todo tu corazón, y él enderezará tus caminos.

¿Estás luchando por tus hijos o tu hogar? Toma Isaías 54:13

Todos tus hijos serán enseñados por el Señor, y se multiplicará la paz de tus hijos.

Ahora escúchame, no solamente escojas un versículo. Permite que el Espíritu Santo te lo señale. Pídeselo, dile: “Espíritu Santo, muéstrame la Palabra que necesito poner en mi boca”. Y cuando ese versículo se ilumine delante de ti, cuando salte de la página, esa es tu espada. Di en voz alta: “Espíritu Santo, guíame a mi versículo. Yo lo voy a guardar, lo voy a decir, voy a hacerlo mío”.

Una vez que tengas tu versículo, escríbelo, escríbelo en grande, escríbelo con negrillas, ponlo en tu espejo, en tu tablero, en tu refrigerador, en tu Biblia. En cualquier lugar donde tus ojos puedan verlo. ¿Por qué? Porque Proverbios 4 dice "no se apartará de tus ojos". Cada vez que lo ves estás regando esa semilla. Cada vez que lo dices, se está haciendo más profundo. Cada vez que lo piensas, expulsas las malas hierbas de la duda del jardín de tu corazón, y no permitas que el enemigo te disuada de tu versículo. Él te dirá: “bueno, eso no es para ti”, ¡mentira! Él dirá: “eso fue solo para Israel”, ¡mentira! él dirá que eso no funciona hoy ¡mentira!

La Biblia dice en 2 Corintios 1:20:

Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén para la gloria de Dios por medio de nosotros.

Si está en el libro, es tuyo. Si Dios lo dijo puedes decirlo, si Jesús pagó por ello, puedes tenerlo. No necesitas otra profecía, no necesitas a otro predicador, necesitas tener ese versículo en tu corazón y en tu boca y no retroceder. Dilo nuevamente, “este es mi versículo, esta es mi espada, mi montaña está cayendo”. Amén ¡Gloria a Dios!

Ahora ¿estás listo para el siguiente paso? Te he mostrado la base:

Marcos 11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Te he mostrado por qué un versículo es más que suficiente, te he mostrado cómo elegir tu versículo. Pero ¿qué haces con ese versículo cada día durante 30 días? En la siguiente parte voy a guiarte a través del ritmo diario que construye una fe inquebrantable. Ahora escúchame, hijo de Dios, la fe no es un momento. La fe es un estilo de vida, no tomas una sola pastilla y esperas una salud perfecta. No comes una comida y esperas estar fuerte durante un mes, y no dices la Palabra una vez y esperas que la montaña se mueva. Tienes que hacerlo diariamente, tienes que ser consistente, tienes que seguir con ello. Proverbios 4:21 dice “guárdalo en medio de tu corazón”, eso significa a lo largo del día. La Palabra tiene que entrar en tu conciencia tan profundo que cuando el enemigo te despierte a las 2:00 a.m., la fe salga automáticamente.

Entonces aquí está el ritmo, aquí está el protocolo, aquí está cómo hablas tu versículo durante 30 días. Y te voy a decir, si lo haces, tu montaña no va a sobrevivir. Háblalo por la mañana en voz alta cuando tus pies tocan el suelo. Antes de que de que revises las noticias, antes de agarrar tu café, di tu versículo, háblalo en voz alta. Dilo lentamente, dilo fuerte ¿por qué? porque “la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Y la primera persona que necesita escucharlo eres tú. Di esto en voz alta: "yo comienzo mi día con la Palabra de Dios en mi boca". No estás rogando, no estás deseando, estás declarando lo que Dios ya dijo.

Si tu versículo es Isaías 53:3- 5 tú dices "por sus llagas he sido curado. No estoy tratando de ser curado, he sido curado. No soy un enfermo tratando de estar bien, yo soy alguien que está sano parándome firme en la palabra", lo dices tres veces. No es un número mágico, solo es lo suficiente como para mover tu espíritu. A mediodía medita y murmúralo, mastícalo mentalmente.

Ahora en algún momento a mitad del día tal vez, tal vez durante tu hora de almuerzo o mientras conduces, vuelve a recordar ese versículo. No te limites a citarlo, medita en eso. Josué 1:8 dice: “este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que de día y de noche meditarás en él”. La palabra “meditar” en hebreo significa “murmurar”, hablar en voz baja, darle la vuelta una y otra vez, como una vaca que rumia, lo dices una y otra vez. Piensa en cada palabra, permite que pinte un retrato en el lienzo de tu mente, observa como el dolor deja tu cuerpo, observa como tu deuda es pagada, mira a tu hijo salvo y ve la victoria, no el problema. Di en voz alta: “yo veo lo que Dios ve, yo digo lo que Dios dice, yo creo lo que Dios prometió”.

Por la noche declara con acción de gracias. Antes de irte a dormir, repite el versículo otra vez ahora con acción de gracias, ¿por qué? Porque Filipenses 4: 6 dice: sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. La acción de gracias o gratitud, es la voz de la fe. La fe no continúa pidiendo, la fe comienza a agradecer. Si crees que has recibido cuando oraste entonces no lo pidas otra vez, simplemente di: “Padre, te doy gracias porque está hecho, está funcionando, la Palabra está obrando poderosamente en mí”. Declara: “no me moveré por lo que veo, no me moveré por lo que siento, me moveré por lo que creo y yo creo la Palabra”. Antes de dormir susurra la Palabra. Por la noche, justo antes de cerrar tus ojos deja que ese versículo sea la última cosa que dices. No las noticias, no el miedo, no la preocupación, lo susurras en voz baja. Permite que te envuelva con un manto de fe. Dilo de esta forma, “por Sus llagas he sido curado, Su Palabra está obrando en mí. Mi fe está activa. La montaña se está moviendo, buenas noches, Señor, yo confío en ti”. El Salmo 4:8 dice:

En paz me acostaré y así mismo dormiré, porque solo tú Señor me haces vivir confiado.

Amén. Haz esto durante 30 días, continúa haciéndolo, no te lo omitas, no te rindas, no digas “bueno, no está funcionando”. La Palabra de Dios comienza a obrar en el momento en que es pronunciada en fe. Pero al igual que una semilla, necesita tiempo. Crece bajo la tierra antes de atravesar el suelo.

Marcos 4:28 dice "primero la hoja, luego la espiga, después grano lleno de la espiga”. Así es como funciona el reino, no te detengas con la hoja, sigue adelante hasta la cosecha completa. Di esto conmigo día tras día, línea por línea: Mi cosecha está llegando, me aferro a mi confesión.

Ahora que tienes el ritmo, el protocolo de fe diario, entonces ¿qué es lo que haces cuando venga la resistencia?, porque va a venir. En la siguiente sección vamos a tratar con cómo resistir la duda y mantener el rumbo.

Ahora escúchame atentamente, si vas a hablar un versículo durante 30 días, tendrás que cuidarte del ladrón, ¿de cuál ladrón? El mismo del cual Jesús advirtió en Juan 10:10. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir. Satanás es un ladrón y está detrás de tu semilla de la Palabra.

Marcos 4:15 dice que Satanás viene inmediatamente a quitar la Palabra que fue sembrada en los corazones, eso significa que en el momento en que tú hablas la Palabra, el enemigo viene. No a felicitarte, no aplaudir tu fe. Él viene a hurtar. Así que no te sorprendas cuando se levante alguna oposición. No digas, “¿por qué está ocurriendo esto ahora?” Está ocurriendo porque te has vuelto peligroso. Dilo en voz alta: El enemigo tiene temor de la Palabra en mi boca.

1. Reconoce la fuente de la duda. La duda no viene de Dios, la duda no viene de tu espíritu, la duda proviene de tu mente no renovada y de tu enemigo. La Palabra dice en 2 Corintios 10:5:

Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.

Cada pensamiento que diga "eso no va a funcionar, no está cambiando nada, estás perdiendo tu tiempo", eso es una imaginación mentirosa, ¡derríbala! ¿Cómo? Hablando la verdad en voz alta cada vez. No combates pensamientos con pensamientos, combates pensamientos con tus palabras, como Jesús lo hizo en el desierto: escrito está. Di “Escrito está, por Sus llagas he sido curado. Escrito está, mi Dios suplirá todo lo que me falta. Escrito está, todo lo que necesito, cuando ore, creo y lo recibo”.

2. No midas las cosas por la vista. Escucha, no puedes medir el progreso espiritual con herramientas naturales. 2Corintios 5:7 dice:

porque por fe andamos, no por vista.

Solo porque no veas cambios, no significa que la Palabra no funcione. Cuando plantas una semilla, no la desentierras todos los días, la riegas, la proteges y esperas. En el momento en que hablas la Palabra de Dios en fe, ésta comienza a trabajar en el reino invisible. Ahí es donde se gana la batalla.

Hebreos 11:1 dice:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Si puedes verlo, entonces no necesitas fe, pero si no puedes verlo aún, ahí es donde brilla la fe. Di: “no porque no lo vea, significa que no esté hecho”. La Palabra está funcionando ya sea que lo sienta o no.

3. Habla enfrentando la presión. Amigo, la montaña no se mueve porque te quedes callado, la montaña se mueve cuando hablas. Es por eso que Jesús dijo “cualquiera que diga este monte” en Marcos 11:23. Cuando el dolor aumenta habla la Palabra. Cuando la presión aumenta, habla la Palabra. Cuando la duda te grite, habla la Palabra. Cuando tu mente diga que no está funcionando, habla la Palabra más fuerte. La Palabra fue hecha para ser hablada, y cuando se habla en fe no puede volver vacía.

Isaías 55:11 dice:

 Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía.

¿La boca de quién? ¡De la boca de Dios, y de tu boca! Di: “la Palabra de Dios en mi boca es tan poderosa como en Su boca”.

4. Rodéate de fe. No puedes hablar fe todo el día y luego tener comunión con el miedo toda la noche. No puedes plantar vida, y regarla con muerte. Es por eso que Jesús echó a los dolientes antes de resucitar a la hija de Jairo en Marcos 5:40. No pudo levantarla en una atmósfera de incredulidad. Tienes que guardar tus oídos. Protege tu círculo, cuida tus conversaciones, mantente cerca de personas de fe. Escucha enseñanzas de fe, pon música de fe, lee libros de fe, reúnete en reuniones de fe. Di: “me niego a alimentar la duda, voy a dejar morir de hambre mi miedo, alimento mi fe todos los días”.

Sigue mostrando fe, sigue hablando, sigue firme. No tienes que sentirte fuerte para ser fuerte, simplemente sigue mostrando tu fe.

Efesios 6:13-14 dice “y habiendo acabado todo estar firmes, estad pues firmes”. Párate firme cuando sea fácil, párate firme cuando sea difícil, párate firme cuando tus sentimientos se rebelen, párate firme cuando nada parezca cambiar. Porque el enemigo no le teme a un cristiano que grita, ¡no! Le teme a un cristiano que no se rinde. Santiago 4:7 dice: “resiste el diablo y él huirá de ti”. Tú puedes decir: “sigo hablando, y el diablo sigue derrotado”. Haz esto por 30 días, y te voy a decir ahora mismo, no reconocerás tu propia vida, la montaña se va a mover, la Palabra crecerá, la cosecha va a venir.

Ahora, has estado hablando la Palabra, has estado manteniendo tu confesión, has resistido la duda, has plantado la semilla, la has regado con acción de gracias, la has protegido de la maleza de incredulidad, ahora hijo de Dios prepárate para la cosecha.

Marcos 4:26 y 28 dice:

Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Primero la hoja, luego espiga, después grano lleno de espiga.

Noten que dice que la semilla crece, puede que no sepas cómo, puede que no sepas cuándo, pero puedes saber esto: ¡crecerá! Di en voz alta: “la Palabra está creciendo en mí ahora”.

Comenzarás a hablar de una forma diferente, te despertarás una mañana y notarás algo, que ya no hablas de la forma en que solías hablar antes. Ya no dices: espero que Dios haga algo, dices: “yo creo, yo recibo”. No dices: siento que me estoy poniendo peor, tú dices: “por Sus llagas yo he sido curado”. Tu lenguaje cambia porque tu corazón está lleno de la Palabra, “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

Y déjame decirte, cuando tu boca está llena de la Palabra, el diablo se pone nervioso. La paz reemplaza al pánico. De repente la tormenta no te sacude, los síntomas no te asustan, la factura sin pagar no te quiebra, ¿por qué? porque tienes una palabra. Y cuando tienes una palabra de Dios tienes algo más fuerte que un informe, más fuerte que un síntoma, más fuerte que una tormenta.

Isaías 26:3 dice:

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.

La paz no es el producto de las circunstancias, la paz es la prueba de que la fe está trabajando. Di: “tengo paz, tengo fe, tengo la Palabra y eso es suficiente”. Dejas de pedir y comienzas a agradecer, ¡oh! esto es poderoso. Ya no oras más como un mendigo, ya no oras como una víctima, oras como un hijo, como una hija, oras como alguien que sabe lo que le pertenece. Te despiertas diciendo: “Gracias Padre, ya lo tengo ahora, no estoy esperando sanidad, ya la tengo. No estoy esperando por un avance, ya lo tengo, es mío ahora. Lo creo, yo lo recibo”. Comienzas a orar como Jesús oró. De una forma corta, denodada y llena de fe. Di: “yo no le ruego a Dios, me pongo de acuerdo con Él. No le suplico, yo declaro”.

Tu cuerpo y tus circunstancias comienzan a obedecer. ¡Oh sí! Prepárate, la montaña que se burló de ti durante años comenzará a desmoronarse. Esa enfermedad que se asentaba en tus articulaciones comienza a desaparecer, esa deuda que te estrangulaba comienza a secarse, ese miedo que te perseguía comienza a retroceder. ¿Por qué? Porque todo en lo natural debe eventualmente rendirse ante la ley del espíritu de la fe.

Jesús dijo: "tendrás lo que sea que digas", no que puedes tenerlo, o que pudieras tenerlo, sino que lo tendrás. De la misma manera que la semilla crece cuando es regada y protegida, tu confesión, tu fe, tu palabra hablada diariamente, produce resultados. Di: mi cuerpo obedece a la Palabra, mis finanzas obedecen a la Palabra, mi futuro obedece a la Palabra, mi casa obedece a la Palabra. Llegas a ser un testimonio viviente.

Ahora escúchame, no vas a ver un cambio por ti mismo, otros lo van a notar. Te van a decir: “luces diferente, suenas diferente, ya no tienes más miedo, ya no hablas más de derrota, ¿qué es lo que te pasó? Y tú dirás: tengo la Palabra en mi boca, tomé un versículo, lo he dicho, lo creo y ahora miro lo que el Señor ha hecho”.

Apocalipsis 12:11 dice: “y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de ellos”

El hecho de que tu montaña se esté moviendo llega a ser un empuje para la fe de alguien más. Tu avance llega a ser el modelo o ejemplo de alguien más. Di: “soy un testimonio en desarrollo, yo hablo la Palabra, veo resultados y le doy a Dios la gloria. Alabado sea Dios”. Eso es lo que pasa cuando la Palabra comienza a producir.

Ahora, en la siguiente parte, quiero hablarte sobre qué hacer después de esos 30 días. Porque este no es el final, es solo el comienzo. ¡Gloria a Dios, lo lograste! has estado diciendo tu versículo, has visto cambios, sentiste el cambio, has visto cómo se mueve la montaña, y la paz se establece en tu espíritu. Ahora, puedes preguntar ¿qué es lo que hago después? Y eso es lo que te voy a decir hijo de Dios. No te detengas, no disminuyas la velocidad, no te desanimes, no mires atrás ¿por qué? porque la Palabra no caduca, las promesas de Dios no pasan de moda, la fe no tiene una línea final a la que hay que llegar. La fe es el estilo de vida del creyente. Hebreos 10:38 dice:

Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.

Tú no visitas a la fe, vives allí. Dilo en voz alta “la fe es donde yo vivo, la Palabra es cómo camino.”

Repite el proceso con un nuevo versículo. No esperes hasta que aparezca otra crisis, ve adelante y elige tu próximo versículo. Ahora bien, si pasaste 30 días en sanidad ahora pasa 30 días en provisión, si pasaste 30 días en paz pasa 30 días en dirección. No has terminado, simplemente estás yendo más profundo.

2Corintios 3:18 dice que “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

Somos transformados de gloria en gloria, no de pánico en pánico. El mismo proceso que produjo tu último milagro producirá el siguiente. Di: “voy de palabra en palabra, de gloria en gloria, de victoria en victoria.

Mantén vivo ese otro versículo en ti. Ahora escucha esto, solo porque estés pasando a un nuevo versículo no significa que desechas el antiguo. No señor, ese versículo es una espada, ese versículo es un fundamento. Ese versículo es parte de tu ADN espiritual ahora. El salmo 119:11 dice:

En mi corazón he guardado tus dichos...

Tú la guardas para poder usarla cuando el enemigo ataque. La mantienes afilada, la mantienes lista. Así que puede que ahora estés en Filipenses 4:19 (“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”) pero el antiguo, Isaías 53:5 (“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”) aún vive en ti. No lo abandonas, estás acumulando tu arsenal. Di: “no olvido la Palabra, yo construyo mi vida sobre ella.”

Haz de la confesión diaria un estilo de vida, no vuelvas a decir “hice aquella cosa 30 días”. No. No estás en un desafío de 30 días, estás en un llamado de por vida. Estás llamado a vivir como Jesús, a hablar como Jesús y andar como Jesús. Y Jesús dijo: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” Juan 12:49. Eso significa que tienes que mantener tu boca llena de las palabras del Padre todos los días, en cada temporada. Llueva o truene, haya presión o tengas paz, sigue diciendo lo que Dios dice, di: “nunca más me quedaré sin la Palabra, mi boca está llena de la verdad de Dios.”

Refuerza tu testimonio. Cuando Dios te ayude a atravesar la situación, el diablo va a tratar de desacreditar tu testimonio, no se lo permitas. Mantén tu confesión viva, no vuelvas a caer en las viejas palabras, no digas “bueno no sé cuánto durará esto”. No, no, eso es permanente, tú fuiste sanado, fuiste liberado, has recibido provisión. Tú fuiste preservado por el poder de Dios a través de la fe. Sigue diciéndolo, sigue compartiéndolo, sigue testificando.

El Salmo 107:2 dice:

 Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo.

Di “no voy a callar mi victoria, yo hablo lo que el Señor ha hecho”.

Enseña a otros hacer lo mismo. Una vez que hayas recorrido este camino de 30 días, una vez que hayas visto el poder de la palabra hablada, tendrás que contárselo a alguien más. Enséñale a tus hijos, alienta a tu cónyuge, compártelo en tu iglesia, ayuda a alguien más a escoger un versículo. Porque esto no se trata solo de tu gran avance, se trata de encender el fuego de la fe donde quiera que vayas.

2 Timoteo 2:2 dice:

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

Llegas a ser un portador viviente de la Palabra, un dispensador andante de fe, alguien que da aliento con el Espíritu Santo, di: “yo soy un hacedor y un discípulo, camino en victoria y también guio a otros hacia esa victoria”.

Así es como se construye el gran avance. Así es como un versículo llega a ser un estilo de vida en fe. Así es como pasas de una montaña a tu milagro y de la confesión a la posesión.

Ahora para sellarlo todo junto, vamos a cerrar este mensaje con una confesión de fe fuerte, valiente y que mueve montañas. Esto te ayudará a establecer todo lo que has aprendido en estas últimas sesiones. Ahora ponte de pie si puedes hacerlo, deja tu Biblia a un lado, levanta la mano al cielo y di esto en voz alta. No como un susurro, no como una pregunta, sino como una declaración valiente de victoria. Repite después de mí y no solo lo digas, hazlo tuyo, poséelo. Di:

“Yo soy un creyente, no alguien que duda, yo camino por fe y no por vista. Hablo la Palabra de Dios y la Palabra está trabajando en mí ahora. Tengo lo que digo. Jesús dijo que yo puedo tener lo que sea que diga, así que yo digo lo que Dios dice, yo hablo la Palabra solamente. La montaña se está moviendo, la respuesta está llegando, el poder está fluyendo. Yo elijo mi versículo y lo hablo diariamente. Estoy atento a la Palabra. Inclino mi oído y la mantengo delante de mis ojos, la guardo en medio de mi corazón porque es vida para mí y salud para todo mi cuerpo. Yo creo y recibo. Cuando yo creo, yo oro y recibo. No estoy esperando un sentimiento, no estoy comprobando los síntomas, yo creo, yo recibo ahora y lo tengo. La Palabra es mi autoridad final, no el médico, no la economía, no mis emociones. Dios lo dijo, yo lo creo, eso lo establece. Yo he sido curado, yo soy entero. Yo soy fuerte desde la coronilla de la cabeza hasta la punta de mis pies. Cada célula, cada órgano, cada función se alinea con la Palabra de Dios en el nombre de Jesús. Ya he sido provisto. Mi Dios suple todas mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Yo camino en abundancia, no carezco de nada bueno. Yo estoy protegido, ninguna arma forjada contra mí prosperará, ninguna plaga vendrá a mi morada, ángeles acampan alrededor de mí. La sangre de Jesús me cubre a mí y a mi casa, yo camino en victoria, yo resisto al enemigo y el huye. Yo venzo por la sangre del Cordero y la palabra de mi testimonio. No estoy por debajo, estoy por encima. La Palabra está obrando en mí, cuando me despierto, la Palabra está funcionando, cuando duermo la Palabra está trabajando, cuando hablo la Palabra está trabajando, cuando doy gracias a Dios, la Palabra está produciendo. Yo soy un testimonio formándose, este no es el final, este es el comienzo. Nunca volveré a ser más el mismo, porque he aprendido el secreto de la victoria. Habla solamente la Palabra ¡Gloria a Dios! ¿Aleluya!

Ahora levanta tus manos y dale las gracias, alábalo como si ya estuviera hecho. Porque ya está hecho. La Palabra funciona cada vez que se cree y se habla. Tienes tu versículo, tienes tu voz, ahora tienes tu victoria.

 

 

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