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MATEO 10:8

viernes, 8 de diciembre de 2017

SABIDURÍA AL TRATAR CON LA GENTE. Por Carolyn Molica.

A eso de las 7:30 de la noche, me encontraba escribiendo en una cafetería local cuando escuché a una cliente preguntar: “¿Aun hay brownies de chocolate doble?”, el cajero dijo: “No, se terminaron todos”. Yo quería saltar y gritar: “¡no, no se han terminado! Yo vi que los puso en el cuarto de atrás hace casi una hora”. Yo sabía que no estaba bien que el empleado retirara todos los pastelillos tan temprano, pero en realidad no era de mi incumbencia.

A veces pensamos que somos inspectores o fiscalizadores del mundo y metemos nuestra nariz en donde no debemos. Proverbios 9:7-8 nos dice: “El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará.” ¿Cuántas veces hemos cometido este error? Hay un tiempo y un lugar para todo, pero sólo el Señor sabe esa hora y ese lugar. Es por eso que es tan importante caminar por el espíritu y no por la carne cuando tratamos con la gente, sobre todo cuando se trata de corregir algo que creemos que es un error.

En realidad no es nuestro asunto preocuparnos por lo que otras personas están haciendo o no, a menos que, por supuesto, se nos haya dado autoridad ya sea en un lugar de trabajo o en una situación familiar donde tratamos con niños o cualquier otra situación en la que se nos haya asignado autoridad específica sobre personas.

Pero con los extraños e incluso con amigos, tenemos que esperar hasta que ellos nos pidan ayuda, a menos que el Señor nos empuje en esa dirección para ayudar. Debemos estar ocupados haciendo lo que se supone que debemos estar haciendo y permitir que el Espíritu Santo y la sabiduría de Dios nos guíen en relación con otras personas. El Señor no me estaba instruyendo a decir nada sobre los brownies. Era yo quien quería regañar al chico porque pensé que estaba equivocado por no ofrecerse a ir a buscar los brownies para la señora.

Si el espíritu santo me hubiera dicho que dijera algo, lo habría hecho, pero no lo hizo, entonces yo simplemente necesitaba guardar silencio (¡y dejar de quejarme en voz baja sobre ello también!). Hacemos un montón de murmuración y quejas sobre las personas en vez de orar por ellos. Tenemos que recordar que Dios los ama tanto como Él nos ama.

Filipenses 2:14-16 nos dice: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida...”

Cuando se trata de reprender o corregir, es esencial que seamos guiados por el espíritu de Cristo dentro. La motivación tiene que ser el amor de Dios, y no un regaño farisaico de un “sabelotodo”. Si el amor no es nuestra motivación, tenemos que empezar por hacerlo nuestra motivación, siempre y en todo.

Si el Señor no nos está diciendo que corrijamos una persona, entonces la mejor cosa que podemos hacer es orar por ellos. Mateo 9:38 nos dice que oraremos por obreros para ayudar en la cosecha y está hablando de la cosecha de almas para la gloria de Dios. Todo el mundo necesita ayuda cuando se trata de vivir verdaderamente la mejor vida a la que Dios nos ha llamado.

Yo no sé toda la historia del porqué recogieron los brownies al cuarto de atrás antes de tiempo y entrometerme en ello no era la voluntad de Dios.

Incluso cuando tenemos mucho que compartir, y buenos consejos y gran sabiduría, la Biblia también dice: “ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. "¿Es eso lo que queremos? ¡Por supuesto que no! Y el Señor tampoco quiere eso para nosotros. Él nos avisa cuándo dar un consejo y cuándo no.

En lugar de saltar en situaciones en que el espíritu no nos ha conducido, podemos orar. De esa manera no nos lastimaran [ni lastimaremos], y la gente que quiere oír la verdad y que quiere vivir una vida más santa tendrán la oportunidad de crecer.

Con amor en Cristo,

Carolyn

Traducción: Claudia Juárez Garbalena


Originalmente publicado el 27 de julio de 2015.

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