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"MINISTRANDO AL SEÑOR". Comentario de los traductores y testimonio de Gracinha Bento


A
mada familia de Dios:

Es un verdadero tesoro, privilegio, honor, regocijo y deleite el que nos ha otorgado nuestro maravilloso Abba Padre en esta Era de Gracia. El consolador que prometió Jesucristo que vendría después de él, nos está guiando a TODA la verdad.

¡Qué tiempos tan maravillosos estamos viviendo con nuestro Abba revelándose poderosamente delante de nuestros ojos! El poder contemplar Su Gracia, Su poder y Su gloria en medio de milagros, señales y maravillas es algo que nos embelesa y apasiona a aquellos que amamos a nuestro Dios con todas nuestras fuerzas.

Ha sido un verdadero gozo y privilegio trabajar en este maravilloso libro “Ministrando al Señor, El Poder de Su Presencia” poniendo la mirada fija  en nuestro Abba. Podemos dar testimonio ante Su Presencia, de que las verdades espirituales contenidas en este libro han cambiado nuestras vidas y nos han hecho crecer considerablemente en nuestra relación intima y personal con Él.

Agradecemos a nuestro amado Dios que inspirara a Roxanne Brant, esta hermosa hija Suya miembro del Cuerpo de Cristo, a escribir este libro que es una herramienta muy útil para obtener más luz sobre el tema de la adoración, la alabanza y la comunión con nuestro Padre.

Nosotros, muy escasamente sabíamos lo que es la alabanza  poco tiempo atrás. Pensábamos que sería cosa de “religiosos” alabar a Dios cantando y levantando las manos al cielo, por ejemplo. Pero la Biblia expone muy claramente cómo el pueblo de Israel alababa así a su Dios.

David, "un varón conforme al corazón de Dios”, fue menospreciado por su esposa Mical, cuando lo vio saltando y danzando  por el gran gozo de haber recuperado el arca del pacto de los filisteos y traerla a su ciudad. (2ª Samuel  6: 14-16). Pero a David no le importó en lo más mínimo este menosprecio, antes respondió a Mical “…danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado” (vers. 21b, 22). El rey David alababa a su Dios con gran alegría, con todas sus fuerzas, lo hacía públicamente y no se avergonzaba porque sus alabanzas eran delante de su Dios. ¡Y a Dios le agradó en gran manera el corazón de David! Como hijos amados de Dios, debemos considerar estas alabanzas del siervo David. Su actitud  nació como una respuesta natural y lógica al contemplar la hermosura del corazón de nuestro amoroso Dios y, es así como nace también de nosotros alabar a nuestro Padre. El libro de los Salmos está repleto de alabanzas no sólo de David, sino de otros hombres y mujeres que amaban a Dios.

Reyes como David, Salomón, Josafat y Ezequías, alababan a Dios delante de todo el pueblo, lo bendecían y lo glorificaban. ¡Aun el rey Nabucodonosor de Babilonia –un gentil y pagano- se humilló ante el Dios Todopoderoso cuando reconoció Su grandeza y poder, y lo alabó! (Daniel 4: 34- 37). Era una práctica común entre los hijos de Israel y en la cual nuestro Dios se agrada profundamente. Tristemente  la alabanza, y aun más la adoración, es escasa entre muchos cristianos hoy día.

Por supuesto que nuestro Señor Jesucristo también adoró y alabó a su Padre:

…Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás. Mateo 4:10b

En aquella misma hora Jesús se regocijó en el espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños. Si, Padre, porque así te agradó. Lucas 10:21.

El apóstol Pablo usó con frecuencia este vocabulario:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.  2ª Corintios 1:3.

También puedes leer Romanos 1:25, 1ª Timoteo 1:17, Efesios 1:3; 3:20,21. Estos son unos pocos ejemplos que constan en la Biblia de cómo creyentes alababan y glorificaban a Dios. También se ven estas expresiones en los libros de Pedro, Santiago, Apocalipsis y en realidad, ¡Por toda la Biblia  se alaba a Dios!

Cuando comprendemos lo infinitamente amados que hemos sido por Dios, cuando el espíritu santo nos muestra cómo hemos sido reconciliados, comprados, dignificados, hechos justos y santificados por la obra perfecta y finalizada de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador, cuando nuestro Padre nos permite ver –según lo buscamos- Su muy profundo anhelo de establecer una relación íntima, personal, dulce y muy amorosa con cada uno de nosotros, nuestra vida es absolutamente transformada.

El amor de Dios es la fuerza más poderosa en el universo, y cuando somos tocados por ese amor somos conmovidos profundamente y el natural anhelo de nuestros corazones llega a amar como hemos sido amados, primero al Altísimo Señor, a nuestro Todopoderoso Padre que nos ha amado como jamás imaginamos ser amados ni en nuestros mejores sueños. Y después, por consecuencia lógica, a nuestro prójimo.

Podemos dar testimonio con gran júbilo en nuestros corazones, de que hay un poder absoluto envuelto en este amor.

Establecer una íntima relación de comunión con nuestro Padre Celestial que, si nosotros queremos, puede llegar a ser la más hermosa e incondicional amistad con Él, es un pleno, maravilloso e incomparable deleite. El sabernos tan amados sana por entero nuestra vida y nos inunda de agradecimiento. Entonces, adorar al Dios Vivo y Verdadero con el corazón desbordado de amor llega a ser un altísimo y natural gozo, honor y privilegio que crece cada día más. Mientras lo buscamos a Él, nuestro Padre nos atrae a Si Mismo y nos da a conocer Su gloria, entonces amarlo, adorarlo, alabarlo y tener comunión con Él se convierte en la vida misma. Nuestro Dios llega a ser la fuerza y el regocijo de nuestro corazón en medio de este mundo de tinieblas.

“Ministrando al Señor - El poder de Su Presencia”, muestra Escrituras y verdades que exponen cómo la alabanza y la adoración, es, no sólo algo que le agrada en gran manera a nuestro Dios, sino que también es algo que nuestro Padre anhela profundamente.

La ofrenda y sacrificio vivo que nuestro Padre anhela de nosotros en esta Era de Gracia, es nuestro amor a Él derramado en alabanzas (reconocimiento por Sus obras y Su grandeza) y en nuestra adoración (acercarnos a Él no sólo para pedir, sino para expresarle nuestro amor y gratitud desde lo más profundo de nuestro corazón).

Nuestro Dios anhela profundamente y necesita que cada uno de nosotros tome un tiempo íntimo y personal para ministrarlo a Él, sin distracciones, sin prisas, sin obligación, sino por un puro y espontáneo amor a Su Persona.

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adoraran en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca (“zeteo”-“buscar con ahínco y celo anhelante”) que le adoren. Juan 4:33

Muchas veces, corremos de un lado a otro haciendo cosas en el mundo y aun actividades para nuestras iglesias: Enseñamos, estudiamos, ministramos la Palabra y sanidad, pero este tiempo no equivale, o no es lo mismo que tener un tiempo personal con nuestro Padre para ministrarle.

Ministrar a Dios, es deleitarnos íntima y personalmente con Él, dándole, ofrendándole a nuestro Abba el amor y agradecimiento más profundo del corazón. Es un tiempo entre Él y tú, aunque también está disponible hacer reuniones de adoración y alabanza, las cuales son muy poderosas como describe este libro.

SEÑOR, DIGNO ERES DE RECIBIR LA GLORIA Y LA HONRA Y EL PODER; PORQUE TÚ CREASTE TODAS LAS COSAS, Y POR TU VOLUNTAD EXISTEN Y FUERON CREADAS. Apocalipsis 4:11

Para quienes hemos descubierto la preciosa joya que es este tiempo individual con nuestro Abba, podemos testificar que es el deleite más maravilloso sobre esta Tierra. Estas reuniones  de adoración son realmente muy poderosas y sanadoras.

Te invitamos a leer este libro con los ojos de Cristo, es decir, con el espíritu que llevas dentro. No te distraigas si encuentras algo en lo que no estás de acuerdo o no entiendes; si tú buscas crecer en tu relación con Dios de una manera  íntima y profunda “Ministrando al Señor- El Poder de Su Presencia” puede serte de gran utilidad.

Hemos incluido al final del libro testimonios personales de la forma tan maravillosa en que nuestro Abba Padre ha transformado nuestras vidas y entendimientos con este libro.

Es nuestra oración al Altísimo Señor que creó los cielos y la tierra, que el espíritu que llevas dentro te siga guiando a toda la verdad y que ilumine tu entendimiento sobre la importancia y el deleite que se encuentra en “Ministrar al Señor” y que este libro sea para ti una puerta abierta para venir a tu Padre, amarlo, adorarlo y alabarlo libremente y que disfrutes con Él la más maravillosa aventura de tu vida en Sus brazos, ¡una aventura que durará toda la eternidad!

Con amor en Cristo, 


Claudia Juárez  y Juan Luis Molina.

TESTIMONIO

Por: Gracinha Bento


¡TODA LA GLORIA LA HONRA Y EL PODER PARA NUESTRO AMADÍSIMO ABBA PADRE!!! TÚ ERES DIGNO DE NUESTRA PLENA ADORACIÓN. TU ERES NUESTRO PRIMER AMOR Y SABER QUE NOS MIRAS CON TAN INCONMENSURABLE AMOR, NOS DERRITE EL CORAZÓN. ¡DERRAMAMOS LÁGRIMAS DE GOZO AL VER TU TIERNA MANO QUE NOS ACARICIA EL ROSTRO Y POR TU COBIJO Y ABRAZO ETERNOS! ¡NOS POSTRAMOS EN EL CORAZÓN ROSTRO EN TIERRA Y A TUS PIES! ¡ABBA!, ¡AMADÍSIMO PADRE! ¡TU ERES NUESTRO MÁS HERMOSO SUEÑO QUE SE VOLVIÓ NUESTRA BENDITA REALIDAD!!!!

Mis amadísimos hermanos:

¡Dios nos siga bendiciendo como siempre!

La adoración es un tema muy presente en nuestra relación con Dios. Cuando repaso las Escrituras, veo en ellas el inmenso poder que se desborda de Dios cuando las personas lo adoran de todo corazón y se encomiendan en Sus Manos. Roxanne Brant dice que "a medida que adoramos a Dios, las personas sanan y Dios desciende sobre ellas. Pero lo más maravilloso es la nítida sensación de Su Presencia." Pensaba en Ana, la madre de Samuel y en cómo devolvió a Dios lo más precioso en su vida. Sólo lo mejor fue suficiente en el corazón de esta mujer para ofrecerle a Dios y expresarle su profundo agradecimiento. Su “ungüento de mucho precio” fue lo que ofreció en alabanza y para glorificar la Santa Majestad de Dios, que era el hijo que no tenía y por el cual era menospreciada por la otra mujer de Elcana, su marido.

Qué impacto tiene sobre el corazón de Dios cuando le damos no sólo nuestra vida, sino la disposición del corazón para decirle que no hay nada en este mundo que se compare con Su Presencia.

Qué hermoso y significativo es el pasaje en Marcos 14:3-8, donde dice que María vino a Jesús con un vaso de alabastro con perfume de nardo puro de mucho precio, y quebró ese vaso de alabastro y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús y algunos dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres.” Ella dio al Señor Jesucristo lo más precioso que tenia, aunque para los demás haya sido un desperdicio, incluyendo a los mismos apóstoles. Podemos aprender de este pasaje la forma en cómo podemos darle a nuestro Dios también lo más precioso que tenemos.

Cuando somos inundados por el amor y la gracia de Dios, nuestro “vaso de alabastro” (nuestro ser entero) desea derramarle un amor único y escogido a Él, por ejemplo, cantando en lenguas para adorarlo, ¡como Pablo y Silas en la cárcel cantaban himnos y se sacudían los cimientos de la misma! ¿Cómo no va nuestro Padre a manifestarse cuando le ofrecemos nuestra plena adoración con todo el amor en el corazón? Esta ofrenda, es de olor grato a Dios cuando “desperdiciamos” nuestras vidas para Él, porque nos damos por muertos en la vieja naturaleza y es Cristo ahora quien  vive en nosotros para glorificar al Padre.

En el libro de Bullinger-La Cueva, “Diccionario de Figuras de Dicción” se ve la actitud del corazón de Jesús alabando a Dios, en medio de la tribulación:

“En aquel tiempo, respondió Jesús y dijo, es decir, tomó Jesús la palabra y dijo. De esta forma solemne, se centra nuestra atención en lo que dijo: “Te alabo Padre, etc.”Asimismo, se nos hace observar que Jesús “respondía” a las circunstancias de “aquel tiempo”. ¿Qué circunstancias eran éstas? Juan el Bautista había enviado a sus discípulos para esclarecer sus dudas sobre si Cristo era el Mesías prometido o no (Mateo 11:2-6); la gente se había burlado de Juan y de Jesús mismo (v.16-19); las obras maravillosas de Jesús parecían no producir fruto alguno (v.20-24). Pero, precisamente, “en aquel tiempo”, cuando todo parecía terminar en fracaso, el Señor Jesús descansa en sumisión completa a la voluntad del Padre, y ofrece descanso a todos los que se hallen fatigados y cargados, etc.”(v. 28,29).

No siempre son felices las circunstancias para nosotros, como no lo fueron para Jesús, pero siempre hay una oportunidad para adorar a Dios porque Él es digno de recibir toda la gloria, la honra y el poder.
Nunca pude imaginar la cercanía que nuestro Padre desea tener con cada uno de nosotros. Lo que estoy viendo y disfrutando más claramente en estos últimos tiempos es la intimidad que Dios desea ardientemente tener con cada uno de Sus hijos y cómo, con en Él, tenemos absolutamente todo. Es indescriptible cómo El Padre tiene siempre la última palabra, Él reina y gobierna en nuestras vidas si así se lo permitimos.

                                     En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque  escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Mateo 11:25

¡Hermoso! ¿Verdad? Deseo aprovechar esta oportunidad para dar un testimonio de algo que Dios me mostró hace ya muchos años y que jamás podré olvidar. Vi como la naturaleza rindió alabanza a Dios en un momento especial. Era el final de una clase de la Palabra de Dios en que muchos estábamos reunidos con el propósito de renacer del espíritu de Dios, y en consecuencia todos hablaríamos en lenguas. Mientras desbordábamos esos ríos de aguas vivas, yo muy llena de gozo, abrí mis ojos y esto es lo que vi: ¡Las hojitas de una planta empezaron a dar palmadas!, ¡como las manos de un hombre que con regocijo rinde alabanza y adoración a Dios! La naturaleza misma dio un grito dando gloria al Creador y proclamó su alabanza dando palmadas de aplauso al ver derramarse el espíritu santo sobre nosotros.

                                         Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.  Isaías 55:12    

Que tremenda señal fue para mí, y hoy pienso que es un ejemplo a seguir, deseamos en el corazón rendirle nuestra plena adoración alabando a Su Santa Majestad dando palmadas de aclamación y alabanza a Dios con palabras de nuestro entendimiento o en lenguas por sus increíbles hechos ¡Esto fue para mí realmente inolvidable!

No me canso de leer el relato de Josafat y de ver la gracia de Dios para su pueblo. En ese entonces, todavía no había venido Cristo quien venció por nosotros, todas las batallas. Es asombroso darnos cuenta de lo que Dios dice: Que en esa ocasión no iban a pelear ellos, “porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”. Su pueblo solamente le alabó y vio delante  de sus ojos la salvación de Jehová. En la traducción en portugués que es mi idioma natural, dice que ¡ordenó cantores que alabasen a la Santa Majestad de Dios y que ellos salieron delante de la gente armada! ¡Qué confianza de ir  a “pecho abierto” al encuentro de una gran multitud enemiga, sabiendo que Dios los iba a librar! “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza”, el enemigo se encargó de aniquilarse a sí mismo. Este no sería nunca el orden de prioridades de un estratega militar, sin embargo, Josafat escogió hacer la voluntad del Padre que era empezar a entonar cantos de alabanza.

                                        Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron  delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.

Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.
Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas, y trompetas, a la casa de Jehová. 2 Crónicas 20:18, 19, 22, 27,28.

Deseamos “quebrar nuestro vaso de alabastro” y “derramar sobre la cabeza de nuestro Dios” el mejor ungüento que es adorarle, si es posible, las 24 horas del día. ¡Nadie, ni nada es más precioso que nuestro Padre! Todo nuestro tiempo, recursos y disposición del corazón no serán nunca demasiados para Quien es digno de toda la alabanza y adoración. Cuando se alumbran los ojos de nuestro entendimiento espiritual sobre la naturaleza amorosa de nuestro Padre, sabemos que todo el trabajo en beneficio del alma humana (la obra del Señor) es precioso y valioso  solamente cuando ocupa el lugar apropiado. No hay nada superior al Padre a Quien servimos con nuestra adoración. Adorar a nuestro Abba Padre es como la “buena obra” que María hizo con el Señor Jesús ungiéndolo antes de su muerte y sepultura. “Siempre tendréis a los pobres con vosotros y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis”. Estas palabras del Señor Jesús establecen claramente la prioridad que es servir al Señor de la Obra, a nuestro Todopoderoso Dios. Su Majestuosa Presencia y Sus sublimes pensamientos ciertamente se manifiestan cuando le entregamos nuestras vidas por completo en adoración y amor.

Adorando al Señor,

Gracinha Bento



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