DE GRACIA RECIBIMOS, DE GRACIA DAMOS
MATEO 10:8

viernes, 29 de abril de 2016

10 TRAMPAS MORTALES QUE ATRAPAN A LOS NUEVOS Y A LOS ANTIGUOS CREYENTES. Anónimo/ 10 DEADLY TRAPS THAT TRIP UP NEW (& OLD) BELIEVERS Anonymous




1. Tratar de ganar el favor de Dios. Nunca podremos ganar la aceptación de Dios; Jesús hizo eso por nosotros. Él nos dio un regalo gratuito de gracia. En algún momento, te diste cuenta de que necesitabas esa gracia, que nunca podrías ganar tu camino al cielo. Te diste cuenta de que obedecer las reglas nunca ganaría esa gracia, y que sólo la cruz podría pagar esa deuda. Así que aceptaste esa gracia, y estabas maravillado por lo generoso que es Dios. Pero ahora que eres salvo, puedes tener la tentación de empezar a vivir por reglas una vez más. Si el diablo no puede impedirte que busques y sigas a Dios, entonces él va a tratar de desviarte haciéndote religioso. Religioso sin una relación viva, fresca e intima con Dios. Sí, hay principios celestiales como la siembra y la cosecha (Gal 5). Pero no hay una sola regla que puedas obedecer que te haga aceptable a los ojos de Dios. Todo se trata de la gracia, un regalo dado libremente de Él a ti. Deja de tratar de ganarlo, y simplemente acéptalo. Si comienzas a sentir que no estás tan cerca de Dios como quieres estar, estarás tentado a hacer algunas cosas buenas y piadosas como medio de acercamiento. Cuidado. Anda, haz cosas buenas y piadosas. Pero entiende esto: Encontramos a Dios en una relación de  intimidad con Él, no en las obras. Él no corre a reunirse con nosotros porque obedecemos bien las reglas. Nuestro Padre corre para tenernos en Sus brazos porque se deleita mirando el amor que le tenemos y cómo confiamos plenamente en Él. Obedecer las reglas nunca será una compensación por el pecado en nuestra vida, sólo la muerte de Jesús puede hacer eso. Corre hacia la gracia.

2. Pensar que se trata de ti. Lo primero que hicieron Adán y Eva, después de pecar, fue mirarse a sí mismos; llegaron a estar desesperadamente centrados en sí mismos. Tenemos esta misma enfermedad hoy. Pasamos gran parte de nuestra vida obsesionados pensando acerca de cuán grandes o cuán podridos somos. Ambas perspectivas nos llevan a una trampa mortal. La única salida es fijar los ojos en Jesús, y en Aquel que es puro y verdadero. Realmente todo se trata de Él, no nosotros.

3. Cortar tu suministro de alimento espiritual. A medida que nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros. Si dejas de acercarte a Dios, serás robado. Si eres sabio, vas a hacer lo que sea necesario para encontrar y mantener una intimidad cotidiana y consistente con el Señor. Protege esta comunión como protegerías tus tanques de aire mientras buceas, es así de vital es. No creas la sutil mentira de que puedes andar un día o dos “sin llenar el tanque”, si permaneces en este estado, muy pronto perderás tu hambre y no tendrás ningún deseo de renovar esa comunión.

4. Permitir que se filtre el orgullo. En la sociedad, el orgullo es una buena palabra. Desde el punto de vista de Dios, el orgullo es la exaltación propia, y abre la puerta a toda clase de engaños y cegueras espirituales. "El orgullo precede a la caída". El orgullo es lo que hizo caer a Lucifer, y el orgullo es lo que el diablo intenta utilizar contra todo creyente. La humildad es una necesidad si quieres crecer en el Señor, porque "Dios da gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios". ¿Quieres verte inundado de la gracia de Dios? Practicar la verdadera humildad; ve a los demás como igualmente importantes y competentes a ti mismo. Cuando comiences a detectar actitudes orgullosas infiltrando tu mente, ¡haz un alto! Lo último que quieres, es tener a Dios "resistiéndote". La humildad es a tu alma, lo que las lluvias son al cultivo, sin ella, difícilmente crecerás.  Jesús declaró que todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. ¿Quieres ser exaltado y enaltecido? Deja que Dios lo haga. Si te precipitas y lo haces por ti mismo, tendrás una caída. El orgullo es un enemigo mortal que quiere separarte del amor de Dios, ¡huye de orgullo! Se rápido en admitir tus faltas. Hay poder en la confesión de tus pecados a los demás. (1 Juan). Serás tentado a mostrarte como santo y moral, al tiempo que ocultas la verdadera naturaleza de tu corazón; ¡no caigas en la trampa! ¡Si ocultas lo que hay en tu corazón, solo conseguirás mantenerlo ahí! ¡Pero si lo traes a la luz, serás libre! (Ver el relato de "Dos hombres que subieron al templo a orar" Lc. 18:10-14).

5. Basarte, confiar o apoyarte en tus sentimientos. No puedes confiar en tus sentimientos. Puedes atravesar una etapa de luna de miel con Dios, y tus sentimientos pueden rebosar por un tiempo. Sin embargo, puede venir un tiempo cuando Dios te llama a buscarlo y confiar en Él cuando los sentimientos no están ahí. Él quiere ser el Señor de tu vida, y eso significa destronar a los otros señores, ¡entre ellos los sentimientos! Llega un tiempo cuando nada en ti siente que Dios está de tu lado. Entonces tendrás que elegir en qué vas a creer: en tus sentimientos o en Su Palabra. Si buscas a Dios aún con más fuerza o empeño en estos tiempos de sequía, y pones tu confianza en lo que Él dice sobre ti, sobrepasarás esta temporada con una fe más profunda que nadie te podrá robar.

6. Criticismo. Nuestra forma de pensar y hablar de los demás determina la cantidad de gracia que hemos recibido y aceptado de Dios. ¿Quieres mucha gracia, o poca? La Escritura dice que Dios da Su gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios. Y la crítica se basa en el orgullo, que es la noción de que los demás están equivocados, mientras nosotros no. Pablo advirtió a la gente sobre tener cuidado de que: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar (pierda de vista) la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15). Cuando dejamos que la amargura y la crítica echan raíces en nuestro corazón, literalmente, puede contaminarnos a nosotros y los que nos rodean, envenenando el corazón en el que Jesús quiere vivamos. En Mateo 7, Jesús explicó uno de los principios más poderosos del universo: "no juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Si mido los defectos de mi hermano con un depósito de 300 litros, estoy dando el cielo un depósito de 300 litros para medir mis pecados. Si mido los pecados de mi hermano a través del filtro de la limpieza de la gracia y de la misericordia, entonces el cielo ve mis pecados a través de ese mismo filtro. O, como algunos lo han puesto: al apuntar con un dedo a otro, hay otros cuatro dedos apuntando hacia mí.

7. Gruñir y quejarse. Dios nos ama profundamente, y hace todo lo posible para mostrarnos Su amor. Su mayor prueba fue enviar a su Hijo a morir en la cruz por nosotros. Sin embargo, habrá ocasiones en que Dios nos permite pasar por tiempos de sequia o dificultad. ¡Estos nos sirven para refinarnos, y los necesitamos! Nuestra naturaleza humana no se lleva bien con las dificultades. Es fácil empezar a resentirse con Dios cuando las cosas no salen como queremos. Esta es la prueba del señorío. ¿Quién está realmente a cargo de nuestras vidas? Eso depende de nosotros, Dios nos ha dado libre albedrío, y Él respeta eso, no nos lo quita. ¿Vamos a rendirnos a Él y a confiar en Él, incluso cuando parece que Él nos está llevando por algunos callejones oscuros? ¿O vamos a sentarnos en el asiento de atrás del auto, y a decirle continuamente cómo debe conducir las circunstancias de nuestra vida? Si gruñimos y nos quejamos, andaremos en círculos hasta que consigamos hacerlo bien. No sabremos cuán preciosa es la confianza y la obediencia hasta que lleguemos a la eternidad. Porque Dios nos ama, Él está trabajando diligentemente para producir la confianza y la obediencia en nosotros. Si caemos rendidos ante Él y lo seguimos, vamos a recibir  riquezas espirituales que no nos serán quitadas.

8. Conformarnos con menos. ¿Qué tanto anhelas más de Dios en tu vida? "Él es galardonador de los que le buscan". Dios responde al hambriento. Si llegas a un punto en el que estas satisfecho, Dios no te presionará a ir más lejos con Él. Él respeta tu voluntad. Jesús dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Jesús no irrumpe por la puerta de tu corazón, Él va a tocar suavemente. Si no quieres atender a su llamado, no lo haces. El hambre espiritual es crucial. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". Si tienes hambre, serás saciado. Si no tienes hambre, no serás saciado. Y aquí hay un secreto bien guardado sobre el hambre: si permaneces alrededor de gente que no tienen hambre de más por Dios, será muy difícil para ti mantener esa hambre. Del mismo modo, si permaneces alrededor de la gente que está desesperada por más de Él, te contagiarán esa hambre. El hambre, y la falta de hambre, son contagiosas. No te conformes con ser un cristiano a medias, ¡no hay gozo en ello!

9. La inmoralidad y el pecado oculto. Jesús pagó el precio por nuestros pecados. Punto final. Caso cerrado. Pero, ¿qué sucede si pecamos otra vez? ¿El caso se puede reabrir? En cuanto a la salvación no. Pero está claro que nuestra relación con Dios es afectada cuando estamos dispuestos o tenemos complacencia en abrir la puerta y permitir que el pecado entre en nuestras vidas. Lo primero que se perdió cuando Adán pecó fue la intimidad con Dios, y esto sigue siendo verdad hoy en día. Si comienzas a tolerar el pecado y a racionalizar que no es tan malo, comenzarás a ver a Dios con una luz mucho menos gloriosa. Muy pronto, comenzamos a verlo como un amo duro y frío, y nos olvidamos de que Él nos ama. El consentir el pecado en nuestras vidas, cambia y distorsiona nuestra perspectiva de Dios. "Limpio te mostrarás para con el limpio, y severo serás para con el perverso". (Salmo 18:26) ¿Quieres seguir viendo a Dios en Su verdadera naturaleza amorosa, impresionante, asombrosa y gloriosa? Mantén el pecado fuera de tu vida, y sigue aferrándote a Su bendita gracia para transformarte a Su semejanza.

10. Andar fuera de tu llamamiento. Hay muchas grandes causas que puedes realizar en tu vida. Pero no estás llamado a realizar todas ellas. Sólo se te llama a hacer lo que Dios ha dispuesto para ti. Cuidado con las buenas causas que Dios no te ha llamado a hacer. Dedicarte a ellas, te hará perder el propósito de Dios en tu vida. Incluso Jesús no respondió a todas las necesidades humanas, en cambio, él sólo hizo lo que su Padre le inspiró a hacer. Juan 5:19 “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”.

¿Cuál de estas trampas es tu debilidad? El enemigo presiona y ataca en donde eres más vulnerable, hasta que pueda hacer un punto de entrada en tu vida. Pídale a Dios que te muestre dónde tienes que hacer retroceder al enemigo. ¡Él lo hará!

Traducción: Claudia Juárez Garbalena

10 DEADLY TRAPS THAT TRIP UP NEW (& OLD) BELIEVERS
Anonymous

1. Trying to earn God's favor. We can never earn God's acceptance; Jesus did that for us. He gave us a free gift of grace. At one point, you realized that you needed that grace; you could never earn your way into heaven. Obeying rules wouldn't do it. Only the cross could pay that debt. So you said yes, and you were awestruck by how generous God is. But now that you are saved, you may be tempted to start living by rules once again. If the devil can't keep you from pursuing God, then he'll try to divert you by making you religious. Religious without the living, fresh relationship and intimacy with God. Yes, there are heavenly principles like sowing and reaping (Gal 5). But there is not a single rule that you can obey that will make you acceptable in God's eyes. It's still all about grace, a free gift from Him to you. Stop trying to earn it, and just accept it. When you begin to understand that you are not as close to God as you want to be, you'll be tempted to do some good, godly things as a means of getting closer. Careful. Go ahead and do good, godly things. But understand this: God is into relationships and intimacy, not xxx. He doesn't run to meet us because we obey rules well. He runs to us because He sees us loving Him and trusting Him. Obeying rules will never compensate for sin in our life; only the death of Jesus can do that. Return to grace.

2. Thinking it's about you. The first thing that Adam and Eve did, after sinning, was to look at themselves; they became desperately self centered. We have this same spiritual sickness today. We spend much of our thought life obsessing about how great or how rotten we are. Both perspectives lead us into a deadly trap. The only way out is to fix your eyes upon Jesus, the One who is pure and true. It's really about Him, not us.

3. Cutting off your spiritual food supply. As we "draw near to God" He will draw near to us. Stop drawing near to God, and you do the math. If you are wise, you will do whatever it takes to find and maintain a daily, consistent intimacy with the Lord. Protect it like you would protect your air tanks when scuba diving; it's that critical. Don't believe the little lie that you can go a day or so without filling up; if you go there, pretty soon you will lose your hunger and you won't have any desire to fill up.

4. Letting pride creep in. In society, pride is a good word. In God's economy, pride is self exaltation, and that opens the door to all kinds of deceptions and spiritual blinders. "Pride comes before a fall." Pride is what tripped up Lucifer, and pride is what the devil tries to use against every believer. Humility is a must if you want to grow in the Lord, because "God gives His grace to the humble, but resists the proud." Do you want God's grace? Practice true humility; see others as important and competent as your self. When you begin to see proud attitudes creep in, stop the bus! The last thing you want is to have God "resisting you." Humility is to your soul as rains are to a crop; without it, you won't grow a thing. Jesus declared that whoever exalts himself will be humbled, but whoever humbles himself will be exalted. Do you want to be exalted and lifted up? Let God do it. If you rush in and do it, you're going to take a fall. Pride is a deadly enemy that wants to separate you from the love of God; run from pride! Be quick to admit your faults. There is power in confessing your sins to other people. (1 John ) You will be tempted to show yourself as holy and moral, while hiding the true nature of your heart; don't fall for it! If you hide what's in your heart, you get to keep it! But if you bring it into the light, you get free! "Two men went into a temple to pray"

5. Relying on your feelings. You cannot trust your feelings. You may go through a honeymoon stage with God, and your feelings may overwhelm you for a time. But a time may come when God calls you to seek Him and trust Him when feelings don't come. He wants to be Lord of your life, and that means dethroning the other lords, including feelings! The time will come when nothing in you feels like God is on your side. You will have to choose which you will believe: your feelings, or His Word. If you will seek God even harder during these dry times, and put your trust in what He says about you, you will come through this season with a deeper faith that no one can steal.

6. Criticism. How we think and speak of others determines how much grace we receive from God. Do you want lots of grace, or not much? Scripture says that God gives His grace to the humble, but resists the proud. And criticism is based in pride, which is the notion that others are flawed while we are not. Paul warned people to be careful that "no one misses the grace of God and that no bitter root grows up to cause trouble and defile many." (Hebrews 12:15) When we let bitterness and criticism take root in our heart, it can literally defile us and those around us, poisoning the very hearts that Jesus wants to live in. In Matthew 7, Jesus spelled out one of the most powerful principles of the universe: "Do not judge, or you too will be judged. For in the same way you judge others, you will be judged, and with the measure you use, it will be measured to you." If I measure my brother's flaws with a 55 gallon drum, I am giving heaven a 55 gallon drum to measure my sins. If I measure my brother's sins through the cleansing filter of grace and mercy, then heaven sees my sins through that same filter. Or as some have put it - when you point the finger at another, there are four other fingers pointing at yourself.

7. Grumbling and complaining. God loves us deeply, and goes to great lengths to show us His love. The greatest length was to send His Son to die on the cross for us. But there will be times when God allows us to go through dry or difficult times. These are meant to refine us, and we need it! Our human nature doesn't take well to difficulty. It's easy to begin resenting God when things don't go as we want. This is the test of Lordship. Who is truly in charge of our lives? That is up to us; God has given us free will, and He will not take it away. Will we yield to Him and trust Him, even when it seems like He is taking us down some dark alleys? Or will we be a back seat driver and continually tell Him how He should be directing our life circumstances? If we grumble and complain, we get to keep going in circles until we get it right. We won't know until we get to heaven, just how precious trust and obedience is. Because God loves us, He is working diligently to produce trust and obedience in us. If we will surrender and follow, we will receive spiritual riches that cannot be taken away.

8. Settling for less. How badly do you want more of God in your life? "He is a rewarder of those who seek Him." God responds to hunger. If you get to a point where you are satisfied, God will not press you farther. He respects your will. Jesus says, "Behold, I stand at the door and knock. If anyone opens the door" Jesus will not burst through the door of your heart; He will knock quietly. If you don't want to hear it, you won't. Spiritual hunger is crucial. "Blessed are those who hunger and thirst for righteousness, for they shall be filled." If you hunger, you will be filled. If you don't hunger, you won't. And here's a well kept secret about hunger: if you hang around people who are not hungry for more of God, it will be incredibly difficult for you to stay hungry. Likewise, if you hang around people who are desperate for more of Him, you will get hungry. Hunger -and lack of hunger- are contagious. Don't settle for being a half Christian; there is no joy in that!

9. Immorality and hidden sin. Jesus paid the price for our sins. Case closed. But what if we sin again? Does the case get reopened? No in terms of salvation. But clearly, our connection with God takes a hit when we willingly open the door and let sin into our lives. The first thing that was lost when Adam sinned was intimacy with God, and that's still true today. As you begin to tolerate sin and rationalize that it's not that bad, you will begin to see God in a far less glorious light. Pretty soon, He's a harsh, cold taskmaster, and we forget that He loves us. Sin changes our perspective of God. "To the pure, you show yourself as pure, but to the crooked, you show yourself as shrewd." (Psalm 18:26) Want to keep seeing God in His true, awesome nature? Keep sin out of your life, and keep clinging to His grace to change you into His likeness.

10. Going outside your calling. There are many great causes. But you aren't called to all of them. You are only called to do what God has set out for you. Watch out for good causes that God has not called you to. They will cause you to miss His purpose for your life. Even Jesus didn't respond to every human need; instead, He only did what His Father was doing.
So which of these is your weakness? The enemy will press the attack where you are most vulnerable, until he can gain a foothold. Ask God to show you where you need to drive the enemy back. He will!



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lunes, 25 de abril de 2016

VIVE UNA VIDA AMADO POR EL PASTOR. De Joseph Prince


Sermón predicado el 7 de Junio del 2015



Esta es una revelación fresca que Dios me dio durante mi tiempo de estudio y quiero compartirla con todos ustedes. Dios me dijo: “por la carencia de este conocimiento Mi gente, el cuerpo de Cristo está enfermo”, esta revelación es realmente extraordinaria, maravillosa.

Isaías 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Todos nosotros somos, ¿como qué? como ovejas​ dice aquí, inmediatamente después de afirmar que por sus heridas fuimos curados, dice que todos nosotros nos descarriamos como ovejas que han tomado su propio camino como dice la versión en inglés "King James", en español dice que nos descarriamos, que cada cual se apartó por su camino. El resto del versículo dice: “más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Así que observemos esta comparación, inmediatamente después que afirma que por sus llagas fuimos curados, dice que somos como ovejas que perdieron el camino, todos nosotros tomamos nuestro propio camino, dice la versión en español, cada cual se apartó por su camino.

1 Pedro 2:24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

​Se parece mucho a Isaías​ 53, con la diferencia que aquí dice que hemos vuelto al Pastor y Obispo de nuestras almas. El Señor me dijo esto: “el día que la iglesia​ me vea como el Pastor, no solamente que lo sepa en su cabeza, si no que realmente me experimenten como el Pastor, los días de enfermedad se terminaron”. 

Por encima de todas las representaciones de Dios en la Biblia combinadas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, la que se usa más frecuentemente es la del Pastor. Dios es personificado como la Roca, como un lugar de Refugio, es personificado como un fuego, como un Rey, pero la representación número uno para Dios en la Biblia es la del Pastor. El día que dejes de sentirte solo y que entiendas que el gran Pastor está cuidando de ti, que está velando por ti, que el buen Pastor está tomando cuidado de ti, que Él te está guiando, que Él te está restaurando, que el buen Pastor está causando que Su gracia y misericordia te sigan todos los días de tu vida, ese será un nuevo comienzo para ti.

Cuando sientes que estás saliendo adelante por tus propias fuerzas dependiendo sólo en ti mismo, cuando sientes que eres quien defiende a tu familia, y sientes que estas cuidando de tu carrera, de tu trabajo, que estás cuidando de tus espaldas, vigilando que ningún enemigo venga detrás de ti, andando con cuidado, mirando​ siempre a tu alrededor, porque el mundo te dice  que tien​e​s que cuidar de ti mismo porque nadie va a cuidar de ti… ahí es donde comienza la enfermedad. La revelación de la relación que hay entre la sanidad y el entendimiento de Dios como nuestro Pastor, es que la enfermedad se manifiesta o permanece cuando la oveja se siente des​a​m​p​arada. ​Pero ahora​ ​no somos más ovejas que se han apartado​ ​de su camino, hemos retornado, les voy a mostrar como lee este versículo en 1 Pedro:

2:25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

​¿Saben cómo se lee esto en griego?, y puedes decirme: “lo ve Pastor Prince,​ somos nosotros quienes tenemos que volver al Pastor, somos nosotros quienes tenemos que hacer algo, hay que regresar al Pastor, eso entonces sigue dependiendo de mi”. Voy a enseñarte que en el griego la palabra que dice “habéis vuelto”, está en pasivo, tú has sido vuelto, traído. La voz ahí en el griego es pasiva, tú has regresado, has sido retornado al Pastor, ¿y saben quién hizo eso? DIOS.

Cuando Jesús enseñó acerca de la parábola de la oveja perdida habló de un pastor que tenía cien ovejas y perdió una y dejó las noventa y nueve para ir a buscarla, y les voy a decir esto ningún pastor hace esto -dejar sus noventa y nueva e ir a buscar solamente a una que está perdida, pero el buen Pastor, dejó las noventa y nueve y fue a buscar aquella que estaba perdida. ¿Quién fue a buscarla? ¡El Pastor! Nosotros pensamos que tenemos que buscar a Dios, que tenemos que hallarlo, nos preguntan: “¿has encontrado a Dios?”, ¿!acaso Dios está perdido!? ¡los que estamos perdidos somos nosotros!

Entonces el versículo 25 dice: ahora habéis vuelto al Pastor, o más correctamente traducido “habéis sido retornados al Obispo de vuestras almas”, entonces esto es una voz pasiva, no activa, tú has sido traído al Pastor, no es que tu hayas regresado, el Pastor tenía esa oveja perdida y fue el pastor quien fue a buscar esa oveja, fue el Pastor quien encontró a la oveja con frío, llorando, sola, con hambre, y fue el Pastor quien tomó a la oveja, fue el pastor quien la cargó en sus hombros y entonces en este punto la oveja descansa en sus hombros, fue el Pastor quien trajo la oveja a casa, fue el Pastor quien dijo ¡celebren conmigo!, y ¿qué es lo que hizo entonces la oveja?, ¿qué hizo?... esta no es mi historia esta es una historia que Jesús dijo. El Pastor fue quien hizo todo, y ¿qué tengo que hacer yo?, una sola cosa, nosotros tenemos que hacer, “eeh, eeh”, y eso significa orar, clamar a Él.

Una cosa más, cuando él toma esa oveja perdida y la pone sobre sus hombros, somos nosotros quienes permitimos, quienes consentimos descansar en sus hombros, eso es lo que nosotros tenemos que hacer. La salvación no es nada más que consentir ser salvos, consentir ser amados, ¡Amén!

​Hay gente que escribe poemas como, “yo soy el capitán de mi propio destino”, “yo soy el maestro el diseñador de mi fe”, parecen tener vidas​ muy fuertes, pero en realidad esta gente por dentro se está derrumbando, porque Dios nunca hizo al hombre para que saliera adelante por sí solo. Dios hizo al hombre para ser amado, alguien para ser cuidado como una oveja y Él es el buen Pastor.

Ahora, una buena oveja, una oveja sana puede ser un pastor. David antes de que fuera Rey fue un pastor, cuando mató a Goliat, el gigante, el no dijo “yo soy un hombre muy macho”. Un verdadero hombre actúa como David, él enfrento a este gigante, ¿saben por qué?, porque dependió del Señor. Cuando el Señor está en tu vida, si tu eres una mujer, tu femineidad va a ser maximizada, si tu eres un hombre, tu masculinidad va a ser maximizada. Depender de Dios es ser un verdadero hombre, no tengan esa idea de que tienes que ser un hombre y probar por ti mismo toda tu capacidad, vas a volverte viejo, vas a estar cansado y vas a morir joven. No vivas una vida como esa. Te invito a ser un hombre que viva siendo amado por Dios, vive una vida siendo amado por Dios, haz de tu caminar el amor, descansa en el amor, cuando planees, planea sabiendo que eres amado por el buen Pastor. El Señor dice que él nos hizo volver, entonces nosotros somos quienes permitimos ser amado por él.

Ahora, yo dije que los buenos pastores son buenas ovejas, porque ellos permiten ser guiados por el gran Pastor. David es el perfecto ejemplo, David se volvió el más grande Rey que ha vivido,  ¿por qué Dios lo hizo rey?, Dios dijo: yo vi que tu eres un buen pastor y Él lo tomó para que él fuera el pastor de sus ovejas en Israel. David era un pastor que realmente cuidaba un rebaño, el escribió el Salmo 23: “el Señor es mi Pastor”, él se veía a sí mismo como una oveja, y la siguiente cosa él dijo “nada me faltará”, las palabras en hebreo quieren decir que no tendría ninguna carencia de nada, que no le iba a tener carencia de paz ni en sus finanzas, que no le iba a faltar salud,  que no le iba a faltar el favor de Dios, David decía que no tendría NINGUNA carencia su vida, por que el Señor ES mi Pastor.

David escribió:​“Él me hace descansar”, ​¿él dijo “yo descanso, yo lo hago”? ¡NO! Dijo: “el buen ​
P​astor me hace descansar en verdes pastos​ y​ Él me guía”. ​No dijo: “yo me guio a mí mismo”, sino “Él me guía a aguas quietas, el restaura mi alma”.

El mundo dice que es mejor que ​tomes ​cuidado de tu vida​, y dirijas tu propio destino, porque si no alguien va a venir ​y te va ​ganar, va a estrellarse contra ti, así que será mejor que tú conduzcas tu destino, el mundo​ es así, te dice así aprendas lo más que puedas. Hay un sentimiento de estar abandonados, ​de estar solos, ¿qué tal si te digo​ que hay un buen Pastor que es mucho más grande que tu, que ve mucho más lejos de lo que puede llegar tu vista, que no puede cometer ningún error y que te ama perf​e​ct​a​m​e​nte​,​ ​y que ​te va a​ ​proteger por todo el camino​? ¿​qué tal ​entonces ​vivir una vida siendo amado​?​ ¿qué tal ​vivir ​una vida de descanso​?

Me preguntan a veces: “¿qué tal si me pierdo o si me equivoco?” Bueno, ¡te perdiste! ¡te equivocaste! “¿qué pasa si mi hijo no termina la Universidad?”, bueno pasó, ¡no se va acabar el mundo por eso! incluso él podría tener una mejor​ ​paga que otros que tienen muchos grados o más estudios académicos, yo he escuchado de gente así, gente que gana más dinero y no tiene el suficiente estudio, ¡no te preocupes! tú has tu mejor pero no en  estrés, vive una vida descansada porque tenemos al buen Pastor, tenemos al BUEN PASTOR.

PROMOCIONAL DE LA ENSEÑANZA EN CD TITULADA “¡DÍ AMÉN Y GANA!”

Alguna vez te has preguntado ¿por qué decimos amén? ¿es una tradición? ¿es una formalidad o solamente es el final de una oración? Amen viene de la palabra hebrea “aman” que es la palabra para fe, cuando dice que Abraham creyó al Señor y que el Señor le contó esa fe por justicia en Génesis 15, esa palabra para “y él creyó” que usa allí es “aman”, de donde salió esa palabra “amén”, y esta palabra es traducida literalmente en el latín, en el inglés, en el español se traduce igual, “amén” es la palabra más popular.

2 Corintios 1:20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

¿Saben una cosa? Dios no tiene que hacer promesas, porque su sola Palabra es suficiente, pero cuando Dios promete algo es una doble garantía, entonces todas las promesas de Dios son ¡Siii y amén!! ¡todas! el Nuevo Testamento, el Antiguo Testamento están ahí para ti, y ¿cómo las haces tuyas? ¿Cómo haces tuyo lo que Dios ha prometido? cuando dices “amén” estás diciendo ¡que se haga conmigo conforme a Tu Palabra!, no es por mi esfuerzo, es por tu promesa, ¡que se cumpla en mi vida!, entonces si yo digo “amén”, estoy diciendo que no es mi esfuerzo, estoy diciendo que estoy confiando en las promesas de Dios.

Amen significa ¡Si, que así sea! “amen” significa que todas las promesas de Dios se abren en tu vida. Todas las promesas de Dios se han cumplido en Cristo, en Cristo, en Cristo y solamente en Cristo, y ¿que decimos a eso? ¡Amén!, si guardas silencio, si no dices nada, nada va a pasar. Por las llagas de Cristo tú has sido curado, y ¿qué decimos? ¡Amén!!


Yo se que “amen” puede llegar a ser un cliché, una simple palabra, pero vamos a decirla con un propósito en nuestro corazón, vamos a decir: “Dios tu me has dado la sanidad como una realidad cumplida, tú has dicho que por la llagas de Cristo he sido curado, entonces yo digo ¡Amén!!” ¡es todo lo que Dios quiere de ti! experimenta el poder de ganar cuando estás de acuerdo, cuando concuerdas con Dios y dices ¡Amén!!

Traducción: Claudia Juárez Garbalena
Transcripción: Elida Scarano 

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miércoles, 6 de abril de 2016

¿POR QUÉ AMAS A DIOS? Por Roxanne Brant



¿Será porque te ha concedido dones, te ha dado prosperidad, te ha sanado y ha derramado bendiciones en tu vida? Está bien, esto puede que sea parcialmente verdad, pero no debería serlo totalmente. Sin embargo, para muchas personas, su religión es la moneda que compra los beneficios de Dios.

 ¿No habrá una manera más sublime de amar a Dios?

Cuando comenzamos a ver quién es Dios y apreciamos Su Persona, ¿no es maravilloso amarle por Quién es Él en Sí Mismo?

Nosotros no amamos a nuestros hijos debido a sus habilidades. Los amamos por lo que son en sí mismos. Igual ocurre con nuestras esposas, nuestros maridos, nuestros padres y madres: estamos agradecidos por lo que han hecho por nosotros, pero los amamos por quienes son en sí mismos.
Amamos a Dios por aquello que es en Sí, y "porque Él nos amó primero" (1ª Juan 4:19). Dios anhela nuestro amor y que le ministremos; sin embargo, muy a menudo, sólo nos  dirigimos a Él para recibir cosas Suyas y para obtener Sus favores.

Esto me recuerda una historia que escuché una vez acerca del Presidente Lincoln con una mujer anciana que hizo un pedido para encontrarse con él una tarde. Cuando se presentó en la oficina del Presidente, éste se levantó, le pidió que se sentase y le preguntó, "¿En qué puedo servirla, señora mía?" La pequeña anciana respondió, "Sr. Presidente, yo sé que usted es un hombre muy ocupado. Yo no he venido para pedirle nada. He venido simplemente para traerle esta cajita de galletas, porque he oído que a usted le gustan mucho."

Hubo un silencio en el cual las lágrimas afloraron de los ojos del Presidente. Finalmente, levantó su cabeza y le dijo a la mujercita: "Señora, le agradezco mucho por su gentil regalo. Estoy profundamente emocionado por eso. Desde que soy Presidente de este país, miles de personas han pasado por esta oficina pidiéndome favores y demandándome pedidos. Usted es la primera persona que ha pedido presentarse aquí sin pedir favores y además, trayéndome este regalo. Se lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón."

De la misma manera, Dios anhela y espera que nos acerquemos a Él porque le amamos, en vez de simplemente por lo que pueda ofrecernos. Él fue Quien nos hizo para Él, y somos nosotros los que podemos presentarnos a nosotros mismos a Él y ofrecerle nuestra adoración.
 La Biblia dice que nosotros, así como Israel, somos heredad Suya. "Porque la porción de Jehová es su pueblo, Jacob la heredad que le tocó." (Deuteronomio 32:9). ¡Dios tiene una herencia en los santos!!

Pablo oró sin cesar por la iglesia que estableció. A la iglesia en Éfeso escribió:

                                              No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cual es la esperanza a que él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en sus santos. (Efesios 1:16-18).

¡Date cuenta! La Biblia dice que Dios quiere que sepamos cuán ricos somos en Cristo. Y quiere que nos acerquemos a Él por nuestro libre albedrío. Dios está interesado en relacionarse con nosotros en amor.

Cuán erradamente ha enseñado la iglesia a los nuevos cristianos que fuimos salvos para servir a Dios. ¡No! Nosotros fuimos salvos, antes que nada, porque Él quiso tener una familia. Eso es por lo que a Él le "…agradó librar mi vida del hoyo de la corrupción; y por lo que echó tras sus espaldas todos mis pecados." (Isaías 38:17).

Dios no negocia, ni se interesa en salvar a las personas porque precise de un gran número de siervos que ganen el mundo para Cristo, o porque sin nosotros Él pueda perder la batalla que sostiene contra el Diablo. Sin embargo, muchos son los cristianos que están convencidos de que están trabajando para un Dios parcialmente impotente que necesita de ayuda, y que espera de ellos correspondencia debido a Su bondad.

La Biblia no habla ni una sola vez, ni nos dice nunca que hagamos algo por Dios. Nos dice que, en Su amor y gracia, Dios desea envolvernos en la obra que Él está llevando a cabo. Podemos, eso sí, trabajar con Él para llevar a buen puerto esa finalidad.

Desafortunadamente, debido a que la iglesia ha enseñado tan a menudo que estamos aquí para servir a Dios, hoy en día tenemos un abundante número de Martas repletas de culpa, que están cargadas con un sentimiento de ansiedad y de servicio. Y hay una gran escasez de sentidas adoradoras Marías, que se hayan involucrado en una relación amorosa con Dios, la cual suple naturalmente todas las necesidades humanas.

Cuan sencillamente las palabras de nuestro Señor nos muestran la prioridad de Dios:

                                              Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose dijo: Señor, ¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:38-42).

Jesús no reprendió el servicio de Marta, sino su excesiva y ansiosa preocupación con "muchas cosas" antes que poner primero a Dios. El servicio que nace de una relación de amor no es ansioso, sino lleno de sentido y pleno de gozo.

Nuestra prioridad en nuestra relación con Dios es el amor. Sin embargo, hemos fijado nuestra atención en ministerios, dones, órdenes y diferentes tipos de programas y servicios. Hemos puesto nuestra atención en todo, menos en nuestro Padre. Podemos observar el resultado que ha producido esa falta de atención en la vida de nuestra iglesia hoy en día.

Dios nos dice a nosotros lo mismo que le refirió a Israel, diciendo,

                                              Porque dos males ha hecho mi pueblo; me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no contienen agua. (Jeremías 2:13). 

Dios me asombró hace unos años atrás cuando me enseñó que muchas de las personas en el movimiento carismático se habían vuelto "cisternas rotas" en vez de mirarle a Él. Debido al flujo de buenas enseñanzas, las personas estaban adquiriendo cintas grabadas, libros y atendiendo seminarios para aprender más acerca del poder de Dios y de Sus caminos y de lo que Él estaba realizando en ese tiempo. Las cintas, libros  y conferencias son buenas, pero Dios me mostró que Su gente fue sustituyéndolas y ya no le daban importancia al tiempo que invertían mirándole solamente a Él.

Muchas veces, es tan fácil oír por boca de otros hombres las cosas de Dios y lo que está haciendo, que no nos damos al trabajo de ir a Su Presencia para procurar saber lo que quiere decirnos personalmente. No nos molestamos en comunicar y en recibir directamente de parte de Dios Su Palabra de Vida. Cuando así ocurre, entonces, esas cintas, libros y conferencias llegan a ser cisternas rotas. Y las aguas provenientes de las cisternas nunca serán tan frescas y puras como las aguas que corren y fluyen vivas de la fuente de Dios.

El peligro que existe hoy en día es que nos centremos básicamente en el "árbol de la ciencia" (Génesis 2:9) y nos olvidemos del "árbol de la vida" (vers.9); que nos demos por satisfechos con el conocimiento y nos olvidemos de la vida de Dios; que nos sintamos llenos recibiendo sólo palabras de hombres y nos olvidemos de la necesidad que tenemos de recibir las palabra de vida que provienen directamente de Dios.

Muchos de nosotros tenemos el deseo y la necesidad de volvernos a Dios y de permitirle a Él, la "fuente de agua viva", (Jeremías 2:13), que fluya a través de nuestras vidas, limpiándonos y llenándonos diariamente con Su Misma Vida. Precisamos llenarnos de Dios a través de Su espíritu, revelándonos todas las cosas de una manera fresca y viva. Necesitamos acercarnos a Dios por lo que Él es en Sí Mismo y para recibir de Él Su "Palabra vivificante."

Los Fariseos sabían lo que Dios había declarado. Pero se dedicaron a edificar cisternas rotas. Se hicieron ciegos y sordos a lo que Dios estaba declarando en aquel tiempo en el cual vivían, simplemente porque prefirieron olvidarle y construir cisternas alrededor de Su Palabra. Necesitamos saber lo que Dios ha dicho y lo que nos dice en nuestro tiempo. Cuando nosotros, igual que los Fariseos de entonces, no estamos inmersos en el flujo vivificante de Dios, entonces nuestros sentidos espirituales tienden a quedarse vacios y dormidos. Entonces tenemos muy poca o ninguna percepción o discernimiento espiritual.

Dios nos dice a voces, "Venid a mí." (Lee, por ejemplo Isaías 55:3; Mateo 11:28; Juan 7:37). Él nos ha sacado del Egipto de tinieblas y esclavitud y nos ha dado herencia en Su Reino. Pero nosotros, igual que Israel, nos hemos salido de Su Presencia y nos hemos vuelto a los ídolos, aunque sean ídolos religiosos. Verdaderamente, la adoración a las tradiciones, programas, órdenes, y otras cosas que sobreponemos a Dios en importancia, es idolatría. Si nosotros, igual que Israel, ponemos el énfasis en lo externo y olvidamos la vida, entonces pasamos a ser meros legalistas, sectarios y eventualmente nos quedaremos dormidos espiritualmente. Estaremos aferrándonos a la basura de las cosas externas, mientras que la vida de Dios se moverá en el corazón de los que lo ponen a Él por encima de todas las cosas. Igual que Israel, nos estaremos volviendo a la esclavitud de Egipto si no ponemos a Dios primero ni le amamos sobre todas las cosas.

                                                 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo, con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. (Oseas 11:1-3).

En nuestras relaciones humanas, al igual que en nuestra relación con Dios, nuestra prioridad es amar. El éxito fuera del hogar no justifica la falta de amor dentro del hogar. El orden de Dios en un hogar, no significa nada si no hay el amor y la vida de Cristo.

Sin embargo, muchas personas prefieren invertir su tiempo en el servicio antes que al amor. Desafortunadamente, somos por naturaleza hacedores igual que Marta, en vez de amantes y adoradores como María. Pero Dios está buscando a quienes le amen y se acerquen a Él para adorarle. No está buscando hacedores, sino que busca con gran anhelo adoradores. Él procura aquellos que le "adoren en espíritu y en verdad". (Juan 4:24).

Solamente después de que esa relación amorosa se arraigue y permanezca estable y de que centremos todas las atenciones en Él, podrá Dios enviarnos a trabajar y a cooperar con Él.

El hombre es hecho por Dios. Pero Dios es también de alguna manera hecho para el hombre. Dios hizo al hombre para establecer una dependencia con Él. En otras palabras, Dios quiere darse a Sí Mismo al hombre. El nos ha creado no solamente para que nos entreguemos a Él, sino también para que Él pueda ofrecerse a nosotros.

Fue Dios quién descendió y se acercó primeramente para andar con Adán y Eva en el paraíso. (Génesis 3:8). Él nos creó con la capacidad de recibirle. Cuán a menudo sucede, cuando adoramos a Dios en el espíritu y en verdad, que Su Espíritu desciende sobre nosotros. Eso es lo que vemos reflejado en las Escrituras y también en nuestra experiencia: la adoración nos lleva a la Presencia de Dios y nos trae la Presencia de Dios en nosotros. A medida que adoramos a Dios, Él se nos ofrece a Si Mismo.

En 2ª Crónicas 5, es interesante notar que cuando el templo de Salomón fue concluido y los ancianos de Israel fueron reunidos, el arca fue traída al templo por los Levitas, pero la gloria de Dios no descendió en ese momento. Hubo innumerables sacrificios, sin embargo, la gloria de Dios no descendió mientras se ofrecían.

Fue solamente cuando sonaron “las trompetas y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová" (vers.13) que la gloria de Dios descendió. "…Entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová. Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios."  (2ª Crónicas 5:13-14).

No fue cuando construyeron el templo. No fue cuando ofrecieron los sacrificios. Fue solamente cuando alabaron y adoraron a Dios que la gloria de Jehová llenó toda la casa.

Yo creo que cuando Dios oye a Su gente adorándole y encomendándose en Sus manos, Él se derrite y se dice a Sí Mismo: "Tengo un deseo enorme de descender y escuchar a mi gente, para ver cómo Me adoran. Se están poniendo en Mis manos, por eso, ahora seré Yo quien Me ofrezca a ellos."  Es, por tanto, cuando Le adoramos que Él desciende sobre nosotros. Porque la adoración nos lleva a estar en Su Presencia y nos trae Su Presencia en nosotros.

Siempre que asisto a servicios en los que se realizan dones de sanidad, le enseño a la gente cómo ministrar al Señor. Yo estoy persuadida de que es cuando le ministramos a Él, que Él desciende y nos ministra y un flujo de vida aparece donde estamos reunidos. A medida que adoramos a Dios, las personas sanan y Dios desciende sobre ellas. Pero lo más maravilloso es la nítida sensación de Su Presencia.

FRAGMENTO DEL LIBRO "MINISTRANDO AL SEÑOR - EL PODER DE SU PRESENCIA" Por Roxane Brant


Traducción Juan Luis Molina y Claudia Juárez Garbalena

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domingo, 3 de abril de 2016

AMANDO A OTROS COMO DIOS TE HA AMADO. Por Wayne Jacobsen



Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, 
que también os améis unos a otros. Juan13:34

Amar a otra persona es ver el Rostro de Dios.
Los Miserables.

Me dirigía de mi casa en California a una charla en Columbus, Ohio, y debía esperar tres horas en una escala en el aeropuerto O’ Hare de Chicago. Después de comer algo, aun había llegado con más de dos horas de anticipación para mi salida. Me senté a leer un libro con la intención de terminarlo antes de abordar el avión. Apenas me había sentado a leer, cuando el ruido de la multitud me distrajo. Esto ocurrió antes de los acontecimientos del 11 de septiembre, cuando las medidas de seguridad no eran tan rígidas, y amigos y familiares podían saludar a los pasajeros en las puertas de embarque y descenso en cuanto llegaban.

¿Por qué no podían ser menos ruidosos? Me pregunté a mi mismo esperando neciamente que el aeropuerto fuera como una sala de biblioteca. El bullicio continuaba creciendo hasta que me di cuenta de que sería imposible concentrarme. Miré a mí alrededor con desprecio y me preparé para mover mi equipaje a un sitio menos ruidoso cuando una pequeña niña, de no más de cinco años, atrajo mi atención. Ella observaba con nostalgia por la ventana mientras echaba un vistazo brevemente a su mamá y ambas sonreían cuando se encontraban sus miradas.

Una explosión de risas atrajeron mi atención en una joven familia japonesa, y junto a ellos había un hombre joven muy quieto con una rosa en la mano. Me encontré a mi mismo capturado en el desarrollo de los dramas humanos alrededor de mí. Su emoción continuaba creciendo hasta que un avión llegó rodando a la terminal y se alistó para que descendieran los pasajeros. En estos momentos y hasta que los pasajeros finalmente iban a desembarcar, la multitud comenzó a guardar silencio. Ahora habría sido fácil leer, pero ya me había olvidado de mi libro.

Algunas personas comenzaron a descender del avión. La pequeña niña que estaba en los brazos de su madre de repente gritó: “! Papi!”, a un hombre con un uniforme de militar que atravesó la puerta. Inmediatamente que su madre la puso abajo, ella irrumpió entre la multitud y se lanzó a los brazos de su padre. La mamá se juntó con ellos en un fuerte abrazo, mientras ambos cobijaban a la pequeña entre ellos. No pude evitar que lagrimas rodaran de mis ojos.

La familia japonesa comenzó a dar saludos en su lengua natal mientras una pareja mayor bajaba del avión. Me sorprendió porque parecían ser los padres de estos inmigrantes recién llegados que podían ver a sus hijos en su nueva patria. Su gozo lo expresaron entre lágrimas, realmente estaba conmovido, y busque esconder mi rostro para que nadie pudiera verme.

Miré entonces al joven con la rosa. El miraba atentamente buscando ver más allá de la puerta, y con cada pasajero que descendía su rostro parecía más consternado. Cuando la gente, que bajaba lentamente, dejo de salir finalmente, la tensión del joven era visible. ¿Ella habría perdido el vuelo? “Oh no, tiene que estar ahí”, medio murmuré una oración. Segundos más tarde ella salió caminando y la cara del joven se iluminó. El corrió hacia ella, y los dos enamorados se abrazaron.

Pronto la multitud, más exuberante que nunca, se movió hacia la terminal principal. Los observé irse con una sonrisa en mi cara. En sólo unos momentos, mi desprecio por aquella molesta multitud se había transformado en un profundo afecto. El cómo sucedió esto revela una de las más poderosas características del amor de Dios.

UNO A LA VEZ

Yo había cesado de ver a la multitud como una masa humana sin rostros y en su lugar los había visto individualmente con sus historias desarrollándose delante de mí. Así es como Jesús amó. El no vino a amar a la nación de los judíos o al Imperio Romano. El amó a aquellos que conoció en Nazaret, Galilea, Samaria, Jerusalén y en muchos otros lugares con nombres olvidados. El amó en singular (particularmente) y participó en las vidas de los individuos que conoció, él demostró su amor por todos nosotros.

El primero de los versículos relacionados con el arte de relacionarnos los unos con los otros lo dijo Jesús mismo en forma de un mandamiento: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros” El no dijo a sus seguidores que amaran a todo el mundo, sino simplemente a las personas que Dios pusiera frente a ellos. Como podemos ver, esta es la forma en que Jesús amó. Esta clase de amor no funciona en masas; sólo puede ser aplicada en un individuo a la vez. Todas las Escrituras que veremos en este estudio, hablan acerca de cómo tratar “los unos a los otros”. Ellas no nos dicen que alentemos a todo el mundo, que sirvamos a todo el mundo, que amonestemos a todo el mundo, o que compartamos con todo el mundo. Eso sería agobiante. Algunas veces escuchamos: “No hay manera de que pueda hacer esto por todo el mundo”. No tenemos que hacerlo.

Sin embargo, Jesús nos da libertad para demostrar amor en cualquier momento para cualquier persona delante de nosotros. Nunca aprenderemos a amar a otros, si no amamos a uno a la vez. Para ayudar a un individuo, no tenemos que comenzar un ministerio y mirar por otros con las mismas necesidades. ¿No sería mucho mejor tomar las circunstancias a la mano y hacer lo que podemos por esa persona?

Recuerdo una historia familiar de un viejo científico que se lamentaba por un grandísimo grupo de estrellas de mar que se habían varado durante una marea alta. El científico impactado por la inmensa necesidad, estaba paralizado en la playa hasta que notó a un niño pequeño agarrando estrellas de mar y arrojándolas de nuevo en el océano.

Espiando al viejo hombre, el niño corrió hacia él y le dijo: “Señor, usted tiene que ayudarme. Vamos a regresar estas estrellas de mar al océano antes de que mueran.” El chico se inclino para recoger otra y la arrojo a las olas.

“¿Ya viste cuántas de ellas hay aquí?” Dijo el científico explorando la costa. “¿Qué diferencia podríamos hacer?”

El pequeño niño miró abajo a la estrella de mar que tenía en su mano, pensó por un momento, y finalmente dijo: “Hace una diferencia para ella”. Entonces él la arrojo al océano  y se inclinó por otra.

VIVIENDO AMADO

Ahora llegamos a una clave importante para todas las escrituras que hablan de “los unos a los otros”. No podemos hacer por otros lo que aun no ha sido hecho por nosotros [nadie puede dar lo que no tiene]. Recuerda que las palabras de Jesús a sus discípulos fueron que se amaran los unos a los otros de la misma forma en que ellos habían sido amados. Sus palabras encierran una verdad para ti y para mí hoy día. No puedes perdonar a otros si tú no has experimentado el perdón de Dios en ti. No puedes servir a otros a menos que sepas que Dios esta proveyendo cada una de las necesidades en tu vida. No puedes vivir en bondad y compasión para con otros, hasta que tú veas la bondad y compasión de Dios hacia ti. Porque de otra forma, las Escrituras que hablan de “los unos a los otros” son solo mandamientos que obedecer, mientras que en realidad son descripciones de lo que el amor nos da la libertad de hacer. Esta clase de amor no comienza en el corazón humano. Fluye sólo de Dios mismo, y El quiere llenarte con Su amor de tal forma, que llegues a estar cierto de que Él cuida de ti en cada detalle de tu vida. El proveerá todo lo que necesitas cuando lo necesites. Esta seguridad en el amor de Dios es la que te liberará para vivir las Escrituras que hablan de “los unos a los otros”. [Amaos, perdonaos, confortaos, exhortaos, animaos, edificaos, sobrellevad las cargas los unos a los otros, etc.].

Lo más que experimentas la realidad del amor de Dios en tu vida, lo más que te encontraras compartiendo este amor con otros. La última cosa que quiero que este libro haga, es agregar a tu lista de cosas de como ser un buen cristiano, el cómo debes actuar hacia los demás. Eso sería perder el objetivo. Dios no quiere que pretendas amar a otros o hacer que actúes como si los amaras. El quiere que seas tan libre en su amor, que se derrame de ti y toque así a otros. Este es un asombroso proceso.

Mientras lees a través de cada aspecto de las escrituras que hablan de “los unos a los otros”, cuestiónate cómo ves a Dios ejemplificando tal trato en tu propia vida. Si no lo ves, pídele que te lo muestre. Los creyentes tratan naturalmente a otros en la forma en la que piensan que Dios los trata a ellos, pero a menudo no ven claramente como verdaderamente es Dios. Si tú sirves a un Dios que piensas que te enjuicia por tus pecados, que es impaciente con tus debilidades y que no se involucra con tu dolor, esta es la forma en que exactamente vas a tratar a las personas alrededor de ti. Mi corazón se entristece por aquellos que están atrapados en estas trampas. Esta es la forma en la que viven con Dios cada día.

Vivir en el amor de Dios es el primer paso para descubrir el arte perdido de relacionarnos los unos con los otros. Si no descubres esto primero, el proceso te desgastara y alejara de Él intentando por ti mismo regenerarte por medio de las buenas obras y esto te hará no traer en evidencia los frutos del Reino y disfrutarlos. Todo lo que está envuelto en “los unos a los otros” [amarnos, perdonarnos, confortarnos, alentarnos, etc.], no es una especie de tarea gravosa, sino el gozo de compartir la vida de Dios, no solo con Su gente, sino con un mundo cautivo en la oscuridad.

LOS FRUTOS DE “LOS UNOS A LOS OTROS”.

Jesús dijo que este simple mandamiento de amarnos los unos a los otros traería fruto en dos formas. Primero, este amor demostraría su realidad a un mundo que no lo ha visto. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). No hay una mejor herramienta para tocar al mundo que una simple demostración de amor. De hecho, Jesús invitó al mundo a juzgar la autenticidad del evangelio que proclamamos por la forma en que demostramos amor a otros. Esto probaría que le pertenecemos a él.

Pero esto no es todo. Jesús después agregó: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11). El mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros, fue basado en su deseo para nosotros de que conociéramos su plenitud. Una vida centrada en uno mismo es nuestro propio castigo. Cuando nuestras relaciones con otros están llenas de expectativas y demandas de lo que deseamos que ellos hagan, el resultado es estrés, desilusión y desesperación. Cuando Dios te captura con la realidad de Su amor, serás libre para centrarte en otros en vez de en ti mismo. Aquí es cuando descubrirás el gozo de una profunda y permanente amistad. Jesús conoció esto. El supo que las relaciones correctas son la manera más segura de encontrar plenitud y libertad.

Traducción por Claudia Juárez Garbalena

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