Libros y estudios

DE GRACIA RECIBIMOS, DAMOS DE GRACIA.

Mateo 10:8

domingo, 31 de agosto de 2014

RENACIDO DE SIMIENTE INCORRUPTIBLE. Capítulo 19 de "Poder para la vida abundante". Por Victor Paul Wierwille

Jesucristo vino a hacer disponible el nuevo nacimiento. Algunas personas creen que los apóstoles fueron renacidos mientras Jesús estuvo aquí; pero si los apóstoles hubieran podido renacer mientras Jesús estuvo en la tierra, Jesucristo no hubiera tenido que morir en la cruz del Calvario; Dios no hubiera tenido que dar el espíritu santo. El problema con muchos maestros bíblicos es que no consideran el hecho de que uno no puede tener algo hasta que esté disponible, y la salvación no estuvo disponible hasta Pentecostés. Nadie, absolutamente nadie, fue renacido hasta el día de Pentecostés. Todos hasta ese momento eran solamente cuerpo y alma, sin vida eterna.

¿Qué significa nacer por primera vez? Para nacer la primera vez uno tiene que tener simiente plantada. Renacer es tener la simiente de Dios en Cristo nacida adentro, y esta simiente es espíritu y vida.

Génesis 3:15 declara que inmediatamente después de la caída, Dios puso “enemistad [contienda] entre ti [la serpiente] y la mujer, y entre tu simiente [la simiente de la serpiente] y la simiente suya [la simiente de la mujer]”. Pero la mujer no tiene simiente; la simiente siempre viene del varón. ¿Por qué dice entonces Génesis: “la simiente suya [de la mujer]”? Porque Dios sabía que la simiente redentora nacería de mujer al concebir ella al Mesías por concepción divina. “Su simiente” era la creación de Dios dentro de la mujer. Esto es exactamente lo que dice Gálatas.

Gálatas 3:16:
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: y a las simientes como si hablase de muchos, sino como de [a] uno: Y a tu simiente, la cual [quien] es Cristo.

¿Quién es la simiente de la mujer? Ella no tiene simiente; pero por creación de Dios la simiente de la mujer es Cristo. Ser renacido es tener esa simiente de Dios en Cristo en usted.

1 Pedro da una característica de la simiente de Cristo que una persona recibe cuando nace de nuevo.

1 Pedro 1:23
Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

La primera vez que una persona nace, nace de simiente corruptible; pero cuando vuelve a nacer, ella es, según 1 Pedro 1:23, renacida “no de simiente corruptible, sino de incorruptible”. La razón por la que no se repite la palabra “simiente” es que esta figura literaria pone énfasis en la incorruptibilidad de la simiente y no en la simiente misma.

Cuando dice incorruptible, quiere decir incorruptible. Uno podría ahora acusarme de creer en seguridad eterna. Yo no creo en seguridad eterna; yo creo en vida eterna. De haber querido decir Dios seguridad eterna, El habría dicho seguridad eterna El no quiere decir seguridad eterna, El quiere decir vida -vida eterna- porque es incorruptible y es simiente.

Cuando nacimos físicamente, teníamos simiente en nosotros. Cuando renacimos, recibimos otra simiente. La diferencia es que con el segundo nacimiento la simiente es incorruptible.

¿Cómo ocurre el nuevo nacimiento? ¿Cómo nace la simiente de Cristo dentro de nosotros? Este fenómeno original ocurrió en Pentecostés; y, puesto que todavía vivimos en la misma administración, estamos incluidos y somos afectados por la grandeza de ese evento. Estudiemos lo que pasó en Pentecostés cuando la salvación, el nuevo nacimiento, se hizo disponible por primera vez de modo que podamos entender su aplicación a nosotros.

1 Juan 3:9:
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Cuando uno nace físicamente, tiene simiente física en él. De igual manera, todo aquel que es nacido de Dios tiene que tener la simiente de Dios en Cristo en él. La Palabra dice: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado”. Cuando el hombre natural es renacido, ¿en qué parte de su ser no comete pecado? En su cuerpo y alma él todavía comete pecado; pero en esa simiente de Dios, la cual es incorruptible, él no comete pecado. ¿Por qué? “Porque la simiente de Dios [en Cristo] permanece en él”. Si la persona renacida pudiera pecar en esa simiente, la simiente no permanecería, sería corruptible. Pero la Palabra dice que esta simiente de Dios permanece.

1 Juan 3:9 declara que una persona renacida no puede pecar porque es nacida de Dios. La primera vez que yo nací, nací de mi padre y madre terrenales. Pero cuando renací, nací de mi Padre celestial, de Dios, y Su simiente permanece en mí y no puedo pecar en ella. Por eso es que Su simiente es vida eterna. Es eterna porque Dios es eterno, y es vida porque Dios es vida.

Alguien podría decir: “Entonces usted cree que una vez salvo, permanece salvo”. Yo no he leído “una vez salvo, permanece salvo” en la Palabra de Dios, al igual que tampoco he leído “seguridad eterna”. Lo único que he leído en la Palabra es vida eterna, y eso creo.

Como hombres de cuerpo y alma, la vida eterna se hace nuestra cuando somos renacidos del Espíritu de Dios. ¿Qué sucede para efectuar esto?

Efesios 2:5-9:
aun estando nosotros muertos en pecados [muertos porque el espíritu no está adentro], nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús,

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe [la fe de Jesucristo]; y esto no de vosotros, pues don de Dios;

No por obras, para que nadie se gloríe.

La salvación es por gracia. Si fuera por obras, una persona se podría jactar más que otra porque había orado más tiempo o había rogado más a Dios o había confesado más pecados. Por lo tanto, un hombre tendría una salvación mejor que otro porque habría trabajado más duro para conseguirla. Afortunadamente, la salvación no es por obras; es por gracia y nada más que gracia.

Efesios 2:10:
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús…

La primera vez que nací, fui la hechura de mi padre y mi madre. Cuando renací, fui la hechura de Dios, el producto de mi Padre celestial, no en carne sino en el espíritu. ¿Piensa usted que Dios está satisfecho con Su hechura? Sé lo que mis padres terrenales fueron capaces de hacer; y estoy seguro de que mi Padre celestial, quien creó los cielos y  la tierra, puede hacer una obra mejor que mi padre y mi madre terrenales. “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús”. Esto es el nuevo nacimiento.

Después de Pentecostés, un hombre todavía es cuerpo y alma; está muerto espiritualmente. ¿A quién pertenece legalmente el hombre de cuerpo y alma? Al Diablo. Pero cuando un hombre natural renace del Espíritu de Dios, se convierte en el hijo legal de su Padre, que es Dios. El Diablo, el dios de este mundo, no tiene derecho legal sobre un hombre cuando éste es renacido.

La mayoría de las religiones orientales y algunas occidentales, enseñan que todos tienen una chispa de lo Divino nacida en ellos. Una chispa de lo Divino quiere decir que cada persona tiene un poquito de Dios en ella y todo lo que uno tiene que hacer es ventearla, alimentarla, nutrirla, y Dios se empezará a desarrollar dentro de uno. La Biblia dice que el hombre está muerto; y si una persona está muerta, está muerta. Si hay un poquito de vida, un hombre no está muerto. La Palabra de Dios dice que el hombre está espiritualmente muerto, tiene solamente cuerpo y alma. Así que si el hombre va a tener vida espiritual, Dios la tiene que crear. La palabra “crear” es usada porque la vida espiritual no ha estado nunca antes en él.

Romanos dice cómo es posible que un hombre que está muerto en delitos y pecados y sin Dios y sin esperanza sea vivificado.

Romanos 10:17:
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

¿Cuál fe? La fe de Jesucristo. Esta fe viene cuando el hombre de cuerpo y alma oye la Palabra de Dios y cree.

Romanos 10:9:
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

¿Qué es “confesar con tu boca”? Es decirlo. ¿Tiene uno que decirlo en un altar? Romanos 10 no dice eso. Pero, ¿podría uno confesar a Jesús como su señor en un altar? No dice dónde tiene uno que confesar a Jesús como señor; la Biblia simplemente dice que confiese. ¿Tiene que decirlo una persona en voz alta? Romanos 10 no lo dice; es posible confesar al Señor Jesucristo silenciosamente sin hacer un sonido audible.

“Confesares con tu boca” no dice confesar los pecados de uno. Si hubiera dicho “confesares tus pecados”, la salvación sería por obras; y nosotros no somos salvos por obras, sino por gracia. Un hombre no confiesa sus pecados; confiesa al que salva del pecado, al Señor Jesucristo.

Me pregunto cuántos miles de personas creen que son renacidas del Espíritu de Dios pero en realidad no lo son. Puede que tengan un sentimiento interno de que estén salvos, pero un sentimiento no los salva. Una persona es salva por el ser renacida del Espíritu de Dios. Los sentimientos van y vienen, pero la Palabra de Dios vive y permanece para siempre. Yo podría ir al altar, vocear todos mis pecados, y obtener un sentimiento bueno. Pero una persona puede obtener ese mismo sentimiento bueno en el sofá de un psiquiatra. Nosotros no somos salvos por sentimiento, somos salvos por hacer lo que la Palabra dice. Ella dice: “confesares con tu boca con tu boca que Jesús es el Señor”. Eso es, di: “Jesús, tu eres señor en mi vida”. ¿Quién ha sido señor mientras una persona es solamente cuerpo y alma? La persona misma. Pero ahora esa persona va a cambiar de señores cuando confiesa con su boca un nuevo señor-Jesucristo.

Eso es lo que dice; pero eso no es todo. Romanos 10:9 dice además: “y creyeres en tu corazón”. El corazón es la sede de la vida personal. Hoy en día nosotros diríamos: “creyeres con toda tu mente, toda fuerza, todo tu ser”. ¿Qué debe creer una persona? ¿Qué Jesucristo es el profeta más grande de todos los tiempos? No. La Palabra dice: “creyeres en tu corazón que Dios lo levanto de los muertos”. Uno debe confesar con su boca que Jesús es el señor, y creer en lo más profundo de su ser que Dios le levantó de los muertos; entonces un hombre será-absolutamente, indiscutiblemente-salvo. ¿Cuándo? No cuando muera, sino en el momento que confiese que Jesús es el señor y crea que Dios le levantó de los muertos.

De todos los grandes líderes religiosos solamente hay uno que ha sido levantado de los muertos y ese es Jesucristo. Esta es la prueba de que él es el Hijo unigénito de Dios. ¿Cree usted que Dios levantó a Jesús de los muertos? ¿Cree que él es su señor? ¿Lo ha confesado con su boca? La Palabra dice que usted es salvo.

Romanos 10:10:
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

En el momento en que yo cumplo estos dos requisitos, soy renacido del Espíritu de Dios. Esto es vida eterna. Esta es una verdad tan tremenda que es casi increíble; pero yo sí la creo porque la Palabra de Dios es verdadera y permanece para siempre. Ahora soy Su  hijo pues he confesado con mi boca que Jesús es el señor y he creído que Dios le levantó de los muertos.

En el momento que una persona confiesa con su boca a Jesús como señor esa persona es convertida, salva, renacida. Un hombre puede ser un hombre natural de cuerpo y alma en un momento dado; pero a medida que oye la Palabra de Dios y cree hasta el punto que dice: “Jesús es el señor de mi vida y sé que Dios lo levantó de los muertos”, él renace del Espíritu de Dios. Esa persona ha cambiado de señores instantáneamente; está ahora camino al cielo, y ni todo el infierno le puede impedir que vaya porque es un hijo de Dios que tiene a Cristo en él. Tiene vida eterna. Ya no es más un hombre natural porque ha recibido el espíritu proveniente de Dios.

Habiéndose creado espíritu dentro de él, la persona de nuevo tiene un punto de contacto con Dios. A diferencia de Adán, que tenía espíritu bajo una condición (como leemos en Génesis 2), los hijos de Dios renacidos durante la gloriosa Administración de la Iglesia tienen espíritu nacido en ellos como simiente. Este espíritu es dado incondicionalmente.

Cuando un niño nace físicamente, todo el potencial humano está en ese pequeño paquete. Con nutrimiento y alimentación, el niño se desarrolla y se vuelve un adolescente, luego un joven, y finalmente un adulto. El nuevo nacimiento es así. Cuando un hombre vuelve a nacer del Espíritu de Dios, tiene a Cristo en él. Todo lo que  Dios es en Cristo está en él. Tiene el amor de Dios, tiene la justificación de Dios, la santificación, la redención, la justicia, la fe de Jesucristo. Esto es lo que uno recibe cuando acepta al Señor Jesucristo como su señor y salvador personal.

Hay bastante religión en el así llamado cristianismo hoy en día; pero el verdadero cristianismo no es religión. La religión es lo que el hombre hace, lo que el hombre produce. El cristianismo es lo que Dios obró en Cristo y en un creyente cuando éste renace.

El cristianismo es la obra de Dios, no la obra del hombre. El cristianismo es la relación de un Padre con Su familia. Dios es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos; El nos ha hecho hijos Suyos y nosotros hemos renacidos de Su simiente.

Cuando un hombre renace del Espíritu de Dios, este hombre de cuerpo y alma tiene entonces espíritu. El hombre no se libró de su cuerpo y alma cuando nació de nuevo. Todavía tiene los cinco sentidos como un medio de aprendizaje. El rasgo añadido que viene con la salvación es que la persona renacida tiene espíritu así que se puede comunicar con Dios. El creyente puede ahora recibir información proveniente de Dios tanto por espíritu como a través de sus sentidos.
El espíritu dentro del hombre es aquello que es vida eterna.

La salvación no es ganada; es un don de Dios.

Romanos 6:23:
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

1 Juan 1:1,2:
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida.

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba el Padre, y se nos manifestó).

1 Juan 2:25:
Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

1 Juan 5:11,12:
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

“El que tiene al Hijo, tiene la vida”. El espíritu en él es vida eterna. Pero “el que no tiene al hijo”, todavía no tiene vida. Ese hombre tiene vida natural, pero no tiene vida eterna.

El versículo 12 de 1 Juan 5, y varios otros como ese, han causado problemas a causa de la enseñanza popular de que todos van al cielo y que no importa a quién adora uno, o qué cree uno, porque todos se dirigen hacia el mismo lugar. Aun así la Palabra dice que si una persona tiene a Cristo, tiene vida; y si no tiene a Cristo, no tiene vida. Si usted quiere discutir con la Palabra, siga discutiendo con ella. Usted tiene que decidir por su propia cuenta si quiere creer la Palabra de Dios o las palabras de los hombres. Esta Palabra de Dios, y las palabras en ella, han permanecido por siglos. Pero las palabras de hombres a quienes he conocido y hombres a quienes usted ha conocido no han permanecido por siglos. Ellos van y vienen; a veces se prueba que están en lo cierto, otras veces que están equivocados. Prefiero arriesgar mi salvación eterna en la exactitud de Dios antes que escuchar a hombres, especialmente hombres que tiene una actitud derogatoria hacia la Palabra. Prefiero apostar mi vida en la integridad y exactitud de la Palabra de Dios antes que arriesgarla en lo que algún hombre dijo y encontrar más tarde que él estaba equivocado. Suponga que la Biblia es correcta, suponga que la exactitud  de la Palabra de Dios es verdadera, y suponga que no lo creemos y, al final, resulta que hay un cielo. Nosotros nunca lograríamos llegar. Tenemos todo para ganar creyendo la Palabra de Dios y nada que perder. Tenemos todo para perder y nada que ganar creyendo lo que dicen los hombres. Nosotros que tenemos al Hijo tenemos vida.

1 Juan 5:13-15:
Estas cosas os he escrito a vosotros que [quienes] creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.

Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones  que le hayamos hecho.

1 Juan 5:20:
Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y [esta es] la vida eterna.

El hombre de cuerpo y alma puede creer tan fácilmente y recibir vida eterna, que es el don más grande que Dios haya dado jamás al hombre en lugar alguno, en momento alguno.


viernes, 29 de agosto de 2014

LA FE VIENE POR EL OÍR LA PALABRA DE DIOS. Capítulo 18 de "Poder para la vida abundante". Por V.P. Wierwille

Cuando se le dio dominio al Diablo y el hombre se volvió un ser de cuerpo y alma, ¿qué le pasó a la relación del hombre con Dios?

Efesios 2:11,12:
Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Ellos estaban sin Dios porque cuando el hombre pecó perdió su espíritu, su relación innata con Dios. El hombre, estando sin espíritu, estaba sin Dios y sin esperanza en este mundo.

Efesios 2:1:
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.

¿Qué quiere decir muertos? El hombre parecía estar vivo. Tenía cuerpo y alma pero estaba muerto en delitos y pecados porque no tenía espíritu. Salmos dice que todos los hombres son concebidos y nacen en pecado. Esto no quiere decir que los padres fueron pecaminosos en la forma en que tuvieron relaciones. El hombre es concebido y nace en pecado porque no tiene espíritu.

Teniendo solamente cuerpo y alma, ¿cómo vuelve a tener un hombre natural una conexión con el mundo espiritual? Las cosas espirituales sólo se pueden conocer por el espíritu, así como las cosas del reino natural sólo se pueden conocer por los cinco sentidos. Puesto que el hombre no puede conocer a Dios, ¿Cuál es el puente que se extiende sobre el abismo que hay entre el hombre natural y Dios? El puente es la fe.
Pero el hombre natural no tiene fe porque la fe es un elemento espiritual. ¿Cómo entonces consigue fe para sobrepasar ese abismo?

Romanos 10:17
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

La fe viene al hombre natural por el oír. El hombre de cuerpo y alma puede oír. El hombre tiene libre albedrío, y tiene una mente, de modo que puede creer si lo quiere.

“Así que la fe es por el oír…” ¿Por oír qué? ¿Lo que dice Juan o Enrique? ¿o lo que dicen “Selecciones”, o “Bohemia”, o “Vanidades” o ”Panorama”? La  fe no viene de esa forma. La fe viene por oír una cosa-la Palabra de Dios.

Antes de ir más adelante clarifiquemos la diferencia entre las dos palabras “fe” y “creencia”. Estas dos palabras no son sinónimas a pesar de que la Reina-Valera y otras traducciones las han usado intercambiadamente. La fe es una realidad espiritual interna, mientras que la creencia es una acción de la mente humana. El hombre natural de cuerpo y alma puede creer; pero el hombre natural no puede tener fe.

Gálatas 3:22:
Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.

El hombre natural de cuerpo y alma, el hombre que no ha sido salvo, no tiene fe. La fe es espiritual y el hombre natural no la puede tener. Pero el hombre de cuerpo y alma puede creer.

Gálata 3 continúa: “Pero antes que viniese la fe…” entonces tiene que haber habido un tiempo en que la fe no existía.

Gálatas 3:23,24:
Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a [hasta] Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

La ley fue el ayo hasta Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe, ¿la fe de quién? La fe de Jesucristo. Nosotros, hombres naturales de cuerpo y alma, debemos ser justificados por la fe.

Gálatas 3:25:
Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.

Desde que vino la fe, ya no estoy bajo la ley porque Cristo fue el fin de la ley.

Si la fe vino por Jesucristo, ¿hubo fe en el Antiguo Testamento? ¿Hubo entonces fe en los Evangelios? No pudo haber habido porque Jesucristo vino a hacerla disponible, y la ley no fue cumplida completamente hasta Pentecostés. Absolutamente nadie podía tener fe hasta que Jesucristo hizo la fe disponible.

Jesús no la trajo cuando nació en Belén; no la trajo cuando murió en la cruz; la trajo cuando todo fue cumplido en el día de Pentecostés. No hay fe en los Evangelios o en el Antiguo Testamento. Cuando leemos la palabra “fe” antes del libro de Hechos, estamos leyendo simplemente un error en traducción. ¿Cuántas veces piensa usted que la palabra “fe” aparece en el Antiguo Testamento en la Versión Reina-Valera? Solamente aparece tres veces: en Números 35:30, Isaías 57:11 y en Habacuc 2:4. Leyendo “fe” en contexto, uno verá que quiere decir ya sea “fidelidad”,  “constancia” o “testimonio”. Hay una vasta diferencia entre ser fiel y tener fe. La mayoría de la gente piensa que hay fe en el Antiguo Testamento por causa de Hebreos 11: “Por la fe Noé”, “Por la fe Abraham”, “Por la de Isaac”, “Por la fe Jacob”, “Por la fe Sara”. Sin embargo en el Antiguo Testamento no dice que Abraham tuvo fe. Dice que Abraham creyó a Dios, Isaac creyó a Dios, Jacob creyó a Dios. Estos hombres tenían cuerpo y alma; podían creer pues tenían una mente; podían oír la palabra; podían ver los Diez Mandamientos y creer lo que veían. Gálatas 3:6 dice de Abraham: “Abraham creyó a Dios, y  le fue contado por justicia”. Hebreos 11 debería, con exactitud, leerse: “Por creencia Noé”, “Por creencia Abraham”; “Por creencia Isaac”, y así sucesivamente.

En el antiguo Testamento, Dios cubría sus pecados. Los miembros de la Iglesia de Gracia no tiene sus pecados cubiertos: éstos son completamente lavados. El nos limpia. Dios nos puede limpiar porque una cosa he venido a ser y esa es la fe.

Romanos 10:4:
Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

Cuando el hombre de cuerpo y alma oye la Palabra de Dios y cree lo que oye, Romanos 10:9, recibe la “fe de Jesucristo” y justicia.

Romanos 3:22:
La justicias de Dios por medio de la fe en [de] Jesucristo, para todos lo que creen en él…

¿Cuánta fe es la fe de Jesucristo? Es justamente lo que uno recibe, ni más ni menos. ¿Cómo puede conseguir más fe una persona cuando la Palabra dice que la “fe en [de] Jesucristo [es] para todos los que creen en él”?

Romanos 12:3:
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que deba tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

¿Cuál es  esa medida de fe que Dios reparte a cada uno cuando cree? La Palabra dice que es la fe de Jesucristo.

Gálatas 2:16:
Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo.

No somos justificados por las obras de la ley; somos justificados por la fe de Jesucristo.

Gálatas 2:20:
Con Cristo estoy juntamente crucificado [El texto original es: Con Cristo fui juntamente crucificado.] y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Cuando Cristo fue crucificado, yo fui crucificado juntamente con él, sin embargo, todavía vivo -cuerpo y alma. No solamente tengo cuerpo y alma, sino que tengo espíritu cuando soy nacido de nuevo. Y ahora no vivo por mis sentidos, sino por la fe de Jesucristo que me es dada espiritualmente. Simplemente utilizo mis sentidos para poner en operación esa fe.

Observe Efesios 2:8. “Porque por gracia [favor divino] sois salvos por medio de la fe…” ¿La fe de quién? No la mía propia, sino la fe de Jesucristo la cual es el puente que se extiende sobre el abismo que hay entre el hombre natural de cuerpo y alma y Dios que es Espíritu.

Efesios 2:8-10:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe [La fe de Jesucristo es el don de Dios para cada hombre cuando él cree en el Señor Jesucristo]; y esto no de vosotros, pues es don [proveniente] de Dios;

No por obras [Si la salvación es por gracia, no puede ser por obras], para que nadie se gloríe.

Porque somos hechura suya [de Dios], creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Cuando este hombre natural de cuerpo y alma oye la Palabra de Verdad y cree, recibe la fe de Jesucristo. Una persona nunca puede recibir o alcanzar más fe que eso. Cuando una persona recibe esta fe. Se hace miembro de una familia. Dios es el Padre y nosotros sus hijos.

Gálatas 6:10:
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

¿Quiénes forman la familia de la fe? Aquellos a quienes ha sido dada la fe de Jesucristo porque han creído.

Digamos que yo no he sido salvo; soy un hombre natural de cuerpo y alma. Oigo la Palabra; creo lo que oigo. Y, cuando creo. Dios implanta en mí la fe de Jesucristo, la cual es “para todos los que creen en él”. Puesto que Dios ha puesto esta fe en mí, soy ahora de la familia de la fe. Dios es mi padre; yo soy su hijo.

¿Cómo debemos tratar a los miembros de la familia de la fe? La Palabra de Dios dice que debemos hacer mayormente el bien a los de la familia de la fe. Frecuentemente, en nuestro dominio terrenal, hacemos el bien a todos los que están fuera de la familia; dentro de la familia, actuamos con poco cariño entre uno y otro. Los cristianos también parece que no pueden llevarse bien entre sí. Estamos siempre peleando sobre si tenía o no tenía ombligo Adán, o si podrían o no podrían seis ángeles sentarse en la cabeza de un alfiler, o si deberíamos marchar sobre la capital o alejarnos de la capital. Los cristianos no son buenos el uno con el otro en lo más mínimo. Y sin embargo la Palabra dice que debemos ser especialmente buenos con la familia de la fe. ¿Por qué? Porque es la familia de Dios y nosotros por lo tanto tenemos tanto en común.

Tito 1:4:
A Tito, verdadero hijo en la común fe…

“La común fe” es esa fe que es común a todo creyente nacido de nuevo. Es la fe de la familia.

Tito 1:13:
…Por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe.

Asegúrate de que los hijos de Dios estén actuando apropiadamente como una parte de la familia de la fe.

Hay otras clases de fe en la Biblia además de la fe de la familia. Una vez que nos hemos vuelto miembros de la familia de la fe, podemos entonces operar la manifestación de fe (creencia) de modo que nosotros podamos vivir con el poder de Dios. La manifestación de fe (creencia) es creencia especial de mente renovada de acuerdo a las manifestaciones de revelación. Renovar la mente de uno consiste en poner la Palabra de Dios en la mente y luego vivirla.

La manifestación de fe (creencia) es llamada frecuentemente uno de los “dones” del Espíritu. No son dones del Espíritu; son manifestaciones del espíritu, según se relata en 1 Corintios 12. La manifestación de la fe es la manifestación de creencia.

Gálata revela otro tipo de fe y esa fe es un fruto del espíritu. Buen fruto viene del buen cultivo. Para cultivar uno usa buen fertilizante o alimento natural para las plantas. Gálatas 5 habla de nuestros jardines espirituales personales.

Gálatas 5:22,23:
Mas el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

mansedumbre, templanza; contras tales cosas no hay ley

Este es el fruto del espíritu. Note que la palabra “fruto” está en singular. Está dicho de esa forma porque están todos en un grupo o en un racimo, como las uvas. Gálatas: 5:22 no dice, como dicen muchos comentarios, que el amor es un fruto de las buenas obras. Cuando dice “fruto del Espíritu” quiere decir fruto del espíritu. Si hubiera querido decir fruto de las buenas obras habría dicho fruto de las buenas obras.

Uno produce fruto del espíritu por la operación de las manifestaciones del espíritu. La persona que tiene la fe de Jesucristo tiene la habilidad para operar las nueve manifestaciones. El puede hablar en lenguas, puede interpretar, puede profetizar, puede operar la palabra de ciencia, la palabra de sabiduría, el discernimiento de espíritus, fe (creencia), milagros y sanidades.

Los varios tipos de fe son: (1) creencia, (2) fe de Jesucristo, (3) fe de familia, (4) manifestación de fe (creencia), (5) fe fruto del Espíritu. Debemos estar alerta a los varios usos de esta palabra si vamos a dividir correctamente la Palabra de Verdad.

Fue una gran revelación para mí cuando descubrí que nunca en la Palabra de Dios se le dice a la Iglesia que tenga fe. ¿Por qué? Porque ser nacido de nuevo del espíritu de Dios es tener la fe de Jesucristo. Somos renacidos del espíritu de Dios, somos hechura suya, tenemos la fe de Jesucristo. No podemos obtener más fe que eso. Todo creyente renacido tiene fe igualmente medida. Si Dios le hubiera dado a usted más fe cuando usted fue salvo que lo que yo recibí, entonces Dios hace acepción de personas, lo cual, por supuesto, es una contradicción a la Palabra de Dios. El hijo más joven en la familia de Dios tiene la misma cantidad de fe que el santo más viejo. Todos tienen la fe de Jesucristo. Puesto que la mayoría de la gente que ha nacido de nuevo del Espíritu de Dios no sabe que tienen la fe de Jesucristo, no la pueden usar.

Esto explica la diferencia aparente en la gente cristiana: por qué un creyente es, para así decirlo, un cristiano anémico mientras otro creyente se convierte en un cristiano muy saludable o robusto. Ambos tiene la misma fe, pero uno alcanza un plano más alto de vida cristiana que el otro porque sabe más, cree más, y por lo tanto, opera mas. La anemia cristiana viene de ser enseñado poco, creer menos, y operar menos aun. La persona que cree más, recibe abundantemente; el otro, que cree poco, recibe en proporción. Nunca se recibe hasta que primero se cree.

El Antiguo Testamento y los Evangelios son acerca de hombres que existieron solamente por sus cinco sentidos. Solamente podían entender y creer aquello que podían ver pues la fe no había venido todavía.

Juan 6:30:
Le dijeron entonces [a Jesús]: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

En los Evangelios, la fe no había venido todavía de modo que los hombres tenían que ver primero y entonces creerían. No podían entender nada excepto aquello que estaba en el mundo de los sentidos. Otro ejemplo de esto se da en Juan 20:8 cuando dos discípulos vieron la tumba vacía de Jesús.

Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.

Era un hombre de conocimiento por los sentidos el que vio la tumba vacía. El vio y entonces creyó. Otro ejemplo familiar se encuentra en Juan 20.

Juan 20:24-29:
Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
Le dijeron, pues, los otros discípulos [a Tomás]: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Entonces Tomás respondió y le dijo: !Señor mío, y Dios mío!
Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

Hasta el día de Pentecostés, la gente vio y entonces creyó. Hoy en día nosotros creemos primero y entonces vemos.
A aquellos que viven en Pentecostés y después de Pentecostés durante la Administración de la Iglesia, Romanos 10 les da los pasos para salvación.

Romanos 10:9,10:
Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

El hombre que confiesa a Jesús como señor y cree que Dios levanto de los muertos recibe salvación. Cree primero y entonces recibe.

2 Corintios 4:18
No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Cualquier cosa que se puede ver está en la categoría de los sentidos; y las cosas de los sentidos son siempre temporales. Pero aquello que usted no puede ver -el espíritu de Dios, la fe de Jesucristo, la justicia de Dios, justificación, santificación- todas estas son las cosas que son eternas.

¿Cómo puede un hombre de cuerpo y alma conseguir la fe de Jesucristo? ¿Cómo puede conseguir la justificación de Dios, redención y santificación? La respuesta es simple. Para recibir todo esto de Dios debemos hacer una cosa-creer. La siguiente pregunta es: ¿Qué debemos creer?
Para responder esto, debemos ver primero lo que Dios efectuó en Cristo, lo cual a su vez Cristo efectúa dentro de nosotros a medida que nosotros, de cuerpo y alma, creemos.
Jesucristo era el plan de Dios desde el principio para manifestar a Dios, que es Espíritu, en el nivel de los sentidos, de modo que el hombre de conocimiento por los sentidos pudiera ser redimido. Dios en su presciencia sabía que Adán y Eva pecarían y que El tendría que mandar a su Hijo para redimir a la humanidad. Dios, siendo consistente y observante de la ley, tenía que obrar dentro de un marco legal para redimir al hombre. Puesto que por el hombre vinieron el pecado y la muerte, por el hombre también tendría que venir la redención del pecado y la muerte. Jesucristo era un ser humano que físicamente tenía los procesos de vida fundamentales y soportó todas las cosas. Hebreos 4:15 dice que él “…fue tentado en todo [todas las cosas] según nuestra semejanza pero sin pecado”. Jesucristo fue el plan de Dios para manifestación en el mundo de los sentidos. Juan 14:9 declara: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Jesucristo manifestó a Dios en el mundo, el cual entendía solamente lo que veía, oía, olía, gustaba o tocaba.
Para entender el que Dios se manifieste a Sí mismo en la carne a través de Su Hijo, veamos primero cómo Dios, que es Espíritu, podía tener un Hijo en la carne. Primero que nada la mayoría de la gente no entiende la Palabra, ni tampoco entienden a Dios y cómo El opera. No hacen diferencia entre las palabras “formó”, “hizo” y “creó”; o “cuerpo”, “alma” y “espíritu”. Si nosotros no entendemos estas verdades, es imposible entender cómo una mujer podría concebir por el poder de Dios y dar a luz al Señor Jesucristo. El versículo más iluminador sobre la concepción y el alumbramiento del Señor Jesucristo está en Hebreos.
Hebreos 2:14:
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó [“tomó parte” según el texto] de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.

Todo niño que nace en este mundo participa de la carne y sangre* de su madre y su padre. Hebreos 2:14 dice que Jesucristo “tomó parte”. El texto no dice que Jesucristo participó (pues se usa una palabra distinta en el griego); él tomó parte de lo mismo.

La primera palabra “participó” en Hebreos 2:14 es koinoneō lo que quiere decir “compartir por completo”. Los niños comparten por completo la carne y sangre de su madre y su padre. Pero donde dice: “…él también participó de lo mismo”, la palabra “participó” es en el griego la palabra metechō que quiere decir “tomar solo una parte”. La parte que él tomó fue de la carne; pero la vida de alma en su sangre era Dios.

Los niños participan de ambos carne y sangre, pero Jesucristo no participó de carne y sangre; él solamente tomó parte. Según la carne, él nació de María; pero según la vida de alma que estaba en su sangre, él nació por concepción divina. Así que Judas dijo una verdad cuando dijo: “He entregado sangre inocente”.

La Palabra de Dios dice que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y que nació de María. El fue concebido por Dios. Eso no quiere decir que Dios tuvo relaciones sexuales con María. Eso es imposible porque espíritu es espíritu; mundo natural es mundo natural. Dios creó vida dentro de los órganos reproductivos de María. Dios una vez más tuvo que crear-El tenía que crear vida de alma.

Si El hubiera querido, Dios podría haber creado vida de alma en cualquier mujer después de Génesis 3:15. La pregunta es entonces: ¿por qué esperó Dios miles de años después de la caída para crear vida dentro de una mujer de modo que Cristo pudiera nacer? Toda mujer, desde Eva hasta María, era físicamente capaz de dar a luz a Cristo. La razón por la que María fue la que dio a luz al Mesías, después de miles de años, es que ella fue la primera mujer que creyera literalmente y sin reservas lo que Dios dijo. Fue ella quien dijo: “…hágase conmigo conforme a tu palabra…” Por esto es que María concibió y dio a luz al Señor Jesucristo. El nació de María, pero la simiente en él fue creada por Dios.

En la administración de Cristo, era la carne de Cristo que manifestaba a Dios al hombre de los sentidos; pero es la sangre de Jesucristo la que purifica, redime y hace posible la vida abundante para la humanidad. Por su herida fuimos sanados y por su sangre derramada tenemos la remisión de los pecados. Según la Palabra de Dios, cuando Jesucristo fue circuncidado, fuimos circuncidados** con él; cuando murió en la cruz del Calvario, la Palabra de Dios dice que nosotros morimos con él; cuando resucitó, resucitamos con él; y cuando ascendió al cielo, nosotros ascendimos con él. La Palabra de Dios dice en Efesios 2:6 que nosotros estamos sentados con él en lugares celestiales mientras que todavía estamos aquí sobre la tierra. Qué tremendo testimonio.

*“Sangre” representa vida. Es la figura literaria sinécdoque-una parte puesta por el todo.
**Colosenses 2:11:En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo”.