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MATEO 10:8

martes, 14 de abril de 2015

JESUCRISTO NUESTRAS PRIMICIAS. DÍA DIECIOCHO DE NISÁN. Capítulo once de “JESUCRISTO NUESTRA PASCUA” Por V.P. Wierwille


Para entender cómo comenzó el día dieciocho de Nisán*1, debemos regresar al cierre del día 17. Algunos versículos importantes respecto a este tiempo se encuentran en Mateo 28.

Mateo 28:1
Pasado [del griego se traduce mejor “tarde ya en”] el día de reposo, al amanecer [“cuando se estaba poniendo oscuro y mientras llegaba el…”] del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver [theoreō, a observar] el sepulcro.

La palabra “amanecer” es la palabra griega epiphōskā,*2 utilizada bíblicamente para “oscuridad”. El Sabbat o día de reposo estaría concluyendo al ponerse el sol, al atardecer, en sábado. Así pues, estas dos mujeres llegaron a la tumba mientras el Sabbat estaba llegando a su fin cerca de la puesta del sol. Al llegar aquel atardecer del sábado, el primer día de la semana comenzaba. El propósito de las mujeres era venir para ver, para observar el sepulcro. Ellas no tenían la intención de ver el cuerpo o de ungir el cuerpo, sólo querían observar el sepulcro. Ya que los guardias estaban allí y el sepulcro se había sellado con el sello romano, a las mujeres no les habrían sido permitido entrar al sepulcro.

Mateo 28:2
Y hubo*3 un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra [del arameo puede ser traducido “removió la piedra de la entrada”], y se sentó sobre ella.
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*1. Este es el  mes de la resurrección en el calendario hebreo (entre marzo y abril).
*2. La palabra aramea ngh también se puede utilizar para “oscuridad” o “crepúsculo”. Esta es la forma en que epiphōskā y ngh se usan en Lucas 23:54. Se refieren al momento en que un nuevo día estaba llegando, lo cual sucedió alrededor de la puesta del sol según las cuentas de los judeanos. Ver A.T. Robertson, Imágenes de Palabras en el Nuevo Testamento, Vol. 6, (Nashville: Broadman Press, 1930 a 1933), 1: 240 y 2: 289; Smith, Compendious  Syriac  Dictionary, p. 327; De Matthew  Black, Un enfoque arameo al Evangelio y los Hechos, 3 edicion. ed. (Oxfort: Clarendon Press, 1967), págs. 136-138; Y de George Ricker Berry, Traducción Interlineal del griego del Nuevo Testamento (reimpresión ed, Grand Rapids: Zondervan, 1958), p. 86. [Todos estos libros en inglés].
*3. La expresión “y hubo”, mejor traducida como “he aquí”, indica en el uso bíblico que se está introduciendo un nuevo tema.

Nota de traductor: En las tierras bíblicas, el día terminaba y comenzaba con la puesta del sol. Y el “Sabbat” es un día de reposo, puede ser un sábado o un día reposo que cae entre semana. Es como cuando navidad cae en miércoles, es igualmente un día festivo, y no necesariamente es un sábado o domingo.

Ya que estos eventos ocurrieron la noche del sábado, poco antes de la puesta del sol, esto documenta que Jesucristo resucitó ya entrada la tarde del sábado, al tercer día después de su muerte. El versículo 2 describe los acontecimientos que ocurrieron poco después de que las dos mujeres habían visto el sepulcro y se fueron. Un ángel del Señor bajó del cielo, hubo un gran terremoto, y la piedra que estaba puesta sobre el lugar del entierro fue removida de la entrada. Cuando el ángel se sentó en la piedra, hizo literalmente imposible que alguien pusiera la piedra de nuevo en la entrada del sepulcro. Los siguientes dos versículos dan más detalles sobre el ángel.

Mateo 28:3
Su aspecto [del ángel] era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

Y de miedo de él los guardas [aquellos que guardaban la tumba] temblaron y se quedaron como muertos.

La apariencia del ángel era brillante. Toda la situación aturdió y abrumó absolutamente a los guardias. Ellos temblaron y quedaron como muertos, paralizados.

Cronológicamente, el próximo evento registrado tomó lugar muy temprano la siguiente mañana del domingo.

Juan 20:1
El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

María Magdalena vino sola al sepulcro. Al llegar con la ayuda de una luna casi llena,*4 mucho antes de la salida del sol, ella vio que la piedra había sido quitada. María Magdalena asumió que el cuerpo había sido tomado. Ella corrió a buscar a Pedro y al otro discípulo, para informarles lo que había visto.

Juan 20:2:
Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos [en arameo “no sé”] dónde le han puesto.

María Magdalena corrió hasta donde estaba Pedro, muy angustiada, creyendo que el cuerpo de Jesús había sido llevado.
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*4. La Pascua era siempre en luna llena, ya que el primer mes siempre comenzaba con la luna nueva. En el décimo octavo de Nisán la luna estaría entre su plenitud y tres cuartos de su capacidad.

Juan 20:3-5:
Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.

Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

Y bajándose a mirar, vio los lienzos [un pieza de lino fino que se componía de varias tiras con las que el cuerpo de nuestro señor fue envuelto y enterrado, también incluía un sudario y otras vestiduras mortuorias] puestos allí, pero no entró.

El discípulo vio las vendas de lino fino. Estas fueron las vestiduras mortuorias utilizadas por Nicodemo al enterrar a Jesús. José de Arimatea había usado un lienzo o sábana. Qué precisa es la Palabra. Nicodemo había sido el último en manejar el cuerpo de Jesús al enterrarlo.

Juan 20:6-8:
Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,

Y el sudario [pieza que se utilizaba para cubrir la cabeza], que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.

Las vendas de lino, todas las piezas de la vestidura mortuoria, quedaron como habían sido envueltas alrededor del cuerpo. El registro en Juan 20 hace ver el punto de que a través de estos envoltorios de entierro se le había dado un nuevo cuerpo al señor Jesucristo. En su nuevo cuerpo espiritual, Jesucristo había atravesado los envoltorios de sepultura. Si su cuerpo hubiera sido tomado por otros, como María afirmaba, estas prendas con las que fue enterrado Jesús, habrían sido llevadas con el cuerpo o hubieran sido desenrolladas y puestas a un lado. La tela que había cubierto su rostro estaba bien doblada y colocada a un lado. Cuando el otro discípulo, el discípulo a quien Jesús amaba, vio el sepulcro vacío y las vendas con las que fue enterrado intactas, creyó. Se dio cuenta de que Jesucristo había resucitado de entre los muertos.

Juan 20:9:
Porque aún [oudepō, nunca antes, hasta entonces] no habían entendido [Pedro y el discípulo] la Escritura, que era necesario que él resucitase de [entre] los muertos.

Las palabras “porque aún” en el versículo 9, han sido mal entendidas por la mayoría de los lectores al pensar que indican que Pedro y el otro discípulo no creyeron que Jesús había resucitado. La palabra griega para “aún” es oudepō y puede ser traducida aquí como “nunca antes” o “hasta entonces”. Hasta el momento de esa visita a la tumba, ni Pedro ni el otro discípulo habían considerado que Jesús resucitaría porque no habían considerado la verdad de las Escrituras de que Jesús resucitaría de entre los muertos. Ahora, habiendo visto la tumba vacía y las ropas con las que fue enterrado intactas, el discípulo a quien Jesús amaba creyó. Él de repente se dio cuenta de que Jesús había resucitado de entre los muertos. La respuesta de Pedro no está registrada aquí.
Juan 20:10 y 11:
Y volvieron los discípulos a los suyos [el arameo dice “a su lugar”].

Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro.

María Magdalena había seguido a los dos discípulos de nuevo al sepulcro, donde ella estaba de pie llorando. El versículo 11 es el primer registro en que María miró dentro del sepulcro. Al mirar dentro, vio a dos ángeles y los confundió con hombres.

Juan 20:12 y 13:
Y vio [María Magdalena] a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

Esta es la primera vez que se mencionan a dos ángeles. La noche anterior estaba sólo un ángel sentado en la piedra. María Magdalena, llorando, les habló a los dos ángeles de la falta del cuerpo de su maestro. Y esta vez los ángeles estaban dentro del sepulcro.

Juan 14:20:
Cuando había dicho esto, se volvió [miró a su alrededor], y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

Esta es la primera aparición de Jesucristo después de su resurrección luego de atestiguar en su cuerpo resucitado a los espíritus encarcelados.*5 Él se apareció a María Magdalena, pero ella no lo reconoció. Ella pensaba que él estaba muerto y que su cuerpo había sido tomado. Esta primera aparición a María Magdalena sucedió aproximadamente doce horas después de su resurrección.

Juan 20:15-17:
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).

Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
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*5. I Pedro 3:18-20 “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”
II Pedro 2:4 “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.”
Judas 1:6 “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.”

María, confundiendo a su señor con el hortelano, sólo reconoció la voz de su maestro cuando Jesús le habló cariñosamente por su nombre. Qué extrema emoción seguramente debió llenar su alma. En un momento de emoción indescriptible, se volvió y gritó: “¡Maestro!” Por primera vez en la historia, una persona contemplaba al Cristo resucitado. Él no apareció a un rey, a un sacerdote, o a un gobernante. Él apareció a una simple y amorosa discípula que se había preocupado fielmente por él.

Jesús no permitió que María lo tocara, porque él era las primicias de los muertos.

La ofrenda mecida de los primeros frutos, en la cual las primicias de la cosecha de la cebada de primavera se presentaban como una ofrenda a Dios en el templo, iba a ser presentada ese mismo día. Jesucristo ahora reemplazaría esa ofrenda como la verdadera ofrenda de las primicias de los muertos.*6 Normalmente, el sacerdote que presentaba la ofrenda, subiría al Templo para presentarla ante el Señor. Ese es el significado de la expresión: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Cristo subiría y, además como el sumo sacerdote, para presentarse así mismo ante Dios como primicias de los muertos. Esto no se refiere a su ascensión al cielo que aún estaba a cuarenta días de distancia.

En preparación para presentarse como las primicias, Cristo, de acuerdo con la ley del Antiguo Testamento, se mantendría a sí mismo separado hasta que la ofrenda fuera presentada.* 7 La ofrenda mecida de las primicias, era una ofrenda pública, lo que significa que era hecha por los sacerdotes en nombre de la nación. Por lo tanto, un sacerdote debería mantener un estado de pureza ceremonial antes de traer la ofrenda ante el Señor al Templo. Además de ser él mismo la ofrenda de las primicias, Jesucristo fue el sacerdote que presentaba la ofrenda. Él estaba mostrándose a sí mismo como el verdadero sumo sacerdote de Israel.*8

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*6. I Corintios 15:20 y 23: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho… Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.”
*7. En la ley, los sacerdotes debían limpiarse en una fuente de bronce con agua cerca de la entrada del tabernáculo antes de entrar (Éxodo 30: 17-21). Según Levítico 21:6, el sacerdote debía permanecer santo o apartado al presentar ciertas ofrendas a Dios. Según Levítico 22:1-9, ningún sacerdote podía manejar o participar de las ofrendas sagradas a menos que estuviera ceremonialmente puro, lo que significa, entre otras cosas, que no había tocado a nadie que legalmente pudiera ser considerado impuro. Sólo los sacerdotes podían manejar los utensilios del santuario, los utensilios del altar, o estar involucrados con cualquier servicio prestado dentro del velo. Ningún “hombre común” (que no fuera sacerdote o levita) podía venir cerca de los sacerdotes que realizaban su servicio sacerdotal en el templo (Números 18:1-7).
*8. Hebreos 5:5,6; 8:1 “Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.”
“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos”.

 Era el primer día de la semana, lo que para nosotros es domingo, el día después del Sabbat o día de reposo semanal. De acuerdo con la ley del Antiguo Testamento, la ofrenda mecida de las primicias siempre se hacía el día después del Sabbat semanal durante la Fiesta de los Panes sin Levadura.

Levítico 23:10:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla [omer, un puñado] por primicia de los primeros frutos [reshith] de vuestra siega.

Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá [en su contexto, este es el día de reposo semanal, Sabbat, durante la Fiesta de los Panes sin Levadura*9].

En este año de la resurrección, la ofrenda de las primicias debía ser ofrecida en el décimo octavo de Nisán, lo que equivale a nuestro domingo, el día después del Sabbat semanal durante la Fiesta. Esta es la forma tan maravillosa en que Jesucristo cumplió la ley a detalle. En el día de la ofrenda de las primicias, él se presentó como las primicias de los muertos. Esto es a lo que Juan 20:17 se refiere cuando Jesucristo le dijo a María que tenía que subir “a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.

De acuerdo con Levítico 23:10-21, el día de esta ofrenda de las primicias era también el primer día del conteo hacia Pentecostés. A partir de este día, tenían que contar siete Sabbats o días de reposo (siete Sabbats semanales literales). El sábado final sería el cuadragésimo noveno día. Al día siguiente, el día cincuenta, era Pentecostés. ¡No es asombroso cómo Dios en Su presciencia organizó la ley y el calendario para corresponder tan perfectamente a lo que Jesucristo finalmente completaría! No hay palabras para expresar adecuadamente la perfección de Dios y Su Palabra. El tiempo perfecto de la resurrección de Cristo y la presentación de sí mismo como las primicias de entre los muertos inequívocamente demuestran su resurrección. Como Romanos 1:4 nos enseña, que fue la resurrección de Jesucristo lo que lo declaró como el Hijo de Dios. La resurrección probó que él estaba más allá de cualquier sombra de duda. El que Jesucristo estaba vivo y se presentaría a Dios como primicias de entre los muertos fue la instrucción que Jesucristo le dio María Magdalena para que le dijera a sus discípulos, a sus hermanos.*10
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*9. Ha habido controversia a través de los siglos en cuanto a este uso de la palabra “Sabbat”. Incluso los fariseos y saduceos estaban en un acalorado desacuerdo en esta materia. Un grupo ha tomado el “Sabbat” aquí para significar el Sabbat especial del quince de Nisán. Esto siempre colocaría las primicias ofrecidas en el día quinceavo. El otro grupo ha tomado el “Sabbat” para significar el Sabbat semanal durante la Fiesta, como lo hacemos aquí. El contexto general de Levítico 23, las consideraciones cronológicas, y el tiempo definido de la resurrección y las apariciones de Jesucristo demuestran que ésta última interpretación es la correcta. Algunos sienten que Josué 5:10-12 descartaría esto, pero las siguientes consideraciones deben ser hechas aquí: (1) Josué no menciona una ofrenda mecida, y (2) no hay ninguna razón el Sabbat semanal no pudo haber caído en el quince de Nisán de ese año.
*10. Seguramente, si Jesús fuera Dios, lo sería aún más después de la resurrección. Sin embargo, incluso después de la resurrección, él se ofreció a sí mismo a Dios como primicias de entre los muertos, lo que demuestra que Jesucristo no era y no es Dios.

María llevó a cabo esas instrucciones. Un resumen de la aparición de Cristo a María, y su acción posterior se encuentra en el Evangelio de Marcos.

Marcos 16:9:
Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

Las comas en este versículo han sido mal puestas por los traductores. La primera parte de este versículo debe leerse literalmente: “Habiendo resucitado, temprano por la mañana el primer día de la semana él se apareció primero a María Magdalena...” Este versículo no dice que Jesús resucitó el primer día de la semana. Dice que apareció a María la madrugada del primer día de la semana, después de que ya había resucitado. Esto también establece claramente, como ya hemos leído en Juan 20, que María Magdalena fue la primera persona que vio al Cristo resucitado en lo que ahora se conoce como el Domingo de Pascua.

Marcos 16:10:
Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.

Entre aquellos que habían estado con Jesús se incluían las mujeres. Ellas habían venido con él desde Galilea y le servían. Las mujeres habían estado en la crucifixión mientras su maestro padeció sus últimas horas de sufrimiento, y habían estado cerca mientras José de Arimatea tomaba su cuerpo de la cruz y lo enterraba. Ellas habían comprado especias y aceites para embalsamarlo y enterrarlo apropiadamente en la primera oportunidad que tuvieran.*11 Aparentemente, la mayoría de los hombres estaban temerosos y escondidos. Sin embargo, en este momento, tanto los hombres como las mujeres*12 estaban juntos temprano por la mañana para el duelo por la muerte de su maestro.

Juan 20:18
Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

Marcos 16:11:
Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Esta respuesta es tan típicamente humana. La primera reacción humana a los grandes milagros de Dios es tan a menudo incredulidad absoluta. La gente hoy en día todavía se niega a creer que Dios levantó a Su Hijo de entre los muertos. Los discípulos de Jesús seguían sufriendo por su muerte cuatro días después de que había ocurrido.
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*11. Como referencias a estas cosas, mire las siguientes escrituras: Mateo 27:55,56,61; Marcos 15:40, 41,47; Lucas 23:49 y 55; Juan 19:25.
*12. El que los hombres estaban presentes se indica con el pronombre “ellos” en Marcos 16:10. Es plural masculino en griego y arameo, lo que significa un grupo tanto en el que todos eran hombres, como de hombres y mujeres mezclados juntos.

Note que Marcos 16: 9-11 es en una declaración parentética explicando Marcos 16:1-8, que relata cómo María y las otras mujeres fueron al sepulcro más tarde esa mañana. Los versículos 9 al 11 al explicar esto hacen un recuento de lo que pasó antes.

Así que María Magdalena, después de ver a Jesús, fue y habló a los discípulos muy emocionada. Ella relató que había visto a Jesucristo y les dijo el mensaje que le había dado (Juan 20:17). Nadie le creyó. Por lo tanto, las mujeres salieron como habían planeado al sepulcro para ungir el cuerpo y María Magdalena les acompañó.*13 Los detalles de esta visita al sepulcro se encuentran en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.

Lucas 24:1:
El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron [las mujeres] al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.

Marcos 16:2 y 3:
Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.
[las mujeres, entre ellas María Magdalena de acuerdo con Marcos 16:1 vinieron al sepulcro, ya salido el sol [cuando el sol ya había salido].

Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá [en arameo “hizo rodar”] la piedra de la entrada del sepulcro?

Al momento de esta visita, ya no estaba oscuro como había estado cuando María vino sola en Juan 20. Ahora era justo después del amanecer. De acuerdo con los textos griegos, las mujeres, incluyendo María Magdalena, se preguntaban quién había removido la piedra para que pudieran entrar en la tumba.

Algo está erróneo aquí porque Juan 20 deja claro que María había visto en una visita anterior que la piedra ya había sido removida. Ella ciertamente no habría llegado a la tumba después de esto preguntándose cómo irían a mover la piedra. Este es un problema de traducción. De acuerdo con el arameo, Marcos 16:3 debe decir: “¿Quién hizo rodar la piedra de la entrada del sepulcro para que pudiéramos entrar?”*14

Cuando Marcos 16:3 se entiende con precisión, es vitalmente informativo y dinámico. Desde el punto de vista de las mujeres, la piedra había sido removida para su beneficio: para que ellas pudieran entrar en el sepulcro para ungir el cuerpo. Ellas deseaban preparar adecuadamente el cuerpo de Jesús, algo que sentían que José de Arimatea no había hecho. Ellas no sabían que Nicodemo ya había ungido el cuerpo. Tampoco se daban cuenta de la verdadera razón por la cual la tumba estaba abierta.

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*13. Que María les acompaña se indica en la traducción en inglés con el pronombre “ellas” en Marcos 16:2. En el contexto, podría referirse a las mujeres en Marcos 15:40, 41,47, y 16:1, que incluiría a María Magdalena.
*14. Este es el tiempo pasado, “hizo rodar”, de acuerdo con al menos tres principales fuentes arameas: la Peshitta, el manuscrito siriaco, y el Palimpsesto sinaítico.

Aunque las mujeres creyeron que la piedra había sido removida, la Palabra de Dios deja claro que no creían el resto de la historia de María. Habiendo visto que la piedra había sido quitada, decidieron aprovechar la oportunidad de entrar en la tumba y ungir el cuerpo. Previamente ellas no podrían haberlo hecho debido a la piedra, por el sello en la piedra y por los guardias.*15 Ahora estos tres obstáculos habían sido removidos. Como era de esperarse, ellas encontraron la entrada de la tumba despejada.*16

Marcos 16:4:
Pero cuando miraron, vieron [que había sido] removida la piedra, que era muy grande.

Lucas 24:2:
Y hallaron removida la piedra del sepulcro.

Esa piedra era “muy grande”. La palabra “removida” implica que ésta se rodó a una larga distancia de la apertura del sepulcro. Esto sorprendió a las mujeres. El registro de su entrada en el sepulcro se encuentra en tres Evangelios.

Lucas 24:3:
Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Marcos 16:5-7:
Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.

Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.

Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.

Mateo 28:5-7:
Mas [Y] el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.
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* 15. Esto explica el por qué no intentaron las mujeres ungir el cuerpo antes de esto. Además, los guardias habían sido solicitados durante al menos tres días (Mateo 27: 62,66), que incluirían el jueves, viernes y sábado. Las mujeres pueden o no haber estado conscientes de cuánto tiempo habían sido asignados a los guardias allí. Independientemente de eso, habrían estado esperando a que los guardias se fueran y por una oportunidad para ungir el cuerpo.
* 16. F.C. Burkitt traduce Marcos 16: 3 y 4: “Y ellas estaban diciendo entre ellas mismas: ‘¿Quién ha quitado para nosotros la piedra del sepulcro? Porque era inmensa’. Y ellas vinieron y vieron que la piedra había sido removida…” Esta interpretación se apoya en dos viejos manuscritos arameos: el Manuscrito siríaco y el Palimpsesto sinaítico. Véase la traducción de F. Crawford Burkitt  y  The Curetonian Version of the Four Gospels 4vol.,  Evangelion Da-Mepharreshe: (Cambridge University Press, 1904), 2: 242-243.

El registro en Mateo 28 ha causado problemas a muchos que no lo han estudiado a la luz de los otros evangelios. Mateo 28 resume brevemente los acontecimientos que tuvieron lugar durante un período de tiempo. El relato de Mateo, fue entre las dos visitas porque María Magdalena y la otra María estaban involucradas en ambas. Resume y se centra en las acciones de estas dos mujeres cuando están juntas en la tumba. También debemos reconocer que el uso de la palabra “y” en Mateo 28:5 es la palabra griega de que significa “pero”. “Pero el ángel respondiendo…” La palabra de no es un conectivo temporal. Ésta no dice nada concerniente al tiempo entre los eventos. El propósito de Dios en esta sección de la Escritura no es indicar el período de tiempo involucrado, sino centrarse en las dos Marías y en sus experiencias en la tumba. Es de los otros evangelios que podemos aprender más detalles sobre el tiempo y sobre las otras mujeres que estuvieron involucradas.

De acuerdo con Marcos 16:5, un ángel estaba sentado al lado derecho en el sepulcro. Este ángel, un ser espiritual, era un mensajero de Dios que había tomado la forma de un hombre. Es por ello que Marcos se refiere a él como un “joven”. Su rostro era brillante. Su larga vestimenta era blanca como la nieve.

La reacción de las mujeres al ver esto fue de gran temor. La primera declaración del ángel fue un mandato: “¡No teman!” Entonces él instruyó a las mujeres a decirles a los discípulos que Jesús había resucitado de entre los muertos y que lo debían encontrar en Galilea. Con eso, las mujeres se volvieron para salir del sepulcro perplejas y asombradas por lo que habían visto y oído. Pero antes de irse, se produjo otro acontecimiento fenomenal.

Lucas 24:4-8:
Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

Y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,

Diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.

Entonces ellas se acordaron de sus palabras.

Las mujeres acababan de ver la tumba vacía y a un “joven”, a un ángel, sentado; ellas oyeron al ángel declarar la resurrección de Jesucristo y reiterar sus instrucciones para que fueran a Galilea. Esto fue muy diferente al cuerpo que habían esperado encontrar aquella mañana. Es fácil entender por qué las mujeres se quedaron perplejas y grandemente maravillas cuando se volvieron para abandonar el lugar de la tumba. Luego, en Lucas 24:4, ellas vieron a estos otros dos ángeles de pie ante ellas. La frase en Lucas 24:4, “aconteció que”, indica que había transcurrido un período de tiempo desde el versículo 3. Una vez más, Lucas 24 está resumiendo los eventos, no dando cada detalle. Así es como los Evangelios se complementan, añaden a, y se iluminan mutuamente. Estos dos ángeles, de apariencia brillante, reafirmaron lo que el primer ángel les acababa de decir. Entonces las mujeres recordaron las palabras de Jesucristo.

Marcos 16:8
Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo [estaban impresionadas].

Mateo 28:8
Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor [asombro] y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos.

¿Por qué ellas creyeron ahora? Porque los ángeles les dijeron que recordaran las palabras que Jesús les había hablado. La idea de las palabras de Jesucristo con respecto a su resurrección ni siquiera había entrado en las mentes de las mujeres desde la crucifixión. Las palabras de los ángeles sacudieron su memoria, y entonces las mujeres entendieron lo que había ocurrido. Sobrepasadas por sus emociones, ellas corrieron para hablar con los discípulos. La frase “ni decían nada a nadie” significa que ellas estaban tan llenas de asombro y admiración, que no le contaron a nadie por el camino lo ocurrido mientras corrían a donde estaban los discípulos. Sin duda, nadie habría creído tal historia. Además, ellas querían llevar las buenas nuevas lo más rápido posible a aquellos que estaban preocupados acerca de lo que había ocurrido a Jesús.

Debemos recordar que todavía estamos estudiando los acontecimientos del domingo por la mañana. Para el momento en que estas mujeres habían llegado al sepulcro y comenzaron a correr para hablar con los discípulos, los guardias que vigilaban la tumba se habían recuperado. Cuando los guardias vieron la tumba vacía y recordaron lo que había ocurrido, se fueron a la ciudad para informar a los líderes religiosos.

Mateo 28:11-15:
Mientras ellas iban [las mujeres], he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.

Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,

Diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.

Y si esto lo oyere el gobernador [Pilato], nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo [así los guardas no serían castigados].

Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

Los líderes religiosos, incluyendo los principales sacerdotes, los ancianos y el Sanedrín, sobornaron a los soldados para que dijeran una historia falsa. Los soldados fueron a decir que el cuerpo había sido hurtado mientras estaban dormidos para que nadie pudiera creer que Jesús había resucitado de los muertos.

Los líderes religiosos debieron estar sorprendidos y angustiados a la vez por el informe de los guardias. Este galileo iba a perseguirlos incluso después de su ejecución. La falsa historia contada por los guardias de que el cuerpo de Jesús había sido robado por sus discípulos aún se decía y se creía en el momento en el Evangelio de Mateo fue escrito. Y es un hecho, que todavía hoy hay personas que creen esa mentira. Pero tales historias nunca cambiarán la realidad de que Dios resucitó a Jesucristo de entre los muertos. Esta es una lección que los líderes religiosos debieron haber aprendido en los meses y años subsecuentes mientras el cristianismo se extendía.

Mientras que los guardias estaban informando a los sumos sacerdotes y a los ancianos, las mujeres encontraron a los discípulos y comenzaron a declararles lo que había sucedido en el sepulcro y a repetirles lo que Jesús les había dicho acerca de reunirse con él en Galilea. La respuesta de los discípulos fue muy humana: incredulidad. La idea de que Jesús estaba vivo era demasiado buena para ser verdad.

Lucas 24:9-11:
 Y [las mujeres] volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.

Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.

Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.

Lucas 24 relata que las mujeres contaron a los hombres acerca de las cosas que ellos también habían visto. Sin embargo, los hombres todavía se negaban a creer. Estos eran básicamente los mismos hombres que habían abandonado a Jesús mientras que las mujeres se habían quedado fielmente cerca de él, el día de su crucifixión. Sin embargo, el propio Pedro había visto la tumba y los envoltorios vacíos ese mismo día. Teniendo en cuenta la enorme importancia de lo que había visto, y ahora escuchando el testimonio de las mujeres, Pedro tomó acción.

Lucas 24:12
Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos [las vestimentas mortuorias] solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.*17

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*17 Algunos textos críticos griegos omiten el versículo 12, mientras que otros consideran que es dudoso. El Manuscrito D (Bezae) y la mayoría de los antiguos manuscritos latinos omiten este versículo. Es interesante que Bezae hace que la omisión, ya que con frecuencia añade material en lugar de lo omitirlo.

Hasta el momento, Pedro aún no había visto a Jesucristo mismo. Sin embargo, estaba asombrado por la clara evidencia de que Jesús realmente había resucitado. Pedro había estado con Jesús durante su ministerio; él había visto a Lázaro resucitado de los muertos; él había oído a Jesús predecir su propia muerte y resurrección; él ya había visto la tumba vacía con las vestimentas con las que Jesús fue enterrado. Ahora él había escuchado el testimonio de las mujeres que le habían visto vivo. Pedro, después de ir a la tumba para mirar por segunda vez, comenzó a darse cuenta plenamente de que las mujeres estaban en lo cierto. ¡Jesucristo en verdad había resucitado! Se alejó maravillándose dentro de sí mismo mientras consideraba las espectaculares implicaciones de lo que había ocurrido.

Aún era domingo, el dieciocho de Nisán.

Marcos 16:12
Pero después apareció [Jesús] en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.

Note que Jesús se apareció en otra forma, lo que indica la variabilidad de su cuerpo resucitado. Los detalles de esta caminata y esta aparición están bastante expandidos en el Evangelio de Lucas. Este es un hermoso registro digno de nuestro estudio.

Lucas 24:13-16:
Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.

E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.

Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.

Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen [sus ojos eran incapaces de percibir exactamente con quién hablaban].

Emaús, un pequeño pueblo a unos once kilómetros de Jerusalén, era el destino de estos dos hombres que caminaban desde Jerusalén. Cuando Jesús, en su cuerpo resucitado, se unió a ellos y comenzó a conversar con ellos, no lo reconocieron.

Lucas 24:17-20:
Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?

Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

Y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.

Poco hizo Cleofas por saber que Jesucristo era quien caminaba con él. En realidad ellos no habían entendido y creído la profecía de su resurrección. Las mujeres se quedaron convencidas cuando vieron la tumba vacía y escucharon al ángel en el sepulcro. Finalmente creyeron después de ver a dos ángeles más en el sepulcro. Al ellas decirles a los hombres lo que encontraron, ninguno de ellos aceptó lo que ellas tenían que decir. Los hombres las trataron como si ellas estuvieran hablando cosas sin sentido. Ahora Cleofas y otro discípulo, en su camino a Emaús, conversaban con Jesús cara a cara. Jesús, sabiendo que ellos eran ajenos a la realidad de que era él, dejó que la conversación se desarrollara.

Este discípulo relató a Jesús cómo habían pasado tres días desde que Jesús de Nazaret había sido crucificado, y cómo con el paso de los días, habían perdido la esperanza. Esa es la razón de que estos dos hombres estaban tristes y desilusionados mientras caminaban hacia Emaús.

Lucas 24:21-24:
Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.

Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;

Y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.

Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él [a Jesús] no le vieron [Pedro y los otros].

Estos dos discípulos habían estado con los otros hombres cuando las mujeres habían llegado esa mañana contando su historia. Ellos habían estado entre los que no creyeron. En el versículo 24, se hace referencia a algunos de los discípulos que examinaron el informe de las mujeres acerca de la tumba vacía. Esto no puede referirse a la visita de Pedro y el otro discípulo en Juan 20:2-10, que ocurrió antes de que las mujeres fueran a la tumba. Debe hacer referencia a los discípulos que visitaron la tumba después del informe de las mujeres en Lucas 24:9-11, así como al registro de la segunda visita de Pedro a la tumba en Lucas 24:12.

Estos dos discípulos en el camino a Emaús todavía no habían comprendido o creído que Jesús había resucitado de los muertos. El “extraño” que los escuchaba finalmente reprendió su incredulidad.

Lucas 24:25 y 26:
Entonces él [Jesús] les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

“Que entrara en su gloria” se refiere a la entrada de Jesucristo a la presencia de Dios presentándose a sí mismo como las primicias de los muertos.
Lucas 24:27
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, [Jesús] les declaraba [a los dos hombres camino a Emaús] en todas las Escrituras lo que de él decían.

¡Qué comunión debieron haber tenido! Imagínese a Jesucristo enseñando sólo a dos discípulos todo en el Antiguo Testamento concerniente a sí mismo. Jesús pasó por las Escrituras y señaló las verdades concernientes al Mesías. A pesar de todo esto, ¡los dos hombres no reconocieron quién era el hombre con quien hablaban!

Lucas 24:28
Llegaron a la aldea a donde iban, y él [Jesús] hizo como que iba más lejos.

Mas ellos le obligaron [“constriñeron”] a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.

Le “obligaron”, tal como se encuentra en el versículo 29, era una forma oriental de invitar a alguien a hacer algo. En las dos primeras peticiones se esperaría que una persona  ofreciera excusas por no ser capaz de aceptar la oferta. Finalmente, en la última solicitud, la persona cedería y aceptaría la invitación. Jesucristo fue “obligado”, fue constreñido, por estos dos discípulos en Emaús para quedarse con ellos.

La Palabra de Dios dedica más tiempo en esta aparición después de la resurrección que en cualquier otro registro. Jesucristo es la única persona que ha sido levantada de entre los muertos para vida eterna. Sin embargo, él no se apareció a hombres de gran riqueza o poder. Él no apareció a ningún rey. No apareció a ninguno de los líderes reconocidos de la institución religiosa. El estatus, alto o bajo, en una vida terrenal no es una base para recibir la grandeza de la Palabra de Dios y su bendición. Jesucristo se apareció a dos simples discípulos que estaban teniendo un momento difícil comprendiendo los acontecimientos que rodearon la muerte del hombre que habían creído que redimiría a Israel y que sería su salvador.

Lucas 24:30-32:
Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.

Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.

Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

Los ojos que se abrieron fueron los ojos de su entendimiento. Ellos se dieron cuenta de la importancia de la muerte y resurrección de Jesús, y, mientras que comían juntos,  finalmente reconocieron a la persona misma. Qué impresionante y estremecedor entendimiento (comprensión y discernimiento) que este debió haber sido. Ellos recordaron cómo Jesucristo al explicarles la Palabra de Dios había causado que sus corazones ardieran dentro de ellos. Con gran entusiasmo se fueron a hablar con los otros discípulos.

Lucas 24:33:
Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once*18 reunidos, y a los que estaban con ellos,

Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.

Estos versículos son extremadamente vitales para nuestro entendimiento, y si no los leemos con cuidado, nos podemos perder su significado. Observe que no fueron los dos discípulos que dieron el mensaje de que “ha resucitado el Señor verdaderamente y ha aparecido a Simón”. Fueron “los once” y los otros “que estaban con ellos” que lo dijeron. En griego la palabra “decían” está en relación con “los once” y “los que estaban con ellos”; no está relacionado con “los que se levantaron en la misma hora”.*19 Entonces, ¿qué había ocurrido? Cuando los dos discípulos apresuradamente regresaron a Jerusalén, encontraron a algunos de los demás discípulos reunidos allí. Algunos de estos discípulos ya estaban diciendo con entusiasmo a los demás: “Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón”.

Simón se refiere a Simón Pedro, el apóstol. Este es el único registro en los Evangelios que nos informa que Jesús se apareció sólo a Pedro después de la resurrección. La última mención acerca de Pedro es que él estaba en el sepulcro. Él había revisado la tumba una vez y luego escuchó la historia de las mujeres. Al volver a la tumba a mirar de nuevo, quedó maravillado, y en algún momento entre su salida de la tumba, como se registra en Lucas 24:12, y la llegada de los dos hombres a donde los once se reunían (Lucas 24:33-35), Jesucristo se le apareció a Pedro. Esto corrobora el registro que se encuentra en I Corintios 15.

I Corintios 15:4 y 5:
Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

Y que apareció a Cefas [Pedro], y después a los doce.

Regresando a Lucas 24, aprendemos que después del testimonio de la aparición de Jesucristo a Pedro, luego los dos que le habían visto en el camino a Emaús contaron su historia.

Lucas 24:35:
Entonces ellos [esto concuerda con “y levantándose” del versículo 33; habla de Cleofas y el otro discípulo] contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

A pesar de los maravillosos testimonios que fueron relatados, ¿los oyentes les creyeron? ¡No! Esta verdad se afirma en el Evangelio de Marcos, en relación con la misma situación.

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*18 Más adelante veremos como el duodécimo apóstol que faltaba era Tomás, no Judas Iscariote.
*19. La palabra griega para “decían” es legontas; “los once” es tous hendeka; “a los que estaban con ellos” es tous sun autois. Todos ellos se utilizan en el caso acusativo. Sin embargo, “y levantándose” es anastantes que es en el caso nominativo, coincidiendo con “ellos” la palabra griega auto, en el versículo 35.

Marcos 16:12 y 13:
Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.
Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.

Esto nos hace preguntarnos qué tiene que hacer Dios para convencer a la gente. En ese momento todos habían recordado que Jesús había dicho que se levantaría. Todos habían escuchado a otros hablar de la tumba vacía. No había absolutamente ninguna excusa para seguir en incredulidad; sin embargo, no sólo la mayoría de los discípulos no creían, sino que también estaban llenos de miedo.

Juan 20:19:
Cuando llegó la noche [alrededor de la puesta del sol] de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos...

Los discípulos reunidos habían cerrado las puertas por miedo a los judíos. María Magdalena, Simón Pedro, y ahora otros dos discípulos (que habían estado en el camino a Emaús) afirmaban que habían visto al Cristo resucitado. Sin embargo, ninguno de los que escuchó creyó. Se les habían dado las instrucciones a los discípulos para que fueran a Galilea, pero ellos no lo habían hecho. Estaban demasiado atados por el miedo y la incredulidad. Ese fue el contexto en el que Jesucristo hizo su siguiente aparición.

Juan 20:19:
…estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Lucas 24: 36-38:
Mientras ellos [Cleofas y el otro discípulo] aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos [razonamientos]?

Marcos 16:14:
Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

Mateo 28:9 y 10
He aquí, Jesús les salió al encuentro [a las discípulas del versículo 8], diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.
Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.*20
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20. El contexto y los otros evangelios muestran esto en paralelo con su aparición a los discípulos esa noche. Mateo 28:11-15 entonces regresa a relatar los hechos ocurridos después de que las mujeres visitaron la tumba.

Al hablar de los once en Marcos 16:14 tiene que haber incluido tanto a Pedro como a Judas, porque veremos que Tomás no estuvo presente para ver al Cristo resucitado.*21 Además de los once apóstoles, otros discípulos también estuvieron presentes. A pesar de la aparición de Cristo en medio de ellos cuando estaban a puerta cerrada, a pesar de su exhortación para que tuvieran paz, aún estaban llenos de miedo y no podían creer que de verdad fuera él, Jesucristo, resucitado de los muertos. ¿Cuántas pruebas y confirmaciones necesitaban estos discípulos? Jesucristo primero reprendió su incredulidad y luego les permitió que lo tocaran. Entonces él les dio instrucciones para que dijeran a los otros hermanos que fueran a Galilea donde podrían verlo.

Lucas 24:39 y 40:
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

Juan 20:20:
Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.

 Él tuvo que dejarlos que lo tocaran para convencerlos de que realmente era él. Estaban tan confundidos y perplejos. Jesús tomó todas las medidas para convencerlos de su resurrección. ¿No es este un gran registro? Ahora vamos a observar la respuesta de ellos.

Lucas 24:41-44:
Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?

Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel.

Y él lo tomó, y comió delante de ellos.

Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Jesucristo les demostró que aún podía comer. Cuando Cristo regrese por nosotros, la Iglesia de la Gracia, nosotros también obtendremos un cuerpo semejante a su cuerpo resucitado. Este cuerpo resucitado es un cuerpo del que sabemos muy poco, a excepción de lo que podemos observar en estos registros sobre el cuerpo de Jesucristo antes de su ascensión. Nuestros cuerpos físicos ahora tienen vida a causa de nuestras almas, por nuestro respirar. De acuerdo a I Corintios 15:44 y 45, nuestros cuerpos espirituales serán energizados por un espíritu vivificante.

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21. Esto corresponde a los once de Lucas 24:33.


Además de mostrarles las marcas en su cuerpo y comer con los discípulos, Jesús les enseñó acerca de cómo él cumplió con las cosas escritas acerca de él en los libros de Moisés, los Profetas y los Salmos. Entre esas cosas estaban sus sufrimientos, su muerte, su resurrección y su gloria. Su misión como el cordero pascual fue anticipada y prefigurada en el Antiguo Testamento. También fue anticipado y prefigurado el cumplimiento de la Fiesta de las Semanas, conocido como Pentecostés, para el día de Pentecostés todo iba a ser cumplido, así los creyentes serían capaces de recibir poder desde lo alto, el don de espíritu santo. Pentecostés estaba a cincuenta días de distancia, y sobre esto Jesucristo les instruyó enseguida.

Juan 20:21-24:
Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

Y habiendo dicho esto, sopló [“inhaló” dice el texto], y les dijo: Recibid [lambanō] el Espíritu Santo [espíritu santo].

A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

Jesucristo les dio instrucciones específicas sobre qué hacer cuando el don del espíritu santo se hiciera disponible. Ellos debían comenzar a respirar cuando fuera el momento adecuado. Luego ellos recibirían (en griego: lambanō) el don del espíritu santo. Lambanō significa recibir en evidencia o manifestación. Más adelante veremos en Hechos 2:1-4 que en el día de Pentecostés ellos respiraron profundamente y manifestaron el espíritu santo a través de hablar en lenguas. Ese mismo día Pedro llevaría a cabo la instrucción de Juan 20:23, ofreciendo a las personas el camino de Dios para recibir la remisión de los pecados de Dios.*22

El versículo 24 de Juan 20 establece que Tomás no estaba presente. Sin embargo, Marcos 16:14 y Lucas 24:33 nos dicen que once de los apóstoles estaban en esta comida y aparición de Jesús. Esto significa que ninguno de los dos discípulos en el camino a Emaús podría haber sido Pedro o cualquiera de los otros doce apóstoles, porque ellos volvieron a encontrar a “los once” (Lucas 24:33).

Muchos han afirmado que Judas se había suicidado o había sido expulsado del grupo para este momento. Eso también es una conclusión falsa. Dado que sólo Tomás estuvo ausente, Judas estaba ahí con los once en el décimo octavo de Nisán según consta en Marcos 16:14. La Palabra de Dios claramente muestra que después de la resurrección, Jesucristo aceptó a Judas de nuevo en su grupo de comunión. ¿Usted y yo habríamos perdonado a Judas hasta este punto? Los otros apóstoles también aceptaron Judas en el grupo de comunión. Sin embargo, es muy dudoso que ellos comprendieran plenamente la traición y complicidad con los líderes religiosos de Judas hasta después de la ascensión de Cristo, veremos esto más adelante.
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22. Hechos 2:38: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”


Juan 20:24 concluye los eventos revelados del dieciocho de Nisán. En este día Jesús se apareció a María Magdalena en el huerto del sepulcro; luego se presentó a si mismo ante el Señor como las primicias de los muertos; se apareció a Simón Pedro; se apareció a los dos discípulos en el camino a Emaús; y, finalmente, se apareció a los once apóstoles (Tomás   estaba ausente), junto con algunos otros discípulos. Varias veces los ángeles habían sido vistos y declararon la gloriosa noticia de la resurrección de Jesucristo y les dieron instrucciones. La tumba vacía convenció a algunos y dejó perplejos a otros. Los guardias fueron sobornados por los líderes religiosos para hacer correr falsos rumores de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Fue un día lleno de tremendos eventos. El dieciocho de Nisán* es un día que ha pasado a la historia como el primer día en que la humanidad conoció a su salvador como vencedor de la muerte con las palabras “ha resucitado”. Estas palabras fueron habladas por primera vez en la tumba vacía, y han resonado universalmente desde entonces. Qué victorioso mensaje es este.

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*Que en nuestro calendario equivaldría muy probablemente al 2 de mayo del año 28 D.C. Por tanto, nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo habría resucitado el 1º de mayo del año 28 D.C. según estudios minuciosos de las Sagradas Escrituras. Fuente: Dr. Fernando Castro-Chavez. Nota de traductor.

Traducción por Claudia Juárez Garbalena