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Mateo 10:8

martes, 29 de julio de 2014

LA IGLESIA DEL PRIMER SIGLO EN EL SIGLO XX. Por V.P. Wierwille. Capítulo 12 de "La Iglesia Nueva y dinámica"

¡Ojalá la Iglesia cristiana nos levantáramos hoy a vivir en la sencillez y el amor que la Palabra de Dios nos invita a hacer! Si prevaleciera el amor, la compasión y el perdón más y más entre los miembros del Cuerpo de Cristo, el mundo verdaderamente vería el gran poder y la hermosura con los que Dios Todopoderoso diseñó al Cuerpo de Cristo! !Verían reproducido a CRISTO MISMO andando sobre esta tierra trayendo tremenda liberación con gran poder, autoridad y amor, y no solo un sin fin de palabras!

¡Ojalá que este precioso estudio del Dr. V. P. Wierwille llegue profundamente a muchos corazones de los que aman a Dios y desean honestamente y con todas sus fuerzas hacer Su Voluntad y darle la gloria sólo a Quien es digno de recibirla!

¡Dios los bendiga amados de Dios!

Con amor en Cristo,

Claudia Juárez Garbalena

LA IGLESIA DEL PRIMER SIGLO EN EL SIGLO XX
Por V. P. Wierwille
Capítulo doce de
"La Iglesia Nueva y dinámica"

La Iglesia del primer siglo tenía enorme poder porque los cristianos creían que al ser salvos recibían el poder proveniente del Espíritu Santo, y que por lo tanto podían operar las nueve manifestaciones del espíritu. Además de tener tal poder interno, los creyentes del principio estudiaban la Palabra de Dios y actuaban según ella, aceptándola como la voluntad de Dios.

La Iglesia del primer siglo fue una iglesia dinámica, según lo que relata el Libro de Hechos. Nosotros nunca hemos visto a la Iglesia moverse con tal ungimiento. Algunos dicen que Dios ha derramado un ungimiento especial en estos últimos tiempos, pero eso simplemente no es verdad. La Palabra dice que El envió Su don en el día de Pentecostés. Su don está aquí. Obviamente, la Iglesia del primer siglo era más dinámica y rebosante de vida, no porque Dios era más poderoso, sino porque los creyentes que formaban la Iglesia operaban más efectivamente.

Según lo que se relata en el Libro de Hechos y en las Epístolas Eclesiásticas, la Iglesia del principio, el Cuerpo de Cristo, desarrolló un patrón para el crecimiento en sus diferentes localidades.

1. Cada persona era responsable de testificar con denuedo acerca de la Palabra de Dios. Cuando una persona aceptaba a Jesús como su señor, los cristianos "mayores" continuaban nutriendo y pastoreando al nuevo cristiano hasta que estuviera lo suficientemente establecido como para pararse firme y andar por sí solo según la Palabra dada.

2. Se llevaban a cabo pequeñas reuniones supervisadas, llamadas "iglesias", en casas particulares, cada una con un anciano jefe o pastor que supervisaba las unidades hogareñas.

3. Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros visitaban fielmente a cada grupo, a cada iglesia, y mantenían la comunicación escrita con ellos.

4. Los cristianos no habían de ser apartados de su camino por los bienes materiales: por lo tanto ellos vendían sus posesiones innecesarias para fomentar la obra del ministerio.

La Iglesia del principio nació en medio de una sociedad que era tan indoctrinada y endurecida como cualquier otra sociedad en cualquier otro tiempo. Los romanos tenían el control gubernamental y el paganismo reinaba desenfrenado. Sin embargo la Iglesia cristiana del primer siglo trastornó al mundo --que significa que lo pusieron al derecho. Ellos tenían la habilidad espiritual potencial que se hizo cinética en una forma maravillosa y dinámica. Dentro de una generación los creyentes del principio cambiaron el curso espiritual de los eventos de esa parte del mundo. No sabemos cuántos cristianos durante el primer siglo realmente anduvieron según la Palabra de Dios y testificaron al mundo entonces conocido, pero sabemos que de acuerdo con Hechos 19:10 en dos años y tres meses “...todos... en Asia [lo que hoy se conoce como Asia Menor] judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor”.

Esta hazaña ciertamente no hubiera podido lograrse, y no fue lograda, por un hombre. Pero bajo el ministerio y la enseñanza de Pablo, los originales, "unos doce hombres...",* (familias) fueron inspirados y aprendieron a andar según la Palabra de Dios y a compartirla con otros. Por ejemplo, cuando el área conocida como Asia oyó esta maravillosa Palabra de Dios a medida que se esparcía desde Éfeso, cada creyente trató de ganar a otro, y nutrirlo hasta que ese cristiano recién nacido fuera lo suficientemente fuerte como para estar firme y andar según la Palabra de Dios, operando las manifestaciones del espíritu. Todo esto se logró sin ayudas modernas como radio, televisión o materiales impresos.

Juan 1:40 se halla una de las primeras narraciones acerca de un creyente ganando a un amigo. Es el relato donde Andrés halló primero a su hermano Pedro y le trajo al señor.

Al igual que hoy, no todos en el primer siglo creyeron y fueron salvos cuando un cristiano les testificó. Cuando usted predique la Palabra de Dios y la comparta con una persona o un  grupo, descubrirá que la respuesta será como en Hechos 28:24: “Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían”.

Por supuesto que dentro del grupo de los incrédulos estaban aquellos que, de acuerdo con Hechos 17:32, cuando oyeron la Palabra de Dios en relación con la resurrección de los muertos “se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez”.

Los líderes de la Iglesia del principio incluyendo a Pedro y los otros apóstoles, eran muy osados en la presentación de la Palabra de Dios; y a causa de su denuedo, gran número tanto de hombres como de mujeres fueron añadidos a la Iglesia según nos dice Hechos 5:14: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres”.  Sin embargo, como dice a continuación el relato en Hechos 5, el sumo sacerdote y los saduceos echaron mano a los apóstoles y los metieron en la cárcel. Sin embargo, tan pronto como los cristianos fueron sacados de allí, Dios les dijo: “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida”, así que volvieron al templo a enseñar.

Pronto vino también el sumo sacerdote al templo e hizo reunir al Sanedrín para traer ante ellos a los prisioneros; pero los apóstoles no estaban en la cárcel. Cuando el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes (de acuerdo con Hechos 5:24) supieron lo que Dios estaba haciendo y cómo Él había sacado a estos hombres de la cárcel, se turbaron. Ellos no querían que creciera este nuevo movimiento. Se necesitó gran coraje de parte de los apóstoles para volver al templo y enseñar a la gente, sabiendo de antemano que se presentarían problemas cuando ellos hablaran la verdadera Palabra de Dios. Pero, de acuerdo con Hechos 5:29: “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Después de ser interrogados implacablemente, los apóstoles fueron azotados e intimidados a que no hablasen en el nombre de Jesús. Sin embargo los apóstoles perseveraron, pues en Hechos 5:42 dice: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo”.
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*Hechos 19:7: “Eran por todos unos doce hombres”.

Aquellos de la sinagoga no los aguantaban, igual como en muchos lugares hoy, los verdaderos creyentes en la Palabra de Dios no son tolerados en las iglesias organizadas y establecidas. Esto hizo necesario el segundo punto de este estudio, a saber: pequeñas reuniones supervisadas, llamadas iglesias, en los hogares. Le daré a conocer a usted las escrituras que yo he observado, para que usted pueda leer exactamente lo que está escrito en la Palabra de Dios en referencia a tales reuniones.

En Hechos 5 leímos que los apóstoles iban de casa en casa hablándole a la gente acerca de la Palabra de Dios. Este es el primer relato que demuestra cómo los apóstoles declararon la Palabra en los principios mismos de la Era de la Iglesia, la era a la que usted y yo pertenecemos.

Más adelante, en Hechos 8:3, leemos que antes de ser salvo, Pablo (cuyo nombre en hebreo es Saulo) entraba “casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”. Era necesario entrar a las casas para hallar a los cristianos ya que ellas, eran sus lugares de reunión.

En Hechos 10 está el primer relato acerca de la casa de un gentil que pasa por la experiencia del nuevo nacimiento y del recibimiento en manifestación del poder proveniente del Espíritu Santo.

Hechos 10:2 piadoso y temeroso de Dios [Cornelio] con toda su casa...

Esta reunión, también en una casa, era una característica de la Iglesia del primer siglo.

Hechos 16 cuenta de cuando Pablo y Silas ministraron en una casa inmediatamente después de que Dios los había sacado de la cárcel. El carcelero preguntó en Hechos 16:30: ..."Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?"

Hechos 16:31,32:
Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

Este es un significativo versículo de escritura pues establece el precedente de testificarle a casas enteras a la vez. No hemos de tratar de ganar para el señor sólo una persona en una casa, sino que debemos tratar de ganar a toda la casa: el padre, la madre y todos los niños.

Aunque la cultura del Oriente difiere de la cultura nuestra, por lo menos podemos aplicar los principios de la Palabra de Dios. Yo estoy seguro que si podemos persuadir al padre y a la madre, entonces los niños más jóvenes pueden ser ganados, especialmente si al padre y a la madre se les enseña la exactitud de la Palabra de Dios en cuanto a su responsabilidad para con Dios y para con sus familias.

Hechos 18:8: 
Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados.
El jefe del hogar fue convertido; le fue enseñada la exactitud de la Palabra de Dios, y a su vez toda la casa vino a formar parte de la casa de la fe, recibiendo la fe del Señor Jesucristo.

En Hechos 21 hay otro ejemplo de una casa como lugar de reunión.

Hechos 21:8:
Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesárea; y entrando en casa de Felipe el evangelista...

La casa de Felipe se había convertido en un lugar de reunión para los creyentes. También el lugar donde Pablo vivía en Roma se convirtió en un lugar de reunión para la difusión y la enseñanza de la Palabra de Dios en los tempranos días de la Iglesia cristiana.

Hechos 28: 23, 30,31:
Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos lo que a él venían,

predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Esa es la crónica de la Iglesia del primer siglo en el Libro de Hechos, que es la presentación histórica de la fundación y el crecimiento de la Iglesia cristiana.

Vaya a Romanos 16:3 y 5: Pablo le escribió a los romanos diciéndoles: "Saludad a Priscila y a Aquila... Saludad también a la iglesia [el grupo cristiano local] de su casa...”

1 Corintios 1:11:
Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.

1 Corintios y Colosenses nos dan otros ejemplos de reuniones en una casa.

1 Corintios 16:19:
Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.

Colosenses 4:15:
Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.

Hay un versículo en 1 Timoteo que debe leerse muy cuidadosamente.

1 Timoteo 3:15:
para que si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Los hogares en los cuales se reunían las iglesias se conocían como casas de Dios. Estos hogares eran las columnas de la Iglesia porque estas comuniones estaban edificadas sobre la fundación de la verdad.

Filemón, versículo 2:
y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa.

En vista de que estos versículos que he compartido con usted son lo que dice la Palabra de Dios en cuanto a las reuniones con apropiada supervisión de las iglesias del primer siglo, entonces este tiene que ser el método de Dios para ganar a hombres y mujeres para la Iglesia y sustentarlos. Si usted dice que los tiempos han cambiado, entonces a mi me gustaría decir que la Palabra de Dios no ha cambiado. Cuando las iglesias se reunían en los hogares, lo pequeño del grupo permitía la participación de cada uno, a la vez que se les podía prestar atención y ayuda en forma personal.

Tiene que haber liderazgo en ese grupo o iglesia que se reúne en un hogar. La obra del Señor no puede hacerse al azar. Yo creo que nos podríamos reunir en hogares, en grupos de seis a posiblemente 20 personas más o menos, dependiendo de la capacidad del cuarto. Entonces podríamos ayudar a los creyentes en cada área en particular. Nadie necesitaría viajar muy lejos, más la gente oiría la maravillosa Palabra de Dios. Nuestros niños podrían reunirse ya fuera en un cuarto separado con un adulto enseñándoles la Palabra de Dios o junto con los adultos. Oír la Palabra de Dios apropiadamente explicada y la operación de las manifestaciones sería la cosa más grandiosa que se pudiera hacer por ellos. Recuerde, son las iglesias, la comunión de creyentes, lo que nos interesa; nada que el hombre haya edificado servirá.

En cuanto a los ancianos o los pastores para cada grupo, veamos el ejemplo de Pablo según se relata en Hechos 20. Pablo reúne a los ancianos de la iglesia de Éfeso para amonestarles.

Hechos 20:28,29:
Por tanto, mirad por vosotros [que es el primer requisito de cualquier líder], y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.

El "obispo" se refiere a un anciano (no necesariamente en edad, sino anciano en experiencia con la Palabra) que era el gobernante, el coordinador, el supervisor en la casa, la iglesia. Los ancianos eran los pastores de las unidades locales, a veces llamados obispos. Este supervisor tiene que estar muy, pero muy atento a lo que sucede en la casa donde se reúne la iglesia, la comunión de creyentes.

Hechos 20:30:
Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

En otras palabras, Satanás engañaría a algunos de los supervisores mismos. Habría divisiones en las iglesias que se celebran en los hogares porque la gente estaba llena de orgullo y quería llevar los discípulos tras de sí mismos y no tras la Palabra de Dios. Por lo tanto, era esencial un liderazgo fuerte y preciso.

Y este liderazgo no se determinó al azar. El supervisor era elegido por un hombre de Dios quien era guiado por el Espíritu Santo.

Tito 1:5:
Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé.

En 1 Pedro se les dice a los ancianos cómo han de comportarse.

1 Pedro 5:2:
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto,

no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Ahora bien, en cuanto a las visitas hechas por los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, el Libro de Hechos constantemente cuenta de las veces en que Pablo empezó comuniones de creyentes en varios lugares y luego volvió a visitarlas. Vemos también a otros hombres --Timoteo, Tito, Silvano, y otros-- visitando iglesias, comuniones de creyentes. Al estudiar los viajes misioneros podemos ver que Derbe, Cesarea, Antioquía de Pisidia, Tarso, Iconio, Pessino, Éfeso, Troas, Neápolis, Filipo, Anfípolis, Apolonia, Tesalónica, Berea, Atenas, y Corinto estaban entre los lugares que se visitaron de nuevo.

En Hechos 20 tenemos el relato de cuando Pablo volvió a visitar a los efesios y envió a llamar a los ancianos de la iglesia para reunirse en Mileto. La razón por la cual había ancianos (plural) en la iglesia es que había muchas casas en las cuales se reunía la gente y cada casa era supervisada por un anciano. En el siguiente versículo, Pablo se está dirigiendo a los ancianos en Éfeso.

Hechos 20:20:
y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente [eso es, en reuniones de grupos en casas amplias] y por las casas.

El Apóstol Pablo no solamente fue por las casas enseñando la maravillosa Palabra de Dios, sino que también escribió cartas a las iglesias dispersas, a las reuniones de comunión locales, que formaban la Iglesia, el Cuerpo. Entonces se leían estas cartas en los diferentes hogares donde se reunían los cristianos. Así es cómo la Iglesia del principio recibió instrucción y creció. Podemos darnos cuenta que 1 y 2 Timoteo especifican el procedimiento completo y la conducta para los líderes en relación a la Iglesia. Hemos de leer cuidadosamente estas epístolas porque en ellas encontramos la verdad que necesitamos saber para manifestar con exactitud la grandeza de la Palabra de Dios.

El cuarto punto que explica el dinamismo de la Iglesia del principio fue que los cristianos dieron todos los bienes materiales que no necesitaban, para fomentar el ministerio cristiano. Pero antes de examinar este punto específico, miremos los antecedentes en Hechos 4 para ver los otros elementos de crecimiento que se desarrollaron antes de que los cristianos renunciaran al exceso de posesiones materiales.

De acuerdo con Hechos 4, Pedro y Juan acababan de ministrarle sanidad a un hombre de más de cuarenta años de edad, obra por la cual fueron encarcelados e intimados que ni siquiera hablaran o enseñaran en el nombre de Jesús.*

Sin embargo, apenas librados de la cárcel, Pedro y Juan empezaron a predicar nuevamente.

Hechos 4:29:
Y ahora, Señor, mira sus amenazas [de los líderes de la sinagoga], y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.

¿No es esa una maravillosa oración? Este es el primer relato de una oración por la Iglesia del primer siglo. Los apóstoles habían sido encarcelados, humillados, heridos y amenazados por su enseñanza y por la forma en la cual ministraban sanidad. Sin embargo, cuando Pedro y Juan retornaron junto al grupo de creyentes--en vez de pedir unas vacaciones, en vez de pedir un lugar donde fuera más fácil servir--ellos oraron: “Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Fue el hablar la Palabra lo que desde el principio los puso en aprietos, pero solamente su perseverancia les haría progresar en su misión.

La Iglesia del principio siempre predicó la Palabra de Dios y nada más que la Palabra de Dios--no las opiniones personales. Ellos hablaron solo la Palabra con denuedo; y a menudo, cuando ellos hablaron la Palabra, se metieron en líos; la pregunta ahora es: ¿estamos enseñando la Palabra?

Puede que, cuando realmente presentemos la Palabra de Dios y andemos en la luz de la Palabra de Dios, recibamos persecución por aquí y por allá. Pero esto no debería disuadirnos. Debemos simplemente decir: “Bueno, si Satanás está tratando tan fuertemente de obstruir nuestros esfuerzos, debe ser que estamos haciendo algo que vale la pena. Si nuestras metas no tuvieran ningún valor, seguro que Satanás no se tomaría la molestia de inmiscuirse. El pelea porque le estamos haciendo batalla”.
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 *Hechos 4:18 y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.

Fíjese que los discípulos oraron: "... concede a tus siervos... "Estos hombres eran hijos de Dios en su relación celestial; pero en sus responsabilidades terrenales, ellos estaban para servir a Dios, y por lo tanto se les llamaba siervos.

Hechos 4:31,32:
Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la Palabra de Dios.

Y la multitud (El texto es "cada uno de ellos"] de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.

¡Imagínese esto en la Iglesia del principio! Todas las personas renacidas del Espíritu de Dios y llenas con el poder del Espíritu Santo eran de un corazón y un alma. Ellos tenían la Palabra y estaban de acuerdo en la Palabra. Esto es lo que le dio poder a la Iglesia del principio.

Al estudiar "tenían todas las cosas en común" vemos que de acuerdo con los textos críticos griegos la palabra que se usa para "común" en el versículo 32 significa: "a fin de que en sus creencias y en sus acciones estaban comúnmente unidos". Ninguna de las cosas--las pluralidades--que una persona poseía era realmente suya propia. La pluralidad de lo que poseía era común en lo que a necesidad se refería.

Cuando la Iglesia del principio comenzó a moverse, toda la pluralidad de cada miembro era común entre ellos. Si un miembro tenía una necesidad, la pluralidad era usada para proveer lo que se necesitaba.

Hechos 4:33-35:
Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia [favor divino] era sobre todos ellos.

Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades [plural] o casas [plural], las vendían, y traían el precio de lo vendido,

y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.

Fíjese que la última palabra en Hechos 4:35 no es "codicia", sino "necesidad". Había personas en la Iglesia que tenían más de lo que necesitaban en materia de comida, vestuario y vivienda. Por lo tanto, ellos vendieron sus pluralidades--aquello que no necesitaban--para ayudar a algún otro en la Iglesia que tenía una necesidad. Supongamos que en la Iglesia hubiera un matrimonio joven que estaban dedicados al Señor, que amaban la Palabra de Dios y que querían empezar a cultivar un terreno; ellos tenían una necesidad. La Iglesia había de ayudar a la pareja a comenzar.

Fíjese cuidadosamente en las palabras "todos los que poseían" en el versículo 34. ¿Qué hicieron estas personas que poseían heredades (plural) y casas (plural) cuando renacieron? Vendieron sus pluralidades. Ellos vendieron aquello que no necesitaban. La pluralidad es codicia, no es necesidad. Si queremos que la Iglesia avance bajo el ungimiento del poder del Espíritu Santo como avanzó la Iglesia del principio, tenemos que ser obedientes a la Palabra de Dios y superar, vencer nuestra codicia. El exceso de peso nos sobrecarga, y los cristianos no han de quedarse atascados por las cosas de este mundo.

Dios nunca le pidió a un hombre, en ningún lugar en la Biblia, que vendiera o se deshiciera de aquello que él necesitaba para su subsistencia. Ellos vendieron lo que no necesitaban, sus pluralidades, y el dinero lo trajeron a los apóstoles quienes lo distribuyeron de acuerdo a la necesidad de cada creyente en particular. Las necesidades de una persona pueden ser más que las de otra. Cada uno debe determinar dentro de sí mismo su necesidad, de acuerdo a la renovación de su propia mente una vez que ha renacido.

Puede que usted pregunte: "Bueno, ¿y a quién le confiamos las posesiones recogidas?" ¿A quiénes se las confió la Iglesia del principio? A los apóstoles. Si usted como cristiano no confía que la persona o el grupo o la organización usará apropiadamente su donación, debería darla en otra parte, a algo o a alguien en quien usted confíe que lo usará como se supone que debe ser usado. Los apóstoles distribuyeron los bienes.

Hechos 4:36,37:
Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,

como tenía una heredad [singular], la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.

Acabamos de leer que los primeros cristianos vendieron sólo sus pluralidades. Sin embargo, aquí hay un hombre que vendió su tierra, un bien único. ¿Por qué? Porque era un levita. De acuerdo con el Antiguo Testamento, un levita no podía ser dueño de ninguna propiedad.

Este José, cuyo sobrenombre era Bernabé, de Chipre, entendiendo y creyendo lo enseñado, fue convertido y hecho salvo. Por lo tanto vendió su única propiedad (que nunca debiera haber poseído) y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.

Así tenemos en pocas palabras una idea de cómo la Iglesia del primer siglo operó y prosperó al punto de que muchos fueron ganados para el Señor Jesucristo y manifestaron su poder. Una y otra vez vemos estos principios:

1. Cada persona era responsable de testificar con denuedo acerca de la Palabra de Dios y luego respaldar a esos nuevos cristianos renacidos hasta que ellos pudieran andar y a su vez testificar por sí solos.

2. La Iglesia prosperó cuando pequeños grupos (iglesias, reuniones de comunión) se reunieron en los hogares y ministraron bajo la supervisión de coordinadores  capaces.

3. Los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores y los maestros mantuvieron contacto continuo con cada grupo por medio de visitas y  comunicaciones escritas.

4. Los cristianos contribuyeron al bienestar de la Iglesia y de sus miembros dando para las necesidades comunes, contribuyendo las pluralidades de sus bienes materiales.

Al leer Hechos y las Epístolas Paulinas, rápidamente nos damos cuenta del crecimiento numérico y de la prosperidad espiritual de la Iglesia del primer siglo. Obviamente, la Iglesia del siglo veinte no se le compara en su vitalidad. Por lo tanto, tenemos todo para ganar si seguimos el ejemplo de la Iglesia del principio. Dios no ha cambiado. Y como todavía tenemos Su poder, ciertamente podemos adaptar las técnicas de la Iglesia del principio. Somos nosotros quienes tenemos que aplicar estos principios y este poder y el denuedo de los apóstoles para hacer a la Iglesia del siglo veinte más fuerte y más vital de lo que ha sido jamás la Iglesia cristiana. Esta es nuestra oportunidad y nuestro desafío.

lunes, 28 de julio de 2014

LA CLAVE AL PODER. Por V.P. Wierwille. Capítulo 5 de "La Iglesia Nueva y Dinámica"

LA CLAVE AL PODER
Por V.P. Wierwille
Capítulo 5 de
"La Iglesia Nueva y Dinámica"

Cuando Dios creó a Adán y lo puso en el huerto del Edén, El le dio a Adán ciertos derechos legales. Estos derechos legales no eran de Adán por naturaleza, no eran derechos innatos. Estos derechos legales eran derechos conferidos. Siempre que usted recibe derechos conferidos, no solamente tiene el privilegio y la oportunidad de tenerlos, sino también la posibilidad de perderlos.

Dios le confirió a Adán la autoridad y el poder para gobernar la tierra con todas sus criaturas. Génesis 1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Así pues, Dios Se limitó a Sí mismo al darle esa responsabilidad legal a Adán. Entre otros derechos legales que Dios confirió a Adán estaban los derechos al amor perfecto, al gozo completo, a la felicidad y a la salud perfecta. El derecho a la vida eterna era otro derecho conferido.

Adán--o el hombre en general--no solamente tenían ciertos derechos conferidos, sino también derechos naturales. Estos derechos naturales no se pueden perder. A diferencia de un derecho natural, usted puede usar un derecho legal en cualquier forma que usted desee, aunque no tenga el derecho moral para hacerlo. El derecho legal para usar aquello que le ha sido conferido a usted es absolutamente suyo. Si yo le otorgase a una persona un título universitario con ciertos derechos y privilegios, la persona podría tomar el poder que está latente en ese título y usarlo para bien o para mal, usarlo para beneficiar al hombre o para perjudicarle.

 Esta verdad se puede ilustrar aun más pensando en términos de una corte de justicia. Ante el tribunal, se lee un testamento donde se estipula que se le ha dado a usted cierta cantidad de dinero. ¿Diría usted entonces que la cantidad de dinero es suya? Sí, porque se le ha otorgado legalmente. Una vez que esa cantidad de dinero le ha sido otorgada y usted la recibe, puede gastarla sabia o tontamente, en la manera que usted escoja.

Cualquier cosa que se otorga al hombre puede usarse bien o mal. Cuando Dios le dio a Adán todos los privilegios mencionados en la Palabra, Dios también le confirió ciertos derechos legales que a su vez le dieron a Adán control absoluto sobre los privilegios concedidos a él. Adán tomó esos derechos legales, y, por su propia decisión intencionada, transfirió la autoridad y el poder de esos derechos a Satanás. Adán pudo haber rehusado la seductora invitación a pecar que Eva le hizo; sin embargo, haciendo uso de su libre albedrío, él tomó sus derechos conferidos, el dominio de la tierra, y se los dio a Satanás. Con esa decisión, el hombre perdió los derechos legales que Dios le había dado, transfiriéndoselos legalmente a otro.

El pecado original del hombre tuvo consecuencias legales. Adán tenía el derecho de transferir la autoridad y el poder y el dominio que él tenía porque Dios se lo había otorgado. Pero Adán cometió una traición al hacerlo. El transferir a Satanás, el archienemigo de Dios, el poder que Dios le había otorgado originalmente, fue traición. Desde ese día, Romanos 8:22 relata que “...toda la creación [la tierra] gime a una, y a una está con dolores de parto [aún] hasta ahora.

El pecado y las consecuencias del pecado estuvieron sobre el hombre desde ese día en que Satanás recibió el derecho legal para regir al hombre y a toda la tierra. Satanás tiene ahora el derecho legal para gobernar sobre los hombres que no son salvos y sobre el mundo entero. Así pues, cuando Adán pecó, Satanás, que era el enemigo supremo de Dios, obtuvo control absoluto sobre todo eso que Dios había dado originalmente a Adán.

La redención del hombre de este estado caído fue un acto único. Debemos recordar siempre que Dios es absolutamente justo. Cuando El hace un compromiso legal, El lo respeta. Cuando Dios le otorgó a Adán ciertos derechos legales y Adán los transfirió a Satanás, Dios tuvo que reconocer esos derechos legales transferidos.

Dios, siendo justo, tiene necesariamente que redimir al hombre según principios legales, para ser justo consigo mismo, con el hombre y con Satanás. Para llevar a cabo esta justicia completa, el redentor tenía que venir a la tierra. Este redentor tenía que ser un hombre porque era el hombre el que había cometido el pecado original.

Para completar todos los requisitos de la justicia, el Espíritu Santo, efectuó la concepción de Jesús, quien habría de ser el Cristo. El niño nació de una mujer. El era hombre en todo sentido, pero el poder de Satanás no tenía autoridad ninguna sobre él porque no había muerte en su cuerpo debido a que la vida en su sangre era sin pecado o pura, y, por consiguiente, incorruptible.

En varios lugares en el Nuevo Testamento leemos que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. 1 Juan 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. No podría limpiar si no hubiera sido limpia.

El niño Jesús no era súbdito de la muerte ni súbdito de Satanás. Satanás sabía el propósito de Dios y trató de frustrar el plan de la redención legal haciendo que Herodes ejecutara un decreto según el cual todos los niños de dos años o menos a través de toda la provincia debían ser matados. Satanás sabía que si Jesús vivía y crecía, él reclamaría lo que el hombre había perdido, que en ese entonces eran los derechos legales de Satanás.

Cada paso que Dios dio mediante Jesucristo fue un paso basado en principios legales. La redención del hombre está basada en principios legales. Jesús satisfizo las demandas justas de Dios porque era humano, y aun así creyó perfectamente la voluntad de Dios. El satisfizo las demandas de un Dios justo por todos los pecadores para siempre. Hebreos 4:15 dice que el Hijo de Dios “... fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.
La redención incluyó su crucifixión, según nos dice 1 de Pedro.

1 Pedro 2:24:
quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
Jesús pagó el precio legal completo por el pecado del hombre y las consecuencias del pecado. Hebreos 9:12  “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”.  El descendió al Hades (la tumba), y en algún momento entre la resurrección y su aparición a María, él predicó en su cuerpo resucitado a los espíritus encarcelados. 1 Pedro 3:19: “en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados”. El rompió legalmente las cadenas de autoridad y poder de Satanás. Jesús redimió lo que Adán había legalmente transferido a Satanás. Desde la resurrección de Cristo y el dar el espíritu santo en el día de Pentecostés, el poder y dominio de Satanás sobre el hombre están rotos. No hay absolutamente ningún control que Satanás tenga o que sostenga legalmente sobre cualquier hombre salvo.

Jesucristo ascendió al cielo y se llevó consigo las muestras de su victoria sobre el Diablo.

Efesios 4:8-10:
Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.

Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?

El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Basado en la victoria completa de Jesús, el pecador hoy tiene un derecho legal a la salvación. Si Jesucristo no hubiera completado esa justa victoria, por medio de ser un hombre y derrotar a Satanás y su poder, no habría ningún lector de este libro que pudiera reclamar la salvación basándose en fundamentos legales. La victoria completada de Cristo le da derechos legales al cristiano renacido.

Usted tiene derecho legal a la vida eterna por lo que Jesús hizo. Usted tiene derecho legal a la victoria sobre todo pecado y las consecuencias del pecado. Todo lo que el hombre perdió en Adán, Cristo lo ha redimido legalmente para la humanidad. Usted tiene hoy derecho legal a un hogar en el cielo. Usted tiene el derecho legal de usar la autoridad del nombre de Jesucristo en oración a fin de obtener resultados. Filipenses 2:10: “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra”. Usted tiene derecho legal a la protección, cuidado y guía del Padre. Usted tiene el derecho legal de ser hijo de Dios, amigo de Dios, heredero, sí, coheredero con Cristo Jesús en la familia de Dios. Romanos 8:17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Usted tiene el derecho legal de recibir la presencia residente del espíritu santo. Usted tiene el derecho legal de ser transformado en el momento de su segunda venida, si está vivo en ese momento. 1 Tesalonicenses 4:17: “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Usted tiene derecho legal a un cuerpo inmortal. 1 Corintios 15:52,53: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. Usted tiene derecho legal a una herencia en el cielo nuevo y la tierra nueva. Esto es solamente una parte de los derechos legales que son suyos por lo que hizo Jesucristo. El compró y entregó a Dios la completa redención del hombre. Jesucristo le compró a usted, y esa compra fue entera y completa. Por la compra que él efectuó tenemos derechos legales que son un don de gracia.

Los cristianos tienen hoy en día una autoridad delegada que ha dado Dios en Cristo. Pero la Iglesia no ha reclamado ni se ha apropiado de sus justos derechos. La Iglesia no ha reclamado sus derechos, su poder y su autoridad porque Satanás nos ha disuadido de ello. Mi amigo Rufus Mosley solía decir: “Dios siempre está tratando de hacer lo mejor que El puede por usted, y el Diablo siempre está tratando de hacer lo peor por usted; lo que usted elija determina el resultado”.

Solamente hay un poder bueno en el mundo--el poder de Dios. Satanás también tiene poder, pero sólo poder destructivo, que él puede usar cuando las personas le permiten que les gobierne.

Puesto que tenemos derechos legales en Cristo Jesús, no nos acercamos a Dios como mendigos pidiendo comida. Vamos a Dios como hijos y nos apropiamos, mediante la creencia, de nuestra autoridad y derechos legales. Cuando voy a Dios en oración, tengo conocimiento de las promesas de Dios y le creo a Dios. Dios es fiel a Sus promesas y yo reclamo ante El mis derechos legales como hijo.

En el momento en que una persona confiesa que Jesucristo es señor en su vida, creyendo en su corazón que Dios le levantó de los muertos, se convierte en un hijo de Dios, nacido de Su Espíritu. Romanos 10:9,10: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Si somos hijos, somos herederos. De acuerdo con Romanos 8:17 somos coherederos con Cristo. Nosotros tenemos derecho legal a todo lo que Cristo tenía, si creemos. Todo lo que Jesús hizo mientras estuvo sobre la tierra, nosotros lo podemos hacer, y aun más, si creemos. Juan 14:12: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará porque yo voy al Padre”. Esto es un don de la gracia de Dios.

Dios hará lo que El dijo que haría. Nosotros hemos creído tantas cosas que Satanás ha dicho, pero hemos creído tan poco de lo que Dios ha dicho. Cuán a menudo Dios hace una promesa en la Palabra diciendo que El hará tal y tal cosa, pero no creemos ni una palabra. Cuando un amigo nos hace una promesa le creemos cada palabra; pero cuando se trata de las promesas que Dios nos da en la Biblia, decimos: "¡Oh no! Eso no puede ser verdad. Eso estaba bien para hombres espirituales como los apóstoles, pero no para cristianos como yo". ¡Por favor deme el capítulo y versículo que respalde tal declaración!

Cristo ha delegado su autoridad a los creyentes que constituyen la Iglesia, los santos de la casa de la fe. Si la Iglesia no asume su responsabilidad y las oportunidades que le han sido delegadas, el poder y la autoridad de Dios quedan paralizados. Dios ha tomado acción en Jesucristo. Jesucristo tomó acción para reconquistar los derechos legales para el hombre. Ahora le toca al hombre tomar acción con la autoridad y el poder que le han sido delegados por Jesucristo, porque Satanás no tiene derecho legal alguno sobre el hombre convertido, renacido.

Romanos 6:14:
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros...

Satanás, sin embargo, todavía tiene derechos legales definitivos sobre el pecador. El pecador no convertido pertenece legalmente al Diablo en cuerpo y alma. Pero Cristo ha quebrantado ese poder para los que hemos nacido del Espíritu de Dios y conocemos Su poder dentro de nosotros.

Observe la autoridad y el poder de Cristo.

Filipenses 2:5-11:
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,

el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,

sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

I Corintios 3:21 y 23:
...porque todo es vuestro:

y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Si 1 Corintios 3:21 y 23 son verdad, entonces, ¡levántese como un hombre de Dios y reclame la autoridad que se le ha delegado como creyente! El poder y la autoridad de Cristo se nos delega por medio del nombre de Jesucristo. Es su maravilloso, incomparable y poderoso nombre el que anula las fuerzas del mal cuando lo nombramos desde nuestro corazón y lo tenemos a flor de labios. Tenemos un Cristo que libera y su autoridad es nuestra autoridad para actuar en su nombre a través de la Iglesia que él estableció.

Las palabras en Marcos son verdad para todo creyente.

Marcos 16:17-20:
Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.

Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.

La autoridad delegada a un creyente es el derecho legal de liberación de todos los poderes del enemigo. Si usted tiene mil dólares en el banco, usted tiene la autoridad o el derecho legal para escribir un cheque por mil dólares. No se requiere fe para hacerlo; se requiere acción y denuedo.

A menos que reclamemos nuestros derechos delegados con acción y denuedo, estamos atando las manos de Dios. Dios está limitado hasta el punto donde lleguen la creencia y la obediencia de un hombre. Permítame exhortarle a que estudie la Palabra de Dios diligentemente para saber cuáles son sus derechos legales en Cristo Jesús. Esta es la clave al poder.

sábado, 26 de julio de 2014

SU PODER LEGAL DE REPRESENTACIÓN. Por V.P. Wierwille. Capítulo 4 de "La Iglesia Nueva y dinámica"

Toda persona en el mundo desea un nombre bueno y respetado. La gente desea que se piense bien de ella, y con razón. Yo deseo tener un buen nombre, y deseo que la gente piense bien de mí.

Pero los nombres de muchas personas hoy día no se respetan. Un hombre le dice a usted: "le pagaré en tal y tal día". Cuando ese día llega, él no paga. Alguien promete: "Te encontraré a tal y tal hora". Cuando esa hora llega, no está allí y le deja esperando. Los nombres de tales personas no se respetan porque ni sus promesas ni sus palabras son verdaderas.

En contraste con la palabra del hombre, la palabra de Cristo siempre es verdadera. Más aun, yo sé que Cristo está en mí y que yo estoy en él (Colosenses 1:27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria). No importa lo que la gente diga, mi nombre está escrito en el Libro de la Vida. Pero, para ser capaces de ayudarnos a nosotros mismos y de ayudar a otros, tenemos que saber más que esto: tenemos que saber qué poder tenemos ahora mismo, antes del retorno de Cristo.

Uno de los poderes que tenemos ahora como hijos de Dios se llama "el poder legal de representación". ¿Qué es el poder legal de representación? El poder legal de representación es el derecho legal de usar el nombre de la persona que le ha entregado el poder. Lo único que limita este poder es los recursos que hay detrás de ese nombre. Si se le ha dado a la Iglesia el poder legal de representación, ella tiene únicamente tanto poder como lo hay en el nombre de Jesucristo. Si el nombre de Jesucristo tiene poder, y ese nombre le ha sido dado a usted, entonces usted tiene el poder legal de representación para ejercer en ese nombre cualquier recurso que Cristo haya hecho disponible.

El propósito que Dios tuvo en mente al darnos su nombre está declarado en Efesios.

Efesios 1:18-23
alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,

la cuál operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;

y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,

la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Todos los individuos en la Iglesia verdadera (el cuerpo de creyentes) pueden reclamar el poder en el nombre de Jesucristo. Pero antes de estudiar el poder que se nos ha dado, quiero mostrarles tres razones para el poder que hay en su nombre. Primeramente, Jesús heredó un nombre más excelente que cualquier otro porque es el unigénito del Padre. Esto le dio a él los derechos legales de un hijo primogénito. El es más grande que cualquiera de los ángeles o cualquier otro ser humano individual que haya vivido o que vivirá. Junto a Jesucristo, en la presencia de Dios, se encuentran los creyentes. ¿Sabía usted eso?

Romanos 8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo...

Jesús dijo: “Salí del Padre” y en otra ocasión dijo: “Yo y el Padre uno somos”, y también: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. ¿Recuerda? Jesús heredó un nombre maravilloso.

En segundo lugar, Dios le dio a Jesús un nombre que es sobre todo nombre.

Filipenses 2:9,10:
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra.

En tercer lugar, Jesús adquirió para sí mismo un nombre por sobre todo nombre.

Efesios 4:8:
Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad...

Colosenses 2:15:
y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Jesús logró estas cosas. El adquirió este nombre por su conquista del Diablo, del infierno, de la enfermedad y de la dolencia. El adquirió un nombre exaltado debido a sus logros.

El poder que Jesús adquirió es el derecho legal de todo creyente renacido. Pero para que un creyente manifieste el poder de Cristo en su vida, debe renovar su mente de acuerdo a la Palabra de Dios.

Romanos 12:2
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Debemos hacer que nuestras mentes piensen como lo dicta la Palabra de Dios para que entonces podamos comprobar la voluntad de Dios.

Para poder entender nuestro poder en el nombre de Jesucristo, le llevaré directamente a la Palabra de Dios.

Mateo 1:21
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

La profecía dice que el nombre de este niño será Jesús. Jesús quiere decir "Salvador".

Mateo 1:23:
He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Su nombre quiere decir "El es nuestro salvador", y Dios está con nosotros por medio de él, de la misma forma como usted puede estar conmigo por medio de sus hijos.

Hechos 4:12:
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

No hay otro nombre excepto el de Jesucristo en que podamos ser salvos. No podemos ser salvos con sólo pertenecer a  una iglesia o con ir a la iglesia en la Navidad y en la Pascua de Resurrección. Tenemos que ser salvos confesando al Señor Jesucristo y creyendo que Dios le levantó de los muertos. (Romanos 10:9,10: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación).

Hechos 2:38:
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Juan 14:13,14:
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre [Ahí está ese maravilloso nombre otra vez.], lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.


La bendición de usar el nombre de Jesucristo nos pertenece porque pertenecemos al Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Pablo dijo: "Oro para que Dios abra su entendimiento para que vean algunas de las riquezas de la herencia de los santos en el precioso nombre--Jesús".

Efesios 1:18: “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”.

En Hechos 3 otra vez vemos el poderoso nombre de Jesucristo en el día en que Pedro y Juan fueron al templo y hablaron al hombre que estaba pidiendo limosnas en la puerta. ¿Se arrodillaron Pedro y Juan y le suplicaron a Dios durante una hora para sanar al hombre? No. ¿Qué dice el relato?

Hechos 3:6,7:
Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos.

En el nombre de Jesucristo hay poder. Hechos 3 relata que el hombre a quien Pedro le habló se levantó y anduvo cuando el discípulo le tomó por la mano.

Hechos 3:16:
Y por la fe en su nombre [el de Jesucristo]... ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

Pablo usó el poderoso nombre de Jesucristo como se relata en Hechos 16, para liberar a otra persona esclavizada.

Hechos 16:16-18:
Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.

Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.

Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió [el espíritu diabólico] en aquella misma hora.

¡Qué poder que tiene hoy en día la Iglesia en el nombre de Jesucristo! Necesitamos reclamar ese poder. La Iglesia de hoy día apenas ha usado el poder de su nombre; sin usarlo, la Iglesia nunca puede manifestar poder. En el nombre de Jesucristo los enfermos son sanados. En el nombre de Jesucristo la gente es librada de la esclavitud mental. Qué privilegio y qué poder debería tener la Iglesia.

Filipenses 3:10:
a fin de conocerle, y el poder de su resurrección...

Qué gozo es pertenecer a la Iglesia. Cuando pertenecemos a la Iglesia, pertenecemos al cuerpo más grande y más poderoso en el mundo; nada hay, en ninguna parte, como la Iglesia. La Iglesia tiene un poder tan grande que ni siquiera las puertas del Hades prevalecerán contra ella. Es por eso que el Diablo no puede hacerle daño a la gente de la Iglesia cuando ellos conocen el nombre de Jesucristo y usan ese nombre, creyendo en él. ¿Puede ver por qué nuestras oraciones tienen que ser respondidas cuando creemos que Cristo está en nosotros? Podemos recibir de Dios cualquier cosa que El haya prometido en Su Palabra si sólo lo sabemos y lo creemos. Podemos dar gracias a  Dios por todo lo que ha sido revelado en la Palabra, y si nosotros lo creemos, sucederá.

Colosenses 3:17:
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Efesios 5:20:
dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Hágalo todo en el nombre del señor Jesús, dando siempre gracias.

Filipenses 4:19:
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

En otras  palabras, se garantiza suplir sus necesidades por Cristo Jesús.

I Corintios 6:11:
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Usted ha sido lavado y santificado, y ha sido justificado en su nombre; pero tiene que recibirlo antes de manifestarlo. ¿No es maravilloso? Tenemos todo poder en ese nombre. Tenemos el poder legal de representación para que cuando usemos el nombre de Jesucristo, sucedan cosas poderosas.

Hebreos 13:15:
Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Santiago 5:14,15:
¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceiten el nombre del Señor.

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.

¿Tienen poder los ancianos en la Iglesia? ¡Los ancianos tienen poder para mover las puertas mismas del infierno! La Palabra lo dice.

I Juan 3:23:
Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.

Debemos amarnos unos a otros a causa del nombre de Jesucristo.

La Iglesia tiene el poder legal de representación, el derecho de usar el nombre de Jesucristo. Yo le he mostrado los pasajes de la Escritura que enseñan sobre el nombre de Jesucristo, que muestran el poder que hay detrás de ese nombre.

Pregúntese honestamente: “¿tengo el poder legal de representación?” Usted sí tiene el derecho, la autoridad dada por Dios, de usar el nombre de Jesucristo y ver los resultados. Aun así, por años y años la gente dentro de la comunión de los creyentes no ha visto sino pocos resultados positivos. ¿Por qué? Sólo decir el nombre de Jesucristo no es todo lo que se necesita; usted tiene que creer que lo que está diciendo sucederá. Todo poder es activado por la creencia y de usted depende el operar la creencia. La creencia es acción. Usted tiene que saber lo que la Palabra de Dios dice, y luego actuar según esa Palabra. A medida que usted escuche Su Palabra y actúe según ella, Dios responderá a sus pedidos.

Ahora que sabe que tiene el poder como representante legal, ¡úselo! ¿De qué le sirve a usted tener dinero en el banco si no sabe que lo tiene? Es la misma situación que cuando tenemos todo el poder en el nombre de Jesucristo y no nos damos cuenta de ello. Tenemos a Cristo en nosotros, así que tenemos el poder legal de representación. En el nombre de Jesucristo active ese poder y viva la vida más abundante.